Señor de las cacerolas, sartenes y otras cosas,
Puesto que no tengo tiempo de ser
Una santa que haga cosas adorables,
Ni velar hasta tarde contigo,
Ni que sueñe a la luz del amanecer,
Ni que asalte las puertas del cielo,
Hazme una santa preparando la comida,
Y lavando los platos.
Aunque tenga la mano de Martha,
Tengo la mente de María;
Y cuando lustro las botas y los zapatos,
Encuentro, Señor, tus sandalias,
Pienso en cómo recorrieron la tierra,
Cada vez que restriego el suelo;
Acepta esta meditación, Señor,
No tengo tiempo para más.
Calienta toda la cocina con tu amor,
E ilumínala con tu paz,
Perdona todas mis preocupaciones,
Y haz que cese toda queja.
A ti que te encanta darme alimento,
En la casa o junto al mar,
Acepta este servicio que hago…
Porque lo hago para ti.
-Anónimo
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