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Los Diez Mandamientos de la Prófuga de la Cocina.

diciembre 17, 2010
  1. No tendrás excusas simples para no cocinar este día.
  2. No te harás la enferma para no hacer de comer. Sugerirás un buen restaurante.
  3. No pronunciarás «Ya está la comida» en vano.
  4. Acuérdate que el domingo NO se cocina.    No cocinarás tú, ni tu esposo, ni tu hija, ni tu hijo, ni tu criada, ni tu nuera, ni tu suegra….bueno, ¡Ella si! Porque seis días has trabajado lavando platos y no los lavarás aunque tu suegra te insista.
  5. Honrarás las recetas de otra para que te invite a comer mas seguido.
  6. No matarás. Lo comprarás todo ya listo para cocinar.
  7. No adulterarás la receta. Si no tienes a la mano los ingredientes,  desiste. No inventes.
  8. No robarás las recetas. Invita a la dueña de la receta a prepararla en tu casa.
  9. No dirás que tú lo hiciste si todavia no le has quitado la envoltura y el precio.
  10. No codiciarás la vida de Letizia Ortis, princesa de Asturias. Ni su esposo, ni sus sirvientas, ni sus cocineras, ni su palacio, ni sus autos lujosos, ni sus joyas, ni sus vestidos, ni su dinero, ni su belleza, ni sus portadas en «Hola», ni nada parecido.

Si me permites…

diciembre 4, 2010

Quisiera compartir contigo algunos recuerdos mientras termino de decorar éste pastel de cumpleaños.

Sucedió hace algún tiempo. Mis padres nos despertaron esa mañana más temprano que de costumbre y nos insistieron en que debíamos apresurarnos para ser los primeros en llegar al templo pues se esperaba que los vientos soplaran fuerte y trajeran a los que no habían asistido en siglos, acompañados de los que iban solo en navidad y después de cada temblor. ¿La razón? La iglesia estaría celebrando ese domingo sus cincuenta años de vida y yo, mis primeros diez.

A pesar de que el estacionamiento de la iglesia estaba casi lleno, no nos fué difícil encontrar un espacio. Mi papá había comprado un automóvil compacto dos años atrás: un Renault 8 modelo 74 color pistache; el mismo año en el que el papá de mi amiga Carmencita compró su Volkswagen. Carmencita y yo nos hicimos amigas en la iglesia y teníamos muchas cosas en común. Nos conocimos en la clase de párvulos y aprendimos juntas a memorizar pasajes de la biblia. Cantabamos en el coro de los niños, dabamos un peso de ofrenda, nos quedabamos dormidas en la banca a la hora del sermón y a ambas, nos pellizcaba nuestra mamá para que nos sentáramos bien. Por si fuera poco, a las dos nos había correteado el mismo perro al salir del templo, nos había dado la viruela, odiabamos a nuestras hermanas y nos habíamos quedado chimuelas al mismo tiempo. Ese día no sería la excepción. Las dos lucíamos vestidos de fiesta con crinolina y caireles estilo Graciela Mauri y su Mundo de Juguete.

Cuando llegamos al templo notamos que a pesar de tener derecho de apartado, la banca en la que siempre nos sentábamos mi familia y yo estaba ocupada por la hermana María, quien como una gallina echada y con la sarta de hijos a su alrededor, se esponjaba a lo largo de ella. Mi mamá esbozó una tierna sonrisa provocando que a la hermana María no le quedara de otra que juntar a sus polluelos debajo de sus frondozas alas para darnos espacio. Una vez en mi asiento, comencé a admirar la decoración del templo que había llegado a niveles de lo imposible. Desde el centro del techo colgaba un aro de color dorado y del cual se desprendían unos listones que se unían con otros cuatro aros colocados en cada esquina del templo. Esa decoración, traslado mi imaginación  inmediatamente a las recién clausuradas olimpiadas de Montreal 1976. De repente, me imaginé con mi traje de gimnasta y con mi nuevo nombre: Sonia Comaneci.  El altar o reclinatorio se había transformado en barra de equilibro, y cuando se me dió la señal, salí corriendo por el pasillo principal para tomar impulso y ejecutar un magestuoso salto de púlpito con grado de dificultad. Después, vendría la eliminatoria de ejercicios de piso con la música de himnos conocidos. La ovación no se hizo esperar y ante la admiración de todos los presentes fuí la primera en obtener la calificación perfecta. Con música de ofertorio, ví como los ujieres entraban con paso armonioso trayendo en sus platillos las medallas de oro, plata y bronce. Cuando estaba a punto de recibir la medalla de oro, mi imaginación fue abruptamente interrumpida por el pastor quien mencionando mi verdadero nombre, me invitaba a pasar al frente junto con todos los demás que habían cumplido años para dar gracias a Dios.  Cada año, me acompañaba en el altar para orar por mí  «La chica  ye ye»  es decir, mi maestra de escuela dominical. Una rubia de cabellos lacios y alborotados que se había quedado estacionada en la moda de los sesentas y cuyo atuendo incluía botas altas y pestañas pixie.

Después de la oración, ví desde el altar como Carmencita se levantó de su asiento y caminó rumbo al baño haciendome con un guiño la batiseñal. Eso significaba que yo debía contar hasta diez y luego pedir permiso a mi mamá para ir al baño -situación nada rara- ya que es completamente normal que las niñas vayan setecientas veces al baño durante el sermón. Mi madre me otorgó el permiso murmurando un gentil » ¡Pobre de tí donde no regreses!». Cuando llegué al baño no encontré a Carmencita. Eso podía deberse solamente a que «El pingüino» es decir, el capitan de los ujieres, estaba de guardia. Entonces, debía actuar rápido y dirigirme directamente hacia la baticueva.

La Baticueva estaba rodeada de floreros. Entre ellos se encontraba escondida y esperandome Carmencita ya que para ingresar era necesario hacerlo entre dos. Debíamos levantar un tapete y luego una tabla que descubría unos escalones que al descender por ellos te conducían al interior de la oscura baticueva. Después de unos segundos, la visión se aclaraba ayudada por unos mosaicos transparentes que la rodeaban y que tragaban la luz. Caminabamos siempre hasta el extremo de la baticueva en donde se encontraban otros escalones y la salida de emergencia. Era ahí donde Carmencita y yo jugabamos, modelabamos vestidos, realizabamos hazañas y compartiamos cuitas. Cuando crecí supe que la baticueva no era otra cosa más que el bautisterio de la capilla de los jóvenes.

Escuchamos las voces de un grupo de ujieres ( o secuaces del pingüino) que acarreaban mesas y sillas para colocarlas en el salón contiguo en donde se realizaría la celebración. Sin querer, les oímos decir que se ofrecería pastel…de chocolate…con fresas y nueces. Cuando las voces se alejaron Carmencita y yo decidimos salir de nuestro escondite pues la curiosidad nos estaba poniendo sumamente nerviosas. Si queríamos admirar el pastel debíamos de actuar contra relog ya que la oración final había comenzado y los convidados arribarían pronto.  Caminamos a paso veloz hasta encontrarnos frente a frente con el pastel.  Era de seis pisos, enorme y tentador. Nadie estaba ahí, solo nosotras y nadie nos había visto entrar. Por un instante, escuché la voz de mi mamá en mi mente preguntar:» ¿Dónde estás?», pero callé su voz pensando: «¡Nunca lo sabrás!».

Debido a que Carmencita y yo poseíamos el super poder de leernos la mente, alistamos al mismo tiempo el dedo índice para darle una probadita ya que para ese momento las dos chorreabamos baba. El problema era en dónde debíamos aplicar el dedazo para que no se notara. Recorrimos el pastel con la mirada buscando la posibilidad de que el pastelero hubiera cometido un error y asi poder en todo caso, emparejarlo. Una fresa o una nuez mal colocada, seria un buen prospecto. Pero no se podía. El pastel estaba perfectamente elaborado y si lo hubiésemos tocado se habría notado. Los congregantes comenzaron a llegar al salón y Carmencita y yo tuvimos que bajar la mirada simulando que buscabamos algo que se nos había perdido.

El pingüino interceptó a mi ya de por sí enfurecida mamá, para ofrecerle un informe de mis actividades turístico-eclesiales y cuando ella se disponía a pedirme cuentas, mi maestra de escuela dominical salió al rescate al tomarme de la mano y llevarme  hacia su automóvil para darme un regalo de cumpleaños que ayudó a olvidar mas tarde, las intenciones de mi madre.

Lo cierto es que la iglesia ha sido testigo de mis travesuras y sueños. Me ha visto correr, orar, cantar, testificar y hacer amigos. Ella, me ha aceptado, perdonado, amado, sanado y alentado cuando mas lo necesitaba.

No, no fue esa la única vez que «la chica ye ye» me salvo. Lo hizo varias veces. Al orar por mí cada domingo en las clases y al enseñarme a bendecir a Dios con mis labios de niña. Después vendrían mis maestros de adolescentes y jóvenes. Luego, los mismos  jóvenes que me inspiraron a buscar a Dios con mas ahínco y quienes con su ejemplo me mostraron que si se podía vivir la vida cristiana. En cada pastor y mas tarde en los profesores del Seminario, ví la pasión, la entrega y el compromiso por servir a Dios. Hoy la iglesia me sigue enseñando a poner en práctica los dones que el Señor me ha dado, a amar a los perdidos, a ser compasiva, a dar sacrificialmente y a ser agradecida.

He crecido en la iglesia y gracias a ella.

Mis ilusiones y sueños en las bancas de mi iglesia actual son de una iglesia fuerte, entusiasta y comprometida. Que predica la palabra con honestidad y que obedece el mandato de ir y hacer discípulos a todas las naciones. Imagino a los niños de hoy siendo los líderes de mañana y a los jóvenes siendo columnas del templo de Dios. Sueño con familias completas viniendo a los pies de Cristo gracias al buen ejemplo de padres y  abuelos. Tambien, ruego a Dios por una iglesia que guíe a mis hijos y a sus familias aún cuando yo ya no esté.

La iglesia a la que hoy asisto no estará celebrando su aniversario este próximo domingo; sin embargo, me levantaré de nuevo de mi asiento como lo he hecho durante 43 años y daré gracias a Dios entre otras cosas, por la iglesia, Su iglesia. Y con el permiso de mis prófugos lectores, dedicaré este espacio con gratitud al Autor de la vida.

Lista de Compras.

noviembre 26, 2010
No debo olvidar comprar diariamente…
  1. Aceite                        (Salmos 23:5)
  2. Agua Viva                  (Juan 4:10)
  3. Aceitunas                  (Salmos 52:8)
  4. Fruto del Espíritu      (Gálatas 5:22)
  5. Leche                         (1 Pedro 2:2)
  6. Miel                            ( Exodo 3:8)
  7. Pan Vivo                     (Juan 6:51)
  8. Sal                               (Colosenses 4:6)
  9. Un grano de mostaza   (Mateo 17:20)

«Compra la verdad y no la vendas; La sabiduría, la enseñanza y la inteligencia.»    Proverbios 23:23

Una Pizca de Sal.

noviembre 19, 2010

Lo peor que le puedes decir a una prófuga de la cocina después de que se ha pasado horas cocinando, es que a la comida le hace falta sal. Pero, ¿Qué pasaría si la sal dejara de existir? He aquí algunas ventajas…

  • Habrían menos disgustos entre esposos y por ende menos divorcios.
  • Podríamos nadar en el mar y tragar toda el agua que quisiéramos.
  • No habría tantas personas sufriendo  de hipertensión.
  • Las niñas dejarían de comer chucherías al salir de la escuela.
  • Existirían menos supersticiosos.
  • La comida de los hospitales sería exquisita.
  • Los  enamorados no harían  mas poemas a las lágrimas saladas del ser amado.
  • Los niños ya no se comerían los mocos.
  • Ronald McDonald no sería tan famoso.
  • Y a las cuarentonas como yo no nos pedirian hacer mas la prueba del salero…..

Lo cierto es que no podríamos vivir sin la sal ya que es necesaria para el buen funcionamiento de nuestro cuerpo y la industria en general.  La sal, es posiblemente el condimento más antiguo empleado por el ser humano y es el que proporciona a los alimentos uno de los sabores básicos: el salado.

Esto me recuerda al automovil de un pariente al que le pusieron por sobrenombre «El salado» pues  desde que lo compraron chocaron con él a medio mundo en el vecindario. La suerte del pobre auto fué empeorando cada vez más hasta llegar al colmo de ser golpeado por otros autos estando estacionado. ¡Si que estaba salado!

También me recuerda la ocasión que agregué una porción de sal de más al guisado. Todo por querer hacer uso de mis superpoderes haciendo mas de cinco cosas al mismo tiempo: cocinar, textear, leer mi correo y llorar viendo mi novela favorita. De repente, por azares del destino y no por costumbre, se me ocurrió probar el guisado. Las diez mil papilas gustativas que cubren la superficie de mi lengua protestaron y por un instante pensé que la lengua se me caería en pedazos; aunque eso sería lo de menos, pues mis hijos y mi esposo estaban por llegar a comer después de un largo día de escuela y trabajo. Comencé a preguntarme: ¿Y ahora, quién podrá ayudarme? Una luz proveniente de la pantalla de cristal líquido (LCD) me iluminó y fué entonces cuando el buscador Ask (me) prometió ayudarme y resolver todas mis dudas. Ingresé la palabra «Sal» y descubrí que la sal puede ser el elemento clave para la vida en Marte y que los científicos han confirmado dos cosas: Que el planeta rojo cuenta con una gran cantidad de hielo y que hay en él, mucha, mucha sal. Lo que me hizo pensar también en dos cosas: que mi guisado sin duda les encantaría a los marcianos y que huir de la cocina  rumbo al planeta rojo desataría la guerra de las galaxias entre mi familia y yo.

Igualmente interesante fué saber que Estados Unidos es líder mundial en producción de sal seguido de China, Alemania, India y Canadá.  Al seguir leyendo descubrí sus múltiples usos en la vida diaria. Puedes limpiar flores artificiales, prolongar la vida de la escoba, quitar las manchas de la alfombra, aliviar los piquetes de abeja, desodorizar los tenis, alejar las pulgas, evitar las manchas en el horno, desorganizar un desfile de hormigas, destapar el drenaje, apagar una chimenea, aromatizar el ambiente, limpiar la pecera y combatir la caspa…pero mi guiso seguía salado. Entonces ingrese la frase «Remedio para la comida salada.»  Después de seguir el consejo al pie de la letra, agregando dos papas al guiso para absorver el exceso de sal, obtuve como resultado un guiso salado y un par de papas super saladas. Me sentí fatal. ¿Qué culpa tenían las papas de mi descuido? Aunque hubiese querido tener visión microscópica, me quedaba claro que ni ellas ni yo podíamos recuperar en su totalidad el exceso de sal pues ésta se había ya infiltrado en el guisado. Puse entonces en marcha el plan «B» que consistía en dos jarras de agua para ir alternando bocados y tragos de agua durante la comida  y para contrarestar la sed después de comer.

Esta experiencia me hizo comprender una verdad universal: Los alimentos no tienen ninguna clase de poder ante la sal. Una vez que has salado la comida, permanecerá así para siempre. En cualquier otro caso, no importa si solo agregamos una pizca de sal en los alimentos, no podran resistirla y obtendran sabor.

La Escritura nos dice que lo mismo sucede con cada cristiano en el mundo. En Mateo 5:13 Jesús declara categóricamente a sus discípulos: » Ustedes son la sal».  No les dice: «Ustedes deberían de ser la sal»  ó  «Traten de ser la sal». Somos la sal y el mundo no tiene el poder de resistirse ante los valores cristianos. El más sencillo testimonio de una vida cambiada por Cristo hoy, causará su efecto en un mundo decadente.

Aunque la sal en mi guiso desapareció ante mis ojos, el sabor quedó. Lo  mismo ocurre con nosotros – La iglesia de Cristo- dispersa alrededor del mundo y cuya operación silenciosa y a veces invisible, logra tener una influencia poderosa y notoria contra la corrupción y el pecado.  Aquí y allá escuchamos  testimonios de vidas transformadas y hoy  más que nunca habemos cristianos en las diferentes  esferas de la vida. La condición única e indispensable para que la sal sea eficaz es teniendo contacto directo con los alimentos. Entonces, nuestra tarea es simple: Salir del salero y entrar en contacto con el guisado de las actividades cotidianas.

Alguien ha dicho que las bienaventuranzas descritas por Jesús y que anteceden éste versículo, son las cualidades mismas de la sal. Aquellos que procuran vivir con sencillez, que lloran por la condición en que se encuentra nuestro mundo, que son compasivos y no vengativos; testigos comprometidos aun a pesar de la persecución y que al ir recorriendo la tierra con vidas completamente rendidas a El, estan ahora mismo permeando, saturando, impregnando, purificando, conservando; derritiendo el hielo de la apatía y generando hambre y sed de Dios.

Hace poco conversé con una amiga que sufre de presión arterial alta. Los médicos le han prohibido comer sal. Ella ha buscado y probado todos los sustitutos de sal que hay en el mercado; sin embargo, según sus palabras  «No hay nada que sustituya el sabor que da la sal a los alimentos» . De igual manera, las naciones estan hambrientas de buen sazón y buscan satisfacerse dando sabor a su vida con condimentos que sustituyen la verdad. De ahí la importancia de conservar el sabor en nosotros mismos para no llegar a ser desecho y escarnio de los hombres. Seamos ejemplo de restauración y esperanza al vivir vidas santas que enriquezcan nuestra sociedad. Una sociedad que sufre de la simpleza que produce la ignorancia de Su Palabra. Jesús, es quien nos pide ser responsables. Solo nosotros podemos dar sabor de Dios, sabor de amor y de perdón.

Esta es una verdad que debe ser creída no solo porque vemos sus efectos diariamente, sino porque Jesús mismo lo dijo: Somos sal.

«Este es un pacto perpetuo, sellado en mi presencia, con sal. Es un pacto que hago contigo y con tus descendientes»    Números 18:19b NVI

Lavando los Platos.

septiembre 3, 2010

Por lo regular, una Prófuga de la cocina que NUNCA cocina, mantiene esta área impecable. No, no hay ollas hirviendo y el horno mantiene todavía un olor a nuevo. Nunca se ha usado el extractor de aire y el exprimidor de jugos sigue en su caja desde el día de la boda. La labor del refrigerador se limita a hacer hielo y guardar una caja de supositorios. Lo mejor de todo es que dicha prófuga, no tiene problemas de que la visiten a deshoras, porque la cocina siempre esta limpia.

En cambio, la prófuga que TIENE que cocinar, se enfrenta a la agonía de tener que limpiar y lavar todos los vasos, platos y cacharros que usó durante el día.  A medida que pasa el tiempo va creando «atajos» para no pasar tanto tiempo en la cocina. Para explicar esta conducta, he elaborado la siguiente clasificación:

Prófuga Artista.- Es quien crea verdaderas  esculturas y obras de arte al ir acumulando trastos sucios que va colocando unos sobre otros sin que caigan al suelo: Platos hondos con residuos del caldo de ayer, la temida olla del mole y el sarten donde se frio el pescado; el vaso de la licuadora y todos los platos de la comida de hoy.

Prófuga Astronauta.- Ingresar en su cocina es como si abordaras una nave espacial debido a que casi todo esta cubierto con papel aluminio: hornillas, comales y media pared. En su refrigerador, guarda platos con sobrantes de comida hasta que se desintegran.

Prófuga Ambientalista.- Es quien defiende la teoría de que las verduras y frutas no se lavan con jabón porque además de perder su sabor, el uso de detergente es malo para la salud y el medio ambiente. Limpiar y desinfectar los utensilios así como las superficies de la cocina, es impensable.

Prófuga Arqueologa.- En su alacena y refrigerador puedes encontrar toda una colección de recipientes con carne petrificada, pan duro y enlatados con fecha de caducidad vencida.

Prófuga Filósofa.- Es quien reflexiona: » Si de todas maneras la comida se va a descomponer y revolver en el estómago, ¿Para qué lavo bien y separo los trastos?»

Prófuga Gourmet.-Asegura que a los sartenes y ollas se les tiene que dejar que vayan creando un teflón natural de cochambre para mejorar el sabor de la comida.

Prófuga Historiadora.- Es quien comenta, «¡Para que tanta limpieza, si los habitantes de la edad de las cavernas ni las manos se lavaban!»

Prófuga Químico-farmacobióloga.- En su refrigerador puedes encontrar muestras de hongos, moho y microorganismos vivos; alimentos en diferentes etapas de descomposición hasta que llegan a punto de penicilina. Tortillas y pan enmohecidos, leche cuajada, salsas y frijoles agrios,etc.

Prófuga Religiosa.- No lava bien los platos pues asegura que descubre en ellos mensajes y apariciones milagrosas productos de la grasa y el cochambre.

Prófuga Psicóloga.- Aconseja que a los trastos hay que darles tiempo….sin presiones….sin prisas…para que se remojen bien.

Un ejemplo bien puede ser la historia de dos chicas que eran hermanas: Purita y Flojina, de 19 y 18 años respectivamente. Ambas, salieron de su casa para estudiar en otra ciudad la universidad.

El año que Purita estuvo viviendo sola, demostró que la buena educación que le había dado su mamá- Doña Dolores- estaba dando sus frutos. El departamento parecía la suite de un lujoso hotel. La cama tendida impecable, invitaba a recostarse en ella; el baño y la sala, parecían fotografías de un catálogo de muebles para el hogar. Cada cosa en su sitio y nada de platos sucios. Cuando Flojina llegó a compartir el departamento, la situación cambio. La cama se convirtió en un pleito de perros; el baño, en tendedero de vecindad; la sala,  en callejón de indigentes y una  columna de trastos sucios apuntalaba el techo de la cocina.

En vista de que la virtud de Flojina no era la limpieza, Purita decidió dividir el departamento en dos: el área super ordenada de Purita, y la zona de guerra de Flojina. Los trastos, también fueron divididos por obvias razones no sin antes lanzarle un ultimátum,

– Flo…mi mamá nos visitará un día de estos y ….¡Ya te veré corriendo para arreglar y limpiar todo tu tiradero!

Al cumplirse la primera semana, Flojina había agotado todos los platos limpios y no tenia en donde comer. Le pidió entonces a Purita con voz llorosa y como una táctica de guerra bien planeada, le prestara unos platos,

-«Sólo para la comida de hoy»- Le aseguró.

Purita accedió pensando ingenuamente que los lavaría y se los regresaría al terminar de usarlos, pero como en la guerra y en el amor todo se vale, eso no ocurrió. Cuando a Purita le quedaban solo una taza, un plato  y una cuchara, decidió no prestarle mas.  Debido a esto,  Flojina se vió en la necesidad de comprar platos desechables cerrando los ojos y el olfato a las docenas de trastos sucios que tenía agazapados en su recamara. Cuando el presupuesto ya no daba para seguir comprando los desechables, Flojina le propuso una negociación. Un intercambio de rehenes sería la solución. Le daría todos los trastos sucios a cambio de su ayuda en tareas escolares. Purita, se negó. Entonces, le pidió le alquilara la última taza, plato y cuchara limpios a cambio del uso de su ipod  por una semana completa. Ante la negativa de Purita, Flojina comenzó a beber el jugo de naranja  directo del envase tetrapac, solo consumía sopa Maruchan y el resto de la comida con las manos o en servilletas.

Una llamada telefónica anunció la visita de su mamá en unas cuantas horas. Flojina no tuvo opción y comenzó a arreglar el departamento por encimita y así, poder engañar al enemigo. Espantó a los perros tendiendo la cama, ocultó a los indigentes debajo de los muebles, camufló los tendederos y castigó a la lavadora de trastos obligándola a realizar trabajos forzados.

Al llegar Dolores, le pidió a Flojina le ofreciera un vaso con agua fresca pues el calor y el cansancio del camino le hacían mas evidentes las nuevas arrugas en su frente. Flojina se apresuró a sacar un vaso de la lavadora de trastos ante la mirada de enojo de Purita. Debido a que Flojina estaba distraída haciendo muecas a Purita, no se percató que aunque la lavadora había realizado la tarea, no había podido arrancar la comida pegada de dias en los platos y vasos dejandolos todos lagrimiados y chorreados; parecían estar limpios por fuera, pero por dentro conservaban aun restos de comida. Cuando Dolores recibió el vaso con agua turbia, le hizo saber a Flojina que el día del juicio militar, había llegado.

Lo cierto es que lavar los platos es una tarea que no tiene fin y cuando crees que ya has terminado resulta que a tu hija le llegó la hora de tomarse las vitaminas, tu hijo llora por cereal y tu esposo emerge de la oficina con una taza de cafe que tomó hace cuatros horas y que tenía escondida quien sabe donde. ¿El resultado? Un vaso, un plato, dos cucharas y una taza mas que lavar. Es por eso que hay quienes no lavan -ni por equivocación- una cuchara y también hay quienes lavan todo, pero lo hacen mal, o a medias.

La Sagrada Escritura nos presenta a los peores lavadores de trastes.

En Mateo 23:23-27 encontramos al Señor Jesús acusando a los escribas y fariseos de limpiar el vaso y el plato solo por fuera, dejando la impureza dentro de los recipientes.

Ambos grupos-escribas y fariseos- eran conocedores a profundidad de la escritura y defensores en todo momento de la ley de Moisés; sin embargo, a pesar de enseñar a un Dios omnipotente, lleno de justicia y misericordia, no lograban ser ejemplo de ello en sus propias vidas. Despreciaban a los pecadores y creían engañar a la gente con sus acciones religiosas y apariencia de piedad. Buscaban siempre el ser vistos por los demas orando y dando generosas limosnas. El pueblo prefería escuchar a Jesús porque «les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas» (Mateo 7:29)  Los evangelios nos muestran que Jesús jamás ocultó su impaciencia y contrariedad ante la conducta hipócrita de ellos y en diferentes ocasiones les reprocha el ser egoístas, orgullosos, codiciosos, rapaces y de vivir  vidas inútiles.

Te ofrezco la idea de que cada día, tu y yo, nos guste o no, lavamos los platos.

Al igual que a los fariseos y escribas, el Señor observa nuestra actuar.¿Dejamos los trastos rechinando de limpios o  solo limpiamos por encimita, tratando de engañar a los demas? , ¿nos presentamos con apariencia de piedad cada domingo, pero en la semana nuestras obras son malas? ¿Mostramos obras piadosas con intenciones de maldad?  Hacerlo no solo nos hace mentirosos sino vivir en la mentira. Así como un plato sucio no engaña a nadie, lo mismo resulta con quien pretende engañar a una congregación, al mundo entero o a Dios.  Si buscamos cumplir deberes eclesiales para adquirir cierto reconocimiento o prestigio estamos entonces siendo seguidores de los fariseos y no de Cristo. Debemos asegurarnos de que ademas de  asistir al templo, ofrendar y  estar  involucrados en actividades religiosas, es necesario tener  una relación personal con Dios. Solo en El, nuestras intenciones y propósitos nos impulsan a mirar a Dios primordialmente y a nuestros semejantes como lo mas amado , del amado de Dios. Mostrar al mundo un rostro bifronte nos hace ciegos y nos impide toda posibilidad de auto-medicarnos; también, nos incapacita para presentar un evangelio claro, brillante y transparente. Recordemos que el día llegará cuando el Señor revise si hemos hecho bien la tarea, o solo para cubrir las apariencias.

Otra lección práctica sería el estar conscientes que una vida limpia y apartada, tiene que ver también  con platos limpios y casa ordenada. Sería contradictorio predicar santidad y vivir en la inmundicia. Peor  sería predicar pureza, vivir en la pulcritud, pero a costa del mal humor y del desprecio por los que no viven como nosotros.

Imaginemos por un momento un vaso limpio por fuera pero sucio por dentro. ¿Tomarías en el?  Definitivamente no. Pero, ¿Qué sucedería si un vaso estuviera limpio por dentro y sucio por fuera, tomarías en el? Creo que coincidimos en que preferiríamos un vaso totalmente limpio. De igual forma, el Señor espera de nosotros congruencia con lo que creemos, enseñamos, decimos y vivimos. Que el Señor nos ayude.

«Lávame de toda mi maldad, y límpiame de mi pecado» Salmos 51:2 NVI

Un Dulce Momento.

julio 25, 2010

Los líderes de adolescentes de la iglesia habían planeado un campamento para el verano.  Mi hermana, quien recien había entrado triunfalmente en la adolescencia, insistía día y noche pidiendo permiso a mis padres para poder ir . A esto se debió que los muchachos organizaran peticiones colectivas apoyados de super amigas quienes con ruegos interminables y sin éxito, trataban también, de recibir la venia. Lo mismo hicieron los líderes y guías del campamento al presentar rosario de promesas que aseguraban que nada le pasaría; incluso, alegaban estar dispuestos a dar su vida con tal de que mi delicada, tierna y bella hermanita asistiera. Una semana antes, el director del campamento hizo un último intento,

– Entonces que, hermana Raquel, ¿Va a dejar ir a Almita al campamento?

-Mira, Carlitos….- Le contesto mi mamá con firmeza y mirando para otro lado- Alma podría ir…pero hay una condición…

-¡La que sea!- Le respondió emocionado.

-La condición es que Sonia, también vaya al campamento.

Hasta antes de que mi nombre fuera pronunciado, mi imaginación me había trasladado al clóset de Alma y como toda hermana menor, aprovecharía su ausencia haciendo de las mías; me pondría sus vestidos, me probaría sus zapatillas nuevas, me maquillaría un poco, escucharía sus discos y luego, tendría el control absoluto de la televisión.  Pero en vista de que el director del campamento haría «una excepción», mis planes quedaron postergados para mejor ocasión y en su lugar, debía concentrarme en llevar a cabo un plan siniestro. Era mi oportunidad de obtener todo lo que quisiera por parte de ella, o me negaría simplemente a ir, con rabieta incluida. De «Gorda inútil», pasaría a ser la mejor hermana del mundo y mis deseos debían ser cumplidos en su totalidad. Y así fué. Durante la semana previa al campamento, vimos solamente mis programas favoritos, me dejó entrar a su recámara, me dejó usar -con cuidado- su stereo, y me regaló su colección de estampitas «Amor es…» . Una vez en el asiento del autobús rumbo al campamento, mi suerte cambió y volví a ser la inútil gorda de siempre, con la diferencia que ahora cargaba sobre mis hombros la advertencia de no volverle a dirigir la palabra y mucho menos acercarme a ella durante el campamento; de lo contrario, la colección de estampitas regresaría a su dueña original.

Después de varias horas de viaje llegamos al campamento: Una hacienda olvidada de Dios y de todos los santos.  De repente, salieron a recibirnos una docena de perros…todos ellos viejos, sarnosos y en los huesos; ladrando, como si trataran de advertirnos que no entraramos, o de lo contrario, sufriríamos las consecuencias. Con equipajes al hombro nos dirigimos hacia el comedor y salón principal en donde nos darían algunas instrucciones. Era un galerón enorme, acondicionado con mesas rústicas y apolilladas. Las paredes eran de adobe y pintadas de color blanco; el techo, inalcanzable lo mismo que sus telarañas y el piso de mosaicos rojos y antiguos. El olor que se percibia en todo momento, evocaba un asilo de ancianos al amanecer que por instantes se confundia con el olor a pino del piso recién trapeado. Por su parte, los administradores del lugar parecían haber protagonizado una de tantas aventuras de Scooby Doo y sus amigos; mal encarados y sospechosos de mil asesinatos, entraban y salían de misteriosas puertas, dispuestos a interceptarnos en todo momento por si quisieramos indagar en áreas no permitidas.  Después de leernos exagerada lista de  cosas que no debiamos hacer, nos ofrecieron un tour para conocer el lugar.La primera parada fue la cocina. No porque hubiera de comer, si no porque era lo que mas cerca estaba. El olor a trastes viejos y manteca rancia, nos hizo acelerar el proceso y no darle la debida atensión a las cocineras; hermanas escrupulosamente escogidas, no por sus destrezas en la cocina, sino porque no tenían otra cosa mejor que hacer en su casa y para hacer constar una vez mas, la sabiduría del dicho popular que versa: «El pan ajeno, hace al hijo bueno».

Lo que ellos llamaron dormitorios, se encontraban al extremo opuesto de la cocina. En cuanto se nos indicó el lugar y la pesada puerta de madera se abrió, las chicas corrieron desaforadas para apartar la mejor cama. Como yo no sabía lo que hacían, me tocó escoger entre una silla endeble y un colchón que me decía a gritos que solo camperos infantes incapaces de controlar esfínteres, lo habían disfrutado. Entonces, tendí una cobija encima del colchón recolector de análisis, y luego arreglé lo que sería mi cama por cinco días con las sábanas impecables que mi madre había empacado para mí. El tiempo de la merienda había llegado y con ello un poco de alegría que se disipó al ver el menú:  Frijoles con huevo y café negro. Una de las cocineras se compadeció de mí y agregó un chorro de leche bronca sin saber, lo cual provocó que yo me olvidara del colchón y pasara toda esa noche en la silla, cerca del baño. Como a eso de las cuatro de la mañana, el concierto de quejidos y ronquidos cesó, lo mismo que mi diarrea y cuando al fin creía que dormiría un poco, las cocineras comenzaron a despertar dando el rodillazo sin aviso y elevando oraciones fervorosas en voz alta que competían con el canto de los gallos. Después, el ruido de las regaderas y los gritos de una galopina que suplicaba le pasaran el shampoo. La señal de advertencia del paso del tren comenzó a sonar, y luego el tren. Cuando al fin parecía que todo quedaría en calma, sonó el despertador ocasionando que la líder saltara de la cama y con voz aguardentosa urgiera a despertar para iniciar el dia con un devocional. Como todas la ignoraban, pensé que un buen regaderazo con agua calientita me caería bien. Después de 15 minutos esperando que saliera el agua caliente, opté por el baño vaquero. Mientras que esperaba la hora del desayuno, pensaba ingenuamente que la horrenda cena ofrecida la noche anterior habia sido a consecuencia del horario y las prisas, y que a partir de ese dia sería diferente.

Los años siguientes me enseñaron que el menú preferido por todas las cocineras, de todos los campamentos era huevo con frijoles para el desayuno y frijoles con huevo para la cena. La comida podía variar: verduras al vapor que nadie come, la siempre rendidora carne molida con arroz, mini pierna o mini muslo de pollo con jitomate y lo que mas se le pareciera a una milanesa. Para la cena del ultimo dia, las cocineras daban rienda suelta al sentido del humor ofreciendo huevo cocido (o duro) con frijoles.

Todavía no se cumplían las 24 horas de mi estancia en ese lugar y ya lo odiaba con todo mi ser. Añoraba mi camita y no podía entender como todos habían hecho tantos esfuerzos por ir. Los jóvenes disfrutaban de los cultos, el esgrima bíblico, los deportes, la fogata y los juegos. En cambio yo, desde que comenzó el campamento fuí la mascota de mi grupo y siempre me dejaron al último para todo. Solo me procuraban un poco cuando los muchachos solicitaban mis servicios de investigadora privada para saber si las chicas tenian novio y cuando ellas me enviaban con misivas ultrasecretas para ellos.

El último dia, el director de deportes anunció a los finalistas del torneo de voleyball. Mi grupo, conformado hasta entonces por excelentes jugadores, había logrado ganar los suficientes juegos para pelear el título. Ante el temor de perder, el equipo contrario levantó una protesta argumentando que el reglamento decía que todos los miembros del grupo debían jugar, lo cual me incluía a mi. Yo, que jamás en mi vida habia tocado un balón de voley, ahora tendría además la gran oportunidad de ganarme el odio de todos los de mi grupo.Por mas que me explicaban como era el saque, yo no lograba dar una. El momento de la cuenta máxima llegó. Un solo saque, nos daría el gane….¿Lo terrible? era mi turno. El equipo contrario comenzó a celebrar su triunfo. Yo solamente cerré los ojos y le pegué al balón con todas mis fuerzas y con un estilo nunca antes visto. Increíblemente el balón pasó la red y cayó al suelo sin que nadie del equipo contrario moviera un solo dedo, ya que no esperaban que yo lo lograra. A partir de ese instante, todo fue felicidad y festejos. Me convertí en la heroína de mi equipo. Todos me cargaban y me besaban. ¿El premio? ¡Tres bolsas de pan dulce para la cena! Jamás olvidaré el sabor de aquellas campechanas y conchas de chocolate después de una semana de no probar nada dulce.

Ya en el autobús y de regreso a casa, comencé a hacer el recuento de los daños. Había olvidado la toalla, me habían picado los zancudos, se me habian roto los anteojos y me había cubierto de gloria. Agradecí entonces a Dios el haber sobrevivido al campamento. Dejando escapar una lágrima y comiendo el último bocado de una concha de chocolate que había reservado para el camino, le pregunté al pastor cuando anunciaría la fecha del próximo campamento.

La Bíblia nos describe uno de los momentos de gran gozo para el pueblo de Israel, en el cual celebraron comiendo pan dulce.

Después de haber sido ungido David como rey de Israel y conquistar Jerusalen, se dispuso a trasladar el arca del pacto desde Quiriat-Jearim a Jerusalen, la Ciudad de David.

El arca, pieza central y corazón del tabernáculo, representaba la presencia de Dios entre su pueblo; cuando necesitaban dirección, el arca del Señor era también su guía. Tristemente, había sido relegada por mas de setenta años debido a la desobediencia y falta de interes por parte del rey Saul. Radicar el arca en Jerusalen, significaría establecer la capital como el centro de toda autoridad política y religiosa. Ya no sería solamente la Ciudad de David, sino la Ciudad Santa de Dios; centro de la adoración a Jehová.

Durante el traslado y recorrido por los caminos hacia Jerusalen se escuchaba al pueblo cantar y tocar instrumentos de júbilo y alegria. Al entrar el arca a la ciudad, la felicidad fué aun mayor. Se ofrecieron sacrificios de comunión y se bendijo al pueblo en el nombre del Señor Todopoderoso. Para completar la celebración, David ofrece a la multitud pan y pastel o tartaletas de dátiles y de uvas pasas a cada familia (2 Samuel 6:19) Mas tarde, después de instalar el arca en su sitio, el rey David nombró ministros para que dieran gracias y alabaran al Señor. La fiesta, apenas comenzaba.

Se cree que los egipcios, asi como los hebreos fueron de los primeros pueblos en hornear pan mezclado con higos, dátiles, uvas y almendras. Con el transcurso del tiempo, el pan fue tomando diferentes variaciones y modos de preparacion, segun la región y las costumbres de cada pueblo hasta llegar a nuestros dias. Un ejemplo de ello, bien puede ser la industria panadera mexicana, que cuenta con una extensa variedad de formas y sabores debido a la fusión de culturas indígenas y  presencia europea; principalmente,  española y francesa.

Me emociona descubrir que hasta este momento hemos visto a David tocar el arpa, pastorear ovejas y pelear en batallas; pero ahora ademas le vemos envuelto en asustos relacionados con la cocina, repartiendo  pan dulce y pastel. En este sentido, cualquiera que haya sido anfitrión de una celebración, puede sentirse identificado. Ya sea en una boda, un cumpleaños o depués de una buena comida, el momento de repartir el pastel o el postre, torna la celebración en un momento aun mas especial. La expresión de chicos y grandes ante una rebanada de pastel es siempre de alegría, tanto para el que la ofrece como para el que la recibe. Lo mismo sucede con la alegría de tener la presencia de Dios entre nosotros, mas aun, si podemos compartir que nuestra vida es un centro de adoración y nuestro corazón su lugar santo donde El puede habitar.

En David,descubrimos también una personalidad fascinante; combina la fuerza y el coraje de un guerrero con la ternura y sensibilidad de un poeta. No tenía necesidad de copiar o imitar éxitos del pasado, ni intentaba guiar al pueblo como lo hiciera Moisés o Josué. Con inumerables conquistas en su haber, debemos resaltar que la mas importante conquista era la que radicaba en su propio corazón al lograr arrepentirse, siendo genuino y humilde delante de Dios. Del adulterio cometido con Betsabé, podemos aprender que nuestra mesa puede estar llena de pasteles y postres, pero que sin la presencia de Dios en nuestra vida, el pastel mas dulce se torna amargo o sin sabor como lo describiera el mismo David en el Salmo 32:3-5 cuando reconoce que las riquezas que este mundo ofrece no se comparan con el perdón y la comunión con Dios.

Hoy podemos celebrar que tener la presencia de Dios en nuestra vida, es el inicio de una fiesta que continua hasta la eternidad y que tener comunión con un Dios feliz, nos da la oportunidad de poder ser agradecidos y de alabar su nombre por su guía constante.

De vez en cuando, reservo una porción de pan o de pastel para mi momento devocional y asi celebro con gozo su dulce presencia en mi vida.

«Porque ¿Quién puede comer y alegrarse, si no es por Dios?  Eclesiastés 2:25 NVI

Una Madre Virtuosa

mayo 9, 2010

Uno de los dias más esperados por las Prófugas de la Cocina es el dia de las madres. No solo no tenemos que cocinar, sino que hasta nos miman y nos llevan a comer a un buen lugar. De ahí la frase de : «Todos los dias deberían de ser, el dia de las madres».

En este dia se realizan festivales, se recitan poemas, se cantan serenatas y se compran flores. Entre familiares, en el trabajo y en la iglesia, se organizan comidas en honor a los seres que nos dieron la vida.

Recuerdo en especial un programa del dia de las madres que organizamos los jóvenes de aquellos años en la iglesia. Cantos, poemas y lecturas. A mí me tocó leer un pasaje de la Bíblia para inspirar a las madres homenajeadas.Con toda «originalidad» decidí leer lo que a mi parecer se relacionaba con ellas. Cuando llegó el turno de dar la lectura bíblica, dirigí mi mirada a la congregación y en especial a mi mamá, entonces dije,

– Esta lectura se encuentra en Proverbios 31: 10-31 y se titula: «La Mujer Virtuosa»…..

Esta de más describirte la cara que puso mi madre. Meneando la cabeza y con un gesto de total y absoluta desaprobación, me hizo saber que había arruinado el programa entero.  Entonces leí con cuidado y noté como las sonrisas desaparecieron de algunos rostros. Cuando me casé, supe en carne propia, el porqué de su reacción, pues la mujer virtuosa y yo, comenzamos a tener problemas. Un abismo nos separaba a medida que los dias de feliz matrimonio transcurrían, a tal grado, que coloqué un hermoso separador en la página siguiente a la mencionada cita con el fin de que la Bíblia nunca se abriera en Proverbios 31 y menos durante el tiempo en la iglesia, pues imaginaba que en cualquier momento la mujer tomaría forma humana y saldría de las páginas decidida a ponerme en verguenza delante de todos. Cuando nacieron mis hijos, el distanciamiento entre ella y yo, era aun más evidente.

Las razones, saltaban a la vista.

Por principio de cuentas, la mujer virtuosa es madrugadora y se levanta a dar de comer a su familia (31:15). Yo en cambio, necesito una razón poderosa para querer levantarme de madrugada. Y aunque lo he intentado, mi cuerpo simple y sencillamente, no me responde. Dentro de mí, hay un deseo enorme por despertar, pero no puedo. Me siento como si estuviera atrapada en Matrix, y por más que le llamo al operador, no me contesta ni me regresa la llamada. La pesadez es tal, que pareciera que me comí dos kilos y medio de manzanas envenenadas de la bruja de Blanca Nieves; no obstante, comparto orgullosa contigo que mis hijos sobrevivieron a la niñez, sin probar los aclamados productos Gerber.

Otra razón era que mientras que la mujer virtuosa confeccionaba ropa para su familia, a mí me quedaba claro que yo sabía de telas, bordados y tejidos, lo que sabía de electrodinámica y teoría electrodébil….osea, ¡Nada!.

En cuanto al cuidado de hortalizas y todo lo relacionado con conservas todavía, estoy cero. ¡Bueno!, digamos que menos cero. ¿La verdad? Menos cero, cero, cero, punto, cero.

Es por eso que cuando me ponía a meditar en la mujer virtuosa llegaba a la conclusión que era algo irreal e imposible de lograr; hasta que conocí a quien llamaremos Acelerina.

Para empezar, ella se levanta a las cuatro de la mañana para hornear los bollos que junto con otras delicias que ha preparado servirán de almuerzo para que su esposo e hijos disfruten en el trabajo y en la escuela respectivamente. Después prepara el desayuno, se arregla y desayuna con su familia; saca a pasear al perro, le da de comer a los gatos, limpia la jaula de los pájaros, limpia la pecera; espulga la hortaliza y separa vegetales y frutas listas para hacer conservas; limpia la casa, deposita la ropa en la lavadora, va al supermercado, pasa dejando los pagos y cartas al correo; deposita dinero en el banco, recoje los trajes de la tintorería y compra galletas para los niños de su clase dominical;regresa a hacer la comida, saca la ropa de la lavadora y la deposita en la secadora; revisa su email y contesta sus correos;sirve la comida, supervisa las tareas de sus hijos, borda  una sábana, practica el violín, lee su novela favorita, prepara y sirve la cena, lee la Bíblia a sus hijos, ora y se acuesta a dormir. Por si fuera poco, nunca tiene trastes sucios, porque cuando ve uno, lo lava. ¡Increíble!

Siempre pensé que estaba ante un verdadero Record Guiness, hasta que conocí a  «Acelerina, al cuadrado», osea, a su mamá; quien entre otras decenas de queaseres, pinta paisajes al óleo, usa con destreza el tractor y corta ella misma la leña que usará durante el invierno.

Un dia, conversando con Acelerina, le pregunté cómo era posible que abarcara tanto ella sola; su respuesta fue sencilla: «Pongo toda mi confianza en el Señor y El me ayuda.»

Entonces retire el separador de la Bíblia. Me dí cuenta que al igual que Acelerina, la mujer virtuosa o ejemplar, descrita en el acróstico o poema del proverbista, tenía un secreto por el cual su vida era tan util, plena y exitosa. No se trata aqui de describir a una super mujer o WonderWoman, que lo puede y lo sabe todo, sino a una mujer común que ha puesto su vida en las manos de Dios. Es segura de sí misma, porque sabe que la gracia y la hermosura pasan, y que lo que cuenta es la belleza que da la presencia del Señor en su ser. Es ahorrativa, pero no priva a su familia de las cosas necesarias para una vida feliz. Ama a su esposo, le respeta y le honra; él, confía plenamente en ella. Su creatividad, esfuerzo, diligencia y cuidados van más allá del perímetro de su hogar, tocando y alimentando incluso al pobre y al menesteroso. Su dignidad, generosidad, abnegación y optimismo, radican en Dios mismo.

A esta mujer ejemplar, se le puede ver a diario; entre nuestras amigas, hermanas y familiares. Algunas de ellas, pese a la apatía o ausencia de un esposo, sacan adelante a sus hijos, ya sea trabajando tiempo completo o en las labores arduas del hogar. Mujeres que encaminan los pasos de sus hijos hacia la senda angosta, haciendoles mas fácil el poder reconocer a Jesús como su único Salvador. Mujeres que en cada ropa limpia, cena servida, proyectos escolares, camas arregladas y otras mil cosas por hacer son ejemplo a sus hijos y a la sociedad de lo que una mujer puede hacer, si tan solo tiene temor de Dios.

Interesantemente, el elogio a la madre y esposa, no es solo el final de un capítulo, sino de todo el libro de Proverbios. Una recapitulación de grandes verdades y consejos sabios para grandes y chicos. Eso es lo que es para mí,una madre virtuosa y cristiana.

En Memoria de,

Raquel, mi madre+

Rosaura y Raquel, mis abuelas++

A Anabella, mi madre adoptiva nicaraguense

Y a todas mis amigas y hermanas,

Mi admiración y gratitud.

Feliz Dia de las Madres 2010.

Un Almuerzo Sencillo

abril 30, 2010

El pastor anunció que los bautizos se celebrarían en un río cercano el domingo siguiente, así que animó a la congregación para que llevaran un almuerzo sencillo; nada complicado o laborioso de cocinar y con el fin de compartirlo entre todos.

A los amantes de la cocina, les brillaron los ojos y con una sonrisa de oreja a oreja pronunciaron un «¡Amén!»; no así, la hermana Piedad -Prófuga de la Cocina- quien se mortificó al escuchar el anuncio pues sabía de la fama que poseía la hermana Paz y su magnífica sopa de ostiones; de los chiles en nogada, de Gloria; de la barbacoa del hermano Refugio y del celestial arroz con leche de la hermana Victoria.

El pastor, quien como todos los ministros, sabía de las flaquezas de los fieles, le animó:

-No se preocupe hermana Pie…precisamente sugerí que llevaran tan solo un almuerzo sencillo, pues el motivo principal son los bautizos, no la comida.

Piedad se sintio entonces entusiasmada y ese dia salió de su casa un poco mas temprano para pasar al supermercado y comprar algo de comida que pudiera llevar.  Después de dar una vuelta al área de enlatados, pensó poco y se decidió por dos latas de sardinas, pan de caja, unas botellas de agua y un paquete de chicles sabor menta como  postre.  Ya en camino advirtió a su familia que no se trataba de una comida formal, sino de un tentempié.

La mañana era la ideal para la celebración, y a medida que la gente iba llegando trataban de encontrar el mejor lugar para presenciar el sacramento. El sol no lastimaba a los congregantes ya que la sombra de frondosos sauces les proveían bienestar al mismo tiempo que apaciguaban a los mas pequeños y recien nacidos con el vaivén de sus hojas. El sonido siempre grato del río, el canto de los pájaros y una ligera brisa, contribuían para que los 25 candidatos al bautismo reflejaran aun mas la felicidad  en sus rostros. Después de entonar algunos cantos jubilosos acompañados de tan solo guitarras, el pastor, procedió a bautizarles en un ambiente de total reverencia y adoración. Durante el tiempo de los testimonios, parecía no existir ningun asunto mas importante sobre la faz de la tierra y aunque el tiempo seguía su marcha, nadie se movió de su sitio.  El astro rey se encontraba en su cenit, y segundos antes de que la oracion final tuviera lugar, alguien se acercó sigilosamente y tocó el hombro del esposo de Piedad diciendo,

-Disculpe hermano Pedrito, ¿Me podría ayudar a bajar el asador de mi camioneta?

A partir de ese momento, Piedad, observaba estupefacta como todos comenzaron a acarrear de sus automóviles y camionetas ollas tamaleras, vaporeras, hieleras, mesas plegables, sombrillas para el sol y carbón.  Mientras tanto, algunas hermanas menos afortunadas tendían sobre la hierba vistosos manteles  y canastas con frutas para dar inicio al desfile de Tupperware con ensaladas, sopas frías, verduras en escabeche, ceviche estilo peruano, guacamole, salsas picantes, jamón y quesos; todo ello servidos en vajillas completas que incluían los jarritos para el cafecito con canela que comenzaba a hervir en olla de barro encima del anafre.  Los olores comenzaron a circular abriendo el apetito….carne asada, gallo pinto, quesadillas de flor de calabaza, pupusas, pozole estilo Jalisco, vigoron nicaraguense, chiles rellenos, arroz con gandules, frijoles charros, arepas, mole poblano, chanfaina, tamalitos de chipilin,chalupas, empanadas de camarón y hasta paella a la valenciana.

Las abuelas mecían bebés en los brazos, mientras los abuelos instalaban las hamacas y armaban  mecedoras; ambos, custodiando celosamente los postres de campeonato mundial que consistían en dulces de frutas secas, flanes, gelatinas, pasteles, natillas y pan dulce.

Para acrecentar el hambre, los jóvenes se organizaban el partidito de futbol; las adolescentes por su parte, tendían la red de volleyball con una mano, y con la otra, texteaban a futuros novios. Los niños, completamente eufóricos extraían de maletas el salvavidas y haciendose «casita» se colocaban el traje de baño.

Sin aviso y para su mala fortuna, Piedad escuchó la pregunta que no quería oir,

-¿Y usted que trajo para compartir?- Le preguntó la hermana Alegría, mordiendo un elote asado con mayonesa y queso espolvoreado.

-Bueno…yo solo traje sardinas y pan….

La esposa del pastor, llegó al rescate interrumpiendo el dialogo y alabando la elección de Piedad, pues esos simples emparedados de sardina le hicieron recordar el almuerzo sencillo que un niño compartió con Jesús cuando se hacía tarde, y todos tenían hambre.

Contrario a lo que siempre pensamos, Jesús en esta ocasión, se quiso alejar de la gente, quiso estar solo, quiso descansar; probablemente, la noticia de la muerte de Juan el Bautista era la causa principal.  Entre tanto, la muchedumbre, sin importarle la distacia que había de recorrer y ansiosa de ver sus milagros y de escuchar sus palabras, le siguió al otro lado del lago de Galilea; interrumpiendo la privacidad de Jesús.

Una de las quejas que más a menudo se escuchan entre prófugos(as) de  la cocina, es que cuando mas cansado, mas triste o preocupada te encuentras, mas hambre tiene tu familia. A nadie parece importar si tuviste un mal día en el trabajo, si exorcizaste el closet de tus hijos, si cambiaste los muebles de posición o si acabas de llegar de la convención; cuando piensas en sentarte a descansar es cuando todo el mundo comienza a revisar «si el foco del refrigerador sigue funcionando»; al menos eso me contestan mis hijos cuando les pregunto: ¿Qué estas buscando?

El pasaje nos dice que Jesus les ofrecía sus enseñanzas; las horas pasaron y la gente comenzó a tener hambre. Los discípulos sugirieron a Jesús les despidiera para que cada quien fuera a buscar su propia comida. Sin embargo, Jesús sorprende a sus discípulos con una órden: «Denles ustedes de comer».  Ninguno de los discípulos había sido cocinero antes, ni Jesús los llamó a su servicio porque se encontraban detrás de una estufa;pero una, y otra, y otra vez, leemos que los discípulos dan de comer a la gente siguiendo el ejemplo de Jesus y de su compasión por los hambrientos a quienes vió como ovejas sin pastor. Mas tarde leemos que la práctica de alimentar a los necesitados  siguió entre los discípulos y fue un sello distintivo en los inicios de la iglesia primitiva.

Ahora bien, para los que hemos estado involucrados alguna vez en preparar un banquete o alimentos para un gran número de personas nos podemos atrever a imaginar cómo sería el dar de comer a mas de 5000 personas. El simple hecho de tener que hacer los cálculos y planear la distribución, a cualquiera desanima. Entonces, algunos de los discípulos se dan a la tarea de preguntar a la gente si alguien trajo comida y si quisieran, en todo caso, compartirla.  Tal busqueda dió como resultado a un niño con su almuerzo que consistía en 5 panes y dos pescados.

He de confesarles que me costó mucho trabajo identificarme con esta historia cuando  la escuché por primera vez de labios de mi maestra de escuela dominical siendo yo aún una niña, debido a que mi mamá nunca me preparó el famoso «Lunch» para la escuela, es mas, nunca supe que yo podía llevar uno. En cambio, mi abuela materna, quien parecía haber venido de marte – porque le encantaba cocinar- preparaba hasta 10 emparedados de jamón para un solo nieto con el fin de que éste compartiera con sus amigos de escasos recursos o con los que tenían mamás como la mía .

Uno de los discípulos, Andrés, llevó ante Jesús al niño expresandole su desilusión por haber encontrado tan poca comida. En ocasiones, al igual que Piedad, pensamos que lo que nosotros tenemos para compartir es nada en comparación a lo que otros pudieran ofrecer y ante una enorme necesidad pensamos como Andrés, que lo que poseemos no es suficiente. Sin embargo no debemos perder de vista que no compartimos solo en la abundancia o porque tenemos lo mejor, sino porque con humildad ofrecemos lo que tenemos ante  una necesidad urgente que hay que suplir.

El relato continúa diciéndonos que Jesús tomó aquellos pescados y panes, y mirando al cielo, los bendijo. Luego los partió y los dió a sus discípulos para que estos a su vez lo repartieran a la multitud que en grupos de 50 se sentaron en la hierba verde obedeciendo las instrucciones de Jesús.  La escritura nos dice que el milagro de la multiplicación se realizó y que no solo fueron alimentados sino saciados completamente de tal forma que llegan a sobrar doce cestas de pan.

Jesús termina haciendo una recomendación a sus discípulos: «Recojan los pedazos que sobraron, para que no se desperdicie nada». (Jn. 6.12) Reconocer la bendición de tener alimento en nuestra mesa y tener cuidado de aprovechar incluso lo que ha sobrado, es un mandato divino de quien ha multiplicado la comida muchas veces en nuestro hogar, y nos pide no desperdiciarla.

En los cuatro evangelios encontramos este relato titulado «La alimentación de los cinco mil»; y nos presentan a Jesús negandose a si mismo un tiempo de descanso ante la necesidad; a un Jesús compasivo, viendo a la multitud con hambre y tambien a un niño; llamandonos a alimentar a las multitudes aun cuando veamos que los recursos son insuficientes y diciendonos que lo poco que podemos ofrecerle ante la necesidad enorme que significa alimentar al mundo tanto física como espiritualmente, será multiplicado por su poder, si tan solo lo ponemos en sus manos.

«Den gracias al Señor…Al que alimenta a todo ser viviente…»     Salmos 136:1 y 25 NVI

Invitados Especiales.

marzo 2, 2010

Ser esposa de pastor me ha dado la bendición de ser apreciada y de recibir toda clase de distinciones y delicadezas  por  parte de los miembros de nuestras iglesias a lo largo de estos 19 años.  Una de ésas atenciones me conmovió tanto, que pasados unos días, pensé que debía de hacer algo en respuesta a la acción tan generosa por parte de mis amados hermanos.  Trabajé en mente la idea de ofrecerles una comida comunicandole a mi esposo quien estuvo totalmente de acuerdo.  Ya con el apoyo y el dinero otorgado, empecé a llamar a mis invitados por teléfono con un mes de anticipación, ¿La  razón? No me gusta correr y hacer las cosas a última hora; me gusta disfrutar lo que hago; además , quería estar segura que las 15 parejas asistieran.

La primavera comenzaba y como soy un tanto romántica, planeé realizar la comida en el jardín de la casa. De inmediato me entregué a la tarea más ardua y complicada de cada mujer: ir de compras. Ya sé que estás pensando que no es difícil, pero sí lo es. El hacer una buena compra es un proceso que incluye una seria investigación, un análisis exhaustivo y  toma de desiciones sin remordimientos. Encontrar el color preciso para que todo combinara con los arreglos florales que tenía en mente y que éstos a su vez, fueran parte del escenario de mi jardín, sin que luciera vacío o recargado, era todo un desafío.  Consulté a Martha Stewart, visité el internet en busca de algunas ideas y recorrí tiendas que me ofrecían en sus tentadores escaparates más fabulosas ideas y ofertas.  Después de un par de semanas, el día para hacer las compras llegó y entonces – como me dijera un buen amigo- «el espíritu de compra»- , me poseyó por completo y pródigamente compré platos, servilletas, vasos, manteles y flores…muchas flores.

Pensé ofrecer algo fresco, sencillo y elegante; entonces llamé a un amigo chef para que me aconsejara.  Como resultado, lo obtuve a él mismo en mi cocina dispuesto a ayudarme – ¿O yo a él?- cocinando ensaladas,pasta, carne y pollo a las brasas.

Un dia antes, compré los ingredientes que ibamos a preparar; por la tarde, disfruté cortando el cesped con la ayuda de John Deere; por la noche adelanté la preparación de los postres para que estuvieran listos para el día siguiente. Esa hermosa mañana, el chef  llegó muy temprano y juntos, nos pusimos manos a la obra. Marinamos carne e hicimos música con los cuchillos al picar frutas y verduras; acariciamos ensaladas y preparamos salsas.  Dos horas antes, comencé a adornar el jardín en donde cuatro mesas formarían un rectángulo y en el centro un arreglo de flores de diferentes tamaños haciendo juego con los centros de mesa y simulando una fuente. El jardín lucía hermoso cubierto por la alfombra de fresco pasto verde; la sombra de dos árboles gigantes reposaban sobre el área de las mesas, y entre ellos, una hamaca obsequiada por un fiel amigo que se mecía suavemente  por el viento.  Las ardillas parecían saber que estaríamos de fiesta, pues curiosas y visiblemente emocionadas – las inocentes criaturas-iban de aquí para allá y mirandome a lo lejos, parecían aprobar la decoración.  A un costado y a un lado del asador, situé dos mesas en donde viandas y  bebidas estarían servidas para que los invitados dispusieran de ellas, sirviendose a su gusto.

Puntualmente dí una última revisión para sólo confirmar que todo estaba perfecto. Mi amigo chef se tendría que ir a los 15 minutos pues un compromiso hecho con anterioridad, le obligaba a dejarnos no sin  antes darme todas las indicaciones sobre los términos de cocción de la carne.  Pasados los quince minutos, todo permanecía en silencio; solo los manteles movidos por una ráfaga de viento parecían requerir un poco más de atensión.  Después de otros 15 minutos, comencé a imaginar razones por las cuales mis invitados se habían retrasado…

-¿Estás segura que les dijiste bien la hora?- Me preguntaba mi esposo checando la hora en su teléfono.

-¡Claro que sí!- Le contesté un poco preocupada.

Pasados 45 minutos, los que parecían ser los primeros invitados arribaron con una charola con frutas desveladas tan solo para disculparse por no poder quedarse. ¿La razón? No me la preguntes, porque no la sé. Yo solamente les oí decir que no se quedarían y lo demás no me importó. Con una sonrisa de gato y diciendome que todo se veía muy bonito se fueron por donde vinieron.

Mi esposo comenzó entonces a mandar mensajes a través de su teléfono asegurandome que se habrían equivocado de hora. Mientras él enviaba los mensajes, yo regresé a la cocina  para dar otro vistazo a la pasta que mantenía en el horno a temperatura mínima.  Acomodándome el peinado, trataba de mantener a la pasta y a mí misma, en el mejor de los estados.  A medida que mi esposo recibía los mensajes de respuesta , me iba haciendo saber las razones por las cuales todos se iban disculpando por no poder asistir. Cuando escuché que una pareja se había olvidado por completo de mi invitación y estaba en el parque de diversiones local, respiré profundo y me dirigí hacia la ventana de la cocina como si al asomarme pudiera traerles con el pensamiento.  Por un segundo, ví mi reflejo en los cristales de la ventana y de repente, noté algo extraño…mis ojos habían cambiado de color, mi peinado se asemejaba al de un indigente, la ropa me apretaba y mi piel iba tomando un color verde Hulk; sin preludio alguno y como si fuera la tía del hombre increíble, caminé hacia el horno enfurecida y con un deseo indómito arranqué la puerta del horno para sacar la pasta estrellando el platón en el piso y embarrando la pasta por toda la cocina; de un puñetazo, hice añicos la estufa ; luego me encaminé hacia el jardín y volqué las mesas haciendo volar por los aires platos y vasos; derramé las salsas y las bebidas, destrocé las flores, rompí las jarras de cristal y de un jalón arranque la hamaca. Con fuerza descomunal levanté el asador y lo lancé al jardín de mi anciana vecina que me miraba asombrada por la ventana. Mientras tanto, ví de reojo a una ardilla fisgona que intentaba huir despavorida cruzando el jardín; tomandola por la cola y luego de casi destriparla, le saqué los ojos. Los gritos de los curiosos y el ruido de los automóviles me hizo salir a la calle dejando atrás el jardín pleno de platos rotos y comida regada por doquier.  Después de dar tremendo rugido y provocar algunas volcaduras de autos haciendo sonar alarmas, levanté la vista en dirección a la casa del último de los invitados que mandó un texto para disculparse. De tres zancadas llegué a su casa. Cuando ellos me oyeron llegar, se asomaron por la ventana gritando con desesperación: «¡Es la hermana Sonia!» con llanto y de rodillas, me suplicaban que los perdonara, mientras que uno al otro se culpaban por no haber hecho los arreglos necesarios con tiempo para que alguien se hiciera cargo de sus mal educados hijos y así poder asistir a mi comida…..Entonces, oí la voz de mi amado esposo diciendome,

-Creo que no van a venir, pero todavía tú y yo podemos comer….- abrazandome por la espalda y conduciendome suavemente hacia el jardín.

En ese momento me percaté de que mi cuerpo tenía sus dimensiones normales, así como  mi peinado y el color de mis ojos; todo había sido producto de mi imaginación y de lo mal que me sentía porque nadie había querido venir.  Por más que intentaba poner una sonrisa en mi rostro, no lo lograba; lo cual me hacía sentir peor, ya que pensaba que mi nivel de santidad había bajado dos rayitas. No podía quitar de mi mente el desperdicio de tiempo, dinero, energía y cosméticos que usé para nada. No , no tenía ganas de llorar, más bien me sentía defraudada y buscando una respuesta convincente me preguntaba porqué habrían tenido tan en poco mi invitación.  Pasados varios minutos me dí cuenta que mi esposo, mis hijos y yo, estabamos disfrutando de abundante comida y de la naturaleza de una hermosa y soledad tarde.

Al terminar de comer, mis hijos y mi esposo me ayudaron a colocar todo en orden como si nada hubiera sucedido. Exhausta me recosté en la hamaca. Entonces, recordé la parábola acerca de un suceso semejante según lo describe Lucas en el capítulo 14:15-24.

La sagrada escritura nos dice que Jesús se encontraba comiendo en la casa de un gobernante cuando mencionó la parábola de un hombre que preparó una gran cena invitando a muchos.

La costumbre de aquellos tiempos era la de ofrecer dos invitaciones. La primera invitación era enviada con mucha anticipación y requería una respuesta inmediata aun cuando no se daba a conocer la hora exacta en que se realizaría el evento. Esto permitía que el anfitrión se preparara haciendo los cálculos necesarios para la elaboración del banquete; la segunda invitación, se hacía el mismo día de la fiesta y para avisar que todo estaba listo. En el relato que nos ocupa, los invitados han sido llamados a venir por segunda vez; el suspenso en la historia aumenta a medida que vamos descubriendo como uno a uno, los invitados que ofrecieron inicialmente una respuesta afirmativa, fueron declinando a último momento con excusas justificables y hasta pausibles que se tornan ridículas e insuficientes ante el compromiso contraído; excusas nada diferentes a las que se dan hoy, para no asistir.

Uno de los lugares en los que se escuchan excusas variadas e ingeniosas, además de la escuela, es la iglesia. Los pastores sabemos de memoria las mil y una excusas para no asistir al templo y para no buscar a Dios. Lamentablemente, éstas excusas son ofrecidas alrededor del mundo cada domingo: «Que el niño tiene salpullido»,»que tuvimos una visita inesperada»,»que el carro no arrancó», etc. Es triste notar como increíblemente  hasta las cosas buenas que nos suceden  en la vida tienen el potencial de alejarnos de Dios y de su casa, como lo pueden bien ser el nacimiento de un hijo, un casamiento, la compra de una casa o el ascenso en el trabajo. De igual manera que mis invitados, los comensales de la parábola fueron avisados con tiempo acerca del evento de modo que no tenían excusa valida para no estar preparados.

Mi nivel de santidad subió sus dos rayitas, al leer que también el hombre que organizó la cena se enojó en respuesta y reacción normal ante un insulto recibido. La informalidad y falta de seriedad que mostraron los invitados son un mal en nuestra sociedad que  debilita las relaciones con nuestros semejantes y con Dios mismo. El tiempo, el esfuerzo y el cariño que invierte una persona que nos invita a comer, deben ser agradecidos y valorados desde el momento mismo que recibimos la invitación. El dar la importancia debida a una invitación hecha, es sin duda, una lección práctica que debemos aprender.

El anfitrión de la cena al ser notificado que nadie en realidad había querido asistir a su banquete, dió la orden a su siervo para que fuera por las plazas y las calles de la ciudad para traer a los pobres y minusvalidos sin escatimar esfuerzo alguno por traer a los más, hasta llenar la casa.

El anfitrión de la cena representa a Dios quien lejos de improvisar, ha preparado todo con tiempo y nos dice que la mesa esta ya servida. Los convidados originales, son el pueblo judío que rechazó la invitación;ante el desprecio, Dios envió a su hijo Jesucristo:el siervo que va en busca de los pobres y menesterosos- a saber, gentiles y pecadores- por las calles y plazas de la ciudad animandoles a entrar al banquete con la fuerza que produce su amor.

La parábola de la gran cena nos enseña que el Señor no desistirá de ofrecer sus bendiciones y que la invitación esta abierta para todo aquel que quiera tener comunión con El,  sin importar sus carencias, deficiencias, lejanía y origen; que la invitación que el Padre nos ofrece a través de Jesucristo no solo debe ser valorada, sino valorada sobre todo; que la cena se llevará a cabo un día glorioso y que no carecerá de comensales. Si tú y yo aceptamos y le tomamos en serio, podremos ser los invitados especiales que Jesucristo esta buscando, para mostrar la gloria de Dios.

«…Si alguno tiene sed, venga a mí y beba»   Sn Juan 7:37

Año nuevo, vajilla nueva.

enero 13, 2010

Prudencia, tenía una amiga de la infancia que sólo se comunicaba con ella, cuando quería presumirle algo.  El teléfono sonó al iniciar la semana y con las mismas disculpas de siempre la amiga de Prudencia, comenzó a decirle:

– ¡Prudis, que gusto! Soy yo, tu amiga de la infancia. He pensado en tí todo este tiempo, pero no había tenido la oportunidad de llamarte. Uno de mis propósitos, para este nuevo año, es mantener contacto con mis amigas; y para comenzar, he organizado una cena de ex-compañeras de la universidad en mi casa y me gustaría que tú también vinieras, pues todas preguntan por tí.

A Prudencia no le quedó de otra, que aceptar la invitación.

Mientras se preparaba un té para bajar el coraje y aplacar la piedra en el hígado, se preguntaba qué cosa nueva sería la que habría adquirido ahora. ¿Sería una sala nueva? ¿tal vez el comedor?¿cambiaría la alfombra?

– ¡Es un carro nuevo!- Le sugirió su esposo, cruzando la pierna y acomodandose los lentes.

-¿Cómo crees?- Le respondió, muy segura- ¡Si fuera un carro, ya hubiera venido!

El día de la cena, Prudencia llegó unos cuantos minutos antes de la hora indicada.  Al entrar a la casa, la amiga de la infancia la recibió amablemente con la frase de cortesía acostumbrada,

– ¡No has cambiado nada…estás igualita!- Luego le dijo,

-La cena esta lista; como eres la primera en llegar, ¿Podrías ayudarme a llevar algunos platos a la mesa?

– ¡Claro!- Le contestó Prudencia con una sonrisa y la boca amarga.

Ambas entraron a la cocina y sin perder más tiempo le presumió,

-¿No habías visto mi cocina nueva, verdad? Tiene tantos gabinetes, que se me olvida dónde guardo los platos…¡Me confundo!…¡Ah! Pero tuvimos un inconveniente, pues con el fin de que se pudiera ensamblar mejor, agrandamos la cocina dos metros más e instalamos una puerta nueva que por cierto también nos costó muy cara. Aprovechando, le dije a mi esposo que deberíamos cambiar la ventana, por una más grande; eso me obligó a comprar las cortinas y las persianas exactas para que regulen la luz adecuada…

Cuando terminó de dar el reporte de todos los gastos por remodelación que tuvieron que hacerse y haciendo caso omiso a la regla número uno, del Manual de La Perfecta Presumida, que dice:

«Si lo que quieres es sólo presumir, no preguntes que te parece»; le preguntó,

– ¿Qué te parece, Prudis?

Con mucho tacto y abriendo los gabinetes de par en par, le contestó,

-Lo que importa, querida, no son las alacenas, ni la cocina en sí; sino lo que hay dentro de ella; y por lo que veo, tu cocina, alegra la vista; pero estos platos…¡desgarran el alma!- Y tomando un platón ondo agrietado, se lo mostraba con una media sonrisa y guiñándole un ojo.

Y es que, en realidad ,la amiga de la infancia parecía tener mucha tolerancia al desorden y no ser tan sensible a las cosas visuales. Es decir, tenía un reguero infernal en los gabinetes: Platos de diferentes tamaños, peleandose por un espacio y tazas, colocadas de tal forma,que con sólo rozarlas, se provocaría un efecto dominó, con un fin insospechado. Prudencia,  le sugirió colocar un letrero de advertencia para quienes se atrevieran a abrir esas puertas; pues mantequilleras, azucareras, jarras, charolas, platones, moldes y refractarios; todo revuelto, podrian dar tremendos sustos a incautos curiosos con un desenlace fatal.

Prudis, siguió comentando humildemente que la cocina, de nueva…no tenía nada; Pues a medida que iba abriendo los gabinetes le demostraba, con ejemplos, que el resto de los utensilios de cocina parecían haber sido partícipes de mil guerras revolucionarias: Vasos de plástico quemados, ollas abolladas, sartenes cochambrientos y sin mango; cucharas soperas descarapeladas, cuchillos sin filo, tazas antidiluvianas,un comal torcido; jarras de cristal ralladas, un abrelatas oxidado, un pocillo despostillado,cazuelas humeadas; una cafetera sin tapa y un par de coladores rotos.

Durante la inspección, también le hizo saber, que no sólo era descuidada y desordenada, sino que además, una sentimental; ya que las flamantes alacenas guardaban en su interior centenares de recuerditos de bodas y quinceaños; vasos con diseños de graduaciones de gente desconocida; bebés de roscas de reyes de hace diez años; tres servilletas «Feliz Año Nuevo 1982»; las velitas del pastel de cumpleaños de cada uno de sus hijos; unos palillos chinos y destapadores, productos de los viajes del tío Pancho; la primer cuchara, el platito y los chupones que usaron sus hijos cuando eran bebés; la taza sin asa de la abuelita Clotilde; la batidora carísima, pero descompuesta; docenas de envases de plástico: «por si se llegaran a ocupar»; los primeros dientes de leche de su sobrinito adolescente; los vasos de plástico de la película Tiburón II, y la charolita del avión del viaje a Disney.

La razón que decía tener para no deshacerse de tanto cochinero, era que pensaba que si lo tiraba a la basura, provocaría que esos eventos felices, se borraran de su mente.

Después de sortear algunos peligros, y como si fuera la novia de Indiana Jones, Prudis, logró encontrar la antes mencionada vajilla que parecía haber sido rescatada después de miles y miles de años de una zona arqueológica:  Estaba incompleta,remendada y con vestigios de pintura que informaban que alguna vez hubo algún diseño en esos platos.  Ante la falta de memoria, Prudencia, le aconsejó, se aplicara a esos restos, la prueba del carbono 14  y así poder saber la fecha exacta en la que se adquirió.  Amorosamente, no tardó en hacerle saber que a pesar de que se había esmerado en cocinar deliciosos manjares; el usar esa vajilla, provocaría náuseas y arruinaría la presentación de la cena, dando como resultado comentarios no deseados.

Con voz temblorosa, la amiga de la infancia hizo mención de una vajilla, recuerdo de su boda, la cual tenía guardada en la vitrina del comedor, por más de veinticinco años; y que nunca se había atrevido a usar por temor a que se rompiera.

Ambas, se encaminaron decididas a profanar la vitrina que estaba más sellada y con más utensilios que la tumba de Tutankamón. Cubriéndose con una mano nariz y boca para evitar posible contaminación por endoesporas, bacterias, o cualquier otro gas infeccioso que pudiera emanar, comenzaron a forcejear por unos segundos, hasta que las puertas lograron abrirse rescatando la antigua y valiosa vajilla, que se encontraba cubierta con varias capas de polvo que impedían admirarla.  Confiando en que la tubería no se tapara, le dieron una mega lavadita descubriendo ante sus ojos una hermosa vajilla de porcelana inglesa; con diseños de rositas delicadas y parejas de enamorados con bordes realzados.  Prudis, entonces le ayudó a poner la mesa añadiéndole un toque fino con unas velas color «rosa pálido con el tiempo», que arrancó de unos arreglos de quinceaños, quién sabe de quién.

De esta manera, Prudencia, demostró su amistad sincera una vez más y la amiga de la infancia, aprendió la lección prometiendo renovar la cocina al día siguiente.  Minutos después, las ex-compañeras llegaron y la cena fué un éxito.  La remodelación de la cocina fué elogiada, pero no más que la buena comida, en la vajilla nueva.

El uso de la vajilla data de tiempos inmemoriables y se define como el conjunto de utensilios creados para servir, trasladar y permitir ingerir los alimentos adecuadamente.

En Exodo 25:23-28, Dios manda a hacer algunos utensilios a Moisés: Platos, cucharas, bandejas, jarras y tazones; todo de oro puro y para uso exclusivo del tabernáculo.

Los detalles que se describen en el pasaje nos dejan ver que Dios fue sumamente cuidadoso al dar las instrucciones acerca del uso de los utensilios. Las jarras y los tazones servirían para verter las ofrendas, mientras que los platos y sus bandejas deberían ser usados para servir los «Panes de la Proposición», frase también traducida como los panes «De la Presencia» o «Del Rostro».

Debían ser  doce panes que representaran a las doce tribus de Israel. Elaborados de harina sin leudar y cubiertos con incienso, permanecerian siempre en la mesa, colocados en dos grupos de seis. Los sacerdotes ofrecían primero a Dios el pan por seis días y lo comían hasta el séptimo día, reemplazándolo por pan fresco.  La presencia continua de los panes representaba la provisión y cuidado de Dios.

En el Nuevo Testamento, la mesa de los panes representa a Cristo, el Pan de Vida.  Después de su resurrección, la escritura nos muestra que Jesús, no permite ser tocado por María; antes debía presentarse ante su Padre; ofrecido en sacrificio primeramente para Dios y luego para nosotros prometiéndonos estar siempre y hasta el fin del mundo ( Mateo 28:20).

Hoy, nosotros podemos ser esos platos y charolas de oro que Dios necesita, para que Cristo sea servido, trasladado y presentado, con el fin de  mostrar las riquezas de su gloria.

Tristemente, algunas personas todavía se encuentran atrapados en la vitrina de la mundanalidad; cubiertos de capas de pecado que impiden ver los bellos diseños que Dios quiso plasmar en ellos. Jesucristo tiene el poder de rescatarnos y lavarnos con su sangre preciosa, de modo que seamos agradables delante de su Padre.

Cuando permitimos que su Santo Espíritu nos guie y use, descubrimos la razón para la cual fuimos creados y nuestra vida se torna útil.  La responsabilidad que tenemos es consagrarnos a su servicio para que el Señor permanezca en nosotros durante toda la semana; y así, poder trasladarle al hogar, al taller, a la escuela y al trabajo; mostrando a todo aquel que tenga hambre, el rostro misericordioso de Jesús.

Siempre deseosos de ser renovados con pan fresco en el día del Señor a través del estudio, la adoración, la exposición de su Palabra y el servicio; de tal manera que podamos estar capacitados para presentar a Jesús de una manera tan atractiva que otros quieran comerle también.

Permitamos a Dios estrenar una nueva vajilla y que Cristo sea dado a conocer a través de nosotros en este año nuevo.

«…Y para ser notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria, a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros…»   Romanos 9:23-24