Archive for the ‘Inspiracion’ Category

La Espera.

marzo 28, 2011

Esperar a que hierva…

Esperar a que dore…

Esperar que se enfríe…

Esperar…esperar…

Esperar que acitrone…

Esperar que sazone…

Esperar que repose…

Esperar….esperar.

Esperar se disuelva…

Esperar que se cueza…

Y que la mesa esté puesta…

Esperar….esperar.

Un gran banquete se prepara en la cocina mas alta;

Platos de oro, vasos de cristal,

Mesa grande y sin igual.

El Cocinero compasivo, es Redentor y Fiel amigo,

Nos espera con anhelo,

para celebrar juntos en el cielo.

Esperad las señales…

Esperad su promesa…

Esperad…esperad…

¡Que Cristo pronto volverá!

Una compra inolvidable.

enero 27, 2011

¿Te ha sucedido? Fui al supermercado a comprar un ingrediente que me faltaba, pero en lugar de adquirirlo, salí de la tienda con un par de almohadas y un florero. ¿Cómo fue posible? La culpa no fue mía, sino de Walmart. Con cada paso que dí en su interior me dijo que si compraba con ellos «Ahorraría dinero  y viviría mejor». Bueno, no me dijo que comprara las almohadas en lugar de la mejorana…pero ya emocionada, ¿Qué podía hacer?

Los que estudian el comportamiento de los consumidores me dicen que pasé a formar parte del 47% de los compradores por impulso, y me consuelan diciéndome que entre el 60 y 70% de las compras que comunmente hago, no son planeadas. A esto, tengo que agregar el haber sobrepasado los 18 minutos reglamentarios en la tienda y por haberme detenido a ver las ofertas de pasillo.

No logré darme cuenta que en su esfuerzo por motivarme a comprar más, Walmart ubicó los productos en la tienda de tal forma que tenga que recorrerla toda. Por ejemplo, los productos de primera necesidad, de consumo frecuente o las llamadas categorías «destino» como la leche, se ubican siempre al fondo de la tienda para que las inocentes consumidoras como yo podamos ser tentadas con otros productos que no pensábamos comprar.

La atmósfera que respiré en la tienda también influyó en mis compras. Rótulos y anuncios suplicantes me acompañaron en todo momento; la suave música, me relajó; el personal capacitado, me sonrió y los amplios pasillos me invitaron a soñar que era yo la protagonista de «Castillos de hielo». Y así, con movimientos graciosos, comprobé un tráfico fluido entre un pasillo y otro. Por si fuera poco, esta comprobado que si soy tratada con amabilidad y se me ayuda a encontrar lo que busco, compraré más.

Puedo decir que fuí una clienta satisfecha ya que Walmart me demostró su interés en reducir mi tiempo de espera en la fila, ayudándome a concluir rápidamente el proceso de compra. Salí de la tienda convencida  que tardé menos solo por haber pagado rápido. Todo esto fue  lo que contribuyó para que mi experiencia de compra fuera inolvidable….y el regaño de mi esposo, también.

Lo que realmente atrae a una compradora o ama de casa, son sin duda, los precios bajos. Ya lo decía mi abuela: «El ahorro de un hogar, esta en la cocina». Ahora que si puedes encontrar precios bajos, calidad y excelente atensión, ¡Que mejor!

En Isaías 55:1-5 encontramos el supermercado que te hará guardar tu alma y vivir abundantemente.

«A todos los sedientos: venid a las aguas;

y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed.

Venid, comprad sin dinero y sin precio

vino y leche».

El CEO o Director Ejecutivo, es Dios mismo y ha decidido lanzar una oferta permanente y sin precedente. Siempre me ha enternecido la imagen de Jesus llamando a la puerta. Pero esta idea de Dios en un supermercado o mejor aún, en un puesto de frutas y verduras llamando a todo el que pasa a venir y comprar de El, me cautiva.

Nos ofrece una paradoja, una idea opuesta a lo que el público o la opinión general espera «Vengan y compren sin dinero, porque los productos no tienen precio…». Este eslogan reúne las cualidades que toda buena propaganda debe tener: Nos transmite el propósito de su proyecto divino en pocas palabras y  nos ofrece beneficios prometiéndonos que la búsqueda de Dios no será en vano. Es original e impactante y llama a todos los sedientos y necesitados. Nos invita a venir y a comprar sin trucos, sin engaños.

Para que la oferta sea efectiva existe una condición: Venir ante El con humildad para poder comprar sin dinero sus productos y de este modo, reconocer que de no ser por la oferta, no los  podríamos adquirir. Por su parte, El nos ofrece las mismas garantías como si los hubiésemos comprado. En otras palabras, su perdón es total; jamás se volverá a acordar de nuestros pecados y nos hará hijos suyos como si nada hubiese pasado.

El departamento de atención al cliente no tiene competidor, pues ha dado instrucciones a su Santo Espíritu para guiarnos en todos nuestros caminos hasta encontrar lo que buscamos. Se mantiene abierto las 24 horas del día y durante todo el año. Cada domingo anuncia ofertas especiales. Los productos estan al alcance de nuestras manos debido a su gracia salvadora y nos presenta solo productos genuinos: Agua, para los sedientos de amor y comprensión; leche, para ser fortalecidos diariamente y para crecer saludables; vino, para tener gozo y alegría. Nos promete apagar la sed y darnos las fuerzas necesarias para cuando sintamos que ya no podemos continuar; sabiduría, para tomar la decisión correcta y bendición para tí y los tuyos. Todo, bajo un mismo techo.

El SeñorJesús hizo la misma invitación al ver  los problemas por los que la gente de aquel tiempo atravesaba. También a ellos les costaba trabajo obtener el dinero suficiente para alimentar a sus familias. Habían muchos pobres y necesitados de cuidados y al igual que nosotros, estaban agobiados además por el cobro excesivo de impuestos. Jesús les dijo: » Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia».

Me hace descansar el saber que Dios esta al tanto  de  nuestras compras y de cuando el dinero no alcanza. Pedir su ayuda al ir al supermercado , es además un buen consejo o «Tip» de compra que debemos practicar.

Siempre recordaré a una familia que conocí hace ya varios años. Eran muy sencillos y salian cada día a buscar literalmente que comer; sin embargo, puedo testificar que en su casa había carencias, pero no miseria. Había gozo y gratitud a Dios por lo que se había logrado conseguir durante el dia. Habían sonrisas y calor de hogar en la mesa.Ahora sé la razón. Ellos compraron su sustento en el supermercado de Dios pues aceptar su oferta no significa que tendremos el refrigerador o la alacena llena de comida; es ahorrar en amargura y desesperanza; son «Las misericordias firmes de David».

Como expertas cocineras (os) sabemos de sobra que de acuerdo a los alimentos que elijamos, estaremos alimentando bien o no a nuestra familia. «Somos lo que comemos» , dice una frase popular y en nuestras manos esta el adquirir productos de calidad. De igual manera Su palabra nos aconseja no gastar nuestro dinero en comida espiritual chatarra, en lo que no es pan y en lo que no sacia. El enemigo del alma siempre dira tener «A-Precio» por tí y por mí,  pero si escuchamos su oferta mentirosa, terminaremos pagando mas de lo que planeabamos gastar.

Los que saben dicen que el proceso de compra consiste en tres simples pasos que son como el ABC. La Apertura, cuando el vendedor nos contacta; los Beneficios o razones por las cuales debemos adquirir el producto; y el Cierre o decisión final. Dios ha tomado la iniciativa y te invita a realizar una compra inolvidable ofreciendote sus productos verdaderos y eternos. La decisión final, es tuya.

«…El que tenga sed, venga; y el que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida».

Apocalipsis 22:17b NVI

Los Diez Mandamientos de la Prófuga de la Cocina.

diciembre 17, 2010
  1. No tendrás excusas simples para no cocinar este día.
  2. No te harás la enferma para no hacer de comer. Sugerirás un buen restaurante.
  3. No pronunciarás «Ya está la comida» en vano.
  4. Acuérdate que el domingo NO se cocina.    No cocinarás tú, ni tu esposo, ni tu hija, ni tu hijo, ni tu criada, ni tu nuera, ni tu suegra….bueno, ¡Ella si! Porque seis días has trabajado lavando platos y no los lavarás aunque tu suegra te insista.
  5. Honrarás las recetas de otra para que te invite a comer mas seguido.
  6. No matarás. Lo comprarás todo ya listo para cocinar.
  7. No adulterarás la receta. Si no tienes a la mano los ingredientes,  desiste. No inventes.
  8. No robarás las recetas. Invita a la dueña de la receta a prepararla en tu casa.
  9. No dirás que tú lo hiciste si todavia no le has quitado la envoltura y el precio.
  10. No codiciarás la vida de Letizia Ortis, princesa de Asturias. Ni su esposo, ni sus sirvientas, ni sus cocineras, ni su palacio, ni sus autos lujosos, ni sus joyas, ni sus vestidos, ni su dinero, ni su belleza, ni sus portadas en «Hola», ni nada parecido.

Si me permites…

diciembre 4, 2010

Quisiera compartir contigo algunos recuerdos mientras termino de decorar éste pastel de cumpleaños.

Sucedió hace algún tiempo. Mis padres nos despertaron esa mañana más temprano que de costumbre y nos insistieron en que debíamos apresurarnos para ser los primeros en llegar al templo pues se esperaba que los vientos soplaran fuerte y trajeran a los que no habían asistido en siglos, acompañados de los que iban solo en navidad y después de cada temblor. ¿La razón? La iglesia estaría celebrando ese domingo sus cincuenta años de vida y yo, mis primeros diez.

A pesar de que el estacionamiento de la iglesia estaba casi lleno, no nos fué difícil encontrar un espacio. Mi papá había comprado un automóvil compacto dos años atrás: un Renault 8 modelo 74 color pistache; el mismo año en el que el papá de mi amiga Carmencita compró su Volkswagen. Carmencita y yo nos hicimos amigas en la iglesia y teníamos muchas cosas en común. Nos conocimos en la clase de párvulos y aprendimos juntas a memorizar pasajes de la biblia. Cantabamos en el coro de los niños, dabamos un peso de ofrenda, nos quedabamos dormidas en la banca a la hora del sermón y a ambas, nos pellizcaba nuestra mamá para que nos sentáramos bien. Por si fuera poco, a las dos nos había correteado el mismo perro al salir del templo, nos había dado la viruela, odiabamos a nuestras hermanas y nos habíamos quedado chimuelas al mismo tiempo. Ese día no sería la excepción. Las dos lucíamos vestidos de fiesta con crinolina y caireles estilo Graciela Mauri y su Mundo de Juguete.

Cuando llegamos al templo notamos que a pesar de tener derecho de apartado, la banca en la que siempre nos sentábamos mi familia y yo estaba ocupada por la hermana María, quien como una gallina echada y con la sarta de hijos a su alrededor, se esponjaba a lo largo de ella. Mi mamá esbozó una tierna sonrisa provocando que a la hermana María no le quedara de otra que juntar a sus polluelos debajo de sus frondozas alas para darnos espacio. Una vez en mi asiento, comencé a admirar la decoración del templo que había llegado a niveles de lo imposible. Desde el centro del techo colgaba un aro de color dorado y del cual se desprendían unos listones que se unían con otros cuatro aros colocados en cada esquina del templo. Esa decoración, traslado mi imaginación  inmediatamente a las recién clausuradas olimpiadas de Montreal 1976. De repente, me imaginé con mi traje de gimnasta y con mi nuevo nombre: Sonia Comaneci.  El altar o reclinatorio se había transformado en barra de equilibro, y cuando se me dió la señal, salí corriendo por el pasillo principal para tomar impulso y ejecutar un magestuoso salto de púlpito con grado de dificultad. Después, vendría la eliminatoria de ejercicios de piso con la música de himnos conocidos. La ovación no se hizo esperar y ante la admiración de todos los presentes fuí la primera en obtener la calificación perfecta. Con música de ofertorio, ví como los ujieres entraban con paso armonioso trayendo en sus platillos las medallas de oro, plata y bronce. Cuando estaba a punto de recibir la medalla de oro, mi imaginación fue abruptamente interrumpida por el pastor quien mencionando mi verdadero nombre, me invitaba a pasar al frente junto con todos los demás que habían cumplido años para dar gracias a Dios.  Cada año, me acompañaba en el altar para orar por mí  «La chica  ye ye»  es decir, mi maestra de escuela dominical. Una rubia de cabellos lacios y alborotados que se había quedado estacionada en la moda de los sesentas y cuyo atuendo incluía botas altas y pestañas pixie.

Después de la oración, ví desde el altar como Carmencita se levantó de su asiento y caminó rumbo al baño haciendome con un guiño la batiseñal. Eso significaba que yo debía contar hasta diez y luego pedir permiso a mi mamá para ir al baño -situación nada rara- ya que es completamente normal que las niñas vayan setecientas veces al baño durante el sermón. Mi madre me otorgó el permiso murmurando un gentil » ¡Pobre de tí donde no regreses!». Cuando llegué al baño no encontré a Carmencita. Eso podía deberse solamente a que «El pingüino» es decir, el capitan de los ujieres, estaba de guardia. Entonces, debía actuar rápido y dirigirme directamente hacia la baticueva.

La Baticueva estaba rodeada de floreros. Entre ellos se encontraba escondida y esperandome Carmencita ya que para ingresar era necesario hacerlo entre dos. Debíamos levantar un tapete y luego una tabla que descubría unos escalones que al descender por ellos te conducían al interior de la oscura baticueva. Después de unos segundos, la visión se aclaraba ayudada por unos mosaicos transparentes que la rodeaban y que tragaban la luz. Caminabamos siempre hasta el extremo de la baticueva en donde se encontraban otros escalones y la salida de emergencia. Era ahí donde Carmencita y yo jugabamos, modelabamos vestidos, realizabamos hazañas y compartiamos cuitas. Cuando crecí supe que la baticueva no era otra cosa más que el bautisterio de la capilla de los jóvenes.

Escuchamos las voces de un grupo de ujieres ( o secuaces del pingüino) que acarreaban mesas y sillas para colocarlas en el salón contiguo en donde se realizaría la celebración. Sin querer, les oímos decir que se ofrecería pastel…de chocolate…con fresas y nueces. Cuando las voces se alejaron Carmencita y yo decidimos salir de nuestro escondite pues la curiosidad nos estaba poniendo sumamente nerviosas. Si queríamos admirar el pastel debíamos de actuar contra relog ya que la oración final había comenzado y los convidados arribarían pronto.  Caminamos a paso veloz hasta encontrarnos frente a frente con el pastel.  Era de seis pisos, enorme y tentador. Nadie estaba ahí, solo nosotras y nadie nos había visto entrar. Por un instante, escuché la voz de mi mamá en mi mente preguntar:» ¿Dónde estás?», pero callé su voz pensando: «¡Nunca lo sabrás!».

Debido a que Carmencita y yo poseíamos el super poder de leernos la mente, alistamos al mismo tiempo el dedo índice para darle una probadita ya que para ese momento las dos chorreabamos baba. El problema era en dónde debíamos aplicar el dedazo para que no se notara. Recorrimos el pastel con la mirada buscando la posibilidad de que el pastelero hubiera cometido un error y asi poder en todo caso, emparejarlo. Una fresa o una nuez mal colocada, seria un buen prospecto. Pero no se podía. El pastel estaba perfectamente elaborado y si lo hubiésemos tocado se habría notado. Los congregantes comenzaron a llegar al salón y Carmencita y yo tuvimos que bajar la mirada simulando que buscabamos algo que se nos había perdido.

El pingüino interceptó a mi ya de por sí enfurecida mamá, para ofrecerle un informe de mis actividades turístico-eclesiales y cuando ella se disponía a pedirme cuentas, mi maestra de escuela dominical salió al rescate al tomarme de la mano y llevarme  hacia su automóvil para darme un regalo de cumpleaños que ayudó a olvidar mas tarde, las intenciones de mi madre.

Lo cierto es que la iglesia ha sido testigo de mis travesuras y sueños. Me ha visto correr, orar, cantar, testificar y hacer amigos. Ella, me ha aceptado, perdonado, amado, sanado y alentado cuando mas lo necesitaba.

No, no fue esa la única vez que «la chica ye ye» me salvo. Lo hizo varias veces. Al orar por mí cada domingo en las clases y al enseñarme a bendecir a Dios con mis labios de niña. Después vendrían mis maestros de adolescentes y jóvenes. Luego, los mismos  jóvenes que me inspiraron a buscar a Dios con mas ahínco y quienes con su ejemplo me mostraron que si se podía vivir la vida cristiana. En cada pastor y mas tarde en los profesores del Seminario, ví la pasión, la entrega y el compromiso por servir a Dios. Hoy la iglesia me sigue enseñando a poner en práctica los dones que el Señor me ha dado, a amar a los perdidos, a ser compasiva, a dar sacrificialmente y a ser agradecida.

He crecido en la iglesia y gracias a ella.

Mis ilusiones y sueños en las bancas de mi iglesia actual son de una iglesia fuerte, entusiasta y comprometida. Que predica la palabra con honestidad y que obedece el mandato de ir y hacer discípulos a todas las naciones. Imagino a los niños de hoy siendo los líderes de mañana y a los jóvenes siendo columnas del templo de Dios. Sueño con familias completas viniendo a los pies de Cristo gracias al buen ejemplo de padres y  abuelos. Tambien, ruego a Dios por una iglesia que guíe a mis hijos y a sus familias aún cuando yo ya no esté.

La iglesia a la que hoy asisto no estará celebrando su aniversario este próximo domingo; sin embargo, me levantaré de nuevo de mi asiento como lo he hecho durante 43 años y daré gracias a Dios entre otras cosas, por la iglesia, Su iglesia. Y con el permiso de mis prófugos lectores, dedicaré este espacio con gratitud al Autor de la vida.

Lista de Compras.

noviembre 26, 2010
No debo olvidar comprar diariamente…
  1. Aceite                        (Salmos 23:5)
  2. Agua Viva                  (Juan 4:10)
  3. Aceitunas                  (Salmos 52:8)
  4. Fruto del Espíritu      (Gálatas 5:22)
  5. Leche                         (1 Pedro 2:2)
  6. Miel                            ( Exodo 3:8)
  7. Pan Vivo                     (Juan 6:51)
  8. Sal                               (Colosenses 4:6)
  9. Un grano de mostaza   (Mateo 17:20)

«Compra la verdad y no la vendas; La sabiduría, la enseñanza y la inteligencia.»    Proverbios 23:23

Una Pizca de Sal.

noviembre 19, 2010

Lo peor que le puedes decir a una prófuga de la cocina después de que se ha pasado horas cocinando, es que a la comida le hace falta sal. Pero, ¿Qué pasaría si la sal dejara de existir? He aquí algunas ventajas…

  • Habrían menos disgustos entre esposos y por ende menos divorcios.
  • Podríamos nadar en el mar y tragar toda el agua que quisiéramos.
  • No habría tantas personas sufriendo  de hipertensión.
  • Las niñas dejarían de comer chucherías al salir de la escuela.
  • Existirían menos supersticiosos.
  • La comida de los hospitales sería exquisita.
  • Los  enamorados no harían  mas poemas a las lágrimas saladas del ser amado.
  • Los niños ya no se comerían los mocos.
  • Ronald McDonald no sería tan famoso.
  • Y a las cuarentonas como yo no nos pedirian hacer mas la prueba del salero…..

Lo cierto es que no podríamos vivir sin la sal ya que es necesaria para el buen funcionamiento de nuestro cuerpo y la industria en general.  La sal, es posiblemente el condimento más antiguo empleado por el ser humano y es el que proporciona a los alimentos uno de los sabores básicos: el salado.

Esto me recuerda al automovil de un pariente al que le pusieron por sobrenombre «El salado» pues  desde que lo compraron chocaron con él a medio mundo en el vecindario. La suerte del pobre auto fué empeorando cada vez más hasta llegar al colmo de ser golpeado por otros autos estando estacionado. ¡Si que estaba salado!

También me recuerda la ocasión que agregué una porción de sal de más al guisado. Todo por querer hacer uso de mis superpoderes haciendo mas de cinco cosas al mismo tiempo: cocinar, textear, leer mi correo y llorar viendo mi novela favorita. De repente, por azares del destino y no por costumbre, se me ocurrió probar el guisado. Las diez mil papilas gustativas que cubren la superficie de mi lengua protestaron y por un instante pensé que la lengua se me caería en pedazos; aunque eso sería lo de menos, pues mis hijos y mi esposo estaban por llegar a comer después de un largo día de escuela y trabajo. Comencé a preguntarme: ¿Y ahora, quién podrá ayudarme? Una luz proveniente de la pantalla de cristal líquido (LCD) me iluminó y fué entonces cuando el buscador Ask (me) prometió ayudarme y resolver todas mis dudas. Ingresé la palabra «Sal» y descubrí que la sal puede ser el elemento clave para la vida en Marte y que los científicos han confirmado dos cosas: Que el planeta rojo cuenta con una gran cantidad de hielo y que hay en él, mucha, mucha sal. Lo que me hizo pensar también en dos cosas: que mi guisado sin duda les encantaría a los marcianos y que huir de la cocina  rumbo al planeta rojo desataría la guerra de las galaxias entre mi familia y yo.

Igualmente interesante fué saber que Estados Unidos es líder mundial en producción de sal seguido de China, Alemania, India y Canadá.  Al seguir leyendo descubrí sus múltiples usos en la vida diaria. Puedes limpiar flores artificiales, prolongar la vida de la escoba, quitar las manchas de la alfombra, aliviar los piquetes de abeja, desodorizar los tenis, alejar las pulgas, evitar las manchas en el horno, desorganizar un desfile de hormigas, destapar el drenaje, apagar una chimenea, aromatizar el ambiente, limpiar la pecera y combatir la caspa…pero mi guiso seguía salado. Entonces ingrese la frase «Remedio para la comida salada.»  Después de seguir el consejo al pie de la letra, agregando dos papas al guiso para absorver el exceso de sal, obtuve como resultado un guiso salado y un par de papas super saladas. Me sentí fatal. ¿Qué culpa tenían las papas de mi descuido? Aunque hubiese querido tener visión microscópica, me quedaba claro que ni ellas ni yo podíamos recuperar en su totalidad el exceso de sal pues ésta se había ya infiltrado en el guisado. Puse entonces en marcha el plan «B» que consistía en dos jarras de agua para ir alternando bocados y tragos de agua durante la comida  y para contrarestar la sed después de comer.

Esta experiencia me hizo comprender una verdad universal: Los alimentos no tienen ninguna clase de poder ante la sal. Una vez que has salado la comida, permanecerá así para siempre. En cualquier otro caso, no importa si solo agregamos una pizca de sal en los alimentos, no podran resistirla y obtendran sabor.

La Escritura nos dice que lo mismo sucede con cada cristiano en el mundo. En Mateo 5:13 Jesús declara categóricamente a sus discípulos: » Ustedes son la sal».  No les dice: «Ustedes deberían de ser la sal»  ó  «Traten de ser la sal». Somos la sal y el mundo no tiene el poder de resistirse ante los valores cristianos. El más sencillo testimonio de una vida cambiada por Cristo hoy, causará su efecto en un mundo decadente.

Aunque la sal en mi guiso desapareció ante mis ojos, el sabor quedó. Lo  mismo ocurre con nosotros – La iglesia de Cristo- dispersa alrededor del mundo y cuya operación silenciosa y a veces invisible, logra tener una influencia poderosa y notoria contra la corrupción y el pecado.  Aquí y allá escuchamos  testimonios de vidas transformadas y hoy  más que nunca habemos cristianos en las diferentes  esferas de la vida. La condición única e indispensable para que la sal sea eficaz es teniendo contacto directo con los alimentos. Entonces, nuestra tarea es simple: Salir del salero y entrar en contacto con el guisado de las actividades cotidianas.

Alguien ha dicho que las bienaventuranzas descritas por Jesús y que anteceden éste versículo, son las cualidades mismas de la sal. Aquellos que procuran vivir con sencillez, que lloran por la condición en que se encuentra nuestro mundo, que son compasivos y no vengativos; testigos comprometidos aun a pesar de la persecución y que al ir recorriendo la tierra con vidas completamente rendidas a El, estan ahora mismo permeando, saturando, impregnando, purificando, conservando; derritiendo el hielo de la apatía y generando hambre y sed de Dios.

Hace poco conversé con una amiga que sufre de presión arterial alta. Los médicos le han prohibido comer sal. Ella ha buscado y probado todos los sustitutos de sal que hay en el mercado; sin embargo, según sus palabras  «No hay nada que sustituya el sabor que da la sal a los alimentos» . De igual manera, las naciones estan hambrientas de buen sazón y buscan satisfacerse dando sabor a su vida con condimentos que sustituyen la verdad. De ahí la importancia de conservar el sabor en nosotros mismos para no llegar a ser desecho y escarnio de los hombres. Seamos ejemplo de restauración y esperanza al vivir vidas santas que enriquezcan nuestra sociedad. Una sociedad que sufre de la simpleza que produce la ignorancia de Su Palabra. Jesús, es quien nos pide ser responsables. Solo nosotros podemos dar sabor de Dios, sabor de amor y de perdón.

Esta es una verdad que debe ser creída no solo porque vemos sus efectos diariamente, sino porque Jesús mismo lo dijo: Somos sal.

«Este es un pacto perpetuo, sellado en mi presencia, con sal. Es un pacto que hago contigo y con tus descendientes»    Números 18:19b NVI

Solo para Conocedores

octubre 6, 2010

Aunque pocos, tengo bellos recuerdos de mi tío Enrique, quien además de ser un excelente cocinero, era músico de profesión.  El, era parte de la Orquesta Sinfónica Nacional  y el instrumento que tocaba con pasión era el trombón. Gracias a él, durante el tiempo en que estudiaba en el Seminario,tuve la oportunidad de asistir a conciertos en diferentes escenarios tales como el Castillo de Chapultepec y  el Palacio de Bellas Artes y  de disfrutar asi  tanto del ballet como de  óperas . Un fin de semana me invitó a comer a su casa y después de ir por mi, alcanzando las alturas del Ajusco, me llevo a su casa situada al sur de la ciudad no sin antes advertirme que pasaríamos unos momentos al mercado para hacer algunas compras. Debo decir que yo no estaba muy acostumbrada a los mercados, ya que crecí en el área de Ciudad Satélite (Santa Mónica)  y por esos rumbos y en aquel tiempo no había mercado alguno.  Entonces, la visita al mercado significaba toda una aventura. Era visitar el inframundo tan bien escenificado por cineastas de películas de terror como Wes Craven (Nightmare on Elm Street) ó James Wan (Saw). También, podría significar un viaje misionero en 30 minutos.

No había entrado todavía al mercado y ya mis sentidos todos, comenzaban a trabajar. Los olores que se respiraban a una cuadra y media antes de llegar eran a hierbas, a fruta, a incienso y a …¡bueno!¡ A todos los olores habidos y por haber!

Cruzamos la calle y caminamos un poco. Sin previo aviso nos encontramos dentro del mercado. Mi asombro era total. Todos gritaban y música en cualquier estilo se escuchaba a todo volumen. Grandes y pequeños iban y venian con bultos, con bolsas, con carritos y canastos. Mi tío iba al frente y debido a su altura y corpulencia se abría paso facilmente entre la gente. Yo, iba detrás de él tratando de alcanzarlo con paso resbaloso a causa del piso mojado , lleno de basura, de pulpas, y de cáscaras. Los tenderos me hablaban de un lado y otro del pasillo, y me ofrecían lo mismo dulce de nuez que queso, algunos más, me salían al paso con aguacates y canastos de chiles. La personas me empujaban, me apretaban, y sentía sus bolsas golpearme las piernas. Brazos belludos y lampiños me rozaban al mismo tiempo que cabellos y espaldas sudorosas me interceptaban. Mujeres gordinflonas se detenían enfrente de mi sin aviso provocando desagradables choques repentinos, y de pronto, un niño se abría paso vestido con un suéter roto, descalzo y con un balero en sus manos. Corrió hasta donde se encontraba su madre que sentada en la inmundicia, vendía tortillas hechas a mano. Ella, amamantando sin recato un crío, le echaba un ojo a otro que fué nacido también en los pasillos.  Un repentino cambio de dirección me hizo encarar una cabeza de cerdo que colgaba sangrante acompañada de una niña que le espantaba una nube de moscas a higados y corazones. Sorteando cortinas de longanizas, de chorizos y mas adelante de tiesos pollos con ojos entre abiertos, hasta llegar finalmente al puesto tan ansiado: el del pescado.

El puestero, era un  hombre enclenque y prieto, con la mata de  cabello que le cubría el rostro cual indio apache ahorcado; y que cubría su cuerpo con improvisado mandil hecho a base de bolsas de plástico. Dos clientes, una joven y una vieja, nos precedían en la fila. La joven era una princesa azteca; morena de cabellos azabache y  con ojos del color de la azúcar quemada. De labios carnosos que por momentos mordisqueaba y cubría con su mano izquierda empuñando  un monedero. Era obvio que entre ella y el apache existía algún romance, pues además de que ambos se sonrojaban al mismo tiempo, el apache se las arregló para alargar el momento y desescamar dos pescados en 15 minutos. Ante la desesperación de la vieja marchanta, ésta le reclamó,

-¡Te apuras Eliodoro, que no tengo tu tiempo!

-No se me enoje doña Lupe, que ya sabe que usted siempre será mi consentida…

Luego de despedir a la futura reina india, le despachó en un dos por tres, dos cabezas de pescado y camarones para el caldo a doña Lupe. Por fín nuestro turno había llegado,

-¿Qué va a llevar jefecito?

-Quiero ocho pescados…¡pero del bueno!- le dijo mi tío con autoridad,

-Todos estan buenos…porque así como los ve, estos pescados todavía anoche durmieron en el mar…-  y entregándole una charola, agregó

-¡Escójalos usted mismo!

-No, de estos no…dame del fresco…del que tienes en la nevera y que te acaba de llegar. Y a todo esto…¿En dónde esta José, tu papá?

Eliodoro entonces reconoció a mi tío y le contesto,

– Fue a pagar la luz, don Enrique.

En ese momento me dí cuenta que mi tío ademas de escalas, arpegios y armonías era todo un conocedor de los secretos que guardaba la buena cocina.

Eliodoro sacó una docena de pescados para ponerlos a la consideracion de mi tío quien ya para ese momento se había colocado sus lentes, transformandose en médico forense. Lo primero que hizo, fue observarlos cuidadosamente; luego, les tomó la temperatura con la parte externa de la mano de la misma forma que se le toma la temperatura a un niño. Después, les revisó los ojos buscando en ellos algun brillo y abriendoles la boca les olisqueaba por dentro. También, certificó que las agallas tuvieran buen color. Finalmente, hundió el dedo índice en la parte mas carnosa de cada pescado y tomándolos por la cola los irguió para rectificar la consistencia. Cuando mi tío estuvo listo para firmar la orden de defunción describiendo la hora exacta y las causas del fallecimiento, su enfermera asistente-osea yo- me encontraba ya lista con una bolsa de plástico para que Eliodoro los pesara. Esta demás describirte el sabor de aquellos pescados a la talla que preparó mi tío mas tarde: Simplemente exquisitos.

Una buena táctica para adquirir y preparar los alimentos es tomar en cuenta los sentidos. ¿Quién se puede resistir al sonido que se produce al morder un taco de chicharron con aguacate y salsa?¿quién puede ignorar la explosión de color de un coctel de frutas?¿y quién no cae rendido ante la suavidad de un flan de chocolate que se deshace en la boca? Solo aquellos a quienes se les ha prohibido degustarlos ya sea por motivos religiosos, culturales o de salud.

La Escritura Sagrada nos describe en sus primeros capítulos a quien fuera la primer persona en hacer un análisis de un fruto antes de consumirlo aun cuando  se le había prohibido ingerirlo.

Su nombre era Eva y fue la primer mujer en experimentarlo todo. Creada por Dios y hecha a Su imagen tuvo la maravillosa oportunidad de hablar con El y de escuchar su voz. Fue la primera en saber lo que era sentir el amor humano, el matrimonio y el gozo de la maternidad. Tristemente, fue también la primera en escuchar la voz del maligno, en desobedecer y en experimentar el pecado. Fue ella quien indujo a pecar a otro ser humano y supo lo que era sentirse apartada de la presencia de Dios. La primera en sentir dolor, en derramar lágrimas, en contemplar la muerte de un ser querido y sufrir. Su desobediencia, es el evento alrededor del cual gira toda la Biblia.

Como en los otros artículos que he escrito, debo decir que nunca antes me había puesto a pensar que la prueba de fe para Adan y Eva en el principio de la humanidad, tuviera que ver con la comida.  No se trataba de no mirar el fruto prohibido, de no acercarse a el o de no tocarlo. La orden era: «No comerás». Tal vez porque el comer es una acción que requiere de ejercer plena voluntad para poder lograrlo y que al hacerlo produce efectos en el interior que nos pueden alimentar, si ingerimos el alimento adecuado, o que nos puede envenenar, si no tomamos en cuenta las advertencias. Interesantemente la serpiente no tuvo necesidad de morder a Eva para depositar su veneno en ella, solo le dijo una media verdad: que si comían del fruto llegarían a ser como Dios sabiendo lo que es bueno y lo que es malo; al hacerlo, ya no necesitarían mas de Dios y podrían ser independientes. Después de haber escuchado demaciado tiempo a la serpiente, Eva comenzó a hacer un análisis, deteniendose a contemplar el atractivo sensual, estético  e intelectual del fruto prohibido. Le pareció agradable, sano y talvez hasta nutritivo. Entonces, como si fuera ella mas conocedora del tema que el mismo Dios que lo había creado todo, dió la primer mordida. Comer el fruto trajo para sí resultados desastrosos en su organismo. Lejos de encontrar sabiduría adquirió ignorancia; enfermedad de mente y de espíritu en lugar de salud y con ello la muerte; muerte física y espiritual.

En la actualidad, circulan en nuestro mundo temas tan escabrosos y difíciles que cualquiera de nosotros quisieramos conocer a ciencia cierta cual seria la verdad y la solucion para cada uno de ellos. Situaciones como la inmigracion ilegal, el hambre mundial, el cuidado del medio ambiente, el uso adecuado de la tecnología o el homosexualismo, son temas no fáciles de abordar y que no aceptan una respuesta ligera. Sin embargo, debemos recordar que el discernimiento espiritual se obtiene a través de la obediencia y no tan solo de la busqueda intelectual. Cada día tenemos la oportunidad de obedecer y de rechazar «el conocimiento» que nos ofrece ése fruto.  A veces, el mundo nos dice que sabremos cosas que otros no entienden, que seremos de mente abierta, que subiremos nuestro nivel de vida si pensamos por encima de los demás con ideas y acciones que niegan y ofenden a Dios. La realidad es que Dios, quien nos ha creado, sabe perfectamente que lo que el ser humano necesita es redencion para poder conocer las grandezas de su gloria y para saber su voluntad siempre agradable y perfecta para nuestras vidas y por ende, del mundo en que vivimos.

Mas adelante vemos a Adan tratando de dar explicaciones a Dios y diciendole que la mujer que El le había dado por compañera, le había dado del fruto prohibido. Y en efecto,eso pasó; pero fue Adan quien alargando su mano tomó de la mano de Eva el fruto y llevandolo a su boca, comió. Ante las faltas cometidas, nuestra excusa favorita ha sido «soy humano», sin darnos cuenta que Jesucristo fue completamente humano y sin embargo, nunca pecó. El enemigo sigue diciendonos que el pecado no es algo de lo que debamos preocuparnos, que todo el mundo lo hace, que la unica manera de avanzar en la vida es mantenerse en el primer puesto pensando primero en nosotros mismos y que Dios es tan amoroso que al final nos perdonará. Entonces, es cuestión de  desobediencia, de rebelión en contra de Dios y de un deseo de hacer lo que nosotros queremos ignorando o haciendo a un lado su voz. En el fondo se disputa la confianza en EL y el control sobre nuestra vida. Al internar voluntariamente el pecado en nosotros hemos abrazado una condición que solo Dios puede restaurar, porque El es el único que puede sanar nuestro interior.

Si el fruto que comió Eva resultó ser sabroso o no, nunca lo sabremos, pues esa información pasó a ser irrelevante ante la transgresión cometida. Lo mismo sucede cuando tratamos de estudiar y comprender Su palabra sin obedecerle; al final, no importara cuantos títulos o doctorados hallamos acumulado  si no le obedecimos.

Los que hemos conocido a Dios y le obedecemos, sabemos que El es mas grande de lo que podemos imaginar (1 Reyes 8:27) que extiende su  misericordia y justicia a los que le conocen (Salmos 26:10) que en El se encuentra la verdad y plena libertad ( Juan 8:32) que Su voz nos guía (Juan 10:14) y que solo en El se encuentra toda sabiduría(Proverbios 5:1-2)

«¿Cómo sabemos si hemos llegado a conocer a Dios? Si obedecemos sus mandamientos»   1 Juan 2:3 NVI

Lavando los Platos.

septiembre 3, 2010

Por lo regular, una Prófuga de la cocina que NUNCA cocina, mantiene esta área impecable. No, no hay ollas hirviendo y el horno mantiene todavía un olor a nuevo. Nunca se ha usado el extractor de aire y el exprimidor de jugos sigue en su caja desde el día de la boda. La labor del refrigerador se limita a hacer hielo y guardar una caja de supositorios. Lo mejor de todo es que dicha prófuga, no tiene problemas de que la visiten a deshoras, porque la cocina siempre esta limpia.

En cambio, la prófuga que TIENE que cocinar, se enfrenta a la agonía de tener que limpiar y lavar todos los vasos, platos y cacharros que usó durante el día.  A medida que pasa el tiempo va creando «atajos» para no pasar tanto tiempo en la cocina. Para explicar esta conducta, he elaborado la siguiente clasificación:

Prófuga Artista.- Es quien crea verdaderas  esculturas y obras de arte al ir acumulando trastos sucios que va colocando unos sobre otros sin que caigan al suelo: Platos hondos con residuos del caldo de ayer, la temida olla del mole y el sarten donde se frio el pescado; el vaso de la licuadora y todos los platos de la comida de hoy.

Prófuga Astronauta.- Ingresar en su cocina es como si abordaras una nave espacial debido a que casi todo esta cubierto con papel aluminio: hornillas, comales y media pared. En su refrigerador, guarda platos con sobrantes de comida hasta que se desintegran.

Prófuga Ambientalista.- Es quien defiende la teoría de que las verduras y frutas no se lavan con jabón porque además de perder su sabor, el uso de detergente es malo para la salud y el medio ambiente. Limpiar y desinfectar los utensilios así como las superficies de la cocina, es impensable.

Prófuga Arqueologa.- En su alacena y refrigerador puedes encontrar toda una colección de recipientes con carne petrificada, pan duro y enlatados con fecha de caducidad vencida.

Prófuga Filósofa.- Es quien reflexiona: » Si de todas maneras la comida se va a descomponer y revolver en el estómago, ¿Para qué lavo bien y separo los trastos?»

Prófuga Gourmet.-Asegura que a los sartenes y ollas se les tiene que dejar que vayan creando un teflón natural de cochambre para mejorar el sabor de la comida.

Prófuga Historiadora.- Es quien comenta, «¡Para que tanta limpieza, si los habitantes de la edad de las cavernas ni las manos se lavaban!»

Prófuga Químico-farmacobióloga.- En su refrigerador puedes encontrar muestras de hongos, moho y microorganismos vivos; alimentos en diferentes etapas de descomposición hasta que llegan a punto de penicilina. Tortillas y pan enmohecidos, leche cuajada, salsas y frijoles agrios,etc.

Prófuga Religiosa.- No lava bien los platos pues asegura que descubre en ellos mensajes y apariciones milagrosas productos de la grasa y el cochambre.

Prófuga Psicóloga.- Aconseja que a los trastos hay que darles tiempo….sin presiones….sin prisas…para que se remojen bien.

Un ejemplo bien puede ser la historia de dos chicas que eran hermanas: Purita y Flojina, de 19 y 18 años respectivamente. Ambas, salieron de su casa para estudiar en otra ciudad la universidad.

El año que Purita estuvo viviendo sola, demostró que la buena educación que le había dado su mamá- Doña Dolores- estaba dando sus frutos. El departamento parecía la suite de un lujoso hotel. La cama tendida impecable, invitaba a recostarse en ella; el baño y la sala, parecían fotografías de un catálogo de muebles para el hogar. Cada cosa en su sitio y nada de platos sucios. Cuando Flojina llegó a compartir el departamento, la situación cambio. La cama se convirtió en un pleito de perros; el baño, en tendedero de vecindad; la sala,  en callejón de indigentes y una  columna de trastos sucios apuntalaba el techo de la cocina.

En vista de que la virtud de Flojina no era la limpieza, Purita decidió dividir el departamento en dos: el área super ordenada de Purita, y la zona de guerra de Flojina. Los trastos, también fueron divididos por obvias razones no sin antes lanzarle un ultimátum,

– Flo…mi mamá nos visitará un día de estos y ….¡Ya te veré corriendo para arreglar y limpiar todo tu tiradero!

Al cumplirse la primera semana, Flojina había agotado todos los platos limpios y no tenia en donde comer. Le pidió entonces a Purita con voz llorosa y como una táctica de guerra bien planeada, le prestara unos platos,

-«Sólo para la comida de hoy»- Le aseguró.

Purita accedió pensando ingenuamente que los lavaría y se los regresaría al terminar de usarlos, pero como en la guerra y en el amor todo se vale, eso no ocurrió. Cuando a Purita le quedaban solo una taza, un plato  y una cuchara, decidió no prestarle mas.  Debido a esto,  Flojina se vió en la necesidad de comprar platos desechables cerrando los ojos y el olfato a las docenas de trastos sucios que tenía agazapados en su recamara. Cuando el presupuesto ya no daba para seguir comprando los desechables, Flojina le propuso una negociación. Un intercambio de rehenes sería la solución. Le daría todos los trastos sucios a cambio de su ayuda en tareas escolares. Purita, se negó. Entonces, le pidió le alquilara la última taza, plato y cuchara limpios a cambio del uso de su ipod  por una semana completa. Ante la negativa de Purita, Flojina comenzó a beber el jugo de naranja  directo del envase tetrapac, solo consumía sopa Maruchan y el resto de la comida con las manos o en servilletas.

Una llamada telefónica anunció la visita de su mamá en unas cuantas horas. Flojina no tuvo opción y comenzó a arreglar el departamento por encimita y así, poder engañar al enemigo. Espantó a los perros tendiendo la cama, ocultó a los indigentes debajo de los muebles, camufló los tendederos y castigó a la lavadora de trastos obligándola a realizar trabajos forzados.

Al llegar Dolores, le pidió a Flojina le ofreciera un vaso con agua fresca pues el calor y el cansancio del camino le hacían mas evidentes las nuevas arrugas en su frente. Flojina se apresuró a sacar un vaso de la lavadora de trastos ante la mirada de enojo de Purita. Debido a que Flojina estaba distraída haciendo muecas a Purita, no se percató que aunque la lavadora había realizado la tarea, no había podido arrancar la comida pegada de dias en los platos y vasos dejandolos todos lagrimiados y chorreados; parecían estar limpios por fuera, pero por dentro conservaban aun restos de comida. Cuando Dolores recibió el vaso con agua turbia, le hizo saber a Flojina que el día del juicio militar, había llegado.

Lo cierto es que lavar los platos es una tarea que no tiene fin y cuando crees que ya has terminado resulta que a tu hija le llegó la hora de tomarse las vitaminas, tu hijo llora por cereal y tu esposo emerge de la oficina con una taza de cafe que tomó hace cuatros horas y que tenía escondida quien sabe donde. ¿El resultado? Un vaso, un plato, dos cucharas y una taza mas que lavar. Es por eso que hay quienes no lavan -ni por equivocación- una cuchara y también hay quienes lavan todo, pero lo hacen mal, o a medias.

La Sagrada Escritura nos presenta a los peores lavadores de trastes.

En Mateo 23:23-27 encontramos al Señor Jesús acusando a los escribas y fariseos de limpiar el vaso y el plato solo por fuera, dejando la impureza dentro de los recipientes.

Ambos grupos-escribas y fariseos- eran conocedores a profundidad de la escritura y defensores en todo momento de la ley de Moisés; sin embargo, a pesar de enseñar a un Dios omnipotente, lleno de justicia y misericordia, no lograban ser ejemplo de ello en sus propias vidas. Despreciaban a los pecadores y creían engañar a la gente con sus acciones religiosas y apariencia de piedad. Buscaban siempre el ser vistos por los demas orando y dando generosas limosnas. El pueblo prefería escuchar a Jesús porque «les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas» (Mateo 7:29)  Los evangelios nos muestran que Jesús jamás ocultó su impaciencia y contrariedad ante la conducta hipócrita de ellos y en diferentes ocasiones les reprocha el ser egoístas, orgullosos, codiciosos, rapaces y de vivir  vidas inútiles.

Te ofrezco la idea de que cada día, tu y yo, nos guste o no, lavamos los platos.

Al igual que a los fariseos y escribas, el Señor observa nuestra actuar.¿Dejamos los trastos rechinando de limpios o  solo limpiamos por encimita, tratando de engañar a los demas? , ¿nos presentamos con apariencia de piedad cada domingo, pero en la semana nuestras obras son malas? ¿Mostramos obras piadosas con intenciones de maldad?  Hacerlo no solo nos hace mentirosos sino vivir en la mentira. Así como un plato sucio no engaña a nadie, lo mismo resulta con quien pretende engañar a una congregación, al mundo entero o a Dios.  Si buscamos cumplir deberes eclesiales para adquirir cierto reconocimiento o prestigio estamos entonces siendo seguidores de los fariseos y no de Cristo. Debemos asegurarnos de que ademas de  asistir al templo, ofrendar y  estar  involucrados en actividades religiosas, es necesario tener  una relación personal con Dios. Solo en El, nuestras intenciones y propósitos nos impulsan a mirar a Dios primordialmente y a nuestros semejantes como lo mas amado , del amado de Dios. Mostrar al mundo un rostro bifronte nos hace ciegos y nos impide toda posibilidad de auto-medicarnos; también, nos incapacita para presentar un evangelio claro, brillante y transparente. Recordemos que el día llegará cuando el Señor revise si hemos hecho bien la tarea, o solo para cubrir las apariencias.

Otra lección práctica sería el estar conscientes que una vida limpia y apartada, tiene que ver también  con platos limpios y casa ordenada. Sería contradictorio predicar santidad y vivir en la inmundicia. Peor  sería predicar pureza, vivir en la pulcritud, pero a costa del mal humor y del desprecio por los que no viven como nosotros.

Imaginemos por un momento un vaso limpio por fuera pero sucio por dentro. ¿Tomarías en el?  Definitivamente no. Pero, ¿Qué sucedería si un vaso estuviera limpio por dentro y sucio por fuera, tomarías en el? Creo que coincidimos en que preferiríamos un vaso totalmente limpio. De igual forma, el Señor espera de nosotros congruencia con lo que creemos, enseñamos, decimos y vivimos. Que el Señor nos ayude.

«Lávame de toda mi maldad, y límpiame de mi pecado» Salmos 51:2 NVI

Un Dulce Momento.

julio 25, 2010

Los líderes de adolescentes de la iglesia habían planeado un campamento para el verano.  Mi hermana, quien recien había entrado triunfalmente en la adolescencia, insistía día y noche pidiendo permiso a mis padres para poder ir . A esto se debió que los muchachos organizaran peticiones colectivas apoyados de super amigas quienes con ruegos interminables y sin éxito, trataban también, de recibir la venia. Lo mismo hicieron los líderes y guías del campamento al presentar rosario de promesas que aseguraban que nada le pasaría; incluso, alegaban estar dispuestos a dar su vida con tal de que mi delicada, tierna y bella hermanita asistiera. Una semana antes, el director del campamento hizo un último intento,

– Entonces que, hermana Raquel, ¿Va a dejar ir a Almita al campamento?

-Mira, Carlitos….- Le contesto mi mamá con firmeza y mirando para otro lado- Alma podría ir…pero hay una condición…

-¡La que sea!- Le respondió emocionado.

-La condición es que Sonia, también vaya al campamento.

Hasta antes de que mi nombre fuera pronunciado, mi imaginación me había trasladado al clóset de Alma y como toda hermana menor, aprovecharía su ausencia haciendo de las mías; me pondría sus vestidos, me probaría sus zapatillas nuevas, me maquillaría un poco, escucharía sus discos y luego, tendría el control absoluto de la televisión.  Pero en vista de que el director del campamento haría «una excepción», mis planes quedaron postergados para mejor ocasión y en su lugar, debía concentrarme en llevar a cabo un plan siniestro. Era mi oportunidad de obtener todo lo que quisiera por parte de ella, o me negaría simplemente a ir, con rabieta incluida. De «Gorda inútil», pasaría a ser la mejor hermana del mundo y mis deseos debían ser cumplidos en su totalidad. Y así fué. Durante la semana previa al campamento, vimos solamente mis programas favoritos, me dejó entrar a su recámara, me dejó usar -con cuidado- su stereo, y me regaló su colección de estampitas «Amor es…» . Una vez en el asiento del autobús rumbo al campamento, mi suerte cambió y volví a ser la inútil gorda de siempre, con la diferencia que ahora cargaba sobre mis hombros la advertencia de no volverle a dirigir la palabra y mucho menos acercarme a ella durante el campamento; de lo contrario, la colección de estampitas regresaría a su dueña original.

Después de varias horas de viaje llegamos al campamento: Una hacienda olvidada de Dios y de todos los santos.  De repente, salieron a recibirnos una docena de perros…todos ellos viejos, sarnosos y en los huesos; ladrando, como si trataran de advertirnos que no entraramos, o de lo contrario, sufriríamos las consecuencias. Con equipajes al hombro nos dirigimos hacia el comedor y salón principal en donde nos darían algunas instrucciones. Era un galerón enorme, acondicionado con mesas rústicas y apolilladas. Las paredes eran de adobe y pintadas de color blanco; el techo, inalcanzable lo mismo que sus telarañas y el piso de mosaicos rojos y antiguos. El olor que se percibia en todo momento, evocaba un asilo de ancianos al amanecer que por instantes se confundia con el olor a pino del piso recién trapeado. Por su parte, los administradores del lugar parecían haber protagonizado una de tantas aventuras de Scooby Doo y sus amigos; mal encarados y sospechosos de mil asesinatos, entraban y salían de misteriosas puertas, dispuestos a interceptarnos en todo momento por si quisieramos indagar en áreas no permitidas.  Después de leernos exagerada lista de  cosas que no debiamos hacer, nos ofrecieron un tour para conocer el lugar.La primera parada fue la cocina. No porque hubiera de comer, si no porque era lo que mas cerca estaba. El olor a trastes viejos y manteca rancia, nos hizo acelerar el proceso y no darle la debida atensión a las cocineras; hermanas escrupulosamente escogidas, no por sus destrezas en la cocina, sino porque no tenían otra cosa mejor que hacer en su casa y para hacer constar una vez mas, la sabiduría del dicho popular que versa: «El pan ajeno, hace al hijo bueno».

Lo que ellos llamaron dormitorios, se encontraban al extremo opuesto de la cocina. En cuanto se nos indicó el lugar y la pesada puerta de madera se abrió, las chicas corrieron desaforadas para apartar la mejor cama. Como yo no sabía lo que hacían, me tocó escoger entre una silla endeble y un colchón que me decía a gritos que solo camperos infantes incapaces de controlar esfínteres, lo habían disfrutado. Entonces, tendí una cobija encima del colchón recolector de análisis, y luego arreglé lo que sería mi cama por cinco días con las sábanas impecables que mi madre había empacado para mí. El tiempo de la merienda había llegado y con ello un poco de alegría que se disipó al ver el menú:  Frijoles con huevo y café negro. Una de las cocineras se compadeció de mí y agregó un chorro de leche bronca sin saber, lo cual provocó que yo me olvidara del colchón y pasara toda esa noche en la silla, cerca del baño. Como a eso de las cuatro de la mañana, el concierto de quejidos y ronquidos cesó, lo mismo que mi diarrea y cuando al fin creía que dormiría un poco, las cocineras comenzaron a despertar dando el rodillazo sin aviso y elevando oraciones fervorosas en voz alta que competían con el canto de los gallos. Después, el ruido de las regaderas y los gritos de una galopina que suplicaba le pasaran el shampoo. La señal de advertencia del paso del tren comenzó a sonar, y luego el tren. Cuando al fin parecía que todo quedaría en calma, sonó el despertador ocasionando que la líder saltara de la cama y con voz aguardentosa urgiera a despertar para iniciar el dia con un devocional. Como todas la ignoraban, pensé que un buen regaderazo con agua calientita me caería bien. Después de 15 minutos esperando que saliera el agua caliente, opté por el baño vaquero. Mientras que esperaba la hora del desayuno, pensaba ingenuamente que la horrenda cena ofrecida la noche anterior habia sido a consecuencia del horario y las prisas, y que a partir de ese dia sería diferente.

Los años siguientes me enseñaron que el menú preferido por todas las cocineras, de todos los campamentos era huevo con frijoles para el desayuno y frijoles con huevo para la cena. La comida podía variar: verduras al vapor que nadie come, la siempre rendidora carne molida con arroz, mini pierna o mini muslo de pollo con jitomate y lo que mas se le pareciera a una milanesa. Para la cena del ultimo dia, las cocineras daban rienda suelta al sentido del humor ofreciendo huevo cocido (o duro) con frijoles.

Todavía no se cumplían las 24 horas de mi estancia en ese lugar y ya lo odiaba con todo mi ser. Añoraba mi camita y no podía entender como todos habían hecho tantos esfuerzos por ir. Los jóvenes disfrutaban de los cultos, el esgrima bíblico, los deportes, la fogata y los juegos. En cambio yo, desde que comenzó el campamento fuí la mascota de mi grupo y siempre me dejaron al último para todo. Solo me procuraban un poco cuando los muchachos solicitaban mis servicios de investigadora privada para saber si las chicas tenian novio y cuando ellas me enviaban con misivas ultrasecretas para ellos.

El último dia, el director de deportes anunció a los finalistas del torneo de voleyball. Mi grupo, conformado hasta entonces por excelentes jugadores, había logrado ganar los suficientes juegos para pelear el título. Ante el temor de perder, el equipo contrario levantó una protesta argumentando que el reglamento decía que todos los miembros del grupo debían jugar, lo cual me incluía a mi. Yo, que jamás en mi vida habia tocado un balón de voley, ahora tendría además la gran oportunidad de ganarme el odio de todos los de mi grupo.Por mas que me explicaban como era el saque, yo no lograba dar una. El momento de la cuenta máxima llegó. Un solo saque, nos daría el gane….¿Lo terrible? era mi turno. El equipo contrario comenzó a celebrar su triunfo. Yo solamente cerré los ojos y le pegué al balón con todas mis fuerzas y con un estilo nunca antes visto. Increíblemente el balón pasó la red y cayó al suelo sin que nadie del equipo contrario moviera un solo dedo, ya que no esperaban que yo lo lograra. A partir de ese instante, todo fue felicidad y festejos. Me convertí en la heroína de mi equipo. Todos me cargaban y me besaban. ¿El premio? ¡Tres bolsas de pan dulce para la cena! Jamás olvidaré el sabor de aquellas campechanas y conchas de chocolate después de una semana de no probar nada dulce.

Ya en el autobús y de regreso a casa, comencé a hacer el recuento de los daños. Había olvidado la toalla, me habían picado los zancudos, se me habian roto los anteojos y me había cubierto de gloria. Agradecí entonces a Dios el haber sobrevivido al campamento. Dejando escapar una lágrima y comiendo el último bocado de una concha de chocolate que había reservado para el camino, le pregunté al pastor cuando anunciaría la fecha del próximo campamento.

La Bíblia nos describe uno de los momentos de gran gozo para el pueblo de Israel, en el cual celebraron comiendo pan dulce.

Después de haber sido ungido David como rey de Israel y conquistar Jerusalen, se dispuso a trasladar el arca del pacto desde Quiriat-Jearim a Jerusalen, la Ciudad de David.

El arca, pieza central y corazón del tabernáculo, representaba la presencia de Dios entre su pueblo; cuando necesitaban dirección, el arca del Señor era también su guía. Tristemente, había sido relegada por mas de setenta años debido a la desobediencia y falta de interes por parte del rey Saul. Radicar el arca en Jerusalen, significaría establecer la capital como el centro de toda autoridad política y religiosa. Ya no sería solamente la Ciudad de David, sino la Ciudad Santa de Dios; centro de la adoración a Jehová.

Durante el traslado y recorrido por los caminos hacia Jerusalen se escuchaba al pueblo cantar y tocar instrumentos de júbilo y alegria. Al entrar el arca a la ciudad, la felicidad fué aun mayor. Se ofrecieron sacrificios de comunión y se bendijo al pueblo en el nombre del Señor Todopoderoso. Para completar la celebración, David ofrece a la multitud pan y pastel o tartaletas de dátiles y de uvas pasas a cada familia (2 Samuel 6:19) Mas tarde, después de instalar el arca en su sitio, el rey David nombró ministros para que dieran gracias y alabaran al Señor. La fiesta, apenas comenzaba.

Se cree que los egipcios, asi como los hebreos fueron de los primeros pueblos en hornear pan mezclado con higos, dátiles, uvas y almendras. Con el transcurso del tiempo, el pan fue tomando diferentes variaciones y modos de preparacion, segun la región y las costumbres de cada pueblo hasta llegar a nuestros dias. Un ejemplo de ello, bien puede ser la industria panadera mexicana, que cuenta con una extensa variedad de formas y sabores debido a la fusión de culturas indígenas y  presencia europea; principalmente,  española y francesa.

Me emociona descubrir que hasta este momento hemos visto a David tocar el arpa, pastorear ovejas y pelear en batallas; pero ahora ademas le vemos envuelto en asustos relacionados con la cocina, repartiendo  pan dulce y pastel. En este sentido, cualquiera que haya sido anfitrión de una celebración, puede sentirse identificado. Ya sea en una boda, un cumpleaños o depués de una buena comida, el momento de repartir el pastel o el postre, torna la celebración en un momento aun mas especial. La expresión de chicos y grandes ante una rebanada de pastel es siempre de alegría, tanto para el que la ofrece como para el que la recibe. Lo mismo sucede con la alegría de tener la presencia de Dios entre nosotros, mas aun, si podemos compartir que nuestra vida es un centro de adoración y nuestro corazón su lugar santo donde El puede habitar.

En David,descubrimos también una personalidad fascinante; combina la fuerza y el coraje de un guerrero con la ternura y sensibilidad de un poeta. No tenía necesidad de copiar o imitar éxitos del pasado, ni intentaba guiar al pueblo como lo hiciera Moisés o Josué. Con inumerables conquistas en su haber, debemos resaltar que la mas importante conquista era la que radicaba en su propio corazón al lograr arrepentirse, siendo genuino y humilde delante de Dios. Del adulterio cometido con Betsabé, podemos aprender que nuestra mesa puede estar llena de pasteles y postres, pero que sin la presencia de Dios en nuestra vida, el pastel mas dulce se torna amargo o sin sabor como lo describiera el mismo David en el Salmo 32:3-5 cuando reconoce que las riquezas que este mundo ofrece no se comparan con el perdón y la comunión con Dios.

Hoy podemos celebrar que tener la presencia de Dios en nuestra vida, es el inicio de una fiesta que continua hasta la eternidad y que tener comunión con un Dios feliz, nos da la oportunidad de poder ser agradecidos y de alabar su nombre por su guía constante.

De vez en cuando, reservo una porción de pan o de pastel para mi momento devocional y asi celebro con gozo su dulce presencia en mi vida.

«Porque ¿Quién puede comer y alegrarse, si no es por Dios?  Eclesiastés 2:25 NVI

Comida Exótica.

junio 7, 2010

Ya esta aquí el tan esperado Campeonato Mundial de Fútbol a celebrarse en Sudafrica. No solo será una oportunidad para conocer al equipo que levantara la copa, sino también una oportunidad para aprender de las costumbres y el folklore de los sudafricanos. ¿Qué tenemos en común? ¿en qué somos diferentes?

Corea y Japón sorprendieron al mundo con su gastronomía en la antepasada Copa Mundial;  aún cuando la venta de gato se prohibió, no sucedió lo mismo con la venta de estrella de mar, escorpiones, anguilas, chapulines y arañas. Y mientras que medio mundo hacia cara de «Fuchi» resulta que en casi todos lados se come gato, perro o algo peor. En Nueva Guinea comen los sesos de mono, los esquimales comen foca y en la Florida por 8 dolares, lagarto.

La historia de la comida prehispanica nos informa que los aztecas tenían una dieta muy estricta; sólo podían comer los animales que caminaban, volaban, nadaban y se arrastraban…osea, todos. De ahí que los mexicanos como en el resto del mundo comemos larvas, hongos y hasta chinches.

El programa televisivo «The Survivor Man» muestra al protagonista tratando se conservar la vida en medio de espesas selvas, inhóspitos desiertos y la temible tundra. Con solamente una navaja y una pequeña mochila logra cruzar de un lugar a otro y en los casos de extrema hambre se alimenta de gusanos, sapos y carroña; todo, obviamente crudo.

Mi esposo, dice estar listo para protagonizar la segunda parte de la serie ya que ha probado la carne de caballo, víbora, tepezcuintle, tlacoache(zarigüeya), gusanos, hormigas y jumiles. Ya lo versa el dicho, «Con azúcar y miel, hasta los caracoles saben bien.»

Lo más raro que yo he comido ha sido la carne de búfalo, al menos, que yo sepa…porque naciendo en la Ciudad de México, es lógico pensar que también he comido otras cosas sin saber. Tal vez, mas de alguna ocasión me dieron «Gato por liebre». Desde que yo era niña decían que los tacos ya no eran ni de perro, debido a la cantidad tan minúscula de carne que se servía en ellos y sugerían que el taquero los había preparado con carne de murciélago; pero ahora con la crisis, no quiero ni pensar.

Exótico significa: Extravagante, raro, insólito, inusual, desacostumbrado. Esa es precisamente la comida que se les antoja a las embarazadas y aunque no es propiamente comida, igual la ingieren. Los cuatro alimentos mas populares son: Jabón, pedazos de ladrillo, la mascarilla de barro y el shampoo Vanart, en cualquiera de sus presentaciones.

Los bebés, también se alimentan de comida exótica; especialmente si la mamá no esta cerca. De tal suerte que monedas, botones, clips, pedazos de crayola, papel, plantas, insectos, chicles masticados y las croquetas del perro, son parte del menú por mencionar solo algunas. Eso me hace recordar a la hija de una amiga que tenía alrededor de 11 meses y le gustaba comer la pelusa de los muebles. Siempre era bienvenida a mi casa; ya que mientras su mamá y yo tomabamos cafecito y conversabamos, ella se daba a la tarea de dejarme los muebles mejor que la Koblenz.

Los ancianos, tienen una manera muy peculiar de saborear la comida exótica; pues la combinan a diario con sus alimentos regulares sobre todo si ya casi no ven y la casa no ha sido fumigada por varios años.

Un amigo «Sicolochef» puede dar un diagnóstico a las actitudes de acuerdo a la comida exótica que consumiste. Por ejemplo,

Si llegas al trabajo enojado……..es que desayunaste gallo de pelea,

Si lloras y te ríes……..cocodrilo;

Si tienes problemas para quedarte en tu lugar….lombrices;

Si vas de aquí para allá, sin sentido…….moscas;

Si pierdes el equilibrio,al ver un diccionario…….burro;

Si evades las preguntas……pato;

Si estas desesperada por ir a la moda……mona.

Imagino que con toda esta lista de animales exóticos comestibles, leer que Juan el Bautista comía langostas y miel silvestre, ya no se nos hace raro. (Mateo 1:4)

En la actualidad los beduinos del desierto todavía comen estos saltamontes asados con sal. Ahora que si deseas algo mas complicado, te diré que el modo de cocinar este insecto era y es, muy sencillo: Se le arranca la cabeza, las patas y las alas. Luego se cuecen o se hornean y al momento de servirse, se les agrega mantequilla o miel. Ya que siempre esta permitido usar la imaginación en la cocina, no estarían de mas unas tortitas de chapulin en salsa chipotle.

Como sé que ya desperté el apetito con esta receta, te daré unos minutos para que vayas al supermercado mas cercano o simplemente salgas al jardín en busca de algunos crujientes insectos que podrás encontrar debajo de las piedras o entre las macetas de la vecina; mientras que terminas de leer este artículo, la botana estará lista para ver el mundial.

Algunos comentaristas sugieren que Juan El Bautista, fue enseñado por la secta de los esenios debido a su predicación y  prácticas asceticas. Debo decir que lo que Juan el Bautista comía, no era lo que atraía a sus oyentes, sino su predicación. Juan, fue un profeta y  un predicador valiente pero por sobre todo, un siervo humilde. Se cree que los pobres del tiempo de Juan, pudieron haber vestido y comido del mismo modo que él, aunque en el caso de Juan fue mas por una elección propia que por razones de pobreza o necesidad. Para cuando Jesús aparece en escena, Juan cuenta ya con un gran número de discípulos que le siguen con devoción;sin embargo, se hace a un lado declarando que es necesario que el mengüe, para que Jesús crezca  (Jn 3:30) .

No hay indicios de que Juan hubiese planeado fundar su propio movimiento en torno a su predicación, o de que hubiera solicitado ser uno de los doce discípulos; mas bien, se dedicó a hacer lo posible porque sus discípulos siguieran a Jesús y siempre evitó entrar en competencia hasta llegar al punto en que Juan se convierte practicamente invisible para que el ministerio de Señor resplandezca.

En alguna ocasión le preguntaron a la Madre Teresa como demostraba ella su amor por Dios. Su respuesta fue como siempre, profunda y sencilla  «Haciendo bien el trabajo que se me ha confiado.»  En este caso, Juan no solo acepta con gozo y responsabilidad la misión de preparar el camino del Mesías, sino que lo logra de manera ejemplar ofreciendo un servicio humilde y desinteresado.

Una de las razones por las que cocinar cuesta tanto es porque requiere de humildad para poder lograrlo con alegría. Si tu eres del tipo de personas que les gusta ser ellas las que «parten el queso en la mesa», entonces estas en problemas; pues cocinar a diario es un trabajo que toma buena parte de tu tiempo y que recibe poco reconocimiento. A esto, debemos agregar la ubicación de la cocina que por lo regular se encuentra en un espacio aparte, para que nadie te vea. Es entonces, el lugar ideal para ejercitar la humildad y el servicio, sin esperar nada a cambio. Ni siquiera un «gracias.»

Me gusta pensar en la idea de la hierba del campo que alimenta al ganado y mas tarde a nosotros mismos. Se encuentra bajo nuestros pies, mayormente ignorada;  solo cuando hay sequía comenzamos a valorar su existencia. Cuando recibe la lluvia,crece ;ofreciendonos otra vez su servicio humilde, pero insustituible.

A Juan le preguntaron «¿Tu quién eres?» – y el respondió,

-«No soy nada; he de ser oído y no visto. Soy únicamente una voz.»

Es muy fácil leerlo, pero muy difícil ponerlo en práctica en la vida diaria. A todos nos gusta ser protagonistas del cambio, pero pocos deseamos ser simplemente esa hierba que rodea a la flor y que  la hace parecer mas bella.

Sabemos entonces, que podemos imitar a Juan El Bautista en su alimentación pero que necesitamos la ayuda de Dios para ser humildes, como él lo fué. Ojalá que nunca lleguemos a enterarnos que lo hemos logrado. Solo hasta ese gran día en el que el Señor dulcemente nos responda  » Porque tuve hambre y me diste de comer.»