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Fatigada y Bendecida.

octubre 8, 2012

Mi mamá formaba parte de un grupo que todos los lunes lo dedicaban al evangelismo y a la visitación. A mí me gustaba acompañarla porque la mamá de Carmencita también era parte del grupo y eso nos permitía a las dos volvernos a ver y continuar los juegos y pláticas que habíamos dejado pendientes el día anterior. Pasadas algunas semanas el grupo creció y con ello la asistencia de los niños. De repente  y  sin consultarnos nos dijeron un lunes que una de las damas se haría cargo de nosotros; que nos cuidaría,que nos portáramos bien. Y ahí nos tienes. Siete preciosas y tiernas criaturitas sentadas en la mesa del comedor esperando aunque sea un vaso de agua fresca.

-¿Quién de ustedes quisiera ayudarme a  disfrutar de una rebana de pastel?- Nos preguntó entusiasmada la sonriente dama.

La alegría que ella mostró en su rostro me hizo pensar que sería algo divertido, entonces  me apresuré a levantar la mano para que Carmencita no me ganara.

-¡Muy bien Sonia!- me dijo sonriendo de nuevo, y luego agregó,

-Pero primero debemos trabajar un poco para poder disfrutarlo mejor.  Además, el trabajo es una bendición de Dios – Tomándome de la mano me llevó a su cocina y luego me dijo:

-¿Ves todos estos trastes sucios? Han estado así desde la mañana y tu tendrás la bendición de lavarlos y dejar todo en orden.

Ahora entiendo que  mientras me explicaba el procedimiento yo observaba sorprendida como  sus ojos se iban cambiando  hasta llegar al punto de convertirla a ella en Mrs. Miyaggi y a mi, en  Sonia San, de la película Karate Kid 1

-Aquí tienes el jabón ….y por aquí esta un secador.  Los enjuagas de este modo y los colocas por acá. ¡Ah! y no los vayas a romper…..  Solo recuerda que debemos  hacer todo como si fuera para Dios.

Luego se encaminó hacia el comedor para  preguntar a los demás quien quería ser el siguiente. Como ellos no me podían ver bien y no habían escuchado de qué se trataba, tres niñas levantaron la mano. Desde la cocina traté de hacer señas a Carmencita ondeando el secador para que bajara la mano. Pero era demaciado tarde. La había escogido  y su trabajo sería barrer el inmenso patio.  Así continuo repartiendo bendiciones hasta llegar a la inocente Teresita de tan solo cuatro añitos a quien se le confirió la ardua tarea de poner la mesa doblando a la perfección servilletas.

No había lavado ni tres vasos cuando ya mis pensamientos comenzaron a atormentarme…

-«¡Que trabajo, ni que recompensa, ni que nada! ¡Esto no es para Dios!. En mi casa le llamamos limpiar. Si  no quería cuidarnos, ¡Solo tenía que decirlo!Pobre Teresita….. ¡Esta tan chiquita!Apenas alcanza la mesa….Y pensar que yo en mi casa ni mi plato recojo y ésta hermanita aquí, ¡Abusándome!»

Después de unos segundos….

-¡Los voy a lavar como pueda porque ya me mojé toda!

Después de unos minutos…

-A mi mamá no le va a gustar ver a su bebé lavando  trastes. ¡Tanto que me cuida mi mamita para que no me ensucie! Me pregunto, ¿Que dira la mamá de Carmencita? Ya esta toda polveada y con las calcetas  negras por tanta tierra que ha barrido.

Después de un rato….

-¡No se vale!¡ Les esta sirviendo pastel  mientras yo sudo la gota gorda tallando este sartén.

Sentí un gran alivio cuando por fin escuché los pasos del grupo de damas que venía de regreso. Pensé entonces que mi plan de último minuto de hacer tiempo para que mi mamá viera lo que la malvada dama me había puesto a hacer , había funcionado.  Me preparé para ver la cara que pondría  cuando mi mamá le reclamara por poner a su bebé a realizar labores propias de la servidumbre. Hasta llegué a pensar: «De aquí nos vamos a la cafetería mi mamita y yo a comer un mejor pastel»

-¿Qué estas haciendo?- Me preguntó mi mamá un tanto extrañada.

Con carita sufrida le conteste,

-Aquí…. dizque, «bendecida» ¿Tu crees?

Haciendo uso de mi habilidad para la actuación, logré que una lágrima comenzara a salir de mi ojo izquierdo. Fue entonces cuando mi mamá no pudo contener la risa y con una carcajada fue a felicitar a la inicua dama diciéndole lo que todos los hijos alguna vez odiamos oír:

-¡Que bueno que puso a Sonia a lavar los trastes! porque ella no se acomide para hacer algo en la casa….¡No levanta ni su plato! Para la otra, póngala también a barrer y a trapear el piso.

¿Para la otra?  ¡Cual otra!  Si saben contar….¡Conmigo no cuenten,yo ya no vuelvo a venir los lunes!  Pensé.  Pero como no me mandaba yo sola, el siguiente lunes y  a la misma hora, me encontraba sentada en la mesa del comedor junto con los otros seis niños que tampoco gozaban de libre albedrío. A veces pienso que aquella dama fue la culpable de que yo odiara tanto lavar los trastes. Tu me entiendes,»Traumas de la niñez»

Que diferente hubiera sido si en el proceso simplemente hubiera disfrutado del trabajo y después de la rebanada de pastel que por cierto, se me cayó al subir al carro. ¿Cómo podría sentirme bendecida? Trabajé mucho, me cansé y no recibí lo que yo había mal entendido  era la bendición.

Lo cierto es que cuando me casé por mas que trataba de encontrar la bendición  al cocinar no lo lograba porque me centraba solo en el resultado. Y como el resultado era desastroso, me desanimaba. Luego vendrían las quejas y el mal humor que me producía la presión de tener que cocinar día a día. Mis pensamientos comenzaron a simpatizar con movimientos feministas, la lucha por alcanzar  la igualdad y por legislar  el trabajo doméstico remunerado. Debido a que  mi lucha por ser emancipada concluía en una quimera busqué un trabajo para poder pagarle a alguien que nos hiciera de comer, o ya de plano, comer fuera de casa.  Todo iba de maravilla hasta el día en que la cigüeña me envió un aviso.  Cuando el bebé nació, mi suerte cambió.  Ya no podría trabajar y tendría que cuidar de ese pequeño a quien además habría  que enseñarle  a comer.

Al salir el sol y abrir mis ojitos cada mañana pensaba, ¿Que haré de comer hoy? ¡Que fastidio! Cada día era igual, la misma aflicción, la misma tortura y hasta el mismo menú porque a la hora de la hora no se me ocurría intentar algo nuevo.  ¡No le encontraba el sentido a mi existencia¡ De ahí que por las noches vendría la reflexión al estilo Descartes:

» Pienso, luego……. busco una cocina económica»

El escritor de Eclesiastés parece conocer bien de lo que estoy hablando y nos ofrece en su literatura sapiencial  una pregunta central que trastoca nuestra mente y que tiene que ver no solo con la cocina sino con todo trabajo cotidiano : ¿Tiene algún sentido o  significado   lo que yo haga en este mundo?

Durante su discurso examina la vida<debajo del sol> para determinar si hay alguna felicidad en el día a día. Como resultado de su reflexión,  nos entrega una crítica al materialismo  que concibe el mundo como un fin en sí mismo y  que   convierte la vida en vanidad; al mismo tiempo,  nos exhorta a alegrarnos en el trabajo haciendo  una diferencia del estilo de vida que teme a Dios en cada aspecto y que le da por ello significado. Solo Dios es el que da el trabajo, la posibilidad de gozarse y disfrutar del mismo.

«He aqui, pues, el bien que yo he visto:que lo bueno es comer y beber y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol,todos los días de su vida que Dios le ha dado;porque esta es su parte» (Eclesiastes 5:18)

Ahora bien, ¿Cómo hacer del trabajo un placer? Comprendiendo lo que Dios quiere de nosotros y cambiando intencionalmente nuestra actitud mental hacia ello.

W. Eichrodt lo describe así :»Al distribuir el autor toda la actividad creadora a lo largo de una semana,concluyendo con un día de descanso,atribuye a una descisión primigenia la creencia de que el hombre no esta en la tierra para una vida placentera y sin preocupaciones tal y como dicen numerosos mitos sobre los primeros tiempos de la humanidad sino que ha de desarrollar sus aptitudes y potencias mediante un trabajo útil en el cual posee un trasunto de la actividad creadora y de la alegria del mismo Dios.  Es Dios quien introduce este concepto antes de la caída, y  pide a Adán nombrar a los animales , administrar el jardín de Edén y preparar su propia comida de las plantas y árboles que ha creado.»

Podemos decir entonces que  el trabajo cotidiano no es una condición o un castigo como consecuenca del pecado. Es  una bendición  porque provee sentido a la vida a través de los desafios que nos presenta, por el entusiasmo, creatividad y sentido de  aventura  que nos hace desarrollar. También, porque a través de nuestro esfuerzo, dolores de cabeza, lágrimas y hasta molestía por no alcanzar-en ocasiones- el resultado esperado nos lleva a darle valor al mismo. Dios quiere que nuestras actividades cotidianas  sean una expresión natural de lo que somos a través de las habilidades que El nos ha dado. Una oportunidad de desarrollar todo nuestro potencial y de estirar al máximo nuestras capacidades.

Tal vez nos cueste trabajo realizar cierta tarea porque contenga elementos emotivos que nos hagan justificar nuestra dilación  o apatía; entonces, debemos buscar la ayuda  divina para llevar a cabo nuestro trabajo. No basta con saber que a El le agradaría que lo hicieramos de buena gana;hay que esforzarse. Si tomas una actitud quejumbrusa ante lo que te cuesta trabajo realizar,  sentirás descontento  y en consecuencia, apareceran  los pensamientos desagradables y las comparaciones de  tu trabajo con el de los demás dejando como resultado una desazón constante.

Desde la persona que limpia los baños y los deja inmaculados hasta el empresario  que cierra un trato de alto nivel; desde  la cocina,  la fábrica o  la oficina, la idea de reverenciar a Dios incluso con nuestro sudor transforma  el significado  de nuestra vida pues es lo que Dios desea y lo que nosotros le debemos ofrecer con gusto. Como bien lo expresara Leonardo da Vinci:

«Tú, oh Dios, nos vendes a nosotros todas las cosas buenas al precio de la labor. El trabajo es la semilla de la cual crecen todas las cosas buenas que Tú esperas»-

¿Qué actividad cotidiana te atormenta mas? Puediera ser algo sencillo como el ir a hacer los pagos, ayudar a tus hijos con las tareas escolares, hacer las compras, lavar el carro ó tal vez sean situaciones mas complicadas que tienen que ver con  la profesión que ejerces y  que brinda sustento a tu familia .

Tal vez,el primer reto que se te presente sea el de teminar ese trabajo que has dejado a medias por varias semanas o  meses; de hacerlo,  tendrás la oportunidad de  comenzar a practicar las virtudes de Dios quien no descansó hasta terminar su obra creadora.

Eclesiastés nos muestra  cuan aburrida, tediosa y vacía es la vida si dejamos de lado el temor a Dios y la obediencia a sus mandamientos (12:13). Depende de nosotros que la labor humana sea una  actividad que al fatigarnos nos convierta en  personas  bendecidas por Dios.

«También les dijo: Yo les doy de la tierra  todas las  plantas que producen semilla y todos los  árboles  que dan fruto con semilla; todo esto les servirá de alimento. »  Génesis 1:29 NVI

Solo para Conocedores

octubre 6, 2010

Aunque pocos, tengo bellos recuerdos de mi tío Enrique, quien además de ser un excelente cocinero, era músico de profesión.  El, era parte de la Orquesta Sinfónica Nacional  y el instrumento que tocaba con pasión era el trombón. Gracias a él, durante el tiempo en que estudiaba en el Seminario,tuve la oportunidad de asistir a conciertos en diferentes escenarios tales como el Castillo de Chapultepec y  el Palacio de Bellas Artes y  de disfrutar asi  tanto del ballet como de  óperas . Un fin de semana me invitó a comer a su casa y después de ir por mi, alcanzando las alturas del Ajusco, me llevo a su casa situada al sur de la ciudad no sin antes advertirme que pasaríamos unos momentos al mercado para hacer algunas compras. Debo decir que yo no estaba muy acostumbrada a los mercados, ya que crecí en el área de Ciudad Satélite (Santa Mónica)  y por esos rumbos y en aquel tiempo no había mercado alguno.  Entonces, la visita al mercado significaba toda una aventura. Era visitar el inframundo tan bien escenificado por cineastas de películas de terror como Wes Craven (Nightmare on Elm Street) ó James Wan (Saw). También, podría significar un viaje misionero en 30 minutos.

No había entrado todavía al mercado y ya mis sentidos todos, comenzaban a trabajar. Los olores que se respiraban a una cuadra y media antes de llegar eran a hierbas, a fruta, a incienso y a …¡bueno!¡ A todos los olores habidos y por haber!

Cruzamos la calle y caminamos un poco. Sin previo aviso nos encontramos dentro del mercado. Mi asombro era total. Todos gritaban y música en cualquier estilo se escuchaba a todo volumen. Grandes y pequeños iban y venian con bultos, con bolsas, con carritos y canastos. Mi tío iba al frente y debido a su altura y corpulencia se abría paso facilmente entre la gente. Yo, iba detrás de él tratando de alcanzarlo con paso resbaloso a causa del piso mojado , lleno de basura, de pulpas, y de cáscaras. Los tenderos me hablaban de un lado y otro del pasillo, y me ofrecían lo mismo dulce de nuez que queso, algunos más, me salían al paso con aguacates y canastos de chiles. La personas me empujaban, me apretaban, y sentía sus bolsas golpearme las piernas. Brazos belludos y lampiños me rozaban al mismo tiempo que cabellos y espaldas sudorosas me interceptaban. Mujeres gordinflonas se detenían enfrente de mi sin aviso provocando desagradables choques repentinos, y de pronto, un niño se abría paso vestido con un suéter roto, descalzo y con un balero en sus manos. Corrió hasta donde se encontraba su madre que sentada en la inmundicia, vendía tortillas hechas a mano. Ella, amamantando sin recato un crío, le echaba un ojo a otro que fué nacido también en los pasillos.  Un repentino cambio de dirección me hizo encarar una cabeza de cerdo que colgaba sangrante acompañada de una niña que le espantaba una nube de moscas a higados y corazones. Sorteando cortinas de longanizas, de chorizos y mas adelante de tiesos pollos con ojos entre abiertos, hasta llegar finalmente al puesto tan ansiado: el del pescado.

El puestero, era un  hombre enclenque y prieto, con la mata de  cabello que le cubría el rostro cual indio apache ahorcado; y que cubría su cuerpo con improvisado mandil hecho a base de bolsas de plástico. Dos clientes, una joven y una vieja, nos precedían en la fila. La joven era una princesa azteca; morena de cabellos azabache y  con ojos del color de la azúcar quemada. De labios carnosos que por momentos mordisqueaba y cubría con su mano izquierda empuñando  un monedero. Era obvio que entre ella y el apache existía algún romance, pues además de que ambos se sonrojaban al mismo tiempo, el apache se las arregló para alargar el momento y desescamar dos pescados en 15 minutos. Ante la desesperación de la vieja marchanta, ésta le reclamó,

-¡Te apuras Eliodoro, que no tengo tu tiempo!

-No se me enoje doña Lupe, que ya sabe que usted siempre será mi consentida…

Luego de despedir a la futura reina india, le despachó en un dos por tres, dos cabezas de pescado y camarones para el caldo a doña Lupe. Por fín nuestro turno había llegado,

-¿Qué va a llevar jefecito?

-Quiero ocho pescados…¡pero del bueno!- le dijo mi tío con autoridad,

-Todos estan buenos…porque así como los ve, estos pescados todavía anoche durmieron en el mar…-  y entregándole una charola, agregó

-¡Escójalos usted mismo!

-No, de estos no…dame del fresco…del que tienes en la nevera y que te acaba de llegar. Y a todo esto…¿En dónde esta José, tu papá?

Eliodoro entonces reconoció a mi tío y le contesto,

– Fue a pagar la luz, don Enrique.

En ese momento me dí cuenta que mi tío ademas de escalas, arpegios y armonías era todo un conocedor de los secretos que guardaba la buena cocina.

Eliodoro sacó una docena de pescados para ponerlos a la consideracion de mi tío quien ya para ese momento se había colocado sus lentes, transformandose en médico forense. Lo primero que hizo, fue observarlos cuidadosamente; luego, les tomó la temperatura con la parte externa de la mano de la misma forma que se le toma la temperatura a un niño. Después, les revisó los ojos buscando en ellos algun brillo y abriendoles la boca les olisqueaba por dentro. También, certificó que las agallas tuvieran buen color. Finalmente, hundió el dedo índice en la parte mas carnosa de cada pescado y tomándolos por la cola los irguió para rectificar la consistencia. Cuando mi tío estuvo listo para firmar la orden de defunción describiendo la hora exacta y las causas del fallecimiento, su enfermera asistente-osea yo- me encontraba ya lista con una bolsa de plástico para que Eliodoro los pesara. Esta demás describirte el sabor de aquellos pescados a la talla que preparó mi tío mas tarde: Simplemente exquisitos.

Una buena táctica para adquirir y preparar los alimentos es tomar en cuenta los sentidos. ¿Quién se puede resistir al sonido que se produce al morder un taco de chicharron con aguacate y salsa?¿quién puede ignorar la explosión de color de un coctel de frutas?¿y quién no cae rendido ante la suavidad de un flan de chocolate que se deshace en la boca? Solo aquellos a quienes se les ha prohibido degustarlos ya sea por motivos religiosos, culturales o de salud.

La Escritura Sagrada nos describe en sus primeros capítulos a quien fuera la primer persona en hacer un análisis de un fruto antes de consumirlo aun cuando  se le había prohibido ingerirlo.

Su nombre era Eva y fue la primer mujer en experimentarlo todo. Creada por Dios y hecha a Su imagen tuvo la maravillosa oportunidad de hablar con El y de escuchar su voz. Fue la primera en saber lo que era sentir el amor humano, el matrimonio y el gozo de la maternidad. Tristemente, fue también la primera en escuchar la voz del maligno, en desobedecer y en experimentar el pecado. Fue ella quien indujo a pecar a otro ser humano y supo lo que era sentirse apartada de la presencia de Dios. La primera en sentir dolor, en derramar lágrimas, en contemplar la muerte de un ser querido y sufrir. Su desobediencia, es el evento alrededor del cual gira toda la Biblia.

Como en los otros artículos que he escrito, debo decir que nunca antes me había puesto a pensar que la prueba de fe para Adan y Eva en el principio de la humanidad, tuviera que ver con la comida.  No se trataba de no mirar el fruto prohibido, de no acercarse a el o de no tocarlo. La orden era: «No comerás». Tal vez porque el comer es una acción que requiere de ejercer plena voluntad para poder lograrlo y que al hacerlo produce efectos en el interior que nos pueden alimentar, si ingerimos el alimento adecuado, o que nos puede envenenar, si no tomamos en cuenta las advertencias. Interesantemente la serpiente no tuvo necesidad de morder a Eva para depositar su veneno en ella, solo le dijo una media verdad: que si comían del fruto llegarían a ser como Dios sabiendo lo que es bueno y lo que es malo; al hacerlo, ya no necesitarían mas de Dios y podrían ser independientes. Después de haber escuchado demaciado tiempo a la serpiente, Eva comenzó a hacer un análisis, deteniendose a contemplar el atractivo sensual, estético  e intelectual del fruto prohibido. Le pareció agradable, sano y talvez hasta nutritivo. Entonces, como si fuera ella mas conocedora del tema que el mismo Dios que lo había creado todo, dió la primer mordida. Comer el fruto trajo para sí resultados desastrosos en su organismo. Lejos de encontrar sabiduría adquirió ignorancia; enfermedad de mente y de espíritu en lugar de salud y con ello la muerte; muerte física y espiritual.

En la actualidad, circulan en nuestro mundo temas tan escabrosos y difíciles que cualquiera de nosotros quisieramos conocer a ciencia cierta cual seria la verdad y la solucion para cada uno de ellos. Situaciones como la inmigracion ilegal, el hambre mundial, el cuidado del medio ambiente, el uso adecuado de la tecnología o el homosexualismo, son temas no fáciles de abordar y que no aceptan una respuesta ligera. Sin embargo, debemos recordar que el discernimiento espiritual se obtiene a través de la obediencia y no tan solo de la busqueda intelectual. Cada día tenemos la oportunidad de obedecer y de rechazar «el conocimiento» que nos ofrece ése fruto.  A veces, el mundo nos dice que sabremos cosas que otros no entienden, que seremos de mente abierta, que subiremos nuestro nivel de vida si pensamos por encima de los demás con ideas y acciones que niegan y ofenden a Dios. La realidad es que Dios, quien nos ha creado, sabe perfectamente que lo que el ser humano necesita es redencion para poder conocer las grandezas de su gloria y para saber su voluntad siempre agradable y perfecta para nuestras vidas y por ende, del mundo en que vivimos.

Mas adelante vemos a Adan tratando de dar explicaciones a Dios y diciendole que la mujer que El le había dado por compañera, le había dado del fruto prohibido. Y en efecto,eso pasó; pero fue Adan quien alargando su mano tomó de la mano de Eva el fruto y llevandolo a su boca, comió. Ante las faltas cometidas, nuestra excusa favorita ha sido «soy humano», sin darnos cuenta que Jesucristo fue completamente humano y sin embargo, nunca pecó. El enemigo sigue diciendonos que el pecado no es algo de lo que debamos preocuparnos, que todo el mundo lo hace, que la unica manera de avanzar en la vida es mantenerse en el primer puesto pensando primero en nosotros mismos y que Dios es tan amoroso que al final nos perdonará. Entonces, es cuestión de  desobediencia, de rebelión en contra de Dios y de un deseo de hacer lo que nosotros queremos ignorando o haciendo a un lado su voz. En el fondo se disputa la confianza en EL y el control sobre nuestra vida. Al internar voluntariamente el pecado en nosotros hemos abrazado una condición que solo Dios puede restaurar, porque El es el único que puede sanar nuestro interior.

Si el fruto que comió Eva resultó ser sabroso o no, nunca lo sabremos, pues esa información pasó a ser irrelevante ante la transgresión cometida. Lo mismo sucede cuando tratamos de estudiar y comprender Su palabra sin obedecerle; al final, no importara cuantos títulos o doctorados hallamos acumulado  si no le obedecimos.

Los que hemos conocido a Dios y le obedecemos, sabemos que El es mas grande de lo que podemos imaginar (1 Reyes 8:27) que extiende su  misericordia y justicia a los que le conocen (Salmos 26:10) que en El se encuentra la verdad y plena libertad ( Juan 8:32) que Su voz nos guía (Juan 10:14) y que solo en El se encuentra toda sabiduría(Proverbios 5:1-2)

«¿Cómo sabemos si hemos llegado a conocer a Dios? Si obedecemos sus mandamientos»   1 Juan 2:3 NVI