Uno de los utensilios indispensables para elaborar ciertas recetas que requieren de harina, es el cernedor. El y yo nos conocimos allá por la década de los ochenta, cuando en un «Curso intensivo» de repostería hubo necesidad de usarle. Y es que, en aquella época, cuando tu novio te preguntaba si sabías cocinar, la respuesta mas socorrida era:
«Cocinar lo que se dice cocinar, no. Pero sé hacer muchos postres, tu sabes…gelatinas, pasteles, flan, dulces y todo eso.»
Por supuesto que el aspirante a esposo en cuestión se imaginaba los mas exquisitos manjares: Gelatina almendrada y kiwi caramelizado, budín austriaco, islas flotantes con rompope,trufas de chocolate, etc. En el último de los casos, un arroz con leche. La desilusión aparecía cuando ya de casados, la ahora esposa le ofrecía a duras penas, una gelatina de agua marca Pronto.
De ahí mi interes por tomar dicho curso y adquirir algunas nociones sobre el tema.
Pues bien, la instructora me dijo que debía colar la harina ofreciéndome un cenedor el cual me pareció ser un instrumento divertido y hasta moderno. Su función era y es, evitar los grumos en las preparaciones de tal modo que,cuando probemos el pastel no obtengamos de el ese desagradable sabor amargo que produce la harina seca y compacta. El cenedor es entonces un aliado y aunque su trabajo es muy sencillo, marca la diferencia entre una deliciosa rebanada de pastel y un intento del mismo.
El cernedor tiene mucho que ver con una palabra que se usa frecuentemente a la hora de elaborar un juicio o tomar una decisión, y es la palabra discernimiento; del latin dis-cerno y que significa separar una cosa de otra, señalando la diferencia principalmente en cuanto al valor moral de las cosas. Nos ayuda entonces a distinguir lo bueno, de lo malo. ¡Quien pudiera tener buen discernimiento para desarrollar una personalidad estable e íntegra! Sin embargo, lastimosamente, encontramos grumos aquí y allá.
Considero que creamos un grumo cada vez que confiamos mas en la suerte y la ficción, que en hechos reales. Tal como el pesimista que cree con facilidad lo que teme; o como el optimista que cree que le sucedera todo lo que quiere, con solo desearlo. Lo mismo sucede cada vez que emitimos un juicio definitivo basados tan solo en una actitud, en un rostro o en un comentario sin tomar en cuenta otros aspectos. Al considerar un gesto sospechoso en apariencia, como pudiera ser un ceño fruncido, el cual podría significar dolor, perplejidad o tristeza y no necesariamente amargura; o cuando consideramos erroneamente una sonrisa amplia, que pudiera significar tan solo hipocresía y una mala intención. ¡Cuantos problemas evitaríamos! Si tan solo pudieramos discernir y no solo criticar o hacer uso de la ironía o la burla, como resultado de un juicio erróneo que -dicho sea de paso son, ambas- la forma mas vil y cobarde de demostrar a todos la inferioridad propia.
¿Es posible encontrar un cernidor que nos evite los sinsabores de la vida que producen las malas decisiones y los malos pensamientos? De encontrarlo, podríamos responder como Jesus ante la mujer sorprendida en el acto mismo del adulterio, que lejos de juzgarla duramente, vió en ella algo bueno, y la perdonó, librándola así de la muerte. Podríamos alejarnos de ideas locas y en consecuencia tener un caracter equilibrado capaz de apartarnos del árido intelectualismo, que produce individuos sin sentimientos;y también, del misticismo exclusivo que solo produce individuos desequilibrados, estrechos de miras e incompletos. Podríamos también seguir perfectamente el consejo del apóstol Pablo de examinar todo desechando lo malo e inservible y preservando lo esencial para obtener un resultado óptimo.
La única manera que se me ocurre es internar un cernedor en el corazón y en la mente que nos ayude a filtrar nuestra emociones y que nos ayude a depurar nuestros pensamientos de tal forma que el producto que ofrezcamos a los demas y a Dios, sea dulce y armonioso.
He descubierto- como muchos- que la Palabra de Dios es el cernedor por excelencia y un aliado en la cocina de la vida propia; pues cuela los pensamientos y separa los impulsos.
«Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y que penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón» Hebreos 4:12
Esta porción, escrita por hombres sencillos pero inspirados por Dios mismo, nos recomienda la lectura asidua de ella para lograr llegar a ser el mejor postre que Dios ha creado.
Permite pues, que El Cocinero por excelencia use el cenedor en tu vida, internando diariamente Su palabra en ti.
Me cuentan que en cierto pueblo nació Maigualina. Una morena introvertida, y cuya familia era de condición humilde. Por ser la mayor de entre sus hermanos se esperaba fuera la segunda al mando en las labores del hogar. Sin embargo, Maigualina se veía asi misma tan solo como una doncella. No tenía ningun problema con la limpieza de la casa aun cuando lucía repleta de moscas a falta de puertas , el piso de tierra y el calor; tampoco tenía problemas con el cuidado de los animales domésticos que se expresaban libres por toda la casa. Pero cocinar, le era un fastidio debido a que los ingredientes escaseaban y a regañadientas cumplía tales deberes.
Así como una niña lleva a la cama sus muñecas, Maigualina llevaba consigo el hambre y los deseos de que su suerte cambiara algun dia; todas las noches rogaba, hacía promesas y soñaba con un mundo diferente; con un apuesto aventurero que la llevara lejos de ese pueblo yermo, a un lugar en el que pudiera comer todo cuanto quisiera. Pero, ¿Existiría tal lugar?
Los dias pasaban aburridos en el pueblo: sin mucho que ver, sin mucho que hacer… hasta que llegaba la feria. No era mas que una vieja rueda de la fortuna manipulada casi manualmente. Carros chocones, un trenecito y los infaltables caballitos que completaban la diversión. También, era la oportunidad de encontrar el amor, pues habitantes de zonas aun mas apartadas venían a buscar pareja. Ese año, Maigualina saldría favorecida. Cupido lanzó sus flechas y de inmediato nació un romance entre Maigualina y Gabriel. La conversación fue profunda y significativa,
– ¿Dónde vives? – Le preguntó Gabriel empuñando el sombrero.
– Por la vereda que va al cerro…..
-¿Qué número es tu casa?- Insistió.
– ¿Número?…donde veas un perro echado, ahí es.
Ambos comenzaron a frecuentarse. En pocos dias de conocerse Maigualina se enamoró de el y supo que con Gabriel «La milpa seria un rancho y el atole, un champurrado». Todo estaría bien aun cuando la sombra de la pobreza los amenazara. Pero Gabriel era ambicioso y después de casados le propuso emigrar al norte del corazón en busca de nuevas oportunidades. Le hizo saber que sortearían peligros de muerte que culminarían con una vida placentera y abundante para ambos.
-¿Y cómo es allá?- le preguntó con candidez.
-Bueno…dicen que hay buenos trabajos y que la gente no se asolea tanto como aquí; por eso son blancos y de ojos desteñidos;que a veces no se les entiende lo que quieren pero aun asi te mandan por la puerta del éxito (Exit); que todas las casas son iguales y que comprar una es cuestion de forzarle al trabajo ( For Sale) ….¡Ah! y que la comida se llama Combo, ¿o Mambo? número 5.
– ¿Y de qué peligros hablas Gabriel?
– Bueno….dicen que debemos caminar, cruzar rios, desiertos, pasar mas hambre, pero sobre todo que debemos tener cuidado con un tal «Freeway» que ha matado a muchos y que segun dicen, se nos aparece por todas partes. Pero no te preocupes…. que si se puede, porque estamos unidos.
Los tambores que despiden a cada doncella que baja con gracia del cerro comenzaron a sonar. Miró en lontananza y por última vez a su pueblo bicicletero, a sus perros enclenques, a sus escuálidos habitantes con camisas de fuera, a sus mujeres preñadas y a sus niños chamagosos. Entonces pensó que, sí existia algun Dios amoroso les ayudaría para llegar a la tierra de la abundancia.
Tristemente, los peligros que les habían contado en el camino y los que se habían imaginado eran nada comparados con la cruel realidad de cruzar una frontera de forma ilegal. Las altas y bajas temperaturas,la desorientación, el cansancio, la deshidratación, etc., se quedaron cortas ante la posibilidad de caer presa de bandas criminales de todo tipo. Y es que, ante tales circunstancias el cruce y el desierto se puede convertir en un crisol en donde se descubra la quinta esencia de la vida. Entonces el alma se torna hacia Dios y se elaboran súplicas y promesas que mas tarde se olvidan cuando se encuentra la vida a salvo.
Todo, por buscar una vida mejor.
Las estadísticas de personas que llegan a pisar suelo americano de forma ilegal en busca de una mejor vida estan hechas de rostros que conozco. A diario escucho historias de hambre, de secuestro, de desierto, de muerte….
Pero ellos no son los únicos. El hecho es que todos los seres humanos hacemos a diario esfuerzos por alcanzar la felicidad. Es por eso que, entre otras cosas, estudiamos mucho, trabajamos duro, nos relacionamos, cuidamos nuestra salud, compramos libros, filosofamos, asistimos a seminarios, nos informamos y nos congregamos en una iglesia.
Una de mis compañeras de trabajo me sugiere que la felicidad se encuentra en las montañas, en la vida sencilla, en volver a lo natural; es decir, a bañarnos en el rio, confeccionar nuestra propia ropa y a cultivar nuestra propia comida olvidando los supermercados y la comida congelada. Porque dice, «Antes se vivía mejor». Pero si echamos un vistazo al pasado encontraremos tan solo desilusión.
¿Cual es entonces el secreto para que la humanidad entera obtenga una mejor vida?
Una de las vidas que mas han cautivado a la humanidad es sin duda la vida de Helen Keller. Mas inspiradora es aun la de su dedicada maestra, la Señorita Sullivan quien logró hacer de una pequeña niña sordomuda y ciega una de las personas mas famosas y amadas en el mundo. Logró transformar a una niña discapacitada con personalidad deforme y salvaje, en una sensible, bella y bien educada criatura. Una de las escenas mas impactantes que lograra llevar a la pantalla grande el director de cine Arthur Penn es la escena de«El desayuno». El salvajismo y la rebeldia de Helen son descritas en un diario que escribiera la propia Señorita Sullivan en el que, después de éste dramático episodio tratando de enseñarle a comer a la incotrolable Helen, escribe,
«Ví claramente que sería inútil enseñarle el lenguaje o cualquier otra cosa, si ella no aprendía primero a obedecerme. Lo he pensado seriamente, y cada vez que pienso en esto, mas segura estoy de que la obediencia es la puerta donde el conocimiento, si, y el amor, también, entran en la mente de un niño».
Por lo regular nosotros pensamos que es al revés. Que el amor, es la puerta para que el conocimiento y después la obediencia entren y seamos completamente felices, pero no es asi.
En Deuteronomio capítulo 6, encontramos el «Secreto» de la felicidad y del buen vivir. Dios le hace una advertencia al pueblo de Israel acerca de no olvidarse de quien y porque obtendran las bendiciones y les pide obedezcan a su voz.
Si hicieramos una lista de las palabras menos atractivas encontraríamos obediencia como una de las que encabezan la lista. Y es que por si sola nos irrita. La encontramos mas de 500 veces en el antiguo testamento y en casi todos los casos es usada como un llamado a la razón: «Si obedeces, serás bendecido.», » Si no obedeces, te irá mal» Lo cierto es que a todos nos gusta leer que Dios nos va a bendecir, pero no nos gusta leer que para eso tenemos que obedecer. La vida abundante no viene por repetir o «Declarar» bendiciones bien elaboradas. Asi como tampoco seremos salvos por su gracia, si no nos sometemos a sus demandas. Si bien es cierto que Su amor hacia nosotros no depende de nuestra obediencia hacia El; también es cierto que si no le obedecemos sufriremos las consecuencia, pese a su gran amor por nosotros.
Este capítulo comienza con el Shema nombrado asi por los judios por ser la primer palabra en esta porción que traducida del hebreo significa «Escucha» y luego añade, «…OhIsrael..«; Palabra que también puede ser traducida como «Obedece, Oh Israel…» y luego les dice: «.. y serás feliz» . Recordemos que en este pasaje, el pueblo de Israel esta a punto de entrar a la tierra prometida, después de 40 años de caminar en el desierto.
La gran mayoría de los inmigrantes que conozco y que me cuentan la historia de cuando se encontraban en el desierto o cruzando el Rio Bravo, me dicen que hicieron promesas a Dios que ahora les cuesta cumplir. Ahora que disfrutan de ciudades que no edificaron, de casas amuebladas que no les costaron, de caminos que no construyeron; ahora que comen alimentos que no conocían y en porciones abundantes. Ahora que tienen cierta seguridad, y podríamos decir «Viven bien» . Ahora que el sol ya no les quema…se han olvidado de Dios. Lo cual nos dice que es posible cruzar el desierto sin vivirlo, sin sentirlo, sin aprender. Y eso es lo que Dios quiere que el pueblo de Israel no olvide. Quiere que esta nueva generación se acuerde de dónde los sacó.
Algunos de los cristianos de hoy, gozan también de una herencia cristiana que no les costó, de templos que no construyeron, de numerosas congregaciones que no evangelizaron y de Biblias y recursos que no tradujeron. En este caso, tambien Dios nos advierte de no olvidarnos de los sacrificios que hicieran las generaciones pasadas y digamos que lo hemos logrado por nuestras propias fuerzas. Por el contrario, nos pide estemos listos a responder a nuestros hijos cuando nos pregunten de quién y porqué nos han venido todas estas bendiciones. Como lo hiciera el pueblo judío cada año al celebrar la Pascua en un banquete religioso y reunidos en torno a la mesa. No es porque hayamos logrado estudios superiores, ni por ser hábiles para el trabajo , ni por orar dia y noche. Es porque le hemos obedecido y en respuesta, El nos ha mostrado su amor bendiciéndonos. No nos conformemos pues con saber que hay un Dios que nos ama, también, recordemos los beneficios que nos ha dado y seamos agradecidos.
Hace poco un escritor me sorpendió con estas palabras: » No necesitamos mas actividades en la iglesia, ni mas oración, ni mas estudios bíblicos. Lo que necesitamos es solamente a Dios y ser obedientes» Y es asi, la total obediencia a Dios en cada area de nuestra vida es la base para la felicidad y para una vida mejor.
«..Cuando hayas comido y te hayas saciado , cuida de no olvidarte de Yahveh que te sacó del pais de Egipto,de la casa de servidumbre». Deuteronomio 6:11-12
Desde el principio de la creación, Dios se preocupó porque el hombre tuviera una compañera que le fuera ayuda idónea.
Se ha dicho que : «Detrás de un gran hombre, existe una gran mujer». Y la esposa de un pastor tiene un papel tan importante dentro y fuera de la iglesia como el mismo pastor. La actitud que la esposa asuma desde un principio será decisiva y ayudará o estorbará a su esposo para llevar adelante la obra de Dios.
¡Cúan importante es que se ore!, no solamente por el pastor que se piensa que va a pastorear una congregación, sino también por su esposa, ya que ella llevará el peso de muchas responsabilidades que quiera tomar,o que en ocasiones le asignen sin tomar en cuenta su opinión.
La esposa del pastor no solamente se enfrenta a preocupaciones apremiantes, como el deseo de tener más tiempo para atender mejor a su familia, ya que la mayoría de las veces es tan poco el tiempo que les brinda, porque sus ocupaciones como líder de algún departamento le exigen tiempo y entrega al servicio que está prestando.
Ella tiene que redoblar sus esfuerzos para pedir la ayuda divina, pues sabe que como esposa de pastor esperan de ella: amabilidad, pulcritud, tanto en su persona como en su hogar, compañerismo, discreción, consejería; con mucha frecuencia ella siente que es la «Copastora sin título y sin sueldo» y que muchas personas están atentas a lo que hace o deja de hacer.
No es fácil ser la esposa de un pastor. Ellas tienen las mismas aspiraciones e inquietudes que otras esposas. Muchas de ellas desean seguir superándose en lo secular para estar bien informadas, bien orientadas, ágiles para resolver los mil problemas prácticos de la vida moderna en la que se debe mover el pastor o la esposa de pastor hoy, y con una visión clara para que no sea envuelta en los criterios del mundo.
Las exigencias y presiones son muchas, sin embargo, creemos que es una bendición contar con estas mujeres que Dios las ha hecho como ayuda idónea para sus esposos.
(Artículo originalmente publicado en la Revista Ministerio vol. VII Num 1 1994)
Ya les he contado mi primer encuentro con las hierbas de olor. Ahora les relataré mi aventura con la salsa de mostaza y mis primeros invitados a comer- que dicho sea de paso- el Señor tenga en su santa gloria.
No recuerdo cual fue el motivo de la invitación y ahora que lo pienso me sorprende que ellos hayan aceptado aun sabiendo de mi ignorancia en los quehaceres culinarios. Ella era buena cocinera y su esposo era un agradable y comprometido hermano en la obra del Señor. Ambos de edad avanzada; razón por la cual me animaba pensando que si se enfermaban, no se notaría mucho pues a los ancianos todo lo que comen les hace daño.
Yo había encontrado en una revista sobre moda una receta titulada «Pollo a la Mostaza» Los ingredientes eran fáciles de adquirir y no requería de mucho tiempo. Una nota al pie de la receta indicaba que era ideal para las personas de la tercera edad. En primer lugar porque la mayoría de ellos solo pueden comer pollo y en segundo lugar, porque me aseguraba que la acritud de la mostaza logra adelgazar las mucosidades descongestionando así las fosas nasales de los catarrientos ancianos. Pensé que un «Arroz en tres tiempos» y una ensalada despeinada acompañando al Sr. Mostaza, sería suficiente.
Por esos días estaba de visita con nosotros una muy querida sobrina que presumía haber estudiado cocina en la secundaria. Yo para nada me sentía intimidada con esos conocimientos. ¿Qué me puede enseñar esta niñita? De vez en cuando ella hablaba de lo que había cocinado en la escuela y yo con cara de «¿Deveras?» la medio escuchaba. Cuando ella supo de nuestro compromiso me dijo muy contenta,
-«Tía ,si quiere yo le ayudo»
-¡Claro!- le conteste aliviada.
Unos minutos antes comencé a cocinar el pollo siguiendo -según yo- al pie de la letra la receta. Mientras tanto mi sobrina interrumpía mi concentración con preguntas y comentarios como: » ¿Ya lavó bien el pollo tía?» , «Yo también hice una receta así, nada mas que la mia……»; «¿ No le va a subir la flama?»,» ¿Y por qué no corta las verduras así, en lugar de asá?» ,»Debería de ponerle otro poquito de…» , etc.
Yo trataba de contestar pacientemente a todas sus preguntas con exclamaciones y respuestas cortas como: ¡Ah!, ¡Por supuesto! ¿Tu crees? ¡Claro! ¡Gracias!
De repente el timbre sonó. Los invitados estaban ya en la puerta y yo a la mitad del proceso creando todavía en el centro de la cazuela una gran montaña de ingredientes. Entonces, aceleré el paso….
-¿Qué esta haciendo tía?
– ¿Qué no ves? ¡Le estoy agregando la Salsa Maggie!
-Mmm…… tía….
-¡Y ahora qué quieres!
-Esa no es la Salsa Maggie…..
-¿No?¿Entonces qué es?
-Es la Vainilla…
Con los nervios y la presión extra confundí el envase de la Salsa Maggie con el de la vainilla agregándole un poco mas de la cantidad que ameritaba pues ya para entonces la receta había sido desvirtuada con tanto consejo ofrecido por la experta y aceptado por esta novata para que me quedara mejor.
-¿Y ahora qué hacemos?
– ¡Pues lave el pollo!
-¿Cómo crees? ¡Ya ni modo! lo último que me falta por agregar es la mostaza…
Como yo había escuchado el refrán: «En la cocina, si no te sale una cosa, te sale otra», me consolé pensando que acababa de inventar- en todo caso -una nueva receta. Continué «cocinando» a pesar de ver que cuando agregué la mostaza, el guisado tuvo una reacción igual a la que hace el Alka-setlzer dentro de un vaso de agua. El pollo me parecía entonces, un volcán en erupción. El olor áspero y picante de la mostaza combinado con lo dulzón de la vainilla era francamente repugnante . Cuando no pude contener tal efervescencia tapé la olla, bajé la flama y dije: ¡listo!
Entre tanto, mi esposo abría la puerta y daba la bienvenida a los invitados que experimentando el milagro que produce el olor penetrante de la mostaza ingresaron a mi hogar con un «Que rico huele» , inocentes y con un pollo rostizado que habrían comprado solo por si acaso.
Les sugerí que comiéramos solo el rostizado porque «creía» que mi guisado no me había salido muy bien, pero como ellos eran muy educados y no querían desairarme, insistieron en probarlo. Esperando un segundo milagro y rogando al cielo que no se les cayera la lengua en pedazos, les serví a ellos el pollo retorciéndose en mostaza y vainilla. Unos segundos despues mi fe habría flaqueado pues a mi esposo y a mi sobrina, solo les serví del pollo rostizado y yo me limité a comer arroz y ensalada.
Los años han pasado y todavía no logro superar el trauma del todo. Por eso, evito comer mostaza. Solo la uso para marinar de vez en cuando y de este modo aprovechar sus bondades.
Los que saben de las virtudes de la mostaza nos dicen que puede ser usada con efectividad no solo como condimento en la cocina sino también en la tina, ya que tomar un baño con mostaza amarilla por 15 minutos alivia los dolores de espalda causados por la artritis. Ademas, relaja los músculos tensos, y puede estimular y tonificar el rostro si se usa como mascarilla. Todo esto, siempre y cuando hagas una prueba preliminar para asegurar que tu piel no se irritará y que no saldrás de la tina como chicharrón prensado. Por si fuera poco también puede ser útil para despistar a tu marido, ya que es capaz de quitar el mal olor de las llantas de su auto en caso de que no hayas visto cruzar al zorrillo.
En un pasaje muy conocido de las escrituras, encontramos a Jesús mencionando éste ingrediente.
En Mateo 17:14-21 leemos el relato de un hombre que tenía un hijo epiléptico. Los comentaristas nos dicen que esta condición no era conocida como tal en aquel tiempo y es por esa razón que la epilepsia es atribuída en este pasaje, a la influencia maligna de espíritus inmundos. Este hombre, había traído a su hijo ante los discípulos de Jesús para ser sanado por ellos, pero los discípulos no pudieron curarle de su mal. Mas tarde, al encontrarse el padre del joven con Jesús, se postró a sus pies y le rogó que sanase a su hijo explicándole los síntomas de la enfermedad y haciéndole también mención del fracaso de sus discípulos. Jesús, se dirigió hacia el muchacho con autoridad y la enfermedad le dejó al instante. Cuando los discípulos se encontraron a solas con Jesús le preguntaron extrañados porque no habrían ellos podido echar fuera al demonio ¿Acaso Jesús no les habría dado poder sobre los demonios? Jesús recurrió entonces a una imagen literaria: «Una semilla de mostaza» y a una expresión proverbial conocida también entre los judíos y que significaba hacer algo extremadamente difícil o incluso imposible: «Mover una montaña» Y les dice, «Si tuvieras fe, como el tamaño de un grano de mostaza, le dirías a este monte ¡Quítate de en medio! y se quitaría. Nada les sería imposible. «
¿Nada?
Tan solo pensar en mover una montaña, nos parece un disparate, algo simplemente contrario a la razón. Mas aun, si pensamos que esa montaña representa una situación imposible de resolver y que puede ser movida con una fe tan diminuta como una semilla de mostaza, que por sí sola, no nos sirve de mucho ni en la cocina.
Sin embargo, Jesús les dice: «Si tuvieras fe…» .
Mi descripción favorita sobre lo que es la fe dice : » Es el acto de la mente que avanza hacia lo que aun no ha sido explorado.» Lo que me lleva a reflexionar sobre cuantas cosas hay imposibles de remediar en mi vida y en la de otros tan solo porque yo no he tenido la suficiente fe o porque mi mente se ha negado a avanzar hacia lo inexplorado.
No se trata de tener fe en nosotros mismos, o en las palabras que decimos al orar o al pedir; tampoco se trata de un esfuerzo mental. La fe es entrega total, confianza absoluta, o como bien lo describe C.H. Dodd «Una actitud en la cual, habiendo reconocido nuestra insuficiencia total en lo que toca a cualquiera de las metas superiores de la vida, confiamos absolutamente en la suficiencia de Dios.» Esta,debe ser una fe razonada y basada, como toda fe comun-y que practicamos en el diario vivir- en una relación genuina. En este caso, es una relación con Dios mismo que nos hace responderle positivamente al decirle «Yo no puedo, pero tu si puedes». Nuestra respuesta negativa hacia El, sería la duda y la incredulidad.
Entonces, nuestra semilla de mostaza es simplemente creer que Dios es la Causa de todas las cosas. No es la fe en la fe, ni la fe en la oración o en la religión. Es la fe puesta en quien TODO lo puede. En otras palabras, decidimos creer y confiamos en que Dios obrará.
Al igual que los discípulos nos encontramos faltos de fe ante los obstáculos que se nos presentan en la vida.¿Cuantas veces hemos terminado de orar pensando si servirá de algo orar ante una situación imposible? ¿y cuantas veces nos hemos acercado a Dios pensando en El, como el genio de la lámpara maravillosa que sin nosotros conocerlo, ni El a nosotros, cumplirá todo lo que le pidamos? ¿Cuantas veces hemos pensado que el milagro ocurrirá si tan solo nos esforzamos un poco mas? No, nuestras oraciones serán tan solo buenos deseos, desesperanzas y débiles aspiraciones si no hay esa clase de relación que llene nuestro corazón de fe solamente en Dios.
La plegaria que pone su mirada en Dios y no en el tamaño de la montaña puede removerla y es ademas, una verdad liberadora para quienes piensan que Dios solo escucha a algunos. El escucha tu oración y la mía si tan solo tenemos fe en El.
¿Cual es la montaña que no has podido mover? Tal vez sea un sentimiento, una mal recuerdo, una conducta, una economía quebrada o la batalla contra una enfermedad. Jesús nos dice que es posible mover esa montaña que se interpone en tu camino para seguirle, y que dificulta e inmoviliza para hacer su voluntad. Si tan solo tenemos fe como un granito de mostaza, podremos mover montañas.
«..Que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia,alcanzaron promesas,taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos,evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extrajeros. » Hebreos 11:33-34
A todas las prófugas de la cocina nos encanta que nos inviten a comer cuando ya es tarde y nuestra cocina todavía luce tan desolada y vacía cual ropero de Tarzán.
A algunas de nosotras no nos importa tanto el lugar y lo que habremos de comer. Con tal de no cocinar….lo que nos sirvan y como nos lo sirvan, es bueno. En cambio, para otras, ademas de que nos agrada que sea un buen lugar y que la comida este sabrosa, pedimos se nos trate con la amabilidad y gentileza a la que estamos acostumbradas. La actitud del mesero o mesera que nos atenderá será entonces importante: Que nos atienda con cortesía, que no hable demasiado, que este al pendiente, que nos sonría, que nos ofrezca la especialidad de la casa y que no nos apresure con la cuenta.
Esta situación ideal tiene una variante cuando se trata del domingo, ya que de vez en cuando la iglesia organiza una comida. Podrás disfrutar la ocasión, o te causará un dolor de cabeza sobre todo si te toca cocinar debido a que otras prófugas ya se te adelantaron con los platos desechables, las bebidas y el pan. Desde el momento que te das cuenta que no tienes otra salida, comienzas a elaborar algunas ideas creativas como: » ¿..Y si compro unos pollos rostizados?» o » ¿…Y si encargo unos tamales?» . Mientras tanto, imaginas a las que si les gusta cocinar elevar sus apuestas augurando tu cruel fracaso. ¡Si lo sabre yo!
Peor aun es darse cuenta de cuantos conflictos rodean una simple comida en la iglesia. Comentarios como «Así no se sirve ese platillo» , » ¿Por qué sirvieron tan poquito?» y » Ustedes solo vienen cuando hay comida» tienen el potencial de desatar la madre de todos los conflictos en la iglesia. ¿Cuantas damas no regresaron jamas porque nadie probó lo que cocinaron? y ¿Cuantas familias se sintieron menospreciadas porque tardaron en servirles de comer?
Todo, por querer convivir como lo hiciera la iglesia primitiva.
Sorprendentemente, uno de los primeros problemas de la iglesia en sus inicios tuvo que ver también con la comida. (Hechos 6: 1-7 )
Es interesante notar cómo el escritor a libro de los hechos no nos esconde nada y nos presenta a la iglesia tal y cual fue en su desarrollo. ¿Te sorprende? A veces pensamos que cuando surgen problemas en la iglesia es porque estamos en la congregación equivocada. Sin embargo, la escritura nos muestra que la iglesia no es perfecta, simple y sencillamente porque las personas que formamos parte de ella, no lo somos.
El pasaje nos dice que la iglesia contaba entonces con un programa alimenticio que tenía como objetivo llevar a la práctica las enseñanzas de Jesús. Algunos comentaristas nos sugieren que era tan solo un banco de comida y no precisamente un comedor en donde las viudas- que se contaban entre las personas mas desamparadas- iban a recoger su dotación diaria. Para el tiempo en el que ocurre este relato la iglesia ha crecido a tal grado que los problemas comenzaron a surgir. Leemos que las viudas griegas se inconformaron porque a su parecer la distribución estaba siendo desigual: Los griegos se sentían menospreciados por los hebreos. El problema llegó a oídos de los apóstoles cuando ya las murmuraciones estaban en su punto máximo. Entonces, había que actuar rápido. No se trataba de un problema doctrinal o teológico. Era un problema de discriminación y un asunto práctico que necesitaba una solución de igual manera.
Ante tales circunstancias, los apóstoles convocaron a los discípulos y les pidieron se nombrara una comisión de siete varones de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría para llevar adelante tal empresa. No esta claro si este acto fue realmente el origen del diaconado o tan solo una manera de solucionar la situación de forma inmediata. Su tarea les permitiría a los primeros apóstoles enfocarse en la predicación y la enseñanza.
Los creyentes escogieron sabiamente a siete griegos llenos del Espíritu Santo y con suficiente amor y tacto para servir a las viudas griegas. Entre los siete nombrados se encontraba Esteban, el primer mártir de la fe y Felipe, quien fuera predicador y evangelista después de la muerte de Esteban. No eran hombres llenos de dones espectaculares, eran personas dotadas espiritualmente. De esta manera, los diáconos se dedicaron desde entonces a ministrar a los necesitados.
La palabra «Diácono», (Diakonos) se traduce básicamente como un servidor o camarero y a menudo se refiere a la persona que sirve a la mesa. Interesante, ¿No? Me maravilla descubrir que a las primeras personas a quienes se les impusieron las manos en la iglesia fuera para desarrollar un servicio cotidiano como lo es servir una mesa y no para predicar.
Gracias a Dios por los que predican, los que dan clases, los que cantan en el grupo o son miembros de alguna junta. Todas los ministerios que ofrece la iglesia son importantes cuando se hacen en el nombre de Jesús. Pero ministrar es lo que hacemos por y para Cristo en otros y a cada momento en nuestra vida. Entonces, no son solo los mega- programas de la iglesia los que cuentan, también lo es cuando servimos la mesa dentro y fuera de la iglesia.
Recuerdo el testimonio de Silverio. Un ex-convicto que contaba con lágrimas cómo una mesa adornada para celebrar su cumpleaños en la cárcel, le devolvió la fe en Dios. De igual manera, los comensales buscaran también algo de ti en tu mesa. El cansado, la amenidad de tu conversación; el pobre, tu alimento; el triste, tu consuelo;el débil, un estímulo y el que lucha, una ayuda moral. Me pregunto cómo se sentirían las viudas necesitadas. Imagino que no era solamente un «Aquí esta su dotación señora» debía de haber en ello además ternura y amor. De esta manera la iglesia cumplió su propósito de ir por todo el mundo llevando el evangelio de Cristo y se convirtió en un anticipo del Reino.
Que rápido surgen los problemas en la iglesia y que rápido se encuentra la solución donde reina un verdadero interés por agradar a Dios. En este sentido la iglesia primitiva es una iglesia modelo. Porque ante los conflictos pudo resolverlos de una manera sabia gracias a la intervención del Espíritu Santo y a personas que cumplían con los requisitos para servir en las mesas.
«Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve.»
Lo último que necesita una prófuga de la cocina es tener una suegra entrometida que le encanta cocinar. Como ella se ha pasado la vida preparándole sus gustos a su hijito adorado, no dejara que nadie le haga sufrir ni pasar hambre. Es por eso que aquí y allá se escuchan las quejas de quienes ya están hartas.
Ejemplo # 1
Nuera- Espero que le guste lo que prepare señora.
Suegra- ¿Otra vez cocinaste pollo? Robertito, hijo…deberías de ponerle una granja a tu esposa, pues parece que solo pollo sabe cocinar.
Ejemplo #2
Suegra- ¿Tienes perro Patricia?
Nuera- No señora. ¿Porqué?
Suegra- ¡Ay no me digas que eso es lo que vamos a comer!
Otro ejemplo bien puede ser mi abuela paterna que a mis veinte años me seguía preguntando si mi mamá nos daba de comer. Ella también me insistía en que al hombre se le conquista por el estómago. Lo cierto es que todavía no conozco a una mujer a quien su esposo le haya propuesto matrimonio diciéndole: «Leonorilda, quiero casarme contigo porque cocinas como nadie la cochinita pibil.» Ni tampoco conozco a mujer alguna que haya aceptado casarse porque él le dijo al oído: «Cuando te veo, pienso en mole de olla.» Y es que toda novia espera que el afortunado prometa bajarle la luna y las estrellas y no tan solo las ollas de la alacena.
En estos casos, las amigas suelen ser el paño de lágrimas ante tantas injusticias. Es por eso que con ellas se comenta lo mal que te sientes cuando vas a visitar a la suegra llevada a la fuerza por tu esposo -y para que no piense que eres una floja- te acomides a poner la mesa, a menear la olla y a lavar los trastes; pero resulta que nunca quedas bien porque no tienes ni idea de qué va con qué, porque no sabes a qué hora debes dejar de menear la olla y porque de plano te cae mal lavar los trastes.
Pero reflexionemos…
¿Será a caso que estos seres han sido mal entendidos? ¿qué es lo que hace que una estupenda madre se convierta en una suegra avinagrada?¿la mala suegra, nace o se hace? Veamos.
Un estudio realizado en el año 2009 por la universidad de Cambridge a un centenar de mujeres dió como resultado que el 60% de las encuestadas habrían tenido fricciones con su suegra ocasionándoles fuertes problemas con el stress (y por el es tres …¡y no dos!) A la mayoría nos queda claro que ésta es una relación que no termina de cuajar debido a que las «sugerencias» de la suegra van desde cuánto debes gastar en comida hasta qué le debes de dar de comer a tus hijos pasando por cómo debes de decorar la casa y dónde debes hacer las compras.
Si me has seguido hasta aquí y tienes ese problema de seguro estarás diciendo: «Si, así es mi suegra». Y si eres suegra, tal vez estarás diciendo: «Yo por eso no me meto, ni digo nada». Pero esto, no es todo. Te contaré…
Cierto día le llamé por teléfono a la hermana -que por hoy llamaremos Afligida- para recordarle su participación en el programa del domingo. La pobre mujer parecía haber sido sometida a un tormento chino. Con voz llorosa me dijo que la disculpara pero que no podría asistir porque se sentía muy mal y estaba en cama. Me contó que su hijo le llamó del trabajo y le pidió de favor fuera a su casa y le trajera unos papeles importantes que había dejado olvidados en la mesita de la sala. Como ella tenía en su poder una copia de la llave, fue de inmediato. Me aseguró que al entrar a la casa no vió los papeles y que tuvo «la corazonada» que estaban en la recámara. Después de inspeccionar todos los cajones y ver que todo se encontraba en orden se trasladó a la recámara de los niños y luego al patio. Pero tampoco los encontró allí. Tanta búsqueda provocó que le dieran ganas de lavarse las manos. Después de verificar que las toallas estaban limpias se encaminó hacia la cocina en donde horrorizada vió sobre la mesa una lata de sardinas con una nota que decía,
«Amor, me voy a comer a casa de la güera Grimaldi.
Me llevo a los niños. Aquí te dejo por si te da hambre.
Si usas un plato, lo lavas y dejas todo como estaba.»
No por nada a Afligida se le había subido la presión. Un fuerte dolor en el pecho comenzó a molestarla como resultado de tanto imaginar a su nuera feliz y degustando manjares con la güera Grimaldi mientras su bebé comía a solas una triste lata de sardinas. Su primer impulso, fue conseguir el teléfono de la Grimaldi y hacer un escándalo. Después pensó en quedarse y hacerle de comer a su hijo esperando ver la cara que pondría su nuera cuando ésta llegara. Luego quiso llevarle a su hijo los papeles y regañarlo por ser tan dejado. Lo que realmente hizo fue tomar el sobre de la mesita que esta al entrar para llevárselo a su hijo sin decir ni una sola palabra. Pero el coraje, la estaba matando. Esa era la razón por la que no podría asistir el domingo. Estaría en cama, recuperándose.
No nos corresponde a nosotros saber si cuando llegó la nuera a su casa, el hijo de Afligida la estaba esperando con un «Nunca jamás». O tal vez ,cuando llegó hizo la nota a un lado y ordenó una pizza. A lo mejor, se sentó en la cocina y comió a solas felizmente.
Lo que quiero decir es que si la suegra se inmiscuye ya sea directa o indirectamente, alguien saldrá herido. Y es que a veces la relación puede llegar a ser una guerra declarada con estrategias bien diseñadas, golpes bajos y ataques quirúrgicos al lugar donde mas duela o tan solo, el va y ven de la guerra fría.
La Escritura nos presenta a una suegra que pasa la mayor parte del tiempo dando instrucciones a su nuera.
En el octavo libro de la Biblia encontramos la historia de Ruth y Noemí. ¿O debería escribir, de Noemí y Ruth?. Al comienzo del relato Noemí – la suegra-ha pasado por la tragedia de perder a su esposo y a sus dos únicos hijos. Un hecho sin duda traumático para cualquier mujer. Solo han quedado con ella Orfa y Ruth, sus dos nueras. Ninguna de las dos tuvieron hijos. Lo cual convierte a Noemí en una suegra viuda, sin hijos y sin nietos. Lo mas lógico hubiera sido que las dos nueras desearan regresar con sus familias respectivas después del fallecimiento de sus esposos pues nada les ataba ya a Noemí. Sorprendentemente, ninguna de las dos desea abandonar a su suegra. Ante la insistencia de Noemí por disuadirlas, Orfa se va pero Ruth le ruega que no le pida mas que regrese con sus padres. Desea seguirla a cualquier lugar. Desea vivir con ella para siempre y adorar a su Dios.
¿Qué vió Ruth en su suegra para querer quedarse con ella y mas tarde obedecerla en todo? Existe una manera de saberlo por el comportamiento que Noemí mostró durante el relato.
Echó mano de su experiencia para bien. Recuerdo haberle preguntado un día a mi abuelita sobre sus inicios en la cocina. Con entusiasmo me contó la historia de como aprendió compartiendome también algunos momentos chuscos y peripecias que pasó durante ese tiempo. Por primera vez, ví a mi abuelita como una jovencita tratando de cocinar para su esposo. No muy distinto a lo que pasó mi mamá y por supuesto, a lo que pasé yo. Los especialistas en la materia coinciden en que las suegras siempre estarán en ventaja ante sus nueras simple y sencillamente por la experiencia que les ha dado la vida. Tristemente, algunas usan esa experiencia para ocasionar problemas en lugar de ayudar, para criticar en lugar de animar. Ese no fue el caso de Noemí. Pues usó su experiencia -que puesta en las manos de Dios-lograron lo imposible. En la historia leemos que en todo momento aconseja a Ruth con tal cuidado como si fuera su hija. Lo que más desea es el bien de Ruth.
No trató de manipularla. Ya sea en películas o programas de televisión la representación de una suegra que se enferma cuando no se hace lo que ella quiere, es muy cómica. Los acontecimientos trágicos por los que pasó Noemí hubieran sido un buen pretexto para manipular a Ruth. Sin embargo, Noemí se levanta de la incertidumbre de la viudez y de la amargura para enfocarse en alcanzar el bienestar de ambas y no para hacer miserable la vida de Ruth. En un principio, Noemí les pide a sus nueras que la dejen porque sabe que Dios cuidará de ella aun cuando no logra comprender en su totalidad porqué le ha ocurrido esta desgracia.
Noemí le mostró la bondad del Dios verdadero. Ruth era originaria de Moab y el dios de los moabitas era Quemos. Esto pudo haber sido una muy buena razón para que existieran enfrentamientos entre ellas. Imagino a Noemí preocupada por que sus hijos se volvieran al dios de ellas como tal vez otros muchachos hebreos que se casaron con moabitas lo hicieron. Sin embargo, la bondad y el ejemplo de Noemi pudo dejar una huella indeleble en el corazón de sus hijos que alcanzó a sus nueras. Antes y durante la adversidad, Noemí mostró que Dios era bueno, amable y misericordioso para con los afligidos y de esta manera logró ganar a Ruth para Dios. No la forzó, no le impuso sus ideas. Solo le mostró amor. En respuesta a tanto cariño Ruth nos obsequia la insuperable confesión de amor dicha por una nuera a su suegra.
La felicidad de Ruth la hace dichosa. Esperar que la vida de los hijos casados sea una copia fiel de nuestro matrimonio y de nuestra forma de vida en general, es una ilusión.Ser una madre amorosa es amar a los hijos y a lo mas querido para ellos a pesar de la separación -incluso de la separación por causa de muerte- descansando en todo momento en la fidelidad de Dios que siempre nos traerá bendición y paz.El gran amor que Noemí tuvo por sus hijos logró que Booz- un pariente lejano- redimiera a Ruth como era la costumbre y procreara una descendencia en la que incluye al rey David, de cuya casa y linaje nació Cristo, el Redentor. Al final, Dios recompensa la piedad de Noemí y la obediencia de Ruth.
La historia de Noemí nos ofrece entonces un concepto distinto acerca de una suegra que traspasa los límites. Ella aparece desde la primer línea(1:1) hasta el final de la historia (4:17). La vida de Ruth es contada a través de los ojos de Noemí y aunque el libro lleva por nombre Ruth, lo cierto es que sin una Noemí, no hay una Ruth. No obstante, al terminar de leer la historia no podemos separar a una de la otra pues Ruth ha sido un ejemplo de bondad y Noemí el de una suegra que ha puesto su esperanza en Dios a pesar de las circunstancias.
Noemí significa «Dios es Dulce». Eso fue lo que en resumidas cuentas vió Ruth en su suegra Noemí.
«¡Cuán dulce son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca.»
Les comparto los pensamientos que me hubieran gustado escribir, para éste día de las madres.
Hay un tiempo para anticipar la llegada del bebé, un tiempo para consultar al médico; Un tiempo para hacer dieta y ejercicios, y un tiempo para preparar el ajuar. Hay un tiempo de maravillarse en los caminos de Dios, sabiendo que éste es el destino para el cual fui preparada. Un tiempo para soñar lo que será este niño cuando crezca, un tiempo para pedirle a Dios que me enseñe a criar al hijo que llevo en mis entrañas. Un tiempo para preparar mi alma para alimentar la suya. Pues muy pronto llega el día en que nacerá.
Porque los hijos no esperan.
Hay un tiempo para alimentarlo durante la noche, para cólicos y biberones. Hay un tiempo para mecerlo y un tiempo para pasearlo por la habitación. Un tiempo para ejercer la paciendia y la abnegación, un tiempo para mostrarle que su nuevo mundo es un mundo de amor, de bondad y de dependencia.
Hay un tiempo para maravillarme de lo que él es, ni mascota, ni juguete, sino una persona, un individuo, un ser creado a la imagen de Dios.
Hay un tiempo para reflexionar acerca de mi mayordomía. Para saber que no puedo poseerlo. Que no es mío;que he sido elegida para cuidar de él, edificarlo y responder ante Dios por él. He resuelto hacer lo máximo a mi alcance,
Porque los hijos no esperan.
Hay un tiempo para tenerlo entre mis brazos y contarle la historia más hermosa que jamás haya oído. Un tiempo para mostrarle a Dios en la tierra, en el cielo y en la flor, y enseñarle a maravillarse y sentir asombro. Hay un tiempo para dejar a un lado los platos sucios y llevarlo al parque a columpiarse. De correr con él una carrera, hacerle un dibujo, atrapar una mariposa y darle compañerismo lleno de alegría. Hay un tiempo para enseñarle a orar con sus labios de niño, enseñarle a amar la Palabra de Dios,
Porque los hijos no esperan.
Hay un tiempo para cantar en vez de renegar, sonreír en vez de fruncir el ceño, de secar lágrimas y reírse de los platos rotos. Un tiempo para compartir con él mis mejores actitudes, mi amor por la vida, mi amor por Dios, mi amor por los míos. Hay un tiempo para contestar a sus preguntas, a todas sus preguntas, porque quizá vendrá el momento en que no querrá escuchar mis respuestas. Hay un tiempo para enseñarle muy pacientemente a obedecer, a poner en su lugar los juguetes. Hay un tiempo para mostrarle lo hermoso del deber cumplido, de adquirir el hábito de leer la Biblia, de gozarse en la comunión y adoración en medio de los suyos. De conocer la paz que viene por la oración.
Porque los hijos no esperan.
Hay un tiempo para verlo partir valientemente a la escuela, y de extrañar su manera de estar siempre alrededor mío. De saber que hay otros que atraen su interés, pero de saber que estaré allí para responder a su llamado cuando vuelva de la escuela. De escuchar con interés sus descripciones de lo ancontecido en el día. Hay un tiempo para enseñarle a ser independiente, a tener responsabilidad, autodisciplina, de ser firme pero afectuosa, de saber disciplinarlo con amor. Porque pronto llegará el momento de dejarlo partir y de soltar los lazos que lo sujetan a mi falda.
Porque los hijos no esperan.
Hay un tiempo para atesorar cada instante fugaz de su niñez, sólo dieciocho preciosos años para inspirarlo y prepararlo. No voy a cambiar este derecho natural por ese «plato de lentejas» llamado posición social, o reputación profesional, o por un cheque de sueldo. Una hora de dedicación hoy, podrá salvar años de dolor mañana.
La casa puede esperar, los platos pueden esperar, la pieza nueva puede esperar,
Pero los hijos no esperan.
Llegará el momento en que ya no habrá más puertas que golpean, ni juguetes en la escalera, ni peleas entre ellos, ni marcas en las paredes. Entonces podré mirar atrás con gozo y no con pesar. Será el tiempo de concentrarme en un servicio fuera de mi hogar. De visitar a los enfermos, a los que han perdido a sus seres queridos, a los desanimados, a los que no tienen instrucción. Para entonces dar mis servicios a «los más pequeñitos». Habrá un tiempo para mirar atrás y saber que estos años de ser madre no se desperdiciaron.
Pido a Dios que llegue el momento en que pueda ver a mi hijo hecho un hombre íntegro y recto, amando a Dios y sirviendo a los demás.
Dios mio, dame la sabiduría para saber que hoy es el día de mis hijos. No existen los momentos de poca importancia en sus vidas. Que sepa comprender que no hay carrera mejor, no trabajo más remunerador, ni tarea más urgente.
Que yo no postergue ni descuide esta labor, que pueda aceptarla con gozo, y que con la ayuda del Espíritu, y por la gracia , me dé cuenta que el tiempo es breve, y que mi tiempo es hoy, porque los hijos no esperan.
En el día mas oscuro de la humanidad, nuestro amado Salvador colgado en un madero, sintió sed.
¿Quién podría haber imaginado que aquel bebé nacido en Belén terminara de esa manera? Crucificado por hombres pecadores que quisieron callar la voz que les hablaba a lo mas oculto de sus almas y que ponía – según ellos- en peligro su prestigio, sus posesiones, su influencia…Lo crucificaron y se pararon frente a la cruz para verle morir. Algunos mas, ignoraban el hecho y se preparaban para guardar el sábado.
Juan, el discípulo amado nos ofrece -en un pasaje solemne y sublime- el momento en el que el Redentor muestra su humanidad al exclamar en la cruz «Tengo sed.» (Jn 19:28) Los expertos nos dicen que la sed que Jesús sintió la produjo la pérdida de sangre, la fiebre, el sudor y la angustia que sufrió. A Juan, no parece extrañarle que Jesús tuviera sed, sino mas bien que lo dijera; por eso, lo escribe y nos regala con ello esperanza para nuestras aflicciones. Recordemos que Juan nos presenta a Jesús como el Hijo de Dios, «…y para que creyendo en El, tengáis vida en su nombre» (Jn.20:31). Lo que nos lleva a pensar que Jesús nos comprende cuando el trabajo arduo y la enfermedad mortal nos producen sed. De igual manera, cuando la sed de ser amados y comprendidos nos agobia. En éste pasaje, como en muchos otros, encontramos a Dios y al hombre tocándose física y literalmente en Cristo.
¡Oh! ¡Si tan sólo pudiera estar frente a esa cruz como lo estuvo Juan! ¡Trataría de mitigar su sed causada por tanta sangre derramada por mi culpa! Hoy, me presento ante su cruz para rendirme entera ante sus pies; para entregar mi vida a su servicio, como El entregó su vida por mí; para rogar ponga en mí su sed por los perdidos hasta llegar al punto de no poder mas y así, abandonarme ante la voluntad del Padre, como El lo hizo.
Tristemente, el mundo de hoy sigue crucificándole y se detiene un segundo frente a la cruz sólo para verle morir. En dias tan sagrados como lo son éstos, se espera que muera pronto para poder pensar en balnearios, en fiestas, en descanso…Ante su sed, se le ofrece la hiel de la superficialidad, de la apatía, del pecado y de la impiedad.
La buena nueva es que Jesús murió, pero también resucitó. Y se le puede encontrar hoy incluso en los lugares menos inesperados. Solo tienes que pedirle abra tus ojos para poder verle cerca de ti. Yo le he visto entrar en la cocina. Sediento. Con sed de justicia por los menospreciados, sed de amor por los olvidados y con sed de perdón para cada uno de nosotros. También, con sed de escuchar mis oraciones, mis cantos, mis versos y mi risa. Como bien lo expresara la Madre Teresa, «Una sed de amar y ser amado por el hombre, una sed de despertar la sed del hombre por Dios, un ansia por salvar la humanidad y a las almas a través de su amor extremo..»
Ojalá que puedas tú también ver a Jesús en la cocina. Sediento de ti; y así, le pidas cambiar tu ser en agua, para que El pueda beberte y tenerte para siempre en su ser.
«…Y el que tenga sed, venga; y el que quiera tome del agua de la vida gratuitamente.» Apocalipsis 22:17b
¿Te ha sucedido? Fui al supermercado a comprar un ingrediente que me faltaba, pero en lugar de adquirirlo, salí de la tienda con un par de almohadas y un florero. ¿Cómo fue posible? La culpa no fue mía, sino de Walmart. Con cada paso que dí en su interior me dijo que si compraba con ellos «Ahorraría dinero y viviría mejor». Bueno, no me dijo que comprara las almohadas en lugar de la mejorana…pero ya emocionada, ¿Qué podía hacer?
Los que estudian el comportamiento de los consumidores me dicen que pasé a formar parte del 47% de los compradores por impulso, y me consuelan diciéndome que entre el 60 y 70% de las compras que comunmente hago, no son planeadas. A esto, tengo que agregar el haber sobrepasado los 18 minutos reglamentarios en la tienda y por haberme detenido a ver las ofertas de pasillo.
No logré darme cuenta que en su esfuerzo por motivarme a comprar más, Walmart ubicó los productos en la tienda de tal forma que tenga que recorrerla toda. Por ejemplo, los productos de primera necesidad, de consumo frecuente o las llamadas categorías «destino» como la leche, se ubican siempre al fondo de la tienda para que las inocentes consumidoras como yo podamos ser tentadas con otros productos que no pensábamos comprar.
La atmósfera que respiré en la tienda también influyó en mis compras. Rótulos y anuncios suplicantes me acompañaron en todo momento; la suave música, me relajó; el personal capacitado, me sonrió y los amplios pasillos me invitaron a soñar que era yo la protagonista de «Castillos de hielo». Y así, con movimientos graciosos, comprobé un tráfico fluido entre un pasillo y otro. Por si fuera poco, esta comprobado que si soy tratada con amabilidad y se me ayuda a encontrar lo que busco, compraré más.
Puedo decir que fuí una clienta satisfecha ya que Walmart me demostró su interés en reducir mi tiempo de espera en la fila, ayudándome a concluir rápidamente el proceso de compra. Salí de la tienda convencida que tardé menos solo por haber pagado rápido. Todo esto fue lo que contribuyó para que mi experiencia de compra fuera inolvidable….y el regaño de mi esposo, también.
Lo que realmente atrae a una compradora o ama de casa, son sin duda, los precios bajos. Ya lo decía mi abuela: «El ahorro de un hogar, esta en la cocina». Ahora que si puedes encontrar precios bajos, calidad y excelente atensión, ¡Que mejor!
En Isaías 55:1-5 encontramos el supermercado que te hará guardar tu alma y vivir abundantemente.
«A todos los sedientos: venid a las aguas;
y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed.
Venid, comprad sin dinero y sin precio
vino y leche».
El CEO o Director Ejecutivo, es Dios mismo y ha decidido lanzar una oferta permanente y sin precedente. Siempre me ha enternecido la imagen de Jesus llamando a la puerta. Pero esta idea de Dios en un supermercado o mejor aún, en un puesto de frutas y verduras llamando a todo el que pasa a venir y comprar de El, me cautiva.
Nos ofrece una paradoja, una idea opuesta a lo que el público o la opinión general espera «Vengan y compren sin dinero, porque los productos no tienen precio…». Este eslogan reúne las cualidades que toda buena propaganda debe tener: Nos transmite el propósito de su proyecto divino en pocas palabras y nos ofrece beneficios prometiéndonos que la búsqueda de Dios no será en vano. Es original e impactante y llama a todos los sedientos y necesitados. Nos invita a venir y a comprar sin trucos, sin engaños.
Para que la oferta sea efectiva existe una condición: Venir ante El con humildad para poder comprar sin dinero sus productos y de este modo, reconocer que de no ser por la oferta, no los podríamos adquirir. Por su parte, El nos ofrece las mismas garantías como si los hubiésemos comprado. En otras palabras, su perdón es total; jamás se volverá a acordar de nuestros pecados y nos hará hijos suyos como si nada hubiese pasado.
El departamento de atención al cliente no tiene competidor, pues ha dado instrucciones a su Santo Espíritu para guiarnos en todos nuestros caminos hasta encontrar lo que buscamos. Se mantiene abierto las 24 horas del día y durante todo el año. Cada domingo anuncia ofertas especiales. Los productos estan al alcance de nuestras manos debido a su gracia salvadora y nos presenta solo productos genuinos: Agua, para los sedientos de amor y comprensión; leche, para ser fortalecidos diariamente y para crecer saludables; vino, para tener gozo y alegría. Nos promete apagar la sed y darnos las fuerzas necesarias para cuando sintamos que ya no podemos continuar; sabiduría, para tomar la decisión correcta y bendición para tí y los tuyos. Todo, bajo un mismo techo.
El SeñorJesús hizo la misma invitación al ver los problemas por los que la gente de aquel tiempo atravesaba. También a ellos les costaba trabajo obtener el dinero suficiente para alimentar a sus familias. Habían muchos pobres y necesitados de cuidados y al igual que nosotros, estaban agobiados además por el cobro excesivo de impuestos. Jesús les dijo: » Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia».
Me hace descansar el saber que Dios esta al tanto de nuestras compras y de cuando el dinero no alcanza. Pedir su ayuda al ir al supermercado , es además un buen consejo o «Tip» de compra que debemos practicar.
Siempre recordaré a una familia que conocí hace ya varios años. Eran muy sencillos y salian cada día a buscar literalmente que comer; sin embargo, puedo testificar que en su casa había carencias, pero no miseria. Había gozo y gratitud a Dios por lo que se había logrado conseguir durante el dia. Habían sonrisas y calor de hogar en la mesa.Ahora sé la razón. Ellos compraron su sustento en el supermercado de Dios pues aceptar su oferta no significa que tendremos el refrigerador o la alacena llena de comida; es ahorrar en amargura y desesperanza; son «Las misericordias firmes de David».
Como expertas cocineras (os) sabemos de sobra que de acuerdo a los alimentos que elijamos, estaremos alimentando bien o no a nuestra familia. «Somos lo que comemos» , dice una frase popular y en nuestras manos esta el adquirir productos de calidad. De igual manera Su palabra nos aconseja no gastar nuestro dinero en comida espiritual chatarra, en lo que no es pan y en lo que no sacia. El enemigo del alma siempre dira tener «A-Precio» por tí y por mí, pero si escuchamos su oferta mentirosa, terminaremos pagando mas de lo que planeabamos gastar.
Los que saben dicen que el proceso de compra consiste en tres simples pasos que son como el ABC. La Apertura, cuando el vendedor nos contacta; los Beneficios o razones por las cuales debemos adquirir el producto; y el Cierre o decisión final. Dios ha tomado la iniciativa y te invita a realizar una compra inolvidable ofreciendote sus productos verdaderos y eternos. La decisión final, es tuya.
«…El que tenga sed, venga; y el que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida».