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Requisitos para servir la mesa.

octubre 24, 2011

A todas las prófugas de la cocina nos encanta que nos inviten a comer cuando ya es tarde  y nuestra cocina todavía luce tan desolada y vacía cual ropero de Tarzán.

A algunas de nosotras no nos importa tanto el lugar y lo que habremos de comer. Con tal de no cocinar….lo que nos sirvan y como nos lo sirvan, es bueno. En cambio, para otras,  ademas de que nos agrada que sea un buen lugar y que la comida este sabrosa, pedimos  se nos trate con la amabilidad y gentileza a la que estamos acostumbradas.  La actitud del mesero  o mesera que nos atenderá será entonces importante: Que nos atienda con cortesía, que no hable demasiado, que este al pendiente, que nos sonría, que nos ofrezca la especialidad de la casa y que no nos apresure con la cuenta.

Esta situación ideal  tiene una variante cuando se trata del domingo, ya que de vez en cuando la iglesia organiza una comida.  Podrás disfrutar la ocasión,  o te causará un dolor de cabeza   sobre todo si  te toca cocinar debido a que otras prófugas ya se te adelantaron con los platos desechables, las bebidas y el pan. Desde el momento  que te das cuenta que no tienes otra salida, comienzas a elaborar algunas  ideas creativas como: » ¿..Y si compro unos pollos rostizados?» o  » ¿…Y si encargo unos tamales?» .  Mientras tanto,  imaginas a las que si les gusta cocinar elevar sus apuestas augurando tu cruel fracaso.  ¡Si lo sabre yo!

Peor aun es darse cuenta de cuantos conflictos rodean una simple comida en la iglesia. Comentarios como «Así no se sirve ese platillo» , » ¿Por qué sirvieron tan poquito?» y » Ustedes solo vienen cuando hay comida»  tienen el potencial de desatar la madre de todos los conflictos en la iglesia. ¿Cuantas damas  no regresaron jamas  porque nadie probó lo que cocinaron? y ¿Cuantas familias se sintieron menospreciadas porque tardaron en servirles de comer?

Todo, por querer convivir como lo hiciera la iglesia primitiva.

Sorprendentemente, uno de los primeros problemas de la iglesia en sus inicios tuvo que ver también con la comida. (Hechos 6: 1-7 )

Es interesante notar cómo el escritor a libro de los hechos no nos esconde nada y nos presenta a la iglesia tal y cual fue  en su desarrollo. ¿Te sorprende? A veces pensamos que cuando surgen problemas en la iglesia es porque estamos en la congregación equivocada. Sin embargo, la escritura nos muestra que la iglesia no es perfecta,  simple y sencillamente porque las personas que formamos parte de ella, no lo somos.

El pasaje nos dice que la iglesia contaba entonces con un programa alimenticio que tenía como objetivo llevar a la práctica  las enseñanzas  de Jesús. Algunos comentaristas  nos sugieren que era tan solo un banco de comida y no precisamente un comedor en donde las viudas- que se contaban entre las personas mas desamparadas-  iban a recoger su dotación diaria.  Para el tiempo en el que ocurre este relato la iglesia ha crecido a tal grado que los problemas comenzaron a surgir.  Leemos  que las viudas griegas se inconformaron porque a su parecer la distribución estaba siendo desigual: Los griegos se sentían menospreciados por los hebreos. El problema  llegó a oídos de los apóstoles cuando ya las murmuraciones estaban en su punto máximo. Entonces, había que actuar rápido. No se trataba de  un problema doctrinal o teológico. Era un problema de discriminación y un asunto práctico que necesitaba una solución de igual manera.

Ante tales circunstancias, los apóstoles convocaron a los discípulos y les pidieron  se  nombrara una comisión de siete varones  de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría para llevar adelante tal empresa. No esta  claro si este acto fue realmente el origen del diaconado o tan solo una manera de solucionar la situación de forma inmediata. Su tarea les permitiría a los primeros apóstoles enfocarse en la predicación y la enseñanza.

Los creyentes escogieron sabiamente a siete griegos llenos del Espíritu Santo y con suficiente amor y tacto para servir a las viudas griegas. Entre los siete nombrados se encontraba Esteban, el primer mártir de la fe y Felipe, quien fuera predicador y evangelista después de la muerte de Esteban. No eran hombres llenos de dones espectaculares, eran personas dotadas espiritualmente. De esta manera, los diáconos se dedicaron desde entonces a ministrar a los necesitados.

La palabra «Diácono», (Diakonos) se traduce básicamente como un servidor o camarero y a menudo se refiere a la persona que sirve a la mesa. Interesante, ¿No? Me maravilla descubrir que a las primeras personas a quienes se les impusieron las manos en la iglesia fuera para desarrollar un servicio cotidiano como lo es servir una mesa y no para predicar.

Gracias a Dios por los que predican, los que dan clases, los que cantan en el grupo o son miembros de alguna junta. Todas los ministerios que ofrece la iglesia son importantes cuando se hacen en el nombre de Jesús. Pero ministrar es lo que hacemos por y para Cristo en otros y a cada momento en nuestra vida. Entonces, no son solo los mega- programas de la iglesia  los que cuentan, también lo es cuando servimos la mesa dentro y fuera de la iglesia.

Recuerdo el testimonio de Silverio. Un ex-convicto que contaba con lágrimas cómo una mesa adornada para celebrar su cumpleaños en la cárcel, le devolvió la fe en Dios.  De igual manera,  los comensales buscaran también algo de ti en tu mesa. El cansado, la amenidad de tu conversación; el pobre, tu alimento; el triste, tu consuelo;el débil, un estímulo y el que lucha, una ayuda moral. Me pregunto cómo se sentirían las viudas necesitadas. Imagino que no era solamente un «Aquí esta su dotación señora» debía de haber en ello además ternura y amor. De esta manera la iglesia cumplió su propósito de ir por todo el mundo llevando el evangelio de Cristo y se convirtió en un anticipo del Reino.

Que rápido surgen los problemas en la iglesia y que rápido se encuentra la solución donde reina un verdadero interés por agradar a Dios. En este sentido la iglesia primitiva es una iglesia modelo. Porque ante los conflictos pudo resolverlos de una manera sabia gracias a la intervención del Espíritu Santo y a personas que cumplían con los requisitos para servir en las mesas.

«Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve.»

                                                                                                                                    -Jesús.

                                                                                                                                      (Lucas22:27)

Los hijos no esperan.

mayo 7, 2011

Les comparto los pensamientos que me hubieran gustado escribir, para éste día de las madres.

Hay un tiempo para anticipar la llegada del bebé, un tiempo para consultar al médico; Un tiempo para hacer dieta y ejercicios, y un tiempo para preparar el ajuar. Hay un tiempo de maravillarse en los caminos de Dios, sabiendo que éste es el destino para el cual fui preparada. Un tiempo para soñar lo que será este niño cuando crezca, un tiempo para pedirle a Dios que me enseñe a criar al hijo que llevo en mis entrañas. Un tiempo para preparar mi alma para alimentar la suya. Pues muy pronto llega el día en que nacerá.

Porque los hijos no esperan.

Hay un tiempo para alimentarlo durante la noche, para cólicos y biberones. Hay un tiempo para mecerlo y un tiempo para pasearlo por la habitación. Un tiempo para ejercer la paciendia y la abnegación, un tiempo para mostrarle que su nuevo mundo es un mundo de amor, de bondad y de dependencia.

Hay un tiempo para maravillarme de lo que él es, ni mascota, ni juguete, sino una persona, un individuo, un ser creado a la imagen de Dios.

Hay un tiempo para reflexionar acerca de mi mayordomía. Para saber que no puedo poseerlo. Que no es mío;que he sido elegida para cuidar de él, edificarlo y responder ante Dios por él. He resuelto hacer lo máximo a mi alcance, 

Porque los hijos no esperan.

Hay un tiempo para tenerlo entre mis brazos y contarle la historia más hermosa que jamás haya oído. Un tiempo para mostrarle a Dios en la tierra, en el cielo y en la flor, y enseñarle a maravillarse y sentir asombro. Hay un tiempo para dejar a un lado los platos sucios y llevarlo al parque a columpiarse. De correr con él una carrera, hacerle un dibujo, atrapar una mariposa y darle compañerismo lleno de alegría. Hay un tiempo para enseñarle a orar con sus labios de niño, enseñarle a amar la Palabra de Dios,

Porque los hijos no esperan.

Hay un tiempo para cantar en vez de renegar, sonreír en vez de fruncir el ceño, de secar lágrimas y reírse de los platos rotos. Un tiempo para compartir con él mis mejores actitudes, mi amor por la vida, mi amor por Dios, mi amor por los míos. Hay un tiempo para contestar a sus preguntas, a todas sus preguntas, porque quizá vendrá el momento en que no querrá escuchar mis respuestas. Hay un tiempo para enseñarle muy pacientemente a obedecer, a poner en su lugar los juguetes. Hay un tiempo para mostrarle lo hermoso del deber cumplido, de adquirir el hábito de leer la Biblia, de gozarse en la comunión y adoración en medio de los suyos. De conocer la paz que viene por la oración. 

Porque los hijos no esperan.

Hay un tiempo para verlo partir valientemente a la escuela, y de extrañar su manera de estar siempre alrededor mío. De saber que hay otros que atraen su interés, pero de saber que estaré allí para responder a su llamado cuando vuelva de la escuela. De escuchar con interés sus descripciones de lo ancontecido en el día. Hay un tiempo para enseñarle a ser independiente, a tener responsabilidad, autodisciplina, de ser firme pero afectuosa, de saber disciplinarlo con amor. Porque pronto llegará el momento de dejarlo partir y de soltar los lazos que lo sujetan a mi falda.

Porque los hijos no esperan.

Hay un tiempo para atesorar cada instante fugaz de su niñez, sólo dieciocho preciosos años para inspirarlo y prepararlo. No voy a cambiar este derecho natural por ese «plato de lentejas» llamado posición social, o reputación profesional, o por un cheque de sueldo. Una hora de dedicación hoy, podrá salvar años de dolor mañana. 

La casa puede esperar, los platos pueden esperar, la pieza nueva puede esperar, 

Pero los hijos no esperan.

Llegará el momento en que ya no habrá más puertas que golpean, ni juguetes en la escalera, ni peleas entre ellos, ni marcas en las paredes. Entonces podré mirar atrás con gozo y no con pesar. Será el tiempo de concentrarme en un servicio fuera de mi hogar. De visitar a los enfermos, a los que han perdido a sus seres queridos, a los desanimados, a los que no tienen instrucción. Para entonces dar mis servicios a «los más pequeñitos». Habrá un tiempo para mirar atrás y saber que estos años de ser madre no se desperdiciaron. 

Pido a Dios que llegue el momento en que pueda ver a mi hijo hecho un hombre íntegro y recto, amando a Dios y sirviendo a los demás. 

Dios mio, dame la sabiduría para saber que hoy es el día de mis hijos. No existen los momentos de poca importancia en sus vidas. Que sepa comprender que no hay carrera mejor, no trabajo más remunerador, ni tarea más urgente.

Que yo no postergue ni descuide esta labor, que pueda aceptarla con gozo, y que con la ayuda del Espíritu, y por la gracia , me dé cuenta que el tiempo es breve, y que mi tiempo es hoy, porque los hijos no esperan.

–Helen M. Young.




Jesús tiene sed.

abril 17, 2011

En el día mas oscuro de la humanidad, nuestro amado Salvador colgado en un madero, sintió sed.

¿Quién podría haber imaginado que aquel bebé nacido en Belén terminara de esa manera? Crucificado por hombres pecadores que quisieron callar la voz que les hablaba a lo mas oculto de sus almas y que ponía  – según ellos- en peligro su prestigio, sus posesiones, su influencia…Lo crucificaron y se pararon frente a la cruz para verle morir. Algunos mas, ignoraban el hecho y se preparaban para guardar el sábado.

Juan, el discípulo amado nos ofrece  -en un pasaje solemne y sublime-  el momento en el que el Redentor  muestra su humanidad al exclamar en la cruz «Tengo sed.» (Jn 19:28) Los expertos nos dicen que la sed que Jesús sintió la produjo la pérdida de sangre, la fiebre, el sudor y la angustia que sufrió. A Juan, no parece extrañarle que Jesús tuviera sed, sino mas bien que lo dijera; por eso, lo escribe y nos regala con ello esperanza para nuestras aflicciones. Recordemos que Juan nos presenta a Jesús como el Hijo de Dios, «…y para que creyendo en El, tengáis vida en su nombre» (Jn.20:31). Lo que nos lleva a pensar que Jesús nos comprende cuando el trabajo arduo y la enfermedad mortal nos producen sed. De igual manera, cuando la sed de ser amados y comprendidos nos agobia.  En éste pasaje, como en muchos otros, encontramos a Dios y al hombre tocándose física y literalmente en Cristo.

¡Oh! ¡Si tan sólo pudiera estar frente a esa cruz como lo estuvo Juan! ¡Trataría de mitigar su sed causada por tanta sangre derramada por mi culpa! Hoy, me presento ante su cruz para rendirme entera ante sus pies; para entregar mi vida a su servicio, como El entregó  su vida por mí; para rogar ponga en mí su sed por los perdidos hasta llegar al punto de no poder mas y así, abandonarme ante la voluntad del Padre, como El lo hizo.

Tristemente, el mundo de hoy sigue crucificándole y se detiene un segundo frente a la cruz sólo para verle morir. En dias tan sagrados como lo son éstos, se espera que muera pronto para poder pensar en balnearios, en fiestas, en descanso…Ante su sed, se le ofrece la hiel de la superficialidad, de la apatía, del pecado y de la impiedad.

La buena nueva es que Jesús murió, pero también resucitó. Y se le puede encontrar hoy incluso en los lugares menos inesperados. Solo tienes que pedirle abra tus ojos para poder verle cerca de ti. Yo le he visto entrar en la cocina. Sediento. Con sed de justicia por los menospreciados, sed de amor por los olvidados y con sed de perdón para cada uno de nosotros. También, con sed de escuchar mis oraciones, mis cantos, mis versos y mi risa. Como bien lo expresara la Madre Teresa, «Una sed de amar y ser amado por el hombre, una sed de despertar la sed del hombre por Dios, un ansia por salvar la humanidad y a las almas a través de su amor extremo..»

Ojalá que puedas tú también ver a Jesús en la cocina. Sediento de ti; y así, le pidas cambiar tu ser en agua, para que El pueda beberte y tenerte para siempre en su ser.

«…Y el que tenga sed, venga; y el que quiera tome del agua de la vida gratuitamente.»  Apocalipsis 22:17b

La Espera.

marzo 28, 2011

Esperar a que hierva…

Esperar a que dore…

Esperar que se enfríe…

Esperar…esperar…

Esperar que acitrone…

Esperar que sazone…

Esperar que repose…

Esperar….esperar.

Esperar se disuelva…

Esperar que se cueza…

Y que la mesa esté puesta…

Esperar….esperar.

Un gran banquete se prepara en la cocina mas alta;

Platos de oro, vasos de cristal,

Mesa grande y sin igual.

El Cocinero compasivo, es Redentor y Fiel amigo,

Nos espera con anhelo,

para celebrar juntos en el cielo.

Esperad las señales…

Esperad su promesa…

Esperad…esperad…

¡Que Cristo pronto volverá!

Una compra inolvidable.

enero 27, 2011

¿Te ha sucedido? Fui al supermercado a comprar un ingrediente que me faltaba, pero en lugar de adquirirlo, salí de la tienda con un par de almohadas y un florero. ¿Cómo fue posible? La culpa no fue mía, sino de Walmart. Con cada paso que dí en su interior me dijo que si compraba con ellos «Ahorraría dinero  y viviría mejor». Bueno, no me dijo que comprara las almohadas en lugar de la mejorana…pero ya emocionada, ¿Qué podía hacer?

Los que estudian el comportamiento de los consumidores me dicen que pasé a formar parte del 47% de los compradores por impulso, y me consuelan diciéndome que entre el 60 y 70% de las compras que comunmente hago, no son planeadas. A esto, tengo que agregar el haber sobrepasado los 18 minutos reglamentarios en la tienda y por haberme detenido a ver las ofertas de pasillo.

No logré darme cuenta que en su esfuerzo por motivarme a comprar más, Walmart ubicó los productos en la tienda de tal forma que tenga que recorrerla toda. Por ejemplo, los productos de primera necesidad, de consumo frecuente o las llamadas categorías «destino» como la leche, se ubican siempre al fondo de la tienda para que las inocentes consumidoras como yo podamos ser tentadas con otros productos que no pensábamos comprar.

La atmósfera que respiré en la tienda también influyó en mis compras. Rótulos y anuncios suplicantes me acompañaron en todo momento; la suave música, me relajó; el personal capacitado, me sonrió y los amplios pasillos me invitaron a soñar que era yo la protagonista de «Castillos de hielo». Y así, con movimientos graciosos, comprobé un tráfico fluido entre un pasillo y otro. Por si fuera poco, esta comprobado que si soy tratada con amabilidad y se me ayuda a encontrar lo que busco, compraré más.

Puedo decir que fuí una clienta satisfecha ya que Walmart me demostró su interés en reducir mi tiempo de espera en la fila, ayudándome a concluir rápidamente el proceso de compra. Salí de la tienda convencida  que tardé menos solo por haber pagado rápido. Todo esto fue  lo que contribuyó para que mi experiencia de compra fuera inolvidable….y el regaño de mi esposo, también.

Lo que realmente atrae a una compradora o ama de casa, son sin duda, los precios bajos. Ya lo decía mi abuela: «El ahorro de un hogar, esta en la cocina». Ahora que si puedes encontrar precios bajos, calidad y excelente atensión, ¡Que mejor!

En Isaías 55:1-5 encontramos el supermercado que te hará guardar tu alma y vivir abundantemente.

«A todos los sedientos: venid a las aguas;

y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed.

Venid, comprad sin dinero y sin precio

vino y leche».

El CEO o Director Ejecutivo, es Dios mismo y ha decidido lanzar una oferta permanente y sin precedente. Siempre me ha enternecido la imagen de Jesus llamando a la puerta. Pero esta idea de Dios en un supermercado o mejor aún, en un puesto de frutas y verduras llamando a todo el que pasa a venir y comprar de El, me cautiva.

Nos ofrece una paradoja, una idea opuesta a lo que el público o la opinión general espera «Vengan y compren sin dinero, porque los productos no tienen precio…». Este eslogan reúne las cualidades que toda buena propaganda debe tener: Nos transmite el propósito de su proyecto divino en pocas palabras y  nos ofrece beneficios prometiéndonos que la búsqueda de Dios no será en vano. Es original e impactante y llama a todos los sedientos y necesitados. Nos invita a venir y a comprar sin trucos, sin engaños.

Para que la oferta sea efectiva existe una condición: Venir ante El con humildad para poder comprar sin dinero sus productos y de este modo, reconocer que de no ser por la oferta, no los  podríamos adquirir. Por su parte, El nos ofrece las mismas garantías como si los hubiésemos comprado. En otras palabras, su perdón es total; jamás se volverá a acordar de nuestros pecados y nos hará hijos suyos como si nada hubiese pasado.

El departamento de atención al cliente no tiene competidor, pues ha dado instrucciones a su Santo Espíritu para guiarnos en todos nuestros caminos hasta encontrar lo que buscamos. Se mantiene abierto las 24 horas del día y durante todo el año. Cada domingo anuncia ofertas especiales. Los productos estan al alcance de nuestras manos debido a su gracia salvadora y nos presenta solo productos genuinos: Agua, para los sedientos de amor y comprensión; leche, para ser fortalecidos diariamente y para crecer saludables; vino, para tener gozo y alegría. Nos promete apagar la sed y darnos las fuerzas necesarias para cuando sintamos que ya no podemos continuar; sabiduría, para tomar la decisión correcta y bendición para tí y los tuyos. Todo, bajo un mismo techo.

El SeñorJesús hizo la misma invitación al ver  los problemas por los que la gente de aquel tiempo atravesaba. También a ellos les costaba trabajo obtener el dinero suficiente para alimentar a sus familias. Habían muchos pobres y necesitados de cuidados y al igual que nosotros, estaban agobiados además por el cobro excesivo de impuestos. Jesús les dijo: » Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia».

Me hace descansar el saber que Dios esta al tanto  de  nuestras compras y de cuando el dinero no alcanza. Pedir su ayuda al ir al supermercado , es además un buen consejo o «Tip» de compra que debemos practicar.

Siempre recordaré a una familia que conocí hace ya varios años. Eran muy sencillos y salian cada día a buscar literalmente que comer; sin embargo, puedo testificar que en su casa había carencias, pero no miseria. Había gozo y gratitud a Dios por lo que se había logrado conseguir durante el dia. Habían sonrisas y calor de hogar en la mesa.Ahora sé la razón. Ellos compraron su sustento en el supermercado de Dios pues aceptar su oferta no significa que tendremos el refrigerador o la alacena llena de comida; es ahorrar en amargura y desesperanza; son «Las misericordias firmes de David».

Como expertas cocineras (os) sabemos de sobra que de acuerdo a los alimentos que elijamos, estaremos alimentando bien o no a nuestra familia. «Somos lo que comemos» , dice una frase popular y en nuestras manos esta el adquirir productos de calidad. De igual manera Su palabra nos aconseja no gastar nuestro dinero en comida espiritual chatarra, en lo que no es pan y en lo que no sacia. El enemigo del alma siempre dira tener «A-Precio» por tí y por mí,  pero si escuchamos su oferta mentirosa, terminaremos pagando mas de lo que planeabamos gastar.

Los que saben dicen que el proceso de compra consiste en tres simples pasos que son como el ABC. La Apertura, cuando el vendedor nos contacta; los Beneficios o razones por las cuales debemos adquirir el producto; y el Cierre o decisión final. Dios ha tomado la iniciativa y te invita a realizar una compra inolvidable ofreciendote sus productos verdaderos y eternos. La decisión final, es tuya.

«…El que tenga sed, venga; y el que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida».

Apocalipsis 22:17b NVI

Los Diez Mandamientos de la Prófuga de la Cocina.

diciembre 17, 2010
  1. No tendrás excusas simples para no cocinar este día.
  2. No te harás la enferma para no hacer de comer. Sugerirás un buen restaurante.
  3. No pronunciarás «Ya está la comida» en vano.
  4. Acuérdate que el domingo NO se cocina.    No cocinarás tú, ni tu esposo, ni tu hija, ni tu hijo, ni tu criada, ni tu nuera, ni tu suegra….bueno, ¡Ella si! Porque seis días has trabajado lavando platos y no los lavarás aunque tu suegra te insista.
  5. Honrarás las recetas de otra para que te invite a comer mas seguido.
  6. No matarás. Lo comprarás todo ya listo para cocinar.
  7. No adulterarás la receta. Si no tienes a la mano los ingredientes,  desiste. No inventes.
  8. No robarás las recetas. Invita a la dueña de la receta a prepararla en tu casa.
  9. No dirás que tú lo hiciste si todavia no le has quitado la envoltura y el precio.
  10. No codiciarás la vida de Letizia Ortis, princesa de Asturias. Ni su esposo, ni sus sirvientas, ni sus cocineras, ni su palacio, ni sus autos lujosos, ni sus joyas, ni sus vestidos, ni su dinero, ni su belleza, ni sus portadas en «Hola», ni nada parecido.

Si me permites…

diciembre 4, 2010

Quisiera compartir contigo algunos recuerdos mientras termino de decorar éste pastel de cumpleaños.

Sucedió hace algún tiempo. Mis padres nos despertaron esa mañana más temprano que de costumbre y nos insistieron en que debíamos apresurarnos para ser los primeros en llegar al templo pues se esperaba que los vientos soplaran fuerte y trajeran a los que no habían asistido en siglos, acompañados de los que iban solo en navidad y después de cada temblor. ¿La razón? La iglesia estaría celebrando ese domingo sus cincuenta años de vida y yo, mis primeros diez.

A pesar de que el estacionamiento de la iglesia estaba casi lleno, no nos fué difícil encontrar un espacio. Mi papá había comprado un automóvil compacto dos años atrás: un Renault 8 modelo 74 color pistache; el mismo año en el que el papá de mi amiga Carmencita compró su Volkswagen. Carmencita y yo nos hicimos amigas en la iglesia y teníamos muchas cosas en común. Nos conocimos en la clase de párvulos y aprendimos juntas a memorizar pasajes de la biblia. Cantabamos en el coro de los niños, dabamos un peso de ofrenda, nos quedabamos dormidas en la banca a la hora del sermón y a ambas, nos pellizcaba nuestra mamá para que nos sentáramos bien. Por si fuera poco, a las dos nos había correteado el mismo perro al salir del templo, nos había dado la viruela, odiabamos a nuestras hermanas y nos habíamos quedado chimuelas al mismo tiempo. Ese día no sería la excepción. Las dos lucíamos vestidos de fiesta con crinolina y caireles estilo Graciela Mauri y su Mundo de Juguete.

Cuando llegamos al templo notamos que a pesar de tener derecho de apartado, la banca en la que siempre nos sentábamos mi familia y yo estaba ocupada por la hermana María, quien como una gallina echada y con la sarta de hijos a su alrededor, se esponjaba a lo largo de ella. Mi mamá esbozó una tierna sonrisa provocando que a la hermana María no le quedara de otra que juntar a sus polluelos debajo de sus frondozas alas para darnos espacio. Una vez en mi asiento, comencé a admirar la decoración del templo que había llegado a niveles de lo imposible. Desde el centro del techo colgaba un aro de color dorado y del cual se desprendían unos listones que se unían con otros cuatro aros colocados en cada esquina del templo. Esa decoración, traslado mi imaginación  inmediatamente a las recién clausuradas olimpiadas de Montreal 1976. De repente, me imaginé con mi traje de gimnasta y con mi nuevo nombre: Sonia Comaneci.  El altar o reclinatorio se había transformado en barra de equilibro, y cuando se me dió la señal, salí corriendo por el pasillo principal para tomar impulso y ejecutar un magestuoso salto de púlpito con grado de dificultad. Después, vendría la eliminatoria de ejercicios de piso con la música de himnos conocidos. La ovación no se hizo esperar y ante la admiración de todos los presentes fuí la primera en obtener la calificación perfecta. Con música de ofertorio, ví como los ujieres entraban con paso armonioso trayendo en sus platillos las medallas de oro, plata y bronce. Cuando estaba a punto de recibir la medalla de oro, mi imaginación fue abruptamente interrumpida por el pastor quien mencionando mi verdadero nombre, me invitaba a pasar al frente junto con todos los demás que habían cumplido años para dar gracias a Dios.  Cada año, me acompañaba en el altar para orar por mí  «La chica  ye ye»  es decir, mi maestra de escuela dominical. Una rubia de cabellos lacios y alborotados que se había quedado estacionada en la moda de los sesentas y cuyo atuendo incluía botas altas y pestañas pixie.

Después de la oración, ví desde el altar como Carmencita se levantó de su asiento y caminó rumbo al baño haciendome con un guiño la batiseñal. Eso significaba que yo debía contar hasta diez y luego pedir permiso a mi mamá para ir al baño -situación nada rara- ya que es completamente normal que las niñas vayan setecientas veces al baño durante el sermón. Mi madre me otorgó el permiso murmurando un gentil » ¡Pobre de tí donde no regreses!». Cuando llegué al baño no encontré a Carmencita. Eso podía deberse solamente a que «El pingüino» es decir, el capitan de los ujieres, estaba de guardia. Entonces, debía actuar rápido y dirigirme directamente hacia la baticueva.

La Baticueva estaba rodeada de floreros. Entre ellos se encontraba escondida y esperandome Carmencita ya que para ingresar era necesario hacerlo entre dos. Debíamos levantar un tapete y luego una tabla que descubría unos escalones que al descender por ellos te conducían al interior de la oscura baticueva. Después de unos segundos, la visión se aclaraba ayudada por unos mosaicos transparentes que la rodeaban y que tragaban la luz. Caminabamos siempre hasta el extremo de la baticueva en donde se encontraban otros escalones y la salida de emergencia. Era ahí donde Carmencita y yo jugabamos, modelabamos vestidos, realizabamos hazañas y compartiamos cuitas. Cuando crecí supe que la baticueva no era otra cosa más que el bautisterio de la capilla de los jóvenes.

Escuchamos las voces de un grupo de ujieres ( o secuaces del pingüino) que acarreaban mesas y sillas para colocarlas en el salón contiguo en donde se realizaría la celebración. Sin querer, les oímos decir que se ofrecería pastel…de chocolate…con fresas y nueces. Cuando las voces se alejaron Carmencita y yo decidimos salir de nuestro escondite pues la curiosidad nos estaba poniendo sumamente nerviosas. Si queríamos admirar el pastel debíamos de actuar contra relog ya que la oración final había comenzado y los convidados arribarían pronto.  Caminamos a paso veloz hasta encontrarnos frente a frente con el pastel.  Era de seis pisos, enorme y tentador. Nadie estaba ahí, solo nosotras y nadie nos había visto entrar. Por un instante, escuché la voz de mi mamá en mi mente preguntar:» ¿Dónde estás?», pero callé su voz pensando: «¡Nunca lo sabrás!».

Debido a que Carmencita y yo poseíamos el super poder de leernos la mente, alistamos al mismo tiempo el dedo índice para darle una probadita ya que para ese momento las dos chorreabamos baba. El problema era en dónde debíamos aplicar el dedazo para que no se notara. Recorrimos el pastel con la mirada buscando la posibilidad de que el pastelero hubiera cometido un error y asi poder en todo caso, emparejarlo. Una fresa o una nuez mal colocada, seria un buen prospecto. Pero no se podía. El pastel estaba perfectamente elaborado y si lo hubiésemos tocado se habría notado. Los congregantes comenzaron a llegar al salón y Carmencita y yo tuvimos que bajar la mirada simulando que buscabamos algo que se nos había perdido.

El pingüino interceptó a mi ya de por sí enfurecida mamá, para ofrecerle un informe de mis actividades turístico-eclesiales y cuando ella se disponía a pedirme cuentas, mi maestra de escuela dominical salió al rescate al tomarme de la mano y llevarme  hacia su automóvil para darme un regalo de cumpleaños que ayudó a olvidar mas tarde, las intenciones de mi madre.

Lo cierto es que la iglesia ha sido testigo de mis travesuras y sueños. Me ha visto correr, orar, cantar, testificar y hacer amigos. Ella, me ha aceptado, perdonado, amado, sanado y alentado cuando mas lo necesitaba.

No, no fue esa la única vez que «la chica ye ye» me salvo. Lo hizo varias veces. Al orar por mí cada domingo en las clases y al enseñarme a bendecir a Dios con mis labios de niña. Después vendrían mis maestros de adolescentes y jóvenes. Luego, los mismos  jóvenes que me inspiraron a buscar a Dios con mas ahínco y quienes con su ejemplo me mostraron que si se podía vivir la vida cristiana. En cada pastor y mas tarde en los profesores del Seminario, ví la pasión, la entrega y el compromiso por servir a Dios. Hoy la iglesia me sigue enseñando a poner en práctica los dones que el Señor me ha dado, a amar a los perdidos, a ser compasiva, a dar sacrificialmente y a ser agradecida.

He crecido en la iglesia y gracias a ella.

Mis ilusiones y sueños en las bancas de mi iglesia actual son de una iglesia fuerte, entusiasta y comprometida. Que predica la palabra con honestidad y que obedece el mandato de ir y hacer discípulos a todas las naciones. Imagino a los niños de hoy siendo los líderes de mañana y a los jóvenes siendo columnas del templo de Dios. Sueño con familias completas viniendo a los pies de Cristo gracias al buen ejemplo de padres y  abuelos. Tambien, ruego a Dios por una iglesia que guíe a mis hijos y a sus familias aún cuando yo ya no esté.

La iglesia a la que hoy asisto no estará celebrando su aniversario este próximo domingo; sin embargo, me levantaré de nuevo de mi asiento como lo he hecho durante 43 años y daré gracias a Dios entre otras cosas, por la iglesia, Su iglesia. Y con el permiso de mis prófugos lectores, dedicaré este espacio con gratitud al Autor de la vida.

Lista de Compras.

noviembre 26, 2010
No debo olvidar comprar diariamente…
  1. Aceite                        (Salmos 23:5)
  2. Agua Viva                  (Juan 4:10)
  3. Aceitunas                  (Salmos 52:8)
  4. Fruto del Espíritu      (Gálatas 5:22)
  5. Leche                         (1 Pedro 2:2)
  6. Miel                            ( Exodo 3:8)
  7. Pan Vivo                     (Juan 6:51)
  8. Sal                               (Colosenses 4:6)
  9. Un grano de mostaza   (Mateo 17:20)

«Compra la verdad y no la vendas; La sabiduría, la enseñanza y la inteligencia.»    Proverbios 23:23

Una Pizca de Sal.

noviembre 19, 2010

Lo peor que le puedes decir a una prófuga de la cocina después de que se ha pasado horas cocinando, es que a la comida le hace falta sal. Pero, ¿Qué pasaría si la sal dejara de existir? He aquí algunas ventajas…

  • Habrían menos disgustos entre esposos y por ende menos divorcios.
  • Podríamos nadar en el mar y tragar toda el agua que quisiéramos.
  • No habría tantas personas sufriendo  de hipertensión.
  • Las niñas dejarían de comer chucherías al salir de la escuela.
  • Existirían menos supersticiosos.
  • La comida de los hospitales sería exquisita.
  • Los  enamorados no harían  mas poemas a las lágrimas saladas del ser amado.
  • Los niños ya no se comerían los mocos.
  • Ronald McDonald no sería tan famoso.
  • Y a las cuarentonas como yo no nos pedirian hacer mas la prueba del salero…..

Lo cierto es que no podríamos vivir sin la sal ya que es necesaria para el buen funcionamiento de nuestro cuerpo y la industria en general.  La sal, es posiblemente el condimento más antiguo empleado por el ser humano y es el que proporciona a los alimentos uno de los sabores básicos: el salado.

Esto me recuerda al automovil de un pariente al que le pusieron por sobrenombre «El salado» pues  desde que lo compraron chocaron con él a medio mundo en el vecindario. La suerte del pobre auto fué empeorando cada vez más hasta llegar al colmo de ser golpeado por otros autos estando estacionado. ¡Si que estaba salado!

También me recuerda la ocasión que agregué una porción de sal de más al guisado. Todo por querer hacer uso de mis superpoderes haciendo mas de cinco cosas al mismo tiempo: cocinar, textear, leer mi correo y llorar viendo mi novela favorita. De repente, por azares del destino y no por costumbre, se me ocurrió probar el guisado. Las diez mil papilas gustativas que cubren la superficie de mi lengua protestaron y por un instante pensé que la lengua se me caería en pedazos; aunque eso sería lo de menos, pues mis hijos y mi esposo estaban por llegar a comer después de un largo día de escuela y trabajo. Comencé a preguntarme: ¿Y ahora, quién podrá ayudarme? Una luz proveniente de la pantalla de cristal líquido (LCD) me iluminó y fué entonces cuando el buscador Ask (me) prometió ayudarme y resolver todas mis dudas. Ingresé la palabra «Sal» y descubrí que la sal puede ser el elemento clave para la vida en Marte y que los científicos han confirmado dos cosas: Que el planeta rojo cuenta con una gran cantidad de hielo y que hay en él, mucha, mucha sal. Lo que me hizo pensar también en dos cosas: que mi guisado sin duda les encantaría a los marcianos y que huir de la cocina  rumbo al planeta rojo desataría la guerra de las galaxias entre mi familia y yo.

Igualmente interesante fué saber que Estados Unidos es líder mundial en producción de sal seguido de China, Alemania, India y Canadá.  Al seguir leyendo descubrí sus múltiples usos en la vida diaria. Puedes limpiar flores artificiales, prolongar la vida de la escoba, quitar las manchas de la alfombra, aliviar los piquetes de abeja, desodorizar los tenis, alejar las pulgas, evitar las manchas en el horno, desorganizar un desfile de hormigas, destapar el drenaje, apagar una chimenea, aromatizar el ambiente, limpiar la pecera y combatir la caspa…pero mi guiso seguía salado. Entonces ingrese la frase «Remedio para la comida salada.»  Después de seguir el consejo al pie de la letra, agregando dos papas al guiso para absorver el exceso de sal, obtuve como resultado un guiso salado y un par de papas super saladas. Me sentí fatal. ¿Qué culpa tenían las papas de mi descuido? Aunque hubiese querido tener visión microscópica, me quedaba claro que ni ellas ni yo podíamos recuperar en su totalidad el exceso de sal pues ésta se había ya infiltrado en el guisado. Puse entonces en marcha el plan «B» que consistía en dos jarras de agua para ir alternando bocados y tragos de agua durante la comida  y para contrarestar la sed después de comer.

Esta experiencia me hizo comprender una verdad universal: Los alimentos no tienen ninguna clase de poder ante la sal. Una vez que has salado la comida, permanecerá así para siempre. En cualquier otro caso, no importa si solo agregamos una pizca de sal en los alimentos, no podran resistirla y obtendran sabor.

La Escritura nos dice que lo mismo sucede con cada cristiano en el mundo. En Mateo 5:13 Jesús declara categóricamente a sus discípulos: » Ustedes son la sal».  No les dice: «Ustedes deberían de ser la sal»  ó  «Traten de ser la sal». Somos la sal y el mundo no tiene el poder de resistirse ante los valores cristianos. El más sencillo testimonio de una vida cambiada por Cristo hoy, causará su efecto en un mundo decadente.

Aunque la sal en mi guiso desapareció ante mis ojos, el sabor quedó. Lo  mismo ocurre con nosotros – La iglesia de Cristo- dispersa alrededor del mundo y cuya operación silenciosa y a veces invisible, logra tener una influencia poderosa y notoria contra la corrupción y el pecado.  Aquí y allá escuchamos  testimonios de vidas transformadas y hoy  más que nunca habemos cristianos en las diferentes  esferas de la vida. La condición única e indispensable para que la sal sea eficaz es teniendo contacto directo con los alimentos. Entonces, nuestra tarea es simple: Salir del salero y entrar en contacto con el guisado de las actividades cotidianas.

Alguien ha dicho que las bienaventuranzas descritas por Jesús y que anteceden éste versículo, son las cualidades mismas de la sal. Aquellos que procuran vivir con sencillez, que lloran por la condición en que se encuentra nuestro mundo, que son compasivos y no vengativos; testigos comprometidos aun a pesar de la persecución y que al ir recorriendo la tierra con vidas completamente rendidas a El, estan ahora mismo permeando, saturando, impregnando, purificando, conservando; derritiendo el hielo de la apatía y generando hambre y sed de Dios.

Hace poco conversé con una amiga que sufre de presión arterial alta. Los médicos le han prohibido comer sal. Ella ha buscado y probado todos los sustitutos de sal que hay en el mercado; sin embargo, según sus palabras  «No hay nada que sustituya el sabor que da la sal a los alimentos» . De igual manera, las naciones estan hambrientas de buen sazón y buscan satisfacerse dando sabor a su vida con condimentos que sustituyen la verdad. De ahí la importancia de conservar el sabor en nosotros mismos para no llegar a ser desecho y escarnio de los hombres. Seamos ejemplo de restauración y esperanza al vivir vidas santas que enriquezcan nuestra sociedad. Una sociedad que sufre de la simpleza que produce la ignorancia de Su Palabra. Jesús, es quien nos pide ser responsables. Solo nosotros podemos dar sabor de Dios, sabor de amor y de perdón.

Esta es una verdad que debe ser creída no solo porque vemos sus efectos diariamente, sino porque Jesús mismo lo dijo: Somos sal.

«Este es un pacto perpetuo, sellado en mi presencia, con sal. Es un pacto que hago contigo y con tus descendientes»    Números 18:19b NVI

Solo para Conocedores

octubre 6, 2010

Aunque pocos, tengo bellos recuerdos de mi tío Enrique, quien además de ser un excelente cocinero, era músico de profesión.  El, era parte de la Orquesta Sinfónica Nacional  y el instrumento que tocaba con pasión era el trombón. Gracias a él, durante el tiempo en que estudiaba en el Seminario,tuve la oportunidad de asistir a conciertos en diferentes escenarios tales como el Castillo de Chapultepec y  el Palacio de Bellas Artes y  de disfrutar asi  tanto del ballet como de  óperas . Un fin de semana me invitó a comer a su casa y después de ir por mi, alcanzando las alturas del Ajusco, me llevo a su casa situada al sur de la ciudad no sin antes advertirme que pasaríamos unos momentos al mercado para hacer algunas compras. Debo decir que yo no estaba muy acostumbrada a los mercados, ya que crecí en el área de Ciudad Satélite (Santa Mónica)  y por esos rumbos y en aquel tiempo no había mercado alguno.  Entonces, la visita al mercado significaba toda una aventura. Era visitar el inframundo tan bien escenificado por cineastas de películas de terror como Wes Craven (Nightmare on Elm Street) ó James Wan (Saw). También, podría significar un viaje misionero en 30 minutos.

No había entrado todavía al mercado y ya mis sentidos todos, comenzaban a trabajar. Los olores que se respiraban a una cuadra y media antes de llegar eran a hierbas, a fruta, a incienso y a …¡bueno!¡ A todos los olores habidos y por haber!

Cruzamos la calle y caminamos un poco. Sin previo aviso nos encontramos dentro del mercado. Mi asombro era total. Todos gritaban y música en cualquier estilo se escuchaba a todo volumen. Grandes y pequeños iban y venian con bultos, con bolsas, con carritos y canastos. Mi tío iba al frente y debido a su altura y corpulencia se abría paso facilmente entre la gente. Yo, iba detrás de él tratando de alcanzarlo con paso resbaloso a causa del piso mojado , lleno de basura, de pulpas, y de cáscaras. Los tenderos me hablaban de un lado y otro del pasillo, y me ofrecían lo mismo dulce de nuez que queso, algunos más, me salían al paso con aguacates y canastos de chiles. La personas me empujaban, me apretaban, y sentía sus bolsas golpearme las piernas. Brazos belludos y lampiños me rozaban al mismo tiempo que cabellos y espaldas sudorosas me interceptaban. Mujeres gordinflonas se detenían enfrente de mi sin aviso provocando desagradables choques repentinos, y de pronto, un niño se abría paso vestido con un suéter roto, descalzo y con un balero en sus manos. Corrió hasta donde se encontraba su madre que sentada en la inmundicia, vendía tortillas hechas a mano. Ella, amamantando sin recato un crío, le echaba un ojo a otro que fué nacido también en los pasillos.  Un repentino cambio de dirección me hizo encarar una cabeza de cerdo que colgaba sangrante acompañada de una niña que le espantaba una nube de moscas a higados y corazones. Sorteando cortinas de longanizas, de chorizos y mas adelante de tiesos pollos con ojos entre abiertos, hasta llegar finalmente al puesto tan ansiado: el del pescado.

El puestero, era un  hombre enclenque y prieto, con la mata de  cabello que le cubría el rostro cual indio apache ahorcado; y que cubría su cuerpo con improvisado mandil hecho a base de bolsas de plástico. Dos clientes, una joven y una vieja, nos precedían en la fila. La joven era una princesa azteca; morena de cabellos azabache y  con ojos del color de la azúcar quemada. De labios carnosos que por momentos mordisqueaba y cubría con su mano izquierda empuñando  un monedero. Era obvio que entre ella y el apache existía algún romance, pues además de que ambos se sonrojaban al mismo tiempo, el apache se las arregló para alargar el momento y desescamar dos pescados en 15 minutos. Ante la desesperación de la vieja marchanta, ésta le reclamó,

-¡Te apuras Eliodoro, que no tengo tu tiempo!

-No se me enoje doña Lupe, que ya sabe que usted siempre será mi consentida…

Luego de despedir a la futura reina india, le despachó en un dos por tres, dos cabezas de pescado y camarones para el caldo a doña Lupe. Por fín nuestro turno había llegado,

-¿Qué va a llevar jefecito?

-Quiero ocho pescados…¡pero del bueno!- le dijo mi tío con autoridad,

-Todos estan buenos…porque así como los ve, estos pescados todavía anoche durmieron en el mar…-  y entregándole una charola, agregó

-¡Escójalos usted mismo!

-No, de estos no…dame del fresco…del que tienes en la nevera y que te acaba de llegar. Y a todo esto…¿En dónde esta José, tu papá?

Eliodoro entonces reconoció a mi tío y le contesto,

– Fue a pagar la luz, don Enrique.

En ese momento me dí cuenta que mi tío ademas de escalas, arpegios y armonías era todo un conocedor de los secretos que guardaba la buena cocina.

Eliodoro sacó una docena de pescados para ponerlos a la consideracion de mi tío quien ya para ese momento se había colocado sus lentes, transformandose en médico forense. Lo primero que hizo, fue observarlos cuidadosamente; luego, les tomó la temperatura con la parte externa de la mano de la misma forma que se le toma la temperatura a un niño. Después, les revisó los ojos buscando en ellos algun brillo y abriendoles la boca les olisqueaba por dentro. También, certificó que las agallas tuvieran buen color. Finalmente, hundió el dedo índice en la parte mas carnosa de cada pescado y tomándolos por la cola los irguió para rectificar la consistencia. Cuando mi tío estuvo listo para firmar la orden de defunción describiendo la hora exacta y las causas del fallecimiento, su enfermera asistente-osea yo- me encontraba ya lista con una bolsa de plástico para que Eliodoro los pesara. Esta demás describirte el sabor de aquellos pescados a la talla que preparó mi tío mas tarde: Simplemente exquisitos.

Una buena táctica para adquirir y preparar los alimentos es tomar en cuenta los sentidos. ¿Quién se puede resistir al sonido que se produce al morder un taco de chicharron con aguacate y salsa?¿quién puede ignorar la explosión de color de un coctel de frutas?¿y quién no cae rendido ante la suavidad de un flan de chocolate que se deshace en la boca? Solo aquellos a quienes se les ha prohibido degustarlos ya sea por motivos religiosos, culturales o de salud.

La Escritura Sagrada nos describe en sus primeros capítulos a quien fuera la primer persona en hacer un análisis de un fruto antes de consumirlo aun cuando  se le había prohibido ingerirlo.

Su nombre era Eva y fue la primer mujer en experimentarlo todo. Creada por Dios y hecha a Su imagen tuvo la maravillosa oportunidad de hablar con El y de escuchar su voz. Fue la primera en saber lo que era sentir el amor humano, el matrimonio y el gozo de la maternidad. Tristemente, fue también la primera en escuchar la voz del maligno, en desobedecer y en experimentar el pecado. Fue ella quien indujo a pecar a otro ser humano y supo lo que era sentirse apartada de la presencia de Dios. La primera en sentir dolor, en derramar lágrimas, en contemplar la muerte de un ser querido y sufrir. Su desobediencia, es el evento alrededor del cual gira toda la Biblia.

Como en los otros artículos que he escrito, debo decir que nunca antes me había puesto a pensar que la prueba de fe para Adan y Eva en el principio de la humanidad, tuviera que ver con la comida.  No se trataba de no mirar el fruto prohibido, de no acercarse a el o de no tocarlo. La orden era: «No comerás». Tal vez porque el comer es una acción que requiere de ejercer plena voluntad para poder lograrlo y que al hacerlo produce efectos en el interior que nos pueden alimentar, si ingerimos el alimento adecuado, o que nos puede envenenar, si no tomamos en cuenta las advertencias. Interesantemente la serpiente no tuvo necesidad de morder a Eva para depositar su veneno en ella, solo le dijo una media verdad: que si comían del fruto llegarían a ser como Dios sabiendo lo que es bueno y lo que es malo; al hacerlo, ya no necesitarían mas de Dios y podrían ser independientes. Después de haber escuchado demaciado tiempo a la serpiente, Eva comenzó a hacer un análisis, deteniendose a contemplar el atractivo sensual, estético  e intelectual del fruto prohibido. Le pareció agradable, sano y talvez hasta nutritivo. Entonces, como si fuera ella mas conocedora del tema que el mismo Dios que lo había creado todo, dió la primer mordida. Comer el fruto trajo para sí resultados desastrosos en su organismo. Lejos de encontrar sabiduría adquirió ignorancia; enfermedad de mente y de espíritu en lugar de salud y con ello la muerte; muerte física y espiritual.

En la actualidad, circulan en nuestro mundo temas tan escabrosos y difíciles que cualquiera de nosotros quisieramos conocer a ciencia cierta cual seria la verdad y la solucion para cada uno de ellos. Situaciones como la inmigracion ilegal, el hambre mundial, el cuidado del medio ambiente, el uso adecuado de la tecnología o el homosexualismo, son temas no fáciles de abordar y que no aceptan una respuesta ligera. Sin embargo, debemos recordar que el discernimiento espiritual se obtiene a través de la obediencia y no tan solo de la busqueda intelectual. Cada día tenemos la oportunidad de obedecer y de rechazar «el conocimiento» que nos ofrece ése fruto.  A veces, el mundo nos dice que sabremos cosas que otros no entienden, que seremos de mente abierta, que subiremos nuestro nivel de vida si pensamos por encima de los demás con ideas y acciones que niegan y ofenden a Dios. La realidad es que Dios, quien nos ha creado, sabe perfectamente que lo que el ser humano necesita es redencion para poder conocer las grandezas de su gloria y para saber su voluntad siempre agradable y perfecta para nuestras vidas y por ende, del mundo en que vivimos.

Mas adelante vemos a Adan tratando de dar explicaciones a Dios y diciendole que la mujer que El le había dado por compañera, le había dado del fruto prohibido. Y en efecto,eso pasó; pero fue Adan quien alargando su mano tomó de la mano de Eva el fruto y llevandolo a su boca, comió. Ante las faltas cometidas, nuestra excusa favorita ha sido «soy humano», sin darnos cuenta que Jesucristo fue completamente humano y sin embargo, nunca pecó. El enemigo sigue diciendonos que el pecado no es algo de lo que debamos preocuparnos, que todo el mundo lo hace, que la unica manera de avanzar en la vida es mantenerse en el primer puesto pensando primero en nosotros mismos y que Dios es tan amoroso que al final nos perdonará. Entonces, es cuestión de  desobediencia, de rebelión en contra de Dios y de un deseo de hacer lo que nosotros queremos ignorando o haciendo a un lado su voz. En el fondo se disputa la confianza en EL y el control sobre nuestra vida. Al internar voluntariamente el pecado en nosotros hemos abrazado una condición que solo Dios puede restaurar, porque El es el único que puede sanar nuestro interior.

Si el fruto que comió Eva resultó ser sabroso o no, nunca lo sabremos, pues esa información pasó a ser irrelevante ante la transgresión cometida. Lo mismo sucede cuando tratamos de estudiar y comprender Su palabra sin obedecerle; al final, no importara cuantos títulos o doctorados hallamos acumulado  si no le obedecimos.

Los que hemos conocido a Dios y le obedecemos, sabemos que El es mas grande de lo que podemos imaginar (1 Reyes 8:27) que extiende su  misericordia y justicia a los que le conocen (Salmos 26:10) que en El se encuentra la verdad y plena libertad ( Juan 8:32) que Su voz nos guía (Juan 10:14) y que solo en El se encuentra toda sabiduría(Proverbios 5:1-2)

«¿Cómo sabemos si hemos llegado a conocer a Dios? Si obedecemos sus mandamientos»   1 Juan 2:3 NVI