Netzahualcoyotl o “Coyote hambriento” era un hombre entrado en años que contrajo nupcias con una joven prófuga de la cocina de nombre Iwana; dama delicadamente inútil y despreocupada quien a base de besos y arrumacos logró convertir a “Coyote hambriento” en “Coyote que ayuna.” Juntos procrearon a Netzahualpilli o “Niño que ayuna.”
A primera vista parecían ser una familia acaudalada y feliz. Pero nadie imaginaba lo difícil que era lograr la armonía en dicho seno familiar,
-“¡Deberías de ser como Doña Tlakuani y usar un poco más el Komali…!”
Era la queja vespertina de Netzahualcoyotl quien había llevado su amor al grado del faquirismo debido a que Iwana – haciendole honor a su nombre – se la pasaba viendo la novela en la terraza con la elegancia de una iguana en su piedra; es decir, asoleada, panza abajo y sin parpadear.
El Zacahuil, los Mixiotes, los huixquiles, los huazontles y los xoconoxotles eran el delirio de Netza; pero al no haber metate ni molcajete que se compadecieran de él se veía obligado a pasar todas las tardes por la panadería para comprar -y asi cuando menos engullir- un pan con Nescafé antes de dormir. Compraba siempre varias piezas de pan que tentaban el paladar de Iwana quien después de devorarse tres, se preocupaba por el tamaño creciente de su papada; entonces, renunciaba a tan suculento placer ejerciendo su voluntad de tajo y tan estrepitosamente como la caída de un trueno en alta mar. Con tal convicción se retiraba para descansar en su aposento dejando atrás la bolsa de pan abierta y a merced de la noche serena. De esta manera, Iwana recolectaba -sin querer- pan duro cada tres días.
Una tarde de eclipse solar Netza no pudo más e interpuso su osamenta entre ella y el televisor lanzandole una advertencia,
– Más vale que cocines algo mañana porque vendrán a comer mi padres (Don Moctezuma o “Señor Airado” y Wacamaya)
Al verse en tremendo aprieto Iwana recurrió a Tlakuani para que viniera a su casa para ayudarle a cocinar. Cuando Tlakuani comenzó a dictarle la lista interminable de ingredientes Iwana le hizo saber que no contaba con muchos recursos ya que se lo había gastado casi todo en barnices de uñas, collares de jade y modernos huipiles.
-“¿Entonces, qué y con qué cocinaremos mujer?” – Le dijo mientras se recargaba en la estufa y abría con curiosidad una de varias bolsas de pan duro que yacían encima de la mesa.
-¡No sé!- le contestó encrespada.
Tlakuani ni siquiera escucho tal respuesta ya que al ver el pan duro puso de inmediato manos a la obra reutilizando tal desperdicio y creando crutones para la ensalada de nopales, pan rallado para empanizar el pollo y un exquisito budin de tuna como postre. La comida cautivó a los comensales que ni sospecharon la procedencia de tales ingredientes. A partir de entonces, Iwana se animó a cocinar reutilizando lo que en la mayoría de las casas alguna vez ha existido: Pan duro.
En la Biblia encontramos un pasaje en el que se utiliza pan duro para engañar a Josué, el gran líder guerrero.
En el libro de Josué capítulo 9 leemos que las noticias de la conquista y de todo lo que Josué y sus valientes guerreros hicieron en Jericó y Hai, se esparcieron por toda la región causando pánico. Una raza llamada heveos o gabaonitas pensaron que no podían hacer frente y decidieron hacer las paces con ellos. Para esto, diseñaron una estrategia y como si fuera una puesta en escena, se disfrazaron de peregrinos cansados vistiendose con ropas viejas y zapatos rotos; trajeron consigo además pan duro, cueros de vino viejos, rotos y remendados. Se presentaron ante Josué y los ancianos de Israel y les hicieron creer que habían venido de tierras lejanas al oír de las grandes maravillas que Dios había hecho a su favor. Que venían a ofrecer su amistad y a hacer alianza con ellos. A primera vista la evidencia parecía corresponder con la historia de los viajeros. Entonces, Josué y los ancianos del pueblo tomaron de sus viejas provisiones y comieron juntos el pan duro como una muestra de amistad sin consultar al Señor (Exodo 34:12).
Concertaron así un tratado de paz con ellos y se comprometieron a proteger sus ciudades sin sospecha alguna. Pero después de tres dias los Israelitas descubrieron la patraña: los gabaonitas en realidad vivían muy cerca de ellos. Cuando los reyes de los pueblos vecinos supieron que Israel y Gabaón se habían aliado se enojaron y levantaron para pelear en contra de los gabaonitas. Pero tan pronto como los gabaonitas lo oyeron pidieron ayuda a Josué para que les salvara segun lo habian pactado. El convenio dió como resultado que el pueblo de Israel terminara defendiendo a los gabaonitas en lugar de destruirlos, y que peleara una batalla que no tenía que pelear; todo, por decidir sin buscar la dirección del Señor.
Por toda la escritura encontramos hombres, mujeres y hasta niños buscando la dirección de Dios para sus vidas. Buscar la dirección de Dios es de vital importancia para una vida cristiana saludable. Cada día de nuestra vida esta repleta de decisiones que tienen que hacerse. Desiciones grandes y pequeñas; trascendentales y triviales. Algunas, por su carácter seran irrevocables, como en el caso de Josué y los gabaonitas. Para tomar una buena decisión debemos tener en cuenta que ésta deberá ser razonada y lógica, además de contener suficiente información y si es posible, un poco de experiencia. En opinión de los expertos:cuanto más importante es la decisión, tanto más tiempo debemos tener para demorarla.
Las oraciones, la lectura asidua de la palabra y los planes, forman parte de un conjunto que en una búsqueda sincera nos hará además encontrar la información que nos hace falta para no dar vuelta en “u” más adelante. Los planes que Dios tenga para nosotros pueden venir también y darnos un nuevo rumbo y la convicción que necesitamos. ¿Te parece una pérdida de tiempo? En este pasaje de la vida de Josué vemos que el tiempo que ahorra en no consultar a Dios, es el mismo que pide después, cuando esta en medio de la batalla y ruega a Dios detenga el sol.
Un error más es pensar que somos lo suficientemente sabios para tomar ciertas decisiones con solo recurrir a ejemplos de pasajes bíblicos para convencernos de tomar tal o cual decisión. La evidencia de que estamos viviendo tan solo en una ilusión viene cuando el resultado no es el esperado y nos damos cuenta que le hemos fallado al Señor. Es por eso que debemos consultarle aun cuando a simple vista parezca lo correcto. Antes de matricularnos en una universidad prestigiosa, antes de aceptar un buen trabajo, de relacionarnos amorosamente con un buen partido o de formar parte de algun ministerio, etc.
La misericordia del Señor en éste acontencimiento se muestra más adelante cuando leemos que a pesar de que Josué no consultó a Dios, Dios le escucha y detiene el sol.
Ya sea que seamos líderes experimentados como lo fue Josué o no, todos llegamos a comer alguna vez un pan duro. Sin embargo, la gracia del Señor hará de igual manera con nosotros si le pedimos una segunda oportunidad aún cuando le hallamos fallado y contristado su Espíritu por no haber querido escuchar su voz.
Richard S. Taylor nos recomienda las “Reglas incontrovertibles para la dirección,”
1. No trate de imitar la dirección que algún otro haya recibido para su propia vida.
2. No espere DIARIAMENTE sucesos de dirección DRAMATICA, acerca de los cuales pueda escribir o hablar.
3. No ore para recibir dirección especial cuando se trata de deberes establecidos.
4. Aprenda por la experiencia el pleno significado de Colosenses 3:15 “ Y la paz de Dios GOBIERNE en vuestros corazones”.
5. No obre apresuradamente.
6. No se abata demaciado cuando tenga razones para creer que ha perdido la señal del Espiritu Santo.
7. Siga orando para que Dios le guíe.
El pasaje nos enseña que ante las encrucijadas de la vida no debemos llevar a cabo decisiones que no podamos comenzar sin la dirección divina. Porque cuando decides sin consultar al Señor, puedes ser engañado hasta con un pan duro.
“Ya no seremos como niños, que ahora piensan una cosa y más tarde piensan otra, y que fácilmente son engañados por las falsas enseñanzas de gente astuta, que recurre a toda clase de trampas.” Efesios 4:14 NVI
No, no hablo de aquella ocasión cuando los comensales que te acompañaron te amargaron la velada con su conversación desagradable , sino de la comida en sí.
La sopa de verduras puede resultar un desastre si alguno de los ingredientes ha decidido soltar su amargura en tu extraordinario platillo mientras que tú, por ser tan confiada y nada mal pensada, ni te has percatado de ello durante el proceso.
Otro de los sabores básicos para el ser humano y el más desagradable es sin duda, el amargo. Los expertos nos dicen que una de las razones para tan áspero sabor es que nos ayuda a identificar y asi evitar, el envenenamiento, ¡ Interesante! ¿No? Por consecuencia, también lo son los medicamentos- y en especial -los antobióticos .
¿A quién no le engañaron sus padres cuando era niño diciéndole: » Tómate el jarabe para la tos, sabe bueno….sabe a dulce» ? y ¿quién no sació su curiosidad chupando la aspirina en lugar de tragarsela de una buena vez? No obstante algunos aprendimos a disfrutar del chocolate amargo y del café bien cargado. Lo cierto es que en algun punto de nuestra existencia hemos probado o experimentado el sabor amargo. Ya sea entonces porque nos obligaron , por eleccción propia o porque a estas alturas no hemos desarrollado el hábito de lavarnos bien los dientes.
Los expertos, nos ofrecen una forma de quitarle el amargor a ciertos ingredientes cuando sospechas que podrían echar a perder tu comida. Se trata de simplemente sumergir en leche con azúcar por un par de horas, las rodajas de papa, zanahoria, calabaza o pepino. La frase: «¡ Me importa un pepino!» No tiene lugar aqui. No es desechando, sino edulcorando el pepino.
¡Si lo hubiera sabido antes!
Cuando estaba recien casada y desesperada por mi ignoracia en los quehaceres culinarios le llamé por teléfono a mi abuelita para que me diera algun consejo o alguna receta fácil de hacer. En realidad, lo que yo pretendía era que mi abuelita fuera a mi casa a hacerme la comida, pero como vivía muy lejos y convencerla me quedaba aún mas lejos, preparé lo que según sus dulces palabras fueron: «Un caldito de pollo para dos muy sencillito.» Era para dos, pero invitaba ser para tres, pues cuando el caldito comenzó a despedir olores, mi perrito Darío -que en paz descanse-, se apuntó también con una porción. Nunca había cocinado un caldo de pollo, asi es que sería otra oportunidad de «impresionar» a mi esposo con una comida decente. Desde el momento que comencé a preparar la comida imaginaba a mi esposo feliz y a Darío durmiendo panza arriba después de comer. Una vez mas, todo iba de maravilla. Tras pasar toda la mañana limpiando el pollo y destapando la olla veinte veces cada cinco minutos para ver si ya estaba listo, lo serví orgullosa y muerta de hambre. Intentamos comer y ….¡ Oh desilusión! Estaba tan amargo que ya ni Darío lo quiso probar.
La escritura nos presenta un acontencimietno en el cual el pueblo de Israel sufrió una gran desilusión.
Despues de haber sido liberado y atravesar el Mar Rojo, el pueblo de Israel teme a Dios, cree en Él y en su siervo Moisés a quien reconocen como su líder y quien les ordena internarse en el desierto por el cual llegarían a la tierra que Dios les había prometido. (Ex.14:31) Comienzan la caminata con júbilo , con la expectativa de una vida mejor tras sufrir más de cuatrocientos años bajo la esclavitud egipcia. Después de haber experimentado tantas señales y milagros no había duda que todo estaría bien. Pero tras caminar tres dias sin hallar agua y buscarla con desesperación para poder -ya no abastecerse-, sino sobrevivir, encuentran un oasis. En esta primera parada parecía que Dios había resuelto una vez mas sus problemas milagrosamente, ¡Un oasis! Sin embargo la escritura nos relata que no pudieron beber de él porque las aguas eran amargas. (Exodo 15:22-27)
¿Imaginas su desilusión? ¿Si vinieras cansado de caminar por tres dias , con una sed extrema y encuentras agua pero no la puedes beber, cuál sería tu reacción? No era cuestión de ser optimista o de tener «buena actitud» no era un simple incoveniente, era un asunto de vida o muerte.
Nos es necesario colocar la situación de dolor y de desgracia en el debido lugar para poder entenderla y dar paso asi a la mano poderosa de Dios. Me molesta cuando sin detenernos a reflexionar, ofendemos el dolor ajeno con una frivolidad ingnorante de cristianos «super dotados» que solo aconsejan sonreír ante acontecimientos catastróficos. Que ven en todo salidas fáciles, sea porque no lo han sufrido, o de plano, porque son insensibles. Tenemos que aclarar nuestra visión y ver la tragedia: Bebés a punto de morir , niños llorando, ancianos con labios resecos, algunos tal vez ya alucinando; a una multitud con dolores de cabeza, náuseas y fatiga. El pueblo esta desesperado, deshidratado y a punto de morir. La situación es amarga, raspa, duele, desgarra. Razón por la cual el lugar fue conocido desde entonces como Mara, que significa, «Amarga»; porque fue un acontecimiento que no pudo pasar desapercibido para muchos al correr de los años.
Ante tal circunstancia el pueblo comenzóa murmurar en contra de Moisés y preguntaban, ¿Qué vamos a beber? En el caso particular del pueblo de Israel, diremos que es un pueblo que ha venido de tener que obedecer al amo obligadamente. Un pueblo maltratado fisica y psicológicamente. Que no sabe como comportarse en libertad, que espera de una forma equivocada que Dios se haga cargo de todo; que piensan que porque ya han sufrido lo suficiente y han creído, lo merecen todo.
En ocasiones reaccionamos como el pueblo de Israel, en contra de nuestra familia, de amigos y hasta en contra de Dios ante acontecimientos que nos han amargado la vida. No, no estoy hablando de un simple dolor de cabeza o de que alguien te ha maltrato hoy. Estoy hablando de algo mas grave que cambia el rumbo de tu vida para siempre. De cuando pensabas que el amor duraría para toda la vida, de un negocio que no resultó como lo esperabas y que te esta llevando a la ruina, del descubrimiento de una enfermedad crónica en plena juventud, de la pérdida trágica de un ser querido, del nacimiento de un hijo discapacitado, de una traición, etc. Todo esto que ocurre cuando no lo esperamos, cuando pensamos que todo esta en su lugar y que la vida nos sonríe. De cuando buscamos explicaciones donde no las hay. De cuando nos preguntamos ¿Por qué a mi? «Ahora que le estoy buscando», «ahora que estoy en sus caminos», «ahora que creo en El». De cuando nos preguntamos si Dios nos ama en verdad,si nos ha abandonado, o si es un castigo. Ante la falta de respuestas rápidas pretendemos que Su presencia anule las emociones para que aún frente al dolor éste no duela y encontrar asi el consuelo de Dios donde no existe. Entonces la pregunta se nos hace necesaria: ¿Podrá el Señor endulzar las aguas antes de que yo llegue? ó ¿Podrá Dios desviar todo mal de mi vida para siempre?
Moisés clamó al Señor, y él le mostró un pedazo de madera, el cual echó Moisés al agua, y al instante el agua se volvió dulce (NVI) y el pueblo pudo tomar agua. Los comentaristas coinciden en el hecho de que la madera que fue echada en las fuentes no tenía propiedades para hacer el agua potable. Dios obró y la endulzó. No abrió otra fuente, no la cambió,solamente suavizó los aspectos más desagradables, más hirientes; de tal forma que el agua pudiera al menos, beberse. Situacion diferente a ésta es cuando mas adelante leemos que el pueblo llega a Elim en donde había doce manantiales y setenta palmeras. Lo que significa que Dios no quitará, pero si endulzará las experiencias amargas de la vida.
Es ahí donde el amor a Dios toma lugar en un contexto no ideal, no solo cuando todo esta bajo control sino mas bien en un mundo en el que gente real vive y esta expuesta a todo tipo de situaciones. Es reconocer a Dios en todo lo que viene a nosotros. En lo dulce, en lo amargo. De tal modo que podemos decir como el apostol Juan a Pedro: «¡ Es el Señor!» aún cuando estemos muertos de miedo y no hallamos pescado nada en toda la noche.
El pasaje que nos ocupa nos da una razón para ello y nos dice que en ese lugar el Señor los puso a prueba…y les dijo:» Yo soy Jehová tu sanador.» El Señor quiere que el pueblo entienda que es posible que cuando creamos que ya lo hemos logrado todo tengamos aflicciones,dificultades, desaveniencias, malos entendidos, proyectos arruinados y malos «amigos». Que Dios es suficiente tanto en los grandes problemas como en la necesidad de conseguir el alimento cotidiano. Que las desiluciones son inevitables y en su primer tramo, amargas. Tales situaciones deben llevarnos a la superación, a conocer mejor y a depender de Dios quien usa nuestras dificultades para fortalecernos y no para amargarnos. Para evitar que seamos envenenados de orgullo, de vanidad y de autosuficiencia.
En este evento Dios demuestra al pueblo su poder y autoridad y nos enseña que el Señor no puede ser descartado de las cosas temporales pues Él esta en las situaciones mas aflictivas y dolorosas de la vida y es Él quien allana los caminos mas escarpados.
¿Hay alguien que todavía crea que el dolor no llegará? Es muy probable. Sin embargo, para otros, la buena racha todavía no llega.
El Señor promete que todo será para bien si le amamos a Él al punto de escuchar su voz, hacer lo que es justo y guardar Su Palabra. Entonces vendrá y sanará nuestras heridas aún cuando la vida nos sea de amargo sabor.
«A Ti miran los ojos de todos, y a su tiempo Tú les das su alimento. Abres Tu mano,y sacias el deseo de todo ser viviente.»Salmos 145: 15-16
Fué en una clase de formación espiritual en donde escuché por primera vez de Nicolás Herman, un Carmelita Descalzo del siglo XVII conocido mas tarde como el Hermano Lorenzo de la Resurrección. Su biografía me impactó ya que durante ese tiempo mis hijos estaban pequeños y comenzaban a ir a la escuela; las tareas, unformes listos y proyectos escolares retrasaban -aún mas- mis responsabilidades en la cocina. Además, ¡ Tenía tantas cosas que hacer en la iglesia! Por si fuera poco, unos meses antes de tomar la clase me había visto en la necesidad de buscar un empleo.
El profesor de dicha clase comenzó contándonos acerca de la vida de Nicolás quien se alistó en el ejército y al sufrir una herida severa en una de las batallas se vió obligado a abandonar la vida de soldado. A la edad de dieciocho años se convirtió a Cristo al contemplar en pleno invierno, un árbol deshojado y sin aparente vida; lo que le llevó a pensar en que al llegar la primavera, sus hojas serían renovadas y que aparecerían las flores y el fruto. Esta sencilla observación le hizo reflexionar en el poder de Dios que le transformaría para siempre y que le hizo entender que él era como ese árbol. Podía experimentar un renacer intenso si le permitía a Cristo manifestar, en su interior, la vida que promete a aquellos que creen en su Nombre.
Mas tarde se desempeñó como el criado de un tesorero de nombre M. Fieubert. Pero sentía que no lograba ser un buen siervo, sino mas bien se consideraba así mismo como un compañero torpe y que rompía todo.Razón por la cual tuvo el deseo de ser recibido en un monasterio; pensaba que allí podía ser mas inteligente y tendría la oportunidad de superar sus flaquezas. Su primera asignación fue la cocina, lo cual- al igual que yo- detestaba con todo su ser.
Cojeaba mucho debido a las heridas recibidas durante la guerra,sin embargo cumplía con todas sus tareas como cocinero y lavaplatos del monasterio. Aunque participaba de la rutina que era parte de la vida del monasterio, descubrió que no recibía mucho beneficio al repetir las oraciones y las rutinas asignadas para esos periodos pues llegó a notar que lo peor de él salía a flote una vez entrando en la cocina: La premura, el ruido, las demandas,el desorden y los platos sucios, le hacían sentirse fracasado en su vida espiritual. Entonces, en un esfuerzo intencional por no perder la comunión con Dios comenzó a orar mientras cocinaba. Fue en la cocina, donde descubrió que nuestra santificación no depende del cambio de actividades, sino de hacer para Dios todo aquello que comunmente haríamos para nosotros mismos. Esta práctica le llevó a expresar que era un gran engaño pensar que los momentos dedicados a la oración eran diferentes de cualquier otro momento. Leí mas tarde acerca de él, de su vida de oración y de lo que él llamaba su experimento de vivir «La presencia de Dios» a cada instante.
¡Ah!¡ Que tremendo testimonio fué para mi!
Descubrí que de nada nos sirve habitar en la casa de Dios, estar involucrados en mil proyectos eclesiales, de tener buenas rutinas, e incluso una vida moral aceptable además de dar consejos a diestra y siniestra, si -como he escrito en entregas anteriores-, no logramos vencer al momento de estar ante las situaciones que nos causan gran aversión. Pensar y hablar de lo que tenemos bien dominado o que es parte de nuestro carácter y que no nos demanda gran esfuerzo, es fácil. Pero enfrentar intencionalmente aquello que nos saca de balance, que nos enoja, que nos duele, es otra cosa. Por lo general hablamos a todo el mundo de nuestra generosidad pero no de nuestra tacañería, de nuestra disciplina pero no de cuando hacemos las cosas al «ahí se va» y a la carrera; de nuestra responsabilidad usando algunas excusas; de nuestra prudencia haciendo alguna crítica; de nuestra felicidad y alegría de vivir y no de cómo nos evadimos de ciertas circunstancias ; de nuestra humildad pero no de cómo buscamos ávida y a costa de lo que sea la fama y la aprobación de los demás; de nuestro amor al prójimo, pero no de nuestro desprecio a personajes de la vida política y de algunos de la farándula; de nuestra compasión, pero no de nuestro lujo innecesario; de lo bueno que es trabajar, pero no de nuestra falta de rendimiento y productividad; de ser gentiles con todos, pero no de nuestras malas reacciones; de servir, de orar, de ayunar, pero no de vivir.
El hermano Lorenzo dijo que era necesario poner nuestra confianza en Dios, dejando de lado todos los otros cuidados de la vida, e incluso algunas formas particulares de devoción, aunque sean muy buenas, y que nos comprometemos en ellas muchas veces de manera irrazonable e incluso para torcerle el brazo a Dios con nuestras súplicas y penitencias. Ese tipo de devoción es solo un medio para lograr un fin; cuando lo que realmente debemos hacer es buscarle a El, solo a El y nada más, ni siquiera sus dones.
Algunas personas en su deseo de orar mas fervientemente hoy hablan de horarios, de levantarse de madrugada, de comprometerse a orar por otros, de prometer y de ese modo, verse «obligados» a orar. Para el hermano Lorenzo no había tal separación. No habían tiempos de oración porque su vida completa experimentaba la presencia de Dios contanstemente. Del mismo modo que cumplía con sus deberes en la cocina y en los apuros mas grandes perseveraba en él la disposición a lo celestial. El ruido y el desorden de la cocina mientras varias personas le pedían al mismo tiempo cosas diferentes, le hacían tener la misma tranquilidad en Dios como si estuviera de rodillas orando. «El secreto de mi vida —comentaba— es que he logrado vivir como si a la tierra la habitaran solamente dos personas: Dios y yo». Juntos, Lorenzo y el Señor cocinaban, realizaban las compras, fregaban los pisos, limpiaban las ollas y soportaban el desprecio de otros que se consideraban más importantes. A menudo recordaba que Dios no considera la grandeza del trabajo ejecutado sino el amor con el que ha sido realizado y decía que todas las cosas son posibles para aquel que cree, son menos difíciles para el que tiene esperanza y son mas fáciles para aquel que ama, y aún más fáciles para el que persevera en la práctica de estas tres virtudes.
El hermano Lorenzo logró disciplinar la mente y el corazón de tal modo que los quehaceres cotidianos fueron su mejor ofrenda y sacrificio de alabanza a Dios.Cuando fallaba en su deber, simplemente confesaba su falta, diciéndole a Dios: «Nunca lo haré de otra manera si no me ayudas; tú debes evitar mi caída y reparar lo que he hecho mal» Después de esta confesión ya no se preocupaba más.
Quienes le conocieron refieren que él se sentía contento cuando podía, incluso, levantar algo del suelo por amor a Dios. Un ejemplo mas, de lo que es una vida santa: algo que es tan enteramente natural como el rostro resplandeciente de Moisés después de estar en la presencia de Dios de quien todos se sorprendieron al ver su brillo y sin embargo Moisés ni siquiera lo había notado.(Exodo 34:29-35) Es la clase de santidad que nos conduce a nuevos niveles y que no nos deja conformarnos y exclamar ¿Quién acampará en la ladera del monte santo? sino mas bien, ¿Quién subirá al monte del Señor? ( Salmos 24:3 BLA) Una vida ascendente y que no se conforma con el ascetismo de mediana altura, que no se siente mas santo por estar rodeado de gente buena, que no se siente satisfecho y se alaba así mismo por haber llegado un kilómetro mas que otros, que no se cree ni maestro, ni guía de nadie, sino un escalador mas cuyo guía montañero es Jesucristo mismo. Es quien ha llegado a exclamar como San Pablo, «!!Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Somos pues, llamados a un cristianismo no de banca sino de práctica que ha de desarrollarse aquí, en la tierra y ahora. Recordemos que del concepto que tengamos acerca de vivir la vida cristiana dependerá la calidad de la misma. Es, agradarle a cada momento de nuestra vida o como bien se ha dicho: «El ayuno es santo, pero la comida también lo es; la oración es santa, pero el trabajo también lo es; el celibato es santo, pero el matrimonio es un santo estado; la soledad es santa, pero la convivencia también lo es; la conciencia es santa, pero el sueño también lo es; el alma es santa pero el cuerpo también lo es.»
Mientras algunos Carmelitas hacian hincapié con respecto a un cambio de estilo de vida e insistían en un regreso al desierto, el hermano Lorenzo combinó las actividades de la vida diaria con la oración logrando transformar su cocina y vida en un altar para Dios. El cristiano de hoy deberá reconocer que el culto no basta si no contiene un énfasis individual y práctico; Una combinación de adoración e integridad personal. ¿Es nuestra vida asi? ¿Qué situación te saca de tus casillas? ¿Qué es lo que mas detestas hacer?¿Sigues viviendo cuesta arriba? El apostol San Pablo, por su parte, invita a llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo que es en donde radica el verdadero yo.
La falta de sofisticación y preparación teológica del hermano Lorenzo le resultaron singularmente favorables, pues fijó sus ojos en la persona de Dios con una devoción poco común entre los hombres que le rodeaban. Su pensamiento fue compilado por José de Beaufort , quien coleccionó las cartas y las notas de el hermano Lorenzo y guardó un registro escrito de sus conversaciones. Durante los quince años que estuvo empleado en el monasterio, por la gracia de Dios, Lorenzo hizo bien su trabajo, y encontró que todo había sido fácil y que fue ése humilde servicio lo que lo llevó a ser conocido como «El Cocinero de Dios».
«Y todo lo que hacéis, de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por medio de El a Dios el Padre.» Colosenses 3:17
Para escribir esta entrega, tuve que vencer algunos temores. ¿Cómo lo logre? Enfrentando mis más profundos terrores, lo cual no me fue nada fácil.
El primero de ellos fue el vencer el temor de haber sido olvidada después de tres meses de no escribir (Atazagorafobia) y que estas líneas que hasta hoy escribo sean completamente ignoradas, dando como resultado que todo el esfuerzo de tres años haya sido un verdadero fracaso (Atiquifobia).
Pero…¿ Qué es el miedo? El diccionario lo define como: » Sensación de alerta y angustia por un riesgo o daño real o imaginario.» Puede ser racional o irracional. Un ejemplo de miedo irracional sería el que tiene mi perro cuando hago uso la secadora de cabello, ¿O será a mi cabello? En todo caso, prefiero pensar que padece de Caligynefobia; osea, miedo a las mujeres hermosas y bien peinadas…¡En fin! Cuando el miedo llega a extremos puede convertirse en fobia: <Aversión obsesiva a alguien o a algo> Uno de los personajes que me recuerda este comportamiento es la tía Josephine, de la cinta Una serie de eventos desafortunados; sin duda¡Toda una heroína ! porque entre otras fobias, no cocina nada caliente porque tiene miedo a que la estufa estalle de pronto en llamas y a que el refrigerardor le caiga encima y la aplaste.
Lo cierto es que al cocinar nos enfrentamos a diversos peligros. Y yo me pregunto, ¿Quién quiere a estas alturas poner en peligro su vida? Al cocinar te puedes quebrar una uña, machucar los dedos, resbalar, cortar, quemar, axficiar, intoxicar y hasta electrocutar. Pero no solo te arriesgas físicamente, también puedes poner en peligro tu bienestar psíquico de tal modo que padezcas de fatiga mental, aislamiento, ansiedad, insomio, depresión y estrés; mismos que repercutirán sin duda en tu vida conyugal. Todo esto puede llevarte al extremo de sufrir alguna fobia, lo cual no sería nada raro ya que se cree que uno, de cada nueve adultos padece de alguna. Los síntomas suelen ser: aumento de la frecuencia cardíaca, sensación de mareo o desmayo, temblor o estremecimiento, sensación de atragantamiento y sudores.
Hay quienes nos sugieren que nuestros miedos son infundidos desde la infancia. Lo cual trae a mi memoria- y seguramente a la tuya-, cuando te encargaron cuidar la leche que se derramó a pesar de que tu mamá te advirtió que acababa de lavar la estufa; o cuando inútilmente te encargaron agregar mas agua a los frijoles para que no se quemaran; o cuando se te cayó el pan o las tortillas a media calle. ¡ Todo por andar jugando! La imagen de una yema de huevo que chorrea entre tus dedos y llega al piso recién trapeado; de una tortilla quemada que tizna el mantel recién lavado; de un café aguado que no convence a nadie, y de unos ojos llorosos y recién tallados de chile, tienen el potencial de crear estos traumas.
He aquí algunos ejemplos de fobias relacionadas con la cocina, muy al estilo de la prófuga de la cocina:
Agorafobia –Miedo a las multitudes y los lugares públicos, como los supermercados.
Alectorofobia -Miedo a los pollos. Sobre todo si te has creído que esta bien cocido y cuando lo sirves resulta que esta mas crudo que el invierno.
Carnofobia – Miedo a la carne y a que te quede tan desabrida que ni los zopilotes se la quieran comer.
Ictiofobia –Miedo al pescado, al olor que despide al cocinarlo y a que te salpique de aceite echando a perder tu blusa favorita de un aletazo ¡De terror!
Arsonfobia –Miedo al fuego….¿Un asado? ¡Impensable!
Lacanofobia –Miedo a los vegetales. Los síntomas son: boca seca, náuseas, escalofríos, ansiedad, dificultad para cocinarlos y después…. ¡Para tragártelos!
alodoxafobia -Miedo a las opiniones que se viertan sobre la comida que has preparado.
Deipnofobia: –Miedo a las cenas y a que las conversaciones se alarguen y termines tu sola lavando los trastes a las tres de la mañana.
Si tu eres una prófuga(o) de la cocina y te has identificado con alguna de estas fobias, es normal. Ahora que si ya tienes miedo a estar siendo observada(o) constantemente por un pato;estás grave y necesitas atención inmediata (Anatidofobia)
Sin embargo, todas estas fobias bien pueden reducirse en una sola: La llamada Megeirocofobia y que es, nada mas y nada menos que « Miedo a cocinar» ¡ Asi es! Ya imagino lo que estás pensando. En mi caso, este descubrimiento ha llegado demaciado tarde.
Lo cierto es que las fobias son las causantes de ausentismo, cancelaciones de viaje y pérdidas en los negocios.
El programa televisivo Fear factor (2001) se distinguó por poner a prueba a sus competidores de una manera singular pues eran confrontados con los temores mas comunes que padece el ser humano. En su versión americana- el anfitrión Joe Rogan- comenzaba el programa de esta forma:
«Soy Joe Rogan, y éste es Factor Miedo. Las acrobacias que están a punto de ver fueron diseñadas y supervisadas por profesionales. Son extremadamente peligrosas y no pueden ser intentadas por cualquier persona, en cualquier lugar, en cualquier momento.»
En la primer etapa del programa los competidores eran probados físicamente; en una segunda etapa, mentalmente. La tercera etapa era una combinación de ambas que incluía miedo a las alturas, agua y vehículos en movimiento. Al terminar el programa quienes habían sobrepasado las pruebas podían ser confirmados con la tan esperada frase ,
«Evidentemente; el miedo, no es un factor para ti.»
Antes de mencionar el pasaje bíblico debo decir que el segundo temor que enfrenté al escribir ésta entrega fue precisamente el de abordar dicho pasaje localizado en Marcos 16:17-18 A pesar de los comentarios que arroja la crítica textual sobre el particular y que dan por terminado dicho evangelio en el versículo 8, me parece que ésta porción contiene una enseñanza que no debemos desaprovechar.
Otro temor vencido fue el pensar que mis compañeros estudiosos, teólogos, doctores y expertos en éstos temas me criticaran; pero después de meditarlo bien, me dí cuenta que mi temor era sin fundamento ya que ninguno de ellos lee lo que ésta humilde aprendíz a duras penas pueda escribir al respecto. Entonces puse manos a la obra, o mejor dicho ¡Al teclado!
El pasaje nos dice que Jesús se les apareció a los once discípulos estando ellos sentados a la mesa. Que les reprochó su incredulidad y dureza de corazón al no haber creído a los que le habían visto resucitado. Entonces les dijo: » Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo , mas el que no creyere será condenado » luego, les mencionó las señales que seguirián a los que creyeran,
«En mi nombre expulsarán fuera demonios, hablarán nuevas lenguas;tomarán en sus manos serpientes; y cuando beban algo venenoso, no les hará daño alguno; pondrán las manos sobre los enfermos y éstos recobrarán la salud».
Esta sentencia reune a mi parecer un desafío al estilo Factor Miedo ya que requiere de sobre pasar pruebas físicas, mentales y por supuesto espirituales. Inmediatamente me imagino a los discípulos teniendo contacto con personas cuyas enfermedades son altamente contagiosas. Los veo poner sus manos en ellos, es más, ¡abrazarlos! Luego los veo en una cisterna llena de serpientes y a éstas, moviendo los bordes posteriores de sus escamas al tiempo que sus músculos impulsan amenazantes sus movimientos hacia adelante hasta lograr enrollarse entre los brazos y piernas de los discípulos; también, los veo comiendo algo desagradable y mortal; o que tal perdidos en el fin del mundo, interactuando con otras razas y sus extrañas costumbres pero sin traductor; por último, luchando contra fuerzas demoníacas. Sin embargo, lo interesante de este pasaje no radica en éstas señales, sino en ¿Cómo podría Jesús enviar a un pequeño grupo de hombres miedosos, incrédulos y nada profesionales que además no contaban con la audacia ni los recursos necesarios para conquistar el mundo? No se me ocurre otro resultado que el fracaso total.
Debemos recordar que estas palabras son adjudicadas a Jesucristo mismo, quien venciendo todo temor, padeció y murió desde las nueve de la mañana hasta las tres de la tarde con la fe puesta en la promesa que el Padre le levantaría de los muertos al tercer día. Es por eso, que con tal autoridad les envia aun comprendiendo que el miedo al ridículo, al fracaso, al sufrimiento y a la muerte les evitaría salir al mundo. Pero ellos creyeron en sus palabras, obedecieron y esperaron la venida del Espíritu Santo quien los llenó de poder. Fue entonces cuando en vez de cobardía se llenaron de amor por las almas y valor ante el peligro, no tuvieron tiempo para pensar en enemigos imaginarios, afrontaron la adversidad con valentía, abrazaron la aventura y el autosacrificio de modo que hasta las contingencias les fueron agradables. Sin embargo, a San Pablo le costó la cabeza y a San Pedro la crucifixión, otros mas fueron aserrados. Todos ellos ya, han recibido la vida eterna y gracias a ellos el evangelio se expandió hasta nosotros.
Hace algún tiempo escuché una anécdota sobre una persona que se afamaba diciendo lo feliz que estaba por haber sido llamado a servir en los Estados Unidos. Habló y habló de los trámites que tuvo que sortear, de las tristezas y temores que tuvo que vencer al separarse de su familia, al tener que subirse al avión y al no entender inglés. Al finalizar le dió gracias a Dios por haber vencido tantas pruebas y vivir bien. Cuando termino de dar su testimonio. Solo se escuchó una voz que dijo,
-«Que bueno que no le llamó Dios a Haití, a Uganda o a Somalía.»
¿Habría respondido con el mismo entusiasmo y diligencia al llamado? o tal vez ¿ el miedo a la pobreza, la guerras, el rechazo al evangelio, las enfermedades y al vudú se lo hubieran impedido? ¡Cuán convencional y predecible resulta para algunos el llamado al ministerio en estos dias!
Recuerdo el tiempo cuando el Señor me llamó a su servicio. ¡Tenía tantas preguntas y temores! Al conversar con mis compañeros de estudios coincidimos en una cosa, y era el hecho de que ninguno -de los que estabamos seguros de nuestro llamamiento- habíamos deseado antes tenerlo. ¿La razón? Creo que teníamos un profundo sentimiento de responsabilidad sobre lo que el llamado divino requiere: Dios no espera gente acomedida que llegue al ministerio porque tienen algo que dar o porque las circunstancias de la vida -educación o talentos- lo han llevado hasta ahí. Dios usa a quienes ha llamado y a quien pueda aceptar un compromiso real; porque la tarea es ardua, es valiente, requiere de decisión, disciplina, fortaleza, sacrificio, heroísmo; porque es luchar en contra de las fuerzas de las tinieblas, porque es olvidarse de sí mismo y darlo todo por su causa. Entonces descubrimos que ninguno esta capacitado y que todos comenzamos como los discípulos descritos en este pasaje: Incrédulos de las maravillas que Dios pueda obrar a través de nosotros. Porque no es por nuestra propia fuerza o valor, sino por la fe puesta en Jesucristo y por el poder de Su Espíritu que nos capacita y nos ayuda a vencer el miedo. De este modo vamos al mundo impulsados por Su amor y en Su Nombre.
Ahora bien, cabe aclarar que el mandato es ir al mundo a predicar el evangelio, y no el de ir al mundo a montar un espectáculo para que la gente se convierta y crea. No nos predicamos a nosotros mismos, ni predicamos milagros; predicamos a Cristo y a éste crucificado (1 Corintios 1:23) Si los discípulos habrían de beber alguna cosa mortífera, no lo sería a sabiendas. El Señor cuidaría de ellos cuando El se convirtiera en el motivo principal de sus vidas y predicación. Solo Jesús quien puede conquistar al mundo por su Nombre nos lleva a una victoria inicial: la gran batalla de vencer primeramente lo peor de nosotros mismos para luego vivir lo mejor que podamos para ser usados por El.
El temor a la crítica, a la burla, a la calumnia, a la competencia desleal, a la ignominia, a la escases, a la soledad y al desamparo -solo por citar algunos- son temores legítimos que los llamados debemos afrontrar asidos fuertemente de su brazo poderoso día a día. Oswald Chambers lo describe así, » No tenemos un llamamiento a mantenernos aferrados a algun lugar y no hacer nada, sino a trabajar con determinación, sabiendo con garantía que Dios nunca será derrotado» Si confianmos en El, no ha de dejarnos sin su protección.
Durante éstos años de servicio, mi esposo y yo nos hemos dado cuenta – como muchos mas- que los recursos económicos que pudieramos poseer hoy no son la solución a nuestras ansiedades; que los conocimientos y talentos que poseemos no son el camino al éxito; que gozar de una buena salud no es la solución a nuestro deseo de trascender; que el vigor y la fortaleza empleadas a través de los años no son la solución a nuestras inquietudes; y que incluso, el amor por quienes servimos, no es la solución a nuestras desilusiones y sufrimientos. Solamente Dios y la fe en El, son la solución – solución divina- para todos nuestros problemas y temores.
En cuanto al pasaje solo me queda especular como algunos comentaristas, que quien agregó esta nota final tuvo el temor de que el evangelio no terminara como debiera y en su lugar agregó una nota inspiradora y de victoria para las generaciones futuras.
El mundo esta lleno de personas que han sido llamadas a servirle y se acobardan ante las primeras dificultades. ¿Eres tú uno de ellos? ¿Responderás a Su llamado venciendo los temores?
Si confias en El hoy, los milagros y las maravillas que estas apunto de ver en tu vida y en la de otros , han sido diseñadas y supervisadas por Un Profesional, las cuales son extremadamente peligrosas y pueden ser intentadas por cualquier persona que responda afirmativamente a Su llamado creyendo en El, en cualquier lugar y en cualquier momento. Solo de esta manera será evidente para todo el mundo y criatura que el miedo, no es un factor para tí.
Una madre preocupada, oraba fervientemente para que su hija entrara a la universidad. Al acercarse la fecha límite su preocupación se acrecentaba pues su hija no parecía tener una real oportunidad de ingresar. Decidió entonces comenzar a ayunar y a orar con mas fervor. Un domingo antes de la fecha pidió a los miembros de su congregación le ayudaran a orar. Los dias pasaban lentos sin recibir la tan ansiada carta de aceptación. Pero en uno de esos dias, mientras cocinaba el almuerzo, sonó el teléfono. Era su amiga Brenda quien le contó entusiasmada que su hijo había sido aceptado en la misma escuela a la que ella pretendía que su hija ingresara. Cuando terminó la conversación telefónica, se arrodilló y le rogó a Dios con todo su corazón, «Señor, cómo puede ser posible que el hijo de los Gutiérrez haya sido aceptado y mi hija no? ¿ Qué dirá la gente si no es aceptada? Atiende a mis ayunos y ruegos; ¡No permitas que se burlen de nosotros nuestros enemigos!…» Después de orar unos minutos en la misma dirección se dió cuenta que sus motivos estaban llenos de orgullo y deseos carnales. ¿Contestaría Dios una oración así? La Palabra de Dios nos ofrece una guía acerca de cómo orar en estos casos.
Los capítulos 1 y 2 del primer libro de Samuel nos narran la oración y la historia de Ana una mujer que por ser estéril es motivo de las constantes burlas por parte de Penina, su rival.
Algunos comentaristas nos refieren que Ana se había casado con Elcana y al no poder darle hijos, Elacana decidió tomar como segunda esposa a Penina. En aquellos tiempos la poligamia era aceptada en la sociedad aun cuando nunca fue, ni ha sido, el plan divino;el sufrimiento y los problemas consecuentes a este tipo de relación los podemos observar en las diferentes parejas bíblicas que mantuvieron esta situación. Uno de los problemas frecuentes en una relación poligámica de aquel tiempo- y de ahora- son los celos. La paz se disipa y la competencia entra en juego. Este era el caso de Penina quien a pesar de haberle dado hijos a Elcana no contaba con el amor que él, le profesaba a Ana. Las crueles burlas y humillaciones que Penina vertía sobre Ana se convirtieron en una agonía para ella. Tanto, que Ana no deseaba comer.
Cada año Elcana y su familia acudián religiosamente para guardar las fiestas nacionales en Silo. En ellas adoraban a Dios y presentaban sacrificios. Pero ese año, la desesperación que Ana vive por causa de la esterilidad la lleva al límite. Además de Penina, Ana es señalada por la sociedad y parece estar destinada a una vida gris. Al parecer jamás sabrá de los apuros y desvelos que producen la crianza de un hijo. Pero sobre todo, no tendra la oportunidad de ofrecer un futuro para el pueblo de Israel; el sueño de ser la madre escogida por Dios para engrendar al Mesías, se extinguía poco a poco. Lo único que la sotiene es la esperanza en el Dios todopoderoso.
Elcana le ruega que coma, pero ella se niega porque la dimensión de su sufrimiento y tribulación han llegado a tal punto que no se puede compartir en la mesa. Ella ha decidido orar y ayunar en total libertad. Ana no quiere que Dios sea tan solo un rumor para ella, una liturgia, una oración que hace solo cuando se siente triste. No puede contenerse mas y sin embargo, ante la insistencia de su esposo Ana come y se levanta de la mesa. A solas y dominada por el llanto, llega a las puertas del templo para derramar su corazón. En su oración, no se resigna a vivir una vida a medias, lo quiere todo. Por eso hace un voto a Dios. Dios la escucha y le concede lo que pide.
Ahora bien,¿Cuánto tiempo pasó para que la oración de Ana fuera contestada? No lo sabemos con certeza. Pero podemos decir que pasó el tiempo suficiente hasta el dia en el que ella comprendió que si Dios haria el milagro no sería para contestar a una oración egoísta que humillara Penina. Con los años la petición de Ana se fue transformando en mas que en simplemente tener un bebé en sus brazos, hacer feliz a su esposo y en ponerle un fin a las burlas. Era un sueño que trascendía mas allá de ella misma. Ana oró hasta que sus motivos fueron completamente puros. Este es el beneficio de las oraciones que tardan en ser contestadas. Mientras mas oramos vamos descubriendo que Dios quiere que seamos parte del proceso ayudándonos para hacer a un lado nuestro ego, para purificarnos y de este modo, Su nombre sea glorificado. Ana lo describe así, » No multipliquéis palabras de grandeza y altanería; cesen las palabras arrogantes de vuestra boca; porque el Dios de todo saber es Jehová, y a él toca pesar las acciones». (1.Samuel 2:3)
Es en el momento mismo de la oración en donde Ana descubre sus carencias y en donde recibe la respuesta afirmativa, en donde dialoga y pacta con Dios; donde derrama su almay promete dedicar al hijo que Dios le diere todos los dias de su vida. Solo entonces, Ana regresa, come y no esta ya mas triste porque ha dejado atrás cualquier rastro de pensamiento negativo, orgullo y falta de fe. Hay una nueva Ana porque en la oración ella es liberada. Ya no es solamente lo que Dios le puede dar, sino lo que ella le puede dar a Dios.
¿Son nuestras oraciones así?
Por lo regular pedimos aquí y allá, esto y lo otro. Pero no le decimos a Dios: «Yo te voy a dar de regreso lo que tu me has dado». Me ha llamado la atención cómo Ana le pide a Dios algo que no quiere solo para ella, sino que se lo pide porque piensa regresárselo.¡ Que maravilloso es encontrar a esta mujer con una oración tan singular! ¿No es lo que nos enseña Jesus en su parábola de los talentos? Si Dios nos da un carro, ¿Lo usaremos para su gloria?; Si Dios nos da un hijo,¿ lo guiaremos a sus pies?; Si Dios nos devuelve la salud,¿ viviremos para El? Dios no solo espera nuestra petición, también espera nuestra respuesta.
En su grandeza, Dios le da un hijo a Ana y un profeta al pueblo. Ella, se dedica a infundir en el pequeño Samuel el amor y la entrega al Dios de quien depende su vida. A El se deben por completo.
Samuel fue la respuesta a una oración. Una respuesta, que además aprendió a escuchar el llamado de Dios desde pequeño y que creció para ser un hombre de oración que intercedió a Dios por el pueblo. Pero los Samueles no se dan así porque si. Como bien lo dice E.M. Bound » Los Samueles que oran provienen de las Anas que oran» Que oran obedeciendo a la voz de Dios en medio de la oración y que no la reducen a una mera letanía o ritual y nada mas. No por nada en esta porción de la Escritura( 1:3) es la primera vez que se menciona el nombre de Dios como Yahweh Sabaoth, el Nombre que combinado expresa en extremo la soberanía de Dios. El es Soberano y debe reinar incluso en medio de nuestra oración.Es ahí donde le preguntamos a Dios cómo nos conviene orar y su Santo Espíritu intercede por nosotros.
Cuán simple resulta para algunas madres y padres de hoy decir:» Dios me ha dado un hijo; así como se lo pedí, así me lo dió» y pierden de vista que la verdadera bendición de ser fecundo no consiste en dar a luz un hijo,para presumirlo como Penina, sino para criarlo como Ana de tal manera que su vida honre al Dios que nos ha dado el privilegio de procrearlo; como ella expresó: «porque se lo pedí prestado». En otras palabras,me lo diste en pureza, te lo regresaré igual; porque esa es la condición para entrar en Tu reino: vivir en santidad aquí, para poder vivir en la santidad de allá .Para eso debemos dedicarnos como bien lo hizo la devota Ana en cuyo canto expresa con alegría, «No hay Santo como Jehová»(1Sam2:2)
Cuando se llegó el tiempo requererido Ana cumplió su promesa y trajo al pequeño Samuel ante el sacerdote Elí testificando: «Por este niño oraba», adora y eleva su oración y cántico de gratitud.
¿Cómo regresó Ana a su casa después de haber entregado a Samuel? ¿Qué hizo cuando vió sus juguetes? Podemos estar seguros que el vacio que dejó Samuel lo llenó ella de gratitud, de cantos, de risa y recuerdos porque Samuel se había conviertido en el eslabon que unía a Ana y mas tarde a toda la familia con Dios. Ha sido una dedicación total que la ha llevado a alcanzar un entusiasta autosacrificio que borda túnicas para Samuel,quien se ha convertido tambien, en la promesa de la voz de Dios al ministrar en la presencia de Jehová. Mas tarde leemos que el sacerdote Elí ora por Elcana y Ana y ellos engendran cinco hijos mas.
De este pasaje podemos aprender que una persona atribulada- como lo fue Ana- será afectada físicamente pero al mismo tiempo a través de la oración, tendrá la oportunidad de destruir la vanidad y los pensamientos de autosuficiencia. Que Dios esta listo a darnos lo que deseamos cuando hayamos quitado el objeto de nuestra oración del centro de nuestro corazón y lo hayamos depositado por completo en sus manos. Los ingredientes de una oración así son la devoción,la fe,la dedicacion y la determinación.
Dios no contestó la oración hasta que Ana descubrió que la raiz de sus tribulaciones y pesares estaban dentro de ella y que solo Dios que mira el interior podia ayudarla. Ana por su parte, no comió bien hasta que se aseguró que su oración habia sido por fin refinada.
«…Pero los que estaban hambrientos dejan de estarlo.» 1 Samuel 2:5
Mi mamá formaba parte de un grupo que todos los lunes lo dedicaban al evangelismo y a la visitación. A mí me gustaba acompañarla porque la mamá de Carmencita también era parte del grupo y eso nos permitía a las dos volvernos a ver y continuar los juegos y pláticas que habíamos dejado pendientes el día anterior. Pasadas algunas semanas el grupo creció y con ello la asistencia de los niños. De repente y sin consultarnos nos dijeron un lunes que una de las damas se haría cargo de nosotros; que nos cuidaría,que nos portáramos bien. Y ahí nos tienes. Siete preciosas y tiernas criaturitas sentadas en la mesa del comedor esperando aunque sea un vaso de agua fresca.
-¿Quién de ustedes quisiera ayudarme a disfrutar de una rebana de pastel?- Nos preguntó entusiasmada la sonriente dama.
La alegría que ella mostró en su rostro me hizo pensar que sería algo divertido, entonces me apresuré a levantar la mano para que Carmencita no me ganara.
-¡Muy bien Sonia!- me dijo sonriendo de nuevo, y luego agregó,
-Pero primero debemos trabajar un poco para poder disfrutarlo mejor. Además, el trabajo es una bendición de Dios – Tomándome de la mano me llevó a su cocina y luego me dijo:
-¿Ves todos estos trastes sucios? Han estado así desde la mañana y tu tendrás la bendición de lavarlos y dejar todo en orden.
Ahora entiendo que mientras me explicaba el procedimiento yo observaba sorprendida como sus ojos se iban cambiando hasta llegar al punto de convertirla a ella en Mrs. Miyaggi y a mi, en Sonia San, de la película Karate Kid 1
-Aquí tienes el jabón ….y por aquí esta un secador. Los enjuagas de este modo y los colocas por acá. ¡Ah! y no los vayas a romper….. Solo recuerda que debemos hacer todo como si fuera para Dios.
Luego se encaminó hacia el comedor para preguntar a los demás quien quería ser el siguiente. Como ellos no me podían ver bien y no habían escuchado de qué se trataba, tres niñas levantaron la mano. Desde la cocina traté de hacer señas a Carmencita ondeando el secador para que bajara la mano. Pero era demaciado tarde. La había escogido y su trabajo sería barrer el inmenso patio. Así continuo repartiendo bendiciones hasta llegar a la inocente Teresita de tan solo cuatro añitos a quien se le confirió la ardua tarea de poner la mesa doblando a la perfección servilletas.
No había lavado ni tres vasos cuando ya mis pensamientos comenzaron a atormentarme…
-«¡Que trabajo, ni que recompensa, ni que nada! ¡Esto no es para Dios!. En mi casa le llamamos limpiar. Si no quería cuidarnos, ¡Solo tenía que decirlo!Pobre Teresita….. ¡Esta tan chiquita!Apenas alcanza la mesa….Y pensar que yo en mi casa ni mi plato recojo y ésta hermanita aquí, ¡Abusándome!»
Después de unos segundos….
-¡Los voy a lavar como pueda porque ya me mojé toda!
Después de unos minutos…
-A mi mamá no le va a gustar ver a su bebé lavando trastes. ¡Tanto que me cuida mi mamita para que no me ensucie! Me pregunto, ¿Que dira la mamá de Carmencita? Ya esta toda polveada y con las calcetas negras por tanta tierra que ha barrido.
Después de un rato….
-¡No se vale!¡ Les esta sirviendo pastel mientras yo sudo la gota gorda tallando este sartén.
Sentí un gran alivio cuando por fin escuché los pasos del grupo de damas que venía de regreso. Pensé entonces que mi plan de último minuto de hacer tiempo para que mi mamá viera lo que la malvada dama me había puesto a hacer , había funcionado. Me preparé para ver la cara que pondría cuando mi mamá le reclamara por poner a su bebé a realizar labores propias de la servidumbre. Hasta llegué a pensar: «De aquí nos vamos a la cafetería mi mamita y yo a comer un mejor pastel»
-¿Qué estas haciendo?- Me preguntó mi mamá un tanto extrañada.
Con carita sufrida le conteste,
-Aquí…. dizque, «bendecida» ¿Tu crees?
Haciendo uso de mi habilidad para la actuación, logré que una lágrima comenzara a salir de mi ojo izquierdo. Fue entonces cuando mi mamá no pudo contener la risa y con una carcajada fue a felicitar a la inicua dama diciéndole lo que todos los hijos alguna vez odiamos oír:
-¡Que bueno que puso a Sonia a lavar los trastes! porque ella no se acomide para hacer algo en la casa….¡No levanta ni su plato! Para la otra, póngala también a barrer y a trapear el piso.
¿Para la otra? ¡Cual otra! Si saben contar….¡Conmigo no cuenten,yo ya no vuelvo a venir los lunes! Pensé. Pero como no me mandaba yo sola, el siguiente lunes y a la misma hora, me encontraba sentada en la mesa del comedor junto con los otros seis niños que tampoco gozaban de libre albedrío. A veces pienso que aquella dama fue la culpable de que yo odiara tanto lavar los trastes. Tu me entiendes,»Traumas de la niñez»
Que diferente hubiera sido si en el proceso simplemente hubiera disfrutado del trabajo y después de la rebanada de pastel que por cierto, se me cayó al subir al carro. ¿Cómo podría sentirme bendecida? Trabajé mucho, me cansé y no recibí lo que yo había mal entendido era la bendición.
Lo cierto es que cuando me casé por mas que trataba de encontrar la bendición al cocinar no lo lograba porque me centraba solo en el resultado. Y como el resultado era desastroso, me desanimaba. Luego vendrían las quejas y el mal humor que me producía la presión de tener que cocinar día a día. Mis pensamientos comenzaron a simpatizar con movimientos feministas, la lucha por alcanzar la igualdad y por legislar el trabajo doméstico remunerado. Debido a que mi lucha por ser emancipada concluía en una quimera busqué un trabajo para poder pagarle a alguien que nos hiciera de comer, o ya de plano, comer fuera de casa. Todo iba de maravilla hasta el día en que la cigüeña me envió un aviso. Cuando el bebé nació, mi suerte cambió. Ya no podría trabajar y tendría que cuidar de ese pequeño a quien además habría que enseñarle a comer.
Al salir el sol y abrir mis ojitos cada mañana pensaba, ¿Que haré de comer hoy? ¡Que fastidio! Cada día era igual, la misma aflicción, la misma tortura y hasta el mismo menú porque a la hora de la hora no se me ocurría intentar algo nuevo. ¡No le encontraba el sentido a mi existencia¡ De ahí que por las noches vendría la reflexión al estilo Descartes:
» Pienso, luego……. busco una cocina económica»
El escritor de Eclesiastés parece conocer bien de lo que estoy hablando y nos ofrece en su literatura sapiencial una pregunta central que trastoca nuestra mente y que tiene que ver no solo con la cocina sino con todo trabajo cotidiano : ¿Tiene algún sentido o significado lo que yo haga en este mundo?
Durante su discurso examina la vida<debajo del sol> para determinar si hay alguna felicidad en el día a día. Como resultado de su reflexión, nos entrega una crítica al materialismo que concibe el mundo como un fin en sí mismo y que convierte la vida en vanidad; al mismo tiempo, nos exhorta a alegrarnos en el trabajo haciendo una diferencia del estilo de vida que teme a Dios en cada aspecto y que le da por ello significado. Solo Dios es el que da el trabajo, la posibilidad de gozarse y disfrutar del mismo.
«He aqui, pues, el bien que yo he visto:que lo bueno es comer y beber y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol,todos los días de su vida que Dios le ha dado;porque esta es su parte» (Eclesiastes 5:18)
Ahora bien, ¿Cómo hacer del trabajo un placer? Comprendiendo lo que Dios quiere de nosotros y cambiando intencionalmente nuestra actitud mental hacia ello.
W. Eichrodt lo describe así :»Al distribuir el autor toda la actividad creadora a lo largo de una semana,concluyendo con un día de descanso,atribuye a una descisión primigenia la creencia de que el hombre no esta en la tierra para una vida placentera y sin preocupaciones tal y como dicen numerosos mitos sobre los primeros tiempos de la humanidad sino que ha de desarrollar sus aptitudes y potencias mediante un trabajo útil en el cual posee un trasunto de la actividad creadora y de la alegria del mismo Dios. Es Dios quien introduce este concepto antes de la caída, y pide a Adán nombrar a los animales , administrar el jardín de Edén y preparar su propia comida de las plantas y árboles que ha creado.»
Podemos decir entonces que el trabajo cotidiano no es una condición o un castigo como consecuenca del pecado. Es una bendición porque provee sentido a la vida a través de los desafios que nos presenta, por el entusiasmo, creatividad y sentido de aventura que nos hace desarrollar. También, porque a través de nuestro esfuerzo, dolores de cabeza, lágrimas y hasta molestía por no alcanzar-en ocasiones- el resultado esperado nos lleva a darle valor al mismo. Dios quiere que nuestras actividades cotidianas sean una expresión natural de lo que somos a través de las habilidades que El nos ha dado. Una oportunidad de desarrollar todo nuestro potencial y de estirar al máximo nuestras capacidades.
Tal vez nos cueste trabajo realizar cierta tarea porque contenga elementos emotivos que nos hagan justificar nuestra dilación o apatía; entonces, debemos buscar la ayuda divina para llevar a cabo nuestro trabajo. No basta con saber que a El le agradaría que lo hicieramos de buena gana;hay que esforzarse. Si tomas una actitud quejumbrusa ante lo que te cuesta trabajo realizar, sentirás descontento y en consecuencia, apareceran los pensamientos desagradables y las comparaciones de tu trabajo con el de los demás dejando como resultado una desazón constante.
Desde la persona que limpia los baños y los deja inmaculados hasta el empresario que cierra un trato de alto nivel; desde la cocina, la fábrica o la oficina, la idea de reverenciar a Dios incluso con nuestro sudor transforma el significado de nuestra vida pues es lo que Dios desea y lo que nosotros le debemos ofrecer con gusto. Como bien lo expresara Leonardo da Vinci:
«Tú, oh Dios, nos vendes a nosotros todas las cosas buenas al precio de la labor. El trabajo es la semilla de la cual crecen todas las cosas buenas que Tú esperas»-
¿Qué actividad cotidiana te atormenta mas? Puediera ser algo sencillo como el ir a hacer los pagos, ayudar a tus hijos con las tareas escolares, hacer las compras, lavar el carro ó tal vez sean situaciones mas complicadas que tienen que ver con la profesión que ejerces y que brinda sustento a tu familia .
Tal vez,el primer reto que se te presente sea el de teminar ese trabajo que has dejado a medias por varias semanas o meses; de hacerlo, tendrás la oportunidad de comenzar a practicar las virtudes de Dios quien no descansó hasta terminar su obra creadora.
Eclesiastés nos muestra cuan aburrida, tediosa y vacía es la vida si dejamos de lado el temor a Dios y la obediencia a sus mandamientos (12:13). Depende de nosotros que la labor humana sea una actividad que al fatigarnos nos convierta en personas bendecidas por Dios.
«También les dijo: Yo les doy de la tierra todas las plantas que producen semilla y todos los árboles que dan fruto con semilla; todo esto les servirá de alimento. » Génesis 1:29 NVI
Uno de los utensilios indispensables para elaborar ciertas recetas que requieren de harina, es el cernedor. El y yo nos conocimos allá por la década de los ochenta, cuando en un «Curso intensivo» de repostería hubo necesidad de usarle. Y es que, en aquella época, cuando tu novio te preguntaba si sabías cocinar, la respuesta mas socorrida era:
«Cocinar lo que se dice cocinar, no. Pero sé hacer muchos postres, tu sabes…gelatinas, pasteles, flan, dulces y todo eso.»
Por supuesto que el aspirante a esposo en cuestión se imaginaba los mas exquisitos manjares: Gelatina almendrada y kiwi caramelizado, budín austriaco, islas flotantes con rompope,trufas de chocolate, etc. En el último de los casos, un arroz con leche. La desilusión aparecía cuando ya de casados, la ahora esposa le ofrecía a duras penas, una gelatina de agua marca Pronto.
De ahí mi interes por tomar dicho curso y adquirir algunas nociones sobre el tema.
Pues bien, la instructora me dijo que debía colar la harina ofreciéndome un cenedor el cual me pareció ser un instrumento divertido y hasta moderno. Su función era y es, evitar los grumos en las preparaciones de tal modo que,cuando probemos el pastel no obtengamos de el ese desagradable sabor amargo que produce la harina seca y compacta. El cenedor es entonces un aliado y aunque su trabajo es muy sencillo, marca la diferencia entre una deliciosa rebanada de pastel y un intento del mismo.
El cernedor tiene mucho que ver con una palabra que se usa frecuentemente a la hora de elaborar un juicio o tomar una decisión, y es la palabra discernimiento; del latin dis-cerno y que significa separar una cosa de otra, señalando la diferencia principalmente en cuanto al valor moral de las cosas. Nos ayuda entonces a distinguir lo bueno, de lo malo. ¡Quien pudiera tener buen discernimiento para desarrollar una personalidad estable e íntegra! Sin embargo, lastimosamente, encontramos grumos aquí y allá.
Considero que creamos un grumo cada vez que confiamos mas en la suerte y la ficción, que en hechos reales. Tal como el pesimista que cree con facilidad lo que teme; o como el optimista que cree que le sucedera todo lo que quiere, con solo desearlo. Lo mismo sucede cada vez que emitimos un juicio definitivo basados tan solo en una actitud, en un rostro o en un comentario sin tomar en cuenta otros aspectos. Al considerar un gesto sospechoso en apariencia, como pudiera ser un ceño fruncido, el cual podría significar dolor, perplejidad o tristeza y no necesariamente amargura; o cuando consideramos erroneamente una sonrisa amplia, que pudiera significar tan solo hipocresía y una mala intención. ¡Cuantos problemas evitaríamos! Si tan solo pudieramos discernir y no solo criticar o hacer uso de la ironía o la burla, como resultado de un juicio erróneo que -dicho sea de paso son, ambas- la forma mas vil y cobarde de demostrar a todos la inferioridad propia.
¿Es posible encontrar un cernidor que nos evite los sinsabores de la vida que producen las malas decisiones y los malos pensamientos? De encontrarlo, podríamos responder como Jesus ante la mujer sorprendida en el acto mismo del adulterio, que lejos de juzgarla duramente, vió en ella algo bueno, y la perdonó, librándola así de la muerte. Podríamos alejarnos de ideas locas y en consecuencia tener un caracter equilibrado capaz de apartarnos del árido intelectualismo, que produce individuos sin sentimientos;y también, del misticismo exclusivo que solo produce individuos desequilibrados, estrechos de miras e incompletos. Podríamos también seguir perfectamente el consejo del apóstol Pablo de examinar todo desechando lo malo e inservible y preservando lo esencial para obtener un resultado óptimo.
La única manera que se me ocurre es internar un cernedor en el corazón y en la mente que nos ayude a filtrar nuestra emociones y que nos ayude a depurar nuestros pensamientos de tal forma que el producto que ofrezcamos a los demas y a Dios, sea dulce y armonioso.
He descubierto- como muchos- que la Palabra de Dios es el cernedor por excelencia y un aliado en la cocina de la vida propia; pues cuela los pensamientos y separa los impulsos.
«Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y que penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón» Hebreos 4:12
Esta porción, escrita por hombres sencillos pero inspirados por Dios mismo, nos recomienda la lectura asidua de ella para lograr llegar a ser el mejor postre que Dios ha creado.
Permite pues, que El Cocinero por excelencia use el cenedor en tu vida, internando diariamente Su palabra en ti.
Ya les he contado mi primer encuentro con las hierbas de olor. Ahora les relataré mi aventura con la salsa de mostaza y mis primeros invitados a comer- que dicho sea de paso- el Señor tenga en su santa gloria.
No recuerdo cual fue el motivo de la invitación y ahora que lo pienso me sorprende que ellos hayan aceptado aun sabiendo de mi ignorancia en los quehaceres culinarios. Ella era buena cocinera y su esposo era un agradable y comprometido hermano en la obra del Señor. Ambos de edad avanzada; razón por la cual me animaba pensando que si se enfermaban, no se notaría mucho pues a los ancianos todo lo que comen les hace daño.
Yo había encontrado en una revista sobre moda una receta titulada «Pollo a la Mostaza» Los ingredientes eran fáciles de adquirir y no requería de mucho tiempo. Una nota al pie de la receta indicaba que era ideal para las personas de la tercera edad. En primer lugar porque la mayoría de ellos solo pueden comer pollo y en segundo lugar, porque me aseguraba que la acritud de la mostaza logra adelgazar las mucosidades descongestionando así las fosas nasales de los catarrientos ancianos. Pensé que un «Arroz en tres tiempos» y una ensalada despeinada acompañando al Sr. Mostaza, sería suficiente.
Por esos días estaba de visita con nosotros una muy querida sobrina que presumía haber estudiado cocina en la secundaria. Yo para nada me sentía intimidada con esos conocimientos. ¿Qué me puede enseñar esta niñita? De vez en cuando ella hablaba de lo que había cocinado en la escuela y yo con cara de «¿Deveras?» la medio escuchaba. Cuando ella supo de nuestro compromiso me dijo muy contenta,
-«Tía ,si quiere yo le ayudo»
-¡Claro!- le conteste aliviada.
Unos minutos antes comencé a cocinar el pollo siguiendo -según yo- al pie de la letra la receta. Mientras tanto mi sobrina interrumpía mi concentración con preguntas y comentarios como: » ¿Ya lavó bien el pollo tía?» , «Yo también hice una receta así, nada mas que la mia……»; «¿ No le va a subir la flama?»,» ¿Y por qué no corta las verduras así, en lugar de asá?» ,»Debería de ponerle otro poquito de…» , etc.
Yo trataba de contestar pacientemente a todas sus preguntas con exclamaciones y respuestas cortas como: ¡Ah!, ¡Por supuesto! ¿Tu crees? ¡Claro! ¡Gracias!
De repente el timbre sonó. Los invitados estaban ya en la puerta y yo a la mitad del proceso creando todavía en el centro de la cazuela una gran montaña de ingredientes. Entonces, aceleré el paso….
-¿Qué esta haciendo tía?
– ¿Qué no ves? ¡Le estoy agregando la Salsa Maggie!
-Mmm…… tía….
-¡Y ahora qué quieres!
-Esa no es la Salsa Maggie…..
-¿No?¿Entonces qué es?
-Es la Vainilla…
Con los nervios y la presión extra confundí el envase de la Salsa Maggie con el de la vainilla agregándole un poco mas de la cantidad que ameritaba pues ya para entonces la receta había sido desvirtuada con tanto consejo ofrecido por la experta y aceptado por esta novata para que me quedara mejor.
-¿Y ahora qué hacemos?
– ¡Pues lave el pollo!
-¿Cómo crees? ¡Ya ni modo! lo último que me falta por agregar es la mostaza…
Como yo había escuchado el refrán: «En la cocina, si no te sale una cosa, te sale otra», me consolé pensando que acababa de inventar- en todo caso -una nueva receta. Continué «cocinando» a pesar de ver que cuando agregué la mostaza, el guisado tuvo una reacción igual a la que hace el Alka-setlzer dentro de un vaso de agua. El pollo me parecía entonces, un volcán en erupción. El olor áspero y picante de la mostaza combinado con lo dulzón de la vainilla era francamente repugnante . Cuando no pude contener tal efervescencia tapé la olla, bajé la flama y dije: ¡listo!
Entre tanto, mi esposo abría la puerta y daba la bienvenida a los invitados que experimentando el milagro que produce el olor penetrante de la mostaza ingresaron a mi hogar con un «Que rico huele» , inocentes y con un pollo rostizado que habrían comprado solo por si acaso.
Les sugerí que comiéramos solo el rostizado porque «creía» que mi guisado no me había salido muy bien, pero como ellos eran muy educados y no querían desairarme, insistieron en probarlo. Esperando un segundo milagro y rogando al cielo que no se les cayera la lengua en pedazos, les serví a ellos el pollo retorciéndose en mostaza y vainilla. Unos segundos despues mi fe habría flaqueado pues a mi esposo y a mi sobrina, solo les serví del pollo rostizado y yo me limité a comer arroz y ensalada.
Los años han pasado y todavía no logro superar el trauma del todo. Por eso, evito comer mostaza. Solo la uso para marinar de vez en cuando y de este modo aprovechar sus bondades.
Los que saben de las virtudes de la mostaza nos dicen que puede ser usada con efectividad no solo como condimento en la cocina sino también en la tina, ya que tomar un baño con mostaza amarilla por 15 minutos alivia los dolores de espalda causados por la artritis. Ademas, relaja los músculos tensos, y puede estimular y tonificar el rostro si se usa como mascarilla. Todo esto, siempre y cuando hagas una prueba preliminar para asegurar que tu piel no se irritará y que no saldrás de la tina como chicharrón prensado. Por si fuera poco también puede ser útil para despistar a tu marido, ya que es capaz de quitar el mal olor de las llantas de su auto en caso de que no hayas visto cruzar al zorrillo.
En un pasaje muy conocido de las escrituras, encontramos a Jesús mencionando éste ingrediente.
En Mateo 17:14-21 leemos el relato de un hombre que tenía un hijo epiléptico. Los comentaristas nos dicen que esta condición no era conocida como tal en aquel tiempo y es por esa razón que la epilepsia es atribuída en este pasaje, a la influencia maligna de espíritus inmundos. Este hombre, había traído a su hijo ante los discípulos de Jesús para ser sanado por ellos, pero los discípulos no pudieron curarle de su mal. Mas tarde, al encontrarse el padre del joven con Jesús, se postró a sus pies y le rogó que sanase a su hijo explicándole los síntomas de la enfermedad y haciéndole también mención del fracaso de sus discípulos. Jesús, se dirigió hacia el muchacho con autoridad y la enfermedad le dejó al instante. Cuando los discípulos se encontraron a solas con Jesús le preguntaron extrañados porque no habrían ellos podido echar fuera al demonio ¿Acaso Jesús no les habría dado poder sobre los demonios? Jesús recurrió entonces a una imagen literaria: «Una semilla de mostaza» y a una expresión proverbial conocida también entre los judíos y que significaba hacer algo extremadamente difícil o incluso imposible: «Mover una montaña» Y les dice, «Si tuvieras fe, como el tamaño de un grano de mostaza, le dirías a este monte ¡Quítate de en medio! y se quitaría. Nada les sería imposible. «
¿Nada?
Tan solo pensar en mover una montaña, nos parece un disparate, algo simplemente contrario a la razón. Mas aun, si pensamos que esa montaña representa una situación imposible de resolver y que puede ser movida con una fe tan diminuta como una semilla de mostaza, que por sí sola, no nos sirve de mucho ni en la cocina.
Sin embargo, Jesús les dice: «Si tuvieras fe…» .
Mi descripción favorita sobre lo que es la fe dice : » Es el acto de la mente que avanza hacia lo que aun no ha sido explorado.» Lo que me lleva a reflexionar sobre cuantas cosas hay imposibles de remediar en mi vida y en la de otros tan solo porque yo no he tenido la suficiente fe o porque mi mente se ha negado a avanzar hacia lo inexplorado.
No se trata de tener fe en nosotros mismos, o en las palabras que decimos al orar o al pedir; tampoco se trata de un esfuerzo mental. La fe es entrega total, confianza absoluta, o como bien lo describe C.H. Dodd «Una actitud en la cual, habiendo reconocido nuestra insuficiencia total en lo que toca a cualquiera de las metas superiores de la vida, confiamos absolutamente en la suficiencia de Dios.» Esta,debe ser una fe razonada y basada, como toda fe comun-y que practicamos en el diario vivir- en una relación genuina. En este caso, es una relación con Dios mismo que nos hace responderle positivamente al decirle «Yo no puedo, pero tu si puedes». Nuestra respuesta negativa hacia El, sería la duda y la incredulidad.
Entonces, nuestra semilla de mostaza es simplemente creer que Dios es la Causa de todas las cosas. No es la fe en la fe, ni la fe en la oración o en la religión. Es la fe puesta en quien TODO lo puede. En otras palabras, decidimos creer y confiamos en que Dios obrará.
Al igual que los discípulos nos encontramos faltos de fe ante los obstáculos que se nos presentan en la vida.¿Cuantas veces hemos terminado de orar pensando si servirá de algo orar ante una situación imposible? ¿y cuantas veces nos hemos acercado a Dios pensando en El, como el genio de la lámpara maravillosa que sin nosotros conocerlo, ni El a nosotros, cumplirá todo lo que le pidamos? ¿Cuantas veces hemos pensado que el milagro ocurrirá si tan solo nos esforzamos un poco mas? No, nuestras oraciones serán tan solo buenos deseos, desesperanzas y débiles aspiraciones si no hay esa clase de relación que llene nuestro corazón de fe solamente en Dios.
La plegaria que pone su mirada en Dios y no en el tamaño de la montaña puede removerla y es ademas, una verdad liberadora para quienes piensan que Dios solo escucha a algunos. El escucha tu oración y la mía si tan solo tenemos fe en El.
¿Cual es la montaña que no has podido mover? Tal vez sea un sentimiento, una mal recuerdo, una conducta, una economía quebrada o la batalla contra una enfermedad. Jesús nos dice que es posible mover esa montaña que se interpone en tu camino para seguirle, y que dificulta e inmoviliza para hacer su voluntad. Si tan solo tenemos fe como un granito de mostaza, podremos mover montañas.
«..Que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia,alcanzaron promesas,taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos,evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extrajeros. » Hebreos 11:33-34