Archive for the ‘Profuga de la cocina’ Category

Servicio

noviembre 7, 2012

Señor de las cacerolas, sartenes y otras cosas,

Puesto que no tengo tiempo de ser

Una santa que haga cosas adorables,

Ni velar hasta tarde contigo,

Ni que sueñe a la luz del amanecer,

Ni que asalte las puertas del cielo,

Hazme una santa preparando la comida,

Y lavando los platos.

Aunque tenga la mano de Martha,

Tengo la mente de María;

Y cuando lustro las botas y los zapatos,

Encuentro, Señor, tus sandalias,

Pienso en cómo recorrieron la tierra,

Cada vez que restriego el suelo;

Acepta esta meditación, Señor,

No tengo tiempo para más.

Calienta toda la cocina con tu amor,

E ilumínala con tu paz,

Perdona todas mis preocupaciones,

Y haz que cese toda queja.

A ti que te encanta darme alimento,

En la casa o junto al mar,

Acepta este servicio que hago…

Porque lo hago para ti.

-Anónimo

Fatigada y Bendecida.

octubre 8, 2012

Mi mamá formaba parte de un grupo que todos los lunes lo dedicaban al evangelismo y a la visitación. A mí me gustaba acompañarla porque la mamá de Carmencita también era parte del grupo y eso nos permitía a las dos volvernos a ver y continuar los juegos y pláticas que habíamos dejado pendientes el día anterior. Pasadas algunas semanas el grupo creció y con ello la asistencia de los niños. De repente  y  sin consultarnos nos dijeron un lunes que una de las damas se haría cargo de nosotros; que nos cuidaría,que nos portáramos bien. Y ahí nos tienes. Siete preciosas y tiernas criaturitas sentadas en la mesa del comedor esperando aunque sea un vaso de agua fresca.

-¿Quién de ustedes quisiera ayudarme a  disfrutar de una rebana de pastel?- Nos preguntó entusiasmada la sonriente dama.

La alegría que ella mostró en su rostro me hizo pensar que sería algo divertido, entonces  me apresuré a levantar la mano para que Carmencita no me ganara.

-¡Muy bien Sonia!- me dijo sonriendo de nuevo, y luego agregó,

-Pero primero debemos trabajar un poco para poder disfrutarlo mejor.  Además, el trabajo es una bendición de Dios – Tomándome de la mano me llevó a su cocina y luego me dijo:

-¿Ves todos estos trastes sucios? Han estado así desde la mañana y tu tendrás la bendición de lavarlos y dejar todo en orden.

Ahora entiendo que  mientras me explicaba el procedimiento yo observaba sorprendida como  sus ojos se iban cambiando  hasta llegar al punto de convertirla a ella en Mrs. Miyaggi y a mi, en  Sonia San, de la película Karate Kid 1

-Aquí tienes el jabón ….y por aquí esta un secador.  Los enjuagas de este modo y los colocas por acá. ¡Ah! y no los vayas a romper…..  Solo recuerda que debemos  hacer todo como si fuera para Dios.

Luego se encaminó hacia el comedor para  preguntar a los demás quien quería ser el siguiente. Como ellos no me podían ver bien y no habían escuchado de qué se trataba, tres niñas levantaron la mano. Desde la cocina traté de hacer señas a Carmencita ondeando el secador para que bajara la mano. Pero era demaciado tarde. La había escogido  y su trabajo sería barrer el inmenso patio.  Así continuo repartiendo bendiciones hasta llegar a la inocente Teresita de tan solo cuatro añitos a quien se le confirió la ardua tarea de poner la mesa doblando a la perfección servilletas.

No había lavado ni tres vasos cuando ya mis pensamientos comenzaron a atormentarme…

-«¡Que trabajo, ni que recompensa, ni que nada! ¡Esto no es para Dios!. En mi casa le llamamos limpiar. Si  no quería cuidarnos, ¡Solo tenía que decirlo!Pobre Teresita….. ¡Esta tan chiquita!Apenas alcanza la mesa….Y pensar que yo en mi casa ni mi plato recojo y ésta hermanita aquí, ¡Abusándome!»

Después de unos segundos….

-¡Los voy a lavar como pueda porque ya me mojé toda!

Después de unos minutos…

-A mi mamá no le va a gustar ver a su bebé lavando  trastes. ¡Tanto que me cuida mi mamita para que no me ensucie! Me pregunto, ¿Que dira la mamá de Carmencita? Ya esta toda polveada y con las calcetas  negras por tanta tierra que ha barrido.

Después de un rato….

-¡No se vale!¡ Les esta sirviendo pastel  mientras yo sudo la gota gorda tallando este sartén.

Sentí un gran alivio cuando por fin escuché los pasos del grupo de damas que venía de regreso. Pensé entonces que mi plan de último minuto de hacer tiempo para que mi mamá viera lo que la malvada dama me había puesto a hacer , había funcionado.  Me preparé para ver la cara que pondría  cuando mi mamá le reclamara por poner a su bebé a realizar labores propias de la servidumbre. Hasta llegué a pensar: «De aquí nos vamos a la cafetería mi mamita y yo a comer un mejor pastel»

-¿Qué estas haciendo?- Me preguntó mi mamá un tanto extrañada.

Con carita sufrida le conteste,

-Aquí…. dizque, «bendecida» ¿Tu crees?

Haciendo uso de mi habilidad para la actuación, logré que una lágrima comenzara a salir de mi ojo izquierdo. Fue entonces cuando mi mamá no pudo contener la risa y con una carcajada fue a felicitar a la inicua dama diciéndole lo que todos los hijos alguna vez odiamos oír:

-¡Que bueno que puso a Sonia a lavar los trastes! porque ella no se acomide para hacer algo en la casa….¡No levanta ni su plato! Para la otra, póngala también a barrer y a trapear el piso.

¿Para la otra?  ¡Cual otra!  Si saben contar….¡Conmigo no cuenten,yo ya no vuelvo a venir los lunes!  Pensé.  Pero como no me mandaba yo sola, el siguiente lunes y  a la misma hora, me encontraba sentada en la mesa del comedor junto con los otros seis niños que tampoco gozaban de libre albedrío. A veces pienso que aquella dama fue la culpable de que yo odiara tanto lavar los trastes. Tu me entiendes,»Traumas de la niñez»

Que diferente hubiera sido si en el proceso simplemente hubiera disfrutado del trabajo y después de la rebanada de pastel que por cierto, se me cayó al subir al carro. ¿Cómo podría sentirme bendecida? Trabajé mucho, me cansé y no recibí lo que yo había mal entendido  era la bendición.

Lo cierto es que cuando me casé por mas que trataba de encontrar la bendición  al cocinar no lo lograba porque me centraba solo en el resultado. Y como el resultado era desastroso, me desanimaba. Luego vendrían las quejas y el mal humor que me producía la presión de tener que cocinar día a día. Mis pensamientos comenzaron a simpatizar con movimientos feministas, la lucha por alcanzar  la igualdad y por legislar  el trabajo doméstico remunerado. Debido a que  mi lucha por ser emancipada concluía en una quimera busqué un trabajo para poder pagarle a alguien que nos hiciera de comer, o ya de plano, comer fuera de casa.  Todo iba de maravilla hasta el día en que la cigüeña me envió un aviso.  Cuando el bebé nació, mi suerte cambió.  Ya no podría trabajar y tendría que cuidar de ese pequeño a quien además habría  que enseñarle  a comer.

Al salir el sol y abrir mis ojitos cada mañana pensaba, ¿Que haré de comer hoy? ¡Que fastidio! Cada día era igual, la misma aflicción, la misma tortura y hasta el mismo menú porque a la hora de la hora no se me ocurría intentar algo nuevo.  ¡No le encontraba el sentido a mi existencia¡ De ahí que por las noches vendría la reflexión al estilo Descartes:

» Pienso, luego……. busco una cocina económica»

El escritor de Eclesiastés parece conocer bien de lo que estoy hablando y nos ofrece en su literatura sapiencial  una pregunta central que trastoca nuestra mente y que tiene que ver no solo con la cocina sino con todo trabajo cotidiano : ¿Tiene algún sentido o  significado   lo que yo haga en este mundo?

Durante su discurso examina la vida<debajo del sol> para determinar si hay alguna felicidad en el día a día. Como resultado de su reflexión,  nos entrega una crítica al materialismo  que concibe el mundo como un fin en sí mismo y  que   convierte la vida en vanidad; al mismo tiempo,  nos exhorta a alegrarnos en el trabajo haciendo  una diferencia del estilo de vida que teme a Dios en cada aspecto y que le da por ello significado. Solo Dios es el que da el trabajo, la posibilidad de gozarse y disfrutar del mismo.

«He aqui, pues, el bien que yo he visto:que lo bueno es comer y beber y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol,todos los días de su vida que Dios le ha dado;porque esta es su parte» (Eclesiastes 5:18)

Ahora bien, ¿Cómo hacer del trabajo un placer? Comprendiendo lo que Dios quiere de nosotros y cambiando intencionalmente nuestra actitud mental hacia ello.

W. Eichrodt lo describe así :»Al distribuir el autor toda la actividad creadora a lo largo de una semana,concluyendo con un día de descanso,atribuye a una descisión primigenia la creencia de que el hombre no esta en la tierra para una vida placentera y sin preocupaciones tal y como dicen numerosos mitos sobre los primeros tiempos de la humanidad sino que ha de desarrollar sus aptitudes y potencias mediante un trabajo útil en el cual posee un trasunto de la actividad creadora y de la alegria del mismo Dios.  Es Dios quien introduce este concepto antes de la caída, y  pide a Adán nombrar a los animales , administrar el jardín de Edén y preparar su propia comida de las plantas y árboles que ha creado.»

Podemos decir entonces que  el trabajo cotidiano no es una condición o un castigo como consecuenca del pecado. Es  una bendición  porque provee sentido a la vida a través de los desafios que nos presenta, por el entusiasmo, creatividad y sentido de  aventura  que nos hace desarrollar. También, porque a través de nuestro esfuerzo, dolores de cabeza, lágrimas y hasta molestía por no alcanzar-en ocasiones- el resultado esperado nos lleva a darle valor al mismo. Dios quiere que nuestras actividades cotidianas  sean una expresión natural de lo que somos a través de las habilidades que El nos ha dado. Una oportunidad de desarrollar todo nuestro potencial y de estirar al máximo nuestras capacidades.

Tal vez nos cueste trabajo realizar cierta tarea porque contenga elementos emotivos que nos hagan justificar nuestra dilación  o apatía; entonces, debemos buscar la ayuda  divina para llevar a cabo nuestro trabajo. No basta con saber que a El le agradaría que lo hicieramos de buena gana;hay que esforzarse. Si tomas una actitud quejumbrusa ante lo que te cuesta trabajo realizar,  sentirás descontento  y en consecuencia, apareceran  los pensamientos desagradables y las comparaciones de  tu trabajo con el de los demás dejando como resultado una desazón constante.

Desde la persona que limpia los baños y los deja inmaculados hasta el empresario  que cierra un trato de alto nivel; desde  la cocina,  la fábrica o  la oficina, la idea de reverenciar a Dios incluso con nuestro sudor transforma  el significado  de nuestra vida pues es lo que Dios desea y lo que nosotros le debemos ofrecer con gusto. Como bien lo expresara Leonardo da Vinci:

«Tú, oh Dios, nos vendes a nosotros todas las cosas buenas al precio de la labor. El trabajo es la semilla de la cual crecen todas las cosas buenas que Tú esperas»-

¿Qué actividad cotidiana te atormenta mas? Puediera ser algo sencillo como el ir a hacer los pagos, ayudar a tus hijos con las tareas escolares, hacer las compras, lavar el carro ó tal vez sean situaciones mas complicadas que tienen que ver con  la profesión que ejerces y  que brinda sustento a tu familia .

Tal vez,el primer reto que se te presente sea el de teminar ese trabajo que has dejado a medias por varias semanas o  meses; de hacerlo,  tendrás la oportunidad de  comenzar a practicar las virtudes de Dios quien no descansó hasta terminar su obra creadora.

Eclesiastés nos muestra  cuan aburrida, tediosa y vacía es la vida si dejamos de lado el temor a Dios y la obediencia a sus mandamientos (12:13). Depende de nosotros que la labor humana sea una  actividad que al fatigarnos nos convierta en  personas  bendecidas por Dios.

«También les dijo: Yo les doy de la tierra  todas las  plantas que producen semilla y todos los  árboles  que dan fruto con semilla; todo esto les servirá de alimento. »  Génesis 1:29 NVI

El Cernedor.

agosto 7, 2012

Uno de los utensilios indispensables para elaborar ciertas recetas que requieren  de harina, es el cernedor.  El y yo nos conocimos allá por la década de los ochenta, cuando en un «Curso intensivo» de repostería hubo necesidad de usarle. Y es que, en aquella época, cuando tu novio te preguntaba si sabías cocinar, la respuesta mas socorrida era:

«Cocinar lo que se dice cocinar, no. Pero sé hacer muchos postres, tu sabes…gelatinas, pasteles, flan, dulces y todo eso.»

Por supuesto que el aspirante a esposo en cuestión se imaginaba los mas exquisitos manjares:  Gelatina almendrada y kiwi caramelizado, budín austriaco, islas flotantes con rompope,trufas de chocolate, etc. En el último de los casos,  un arroz con leche. La desilusión aparecía cuando ya de casados, la ahora esposa le ofrecía  a duras penas,  una gelatina de agua   marca Pronto.

De ahí mi interes por tomar dicho curso y adquirir algunas nociones sobre el tema.

Pues bien, la instructora me dijo que debía  colar la harina ofreciéndome  un cenedor el cual  me pareció ser un instrumento divertido y hasta moderno. Su función era y es, evitar los grumos en las preparaciones de tal modo que,cuando probemos el pastel no obtengamos de el  ese desagradable sabor amargo que produce la harina seca y compacta. El cenedor es entonces un aliado y aunque su trabajo es muy sencillo,  marca la diferencia entre una deliciosa rebanada de pastel y un intento del mismo.

El cernedor tiene mucho que ver con una palabra que se usa frecuentemente a la hora de elaborar un juicio o tomar una decisión, y es la palabra discernimiento; del latin dis-cerno  y  que significa separar una cosa de otra, señalando la diferencia principalmente en cuanto al valor moral de las cosas. Nos ayuda entonces a distinguir lo bueno, de lo malo.  ¡Quien  pudiera tener buen discernimiento para desarrollar una personalidad estable e íntegra! Sin embargo, lastimosamente, encontramos grumos aquí y allá.

Considero que creamos un grumo cada vez que confiamos mas en la suerte y la ficción, que en hechos reales. Tal como el pesimista que cree con facilidad lo que teme; o como el optimista que cree que le sucedera todo lo que quiere, con solo desearlo. Lo mismo sucede cada vez que emitimos un juicio definitivo basados tan solo en  una actitud, en un  rostro o en un comentario sin tomar en cuenta otros aspectos.  Al considerar un gesto sospechoso en apariencia, como pudiera ser un ceño fruncido, el cual podría significar dolor, perplejidad o tristeza y no necesariamente amargura; o  cuando consideramos erroneamente una sonrisa amplia, que  pudiera significar tan solo hipocresía y una mala intención. ¡Cuantos problemas evitaríamos! Si tan solo pudieramos discernir y no  solo criticar o hacer uso de la ironía o la burla, como resultado  de un juicio erróneo que -dicho sea de paso  son, ambas-   la forma mas vil y cobarde de demostrar a todos la inferioridad propia.

¿Es posible  encontrar un cernidor que nos evite los sinsabores de la vida que producen las malas decisiones y los malos pensamientos? De encontrarlo, podríamos responder como Jesus ante la mujer sorprendida en el acto mismo del adulterio, que lejos de juzgarla duramente, vió en ella algo bueno, y la perdonó,  librándola así de la muerte. Podríamos alejarnos de ideas locas y en consecuencia tener un caracter equilibrado capaz de apartarnos del árido intelectualismo, que produce individuos sin sentimientos;y  también, del misticismo exclusivo que solo produce individuos desequilibrados, estrechos de miras  e incompletos. Podríamos también seguir perfectamente el consejo del apóstol  Pablo de examinar todo desechando lo malo e inservible y  preservando lo esencial para obtener un  resultado óptimo.

La única manera  que se me ocurre es  internar un cernedor en el corazón y en la mente que nos ayude a filtrar nuestra emociones y  que nos ayude a depurar nuestros pensamientos de tal forma que el producto que ofrezcamos a los demas y a Dios, sea dulce  y armonioso.

He descubierto- como muchos- que la Palabra de Dios es el cernedor por excelencia y un aliado en la cocina de la vida propia; pues cuela los pensamientos y separa los impulsos.

«Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y que penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón» Hebreos 4:12

Esta porción, escrita por hombres  sencillos pero  inspirados por Dios mismo, nos recomienda  la lectura asidua de ella para lograr llegar a ser el mejor postre que Dios ha creado.

Permite pues, que El Cocinero por excelencia use el cenedor en tu vida, internando diariamente Su palabra en ti.

 

Montañas, Mostaza y Milagros.

enero 30, 2012

Ya les he contado mi primer encuentro  con las hierbas de olor. Ahora les relataré mi aventura con la salsa de  mostaza y  mis primeros invitados a comer- que dicho sea de paso- el Señor tenga en su santa gloria.

No recuerdo cual fue el motivo de la invitación y ahora que lo pienso me sorprende que ellos hayan aceptado aun sabiendo de mi ignorancia en los quehaceres culinarios. Ella era buena  cocinera y su esposo era un agradable y comprometido hermano en la obra del Señor. Ambos de edad avanzada; razón por la cual me animaba pensando  que  si se enfermaban, no se notaría mucho pues a los ancianos todo lo que comen  les hace daño.

Yo había encontrado en una revista sobre moda  una receta titulada «Pollo a la Mostaza» Los ingredientes eran fáciles de adquirir y no requería de mucho tiempo.  Una nota al pie de la receta indicaba que era ideal para las personas de la tercera edad. En primer lugar porque la mayoría de ellos solo pueden comer pollo y en segundo lugar, porque me aseguraba que  la acritud de la mostaza logra adelgazar las mucosidades descongestionando así  las fosas nasales de los catarrientos ancianos. Pensé que un «Arroz en tres tiempos» y una ensalada despeinada acompañando al Sr. Mostaza, sería suficiente.

Por esos días estaba de visita con nosotros una muy querida sobrina  que presumía haber estudiado cocina en la secundaria. Yo para nada me sentía intimidada con esos conocimientos. ¿Qué me puede enseñar esta niñita? De vez en cuando ella hablaba de lo que había cocinado en la escuela y yo con cara de «¿Deveras?» la medio escuchaba. Cuando ella supo de nuestro compromiso me dijo muy contenta,

-«Tía ,si quiere yo le ayudo»

-¡Claro!- le conteste aliviada.

Unos minutos antes comencé a cocinar el pollo siguiendo -según yo- al pie de la letra la receta. Mientras tanto mi sobrina  interrumpía mi concentración con preguntas y comentarios  como: » ¿Ya lavó bien el pollo tía?» , «Yo también hice una receta así, nada mas que la mia……»; «¿ No le va a subir la flama?»,» ¿Y por qué no corta las verduras así, en lugar de asá?» ,»Debería de ponerle otro poquito de…» , etc.

Yo trataba de contestar pacientemente a todas sus preguntas  con  exclamaciones y respuestas cortas como: ¡Ah!, ¡Por supuesto!  ¿Tu crees?  ¡Claro! ¡Gracias!

De repente el timbre sonó. Los invitados estaban ya en la puerta y yo a la mitad del proceso creando todavía en el centro de la cazuela una gran montaña de ingredientes. Entonces, aceleré el paso….

-¿Qué esta haciendo tía?

– ¿Qué no ves? ¡Le estoy agregando la Salsa Maggie!

-Mmm…… tía….

-¡Y ahora qué quieres!

-Esa no es la Salsa Maggie…..

-¿No?¿Entonces qué es?

-Es la Vainilla…

Con los nervios y la presión extra  confundí el envase de la Salsa Maggie con el de la vainilla agregándole un poco mas de la cantidad que ameritaba pues ya para entonces la receta había sido desvirtuada con tanto consejo ofrecido por la experta  y aceptado por esta  novata para que me quedara mejor.

-¿Y ahora qué hacemos?

– ¡Pues lave el pollo!

-¿Cómo crees? ¡Ya ni modo! lo último que me falta por agregar es  la mostaza…

Como yo había escuchado el refrán: «En la cocina, si no te sale una cosa, te sale otra», me consolé pensando que  acababa  de inventar- en todo caso -una nueva receta. Continué «cocinando»  a pesar de ver que  cuando agregué la mostaza, el guisado tuvo una reacción igual a la que hace el Alka-setlzer dentro de un vaso de  agua. El pollo  me parecía entonces, un volcán en erupción. El olor áspero y picante de la mostaza combinado con lo dulzón de la vainilla era francamente repugnante . Cuando no pude contener  tal efervescencia tapé la olla, bajé la flama y dije: ¡listo!

Entre  tanto, mi esposo abría la puerta y daba la bienvenida a los invitados que  experimentando el milagro que produce  el olor penetrante de la mostaza  ingresaron a mi hogar con un «Que rico huele» , inocentes y con un pollo rostizado que habrían comprado solo por si acaso.

Les sugerí que comiéramos solo el rostizado porque «creía» que mi guisado no me había salido muy bien, pero como ellos eran muy educados y no querían desairarme, insistieron en probarlo. Esperando un segundo milagro y rogando al cielo que no se les cayera la lengua en pedazos,  les serví a ellos el pollo retorciéndose en mostaza y vainilla.  Unos segundos despues   mi fe habría flaqueado pues a mi esposo y  a mi sobrina,  solo les serví del pollo rostizado  y yo  me limité  a comer arroz y ensalada.

Los años han pasado y todavía no logro superar el trauma del todo. Por eso, evito comer mostaza. Solo la uso para marinar de vez en cuando y de este modo aprovechar sus bondades.

Los que saben de las virtudes de la mostaza nos dicen que puede ser usada con efectividad no solo como condimento en la cocina sino también en la tina, ya que tomar un baño con mostaza amarilla por 15 minutos alivia los dolores de espalda causados por la artritis. Ademas, relaja los músculos tensos,  y puede  estimular y tonificar el rostro si se usa como mascarilla. Todo esto, siempre y cuando hagas una prueba preliminar para asegurar que tu piel no se irritará y que no saldrás de la tina como chicharrón prensado.  Por si fuera poco también puede ser útil para despistar a tu marido, ya que es capaz de  quitar el mal olor de las llantas de su auto  en caso de que no hayas visto cruzar al zorrillo.

En un pasaje muy conocido de las escrituras,  encontramos a Jesús mencionando éste ingrediente.

En Mateo 17:14-21 leemos el relato de un hombre que tenía un hijo epiléptico. Los comentaristas nos dicen que  esta condición no era conocida como tal en aquel tiempo  y es por esa razón que  la epilepsia  es atribuída en este pasaje, a la influencia maligna de espíritus inmundos. Este hombre, había traído a su hijo ante los discípulos de Jesús para ser sanado por ellos, pero los discípulos  no pudieron curarle de su mal. Mas tarde, al encontrarse  el padre del joven con Jesús, se postró a sus pies y le rogó que sanase a su hijo explicándole los síntomas de la  enfermedad y haciéndole también mención del fracaso de sus discípulos. Jesús, se  dirigió hacia el muchacho con autoridad y la enfermedad le dejó al instante. Cuando los discípulos se encontraron a solas con Jesús le preguntaron extrañados  porque no habrían ellos podido echar fuera al demonio ¿Acaso Jesús no les habría dado poder sobre los demonios? Jesús recurrió entonces a una imagen literaria: «Una semilla de mostaza» y  a una expresión proverbial conocida también entre los judíos y que significaba hacer algo extremadamente difícil o incluso imposible: «Mover una montaña» Y les dice, «Si tuvieras fe, como el tamaño de un grano de mostaza, le dirías a este monte ¡Quítate de en medio! y se quitaría. Nada les sería imposible. «

¿Nada?

Tan solo pensar en mover una montaña, nos parece un disparate, algo simplemente  contrario a la razón. Mas aun, si pensamos que esa montaña representa una situación  imposible de resolver y que puede ser movida con una fe  tan diminuta como una semilla de mostaza, que por sí sola, no nos sirve de mucho ni en la cocina.

Sin embargo, Jesús les dice: «Si tuvieras fe…» .

Mi descripción favorita sobre lo que es la fe  dice : » Es el acto de la mente que avanza hacia lo que aun no ha sido explorado.»  Lo que me lleva a  reflexionar  sobre cuantas cosas hay imposibles de remediar en mi vida y en la de otros  tan solo porque yo no he tenido la suficiente fe o porque mi mente se ha negado a avanzar hacia lo inexplorado.

No se trata de tener fe en nosotros mismos, o en las palabras que decimos al orar o al pedir; tampoco se trata de un esfuerzo mental. La fe es entrega total, confianza absoluta, o como bien lo describe C.H. Dodd «Una actitud en la cual, habiendo reconocido nuestra insuficiencia total en lo que toca a cualquiera de las metas superiores de la vida, confiamos absolutamente en la suficiencia de Dios.»  Esta,debe ser  una fe razonada y basada, como toda fe comun-y que practicamos en el  diario vivir- en una relación genuina.  En este caso, es una relación con Dios mismo que nos hace responderle  positivamente al  decirle «Yo no puedo, pero tu si puedes». Nuestra respuesta negativa hacia El, sería la duda y la incredulidad.

Entonces, nuestra semilla de mostaza es simplemente creer que Dios es la Causa de todas las cosas. No es la fe en la fe, ni la fe en la oración o en la religión. Es la fe puesta en quien TODO lo puede.  En otras palabras, decidimos creer y confiamos en que Dios obrará.

Al igual que los discípulos nos encontramos  faltos de fe ante  los obstáculos que se nos presentan en la vida.¿Cuantas  veces hemos terminado de orar pensando si servirá de algo orar ante una situación imposible? ¿y cuantas veces nos hemos  acercado a Dios pensando en  El, como el  genio de la lámpara maravillosa que sin nosotros conocerlo, ni El a nosotros, cumplirá todo lo que  le pidamos? ¿Cuantas veces hemos pensado que el milagro ocurrirá si tan solo nos esforzamos un poco mas? No, nuestras oraciones serán  tan solo  buenos deseos, desesperanzas y débiles aspiraciones si no hay esa clase de relación que llene  nuestro corazón de fe solamente en Dios.

La plegaria que pone su mirada en Dios y no en el tamaño de la montaña  puede removerla y  es ademas, una verdad liberadora para quienes piensan que Dios solo escucha a algunos. El escucha tu oración y la mía si tan solo tenemos fe en El.

¿Cual es la montaña que no has podido mover? Tal vez sea un sentimiento, una mal recuerdo, una conducta, una economía quebrada o la batalla contra una enfermedad. Jesús nos dice que es posible mover esa montaña  que se interpone  en tu camino para seguirle, y que dificulta e inmoviliza para hacer su voluntad. Si tan solo tenemos fe como un granito de mostaza, podremos mover montañas.

«..Que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia,alcanzaron promesas,taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos,evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extrajeros. »  Hebreos 11:33-34

Requisitos para servir la mesa.

octubre 24, 2011

A todas las prófugas de la cocina nos encanta que nos inviten a comer cuando ya es tarde  y nuestra cocina todavía luce tan desolada y vacía cual ropero de Tarzán.

A algunas de nosotras no nos importa tanto el lugar y lo que habremos de comer. Con tal de no cocinar….lo que nos sirvan y como nos lo sirvan, es bueno. En cambio, para otras,  ademas de que nos agrada que sea un buen lugar y que la comida este sabrosa, pedimos  se nos trate con la amabilidad y gentileza a la que estamos acostumbradas.  La actitud del mesero  o mesera que nos atenderá será entonces importante: Que nos atienda con cortesía, que no hable demasiado, que este al pendiente, que nos sonría, que nos ofrezca la especialidad de la casa y que no nos apresure con la cuenta.

Esta situación ideal  tiene una variante cuando se trata del domingo, ya que de vez en cuando la iglesia organiza una comida.  Podrás disfrutar la ocasión,  o te causará un dolor de cabeza   sobre todo si  te toca cocinar debido a que otras prófugas ya se te adelantaron con los platos desechables, las bebidas y el pan. Desde el momento  que te das cuenta que no tienes otra salida, comienzas a elaborar algunas  ideas creativas como: » ¿..Y si compro unos pollos rostizados?» o  » ¿…Y si encargo unos tamales?» .  Mientras tanto,  imaginas a las que si les gusta cocinar elevar sus apuestas augurando tu cruel fracaso.  ¡Si lo sabre yo!

Peor aun es darse cuenta de cuantos conflictos rodean una simple comida en la iglesia. Comentarios como «Así no se sirve ese platillo» , » ¿Por qué sirvieron tan poquito?» y » Ustedes solo vienen cuando hay comida»  tienen el potencial de desatar la madre de todos los conflictos en la iglesia. ¿Cuantas damas  no regresaron jamas  porque nadie probó lo que cocinaron? y ¿Cuantas familias se sintieron menospreciadas porque tardaron en servirles de comer?

Todo, por querer convivir como lo hiciera la iglesia primitiva.

Sorprendentemente, uno de los primeros problemas de la iglesia en sus inicios tuvo que ver también con la comida. (Hechos 6: 1-7 )

Es interesante notar cómo el escritor a libro de los hechos no nos esconde nada y nos presenta a la iglesia tal y cual fue  en su desarrollo. ¿Te sorprende? A veces pensamos que cuando surgen problemas en la iglesia es porque estamos en la congregación equivocada. Sin embargo, la escritura nos muestra que la iglesia no es perfecta,  simple y sencillamente porque las personas que formamos parte de ella, no lo somos.

El pasaje nos dice que la iglesia contaba entonces con un programa alimenticio que tenía como objetivo llevar a la práctica  las enseñanzas  de Jesús. Algunos comentaristas  nos sugieren que era tan solo un banco de comida y no precisamente un comedor en donde las viudas- que se contaban entre las personas mas desamparadas-  iban a recoger su dotación diaria.  Para el tiempo en el que ocurre este relato la iglesia ha crecido a tal grado que los problemas comenzaron a surgir.  Leemos  que las viudas griegas se inconformaron porque a su parecer la distribución estaba siendo desigual: Los griegos se sentían menospreciados por los hebreos. El problema  llegó a oídos de los apóstoles cuando ya las murmuraciones estaban en su punto máximo. Entonces, había que actuar rápido. No se trataba de  un problema doctrinal o teológico. Era un problema de discriminación y un asunto práctico que necesitaba una solución de igual manera.

Ante tales circunstancias, los apóstoles convocaron a los discípulos y les pidieron  se  nombrara una comisión de siete varones  de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría para llevar adelante tal empresa. No esta  claro si este acto fue realmente el origen del diaconado o tan solo una manera de solucionar la situación de forma inmediata. Su tarea les permitiría a los primeros apóstoles enfocarse en la predicación y la enseñanza.

Los creyentes escogieron sabiamente a siete griegos llenos del Espíritu Santo y con suficiente amor y tacto para servir a las viudas griegas. Entre los siete nombrados se encontraba Esteban, el primer mártir de la fe y Felipe, quien fuera predicador y evangelista después de la muerte de Esteban. No eran hombres llenos de dones espectaculares, eran personas dotadas espiritualmente. De esta manera, los diáconos se dedicaron desde entonces a ministrar a los necesitados.

La palabra «Diácono», (Diakonos) se traduce básicamente como un servidor o camarero y a menudo se refiere a la persona que sirve a la mesa. Interesante, ¿No? Me maravilla descubrir que a las primeras personas a quienes se les impusieron las manos en la iglesia fuera para desarrollar un servicio cotidiano como lo es servir una mesa y no para predicar.

Gracias a Dios por los que predican, los que dan clases, los que cantan en el grupo o son miembros de alguna junta. Todas los ministerios que ofrece la iglesia son importantes cuando se hacen en el nombre de Jesús. Pero ministrar es lo que hacemos por y para Cristo en otros y a cada momento en nuestra vida. Entonces, no son solo los mega- programas de la iglesia  los que cuentan, también lo es cuando servimos la mesa dentro y fuera de la iglesia.

Recuerdo el testimonio de Silverio. Un ex-convicto que contaba con lágrimas cómo una mesa adornada para celebrar su cumpleaños en la cárcel, le devolvió la fe en Dios.  De igual manera,  los comensales buscaran también algo de ti en tu mesa. El cansado, la amenidad de tu conversación; el pobre, tu alimento; el triste, tu consuelo;el débil, un estímulo y el que lucha, una ayuda moral. Me pregunto cómo se sentirían las viudas necesitadas. Imagino que no era solamente un «Aquí esta su dotación señora» debía de haber en ello además ternura y amor. De esta manera la iglesia cumplió su propósito de ir por todo el mundo llevando el evangelio de Cristo y se convirtió en un anticipo del Reino.

Que rápido surgen los problemas en la iglesia y que rápido se encuentra la solución donde reina un verdadero interés por agradar a Dios. En este sentido la iglesia primitiva es una iglesia modelo. Porque ante los conflictos pudo resolverlos de una manera sabia gracias a la intervención del Espíritu Santo y a personas que cumplían con los requisitos para servir en las mesas.

«Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve.»

                                                                                                                                    -Jesús.

                                                                                                                                      (Lucas22:27)

Dulce Suegra.

junio 6, 2011

Lo último que necesita una prófuga de la cocina es tener una suegra entrometida que le encanta cocinar. Como ella se ha pasado la vida preparándole sus gustos a su hijito adorado, no dejara que nadie le haga sufrir  ni pasar hambre. Es por eso que aquí y allá se escuchan las quejas de quienes ya están hartas.

Ejemplo # 1

Nuera- Espero que le guste lo que prepare señora.

Suegra- ¿Otra vez cocinaste pollo? Robertito, hijo…deberías de ponerle una         granja a tu esposa, pues parece que solo pollo sabe cocinar.

Ejemplo #2

Suegra- ¿Tienes perro Patricia?

Nuera- No señora. ¿Porqué?

Suegra- ¡Ay no me digas que eso es lo que vamos a comer!

Otro ejemplo bien puede ser mi abuela paterna que a mis  veinte años me seguía preguntando si mi mamá nos daba de comer. Ella también  me insistía en  que al hombre se le conquista por el estómago. Lo cierto es que todavía no conozco a una mujer a quien su esposo le haya propuesto matrimonio diciéndole: «Leonorilda, quiero casarme contigo porque cocinas como nadie la cochinita pibil.» Ni tampoco conozco a mujer alguna que haya aceptado casarse porque él le dijo al oído: «Cuando te veo, pienso en mole de olla.» Y es que toda novia espera que el afortunado prometa bajarle la luna y las estrellas y no tan solo las ollas de la alacena.

En estos casos, las amigas suelen ser el paño de lágrimas ante tantas injusticias. Es por eso que con ellas se comenta lo mal que te sientes cuando vas a visitar a la suegra llevada a la fuerza por tu esposo -y para que no piense que eres una floja- te acomides a poner la mesa, a menear la olla y a lavar los trastes; pero resulta que nunca quedas bien porque no tienes ni idea de qué va con qué, porque no sabes a qué hora debes dejar de menear la olla y porque de plano te cae mal lavar los trastes.

Pero reflexionemos…

¿Será a caso que estos seres han sido mal entendidos? ¿qué es lo que hace que una estupenda madre se convierta en una suegra avinagrada?¿la mala suegra, nace o se hace? Veamos.

Un estudio realizado en el año 2009 por la universidad de Cambridge a un centenar de mujeres dió como resultado que el 60% de las encuestadas habrían tenido fricciones con su suegra ocasionándoles fuertes problemas con el stress (y por el es tres …¡y no dos!) A la mayoría nos queda claro que  ésta es una relación que no termina de cuajar debido a que las «sugerencias» de la suegra van desde cuánto debes gastar en comida hasta qué le debes de dar de comer a tus hijos pasando por cómo debes de decorar la casa y dónde debes hacer las compras.

Si me has seguido hasta aquí y tienes ese problema de seguro estarás diciendo: «Si, así es mi suegra». Y si eres suegra, tal vez estarás diciendo: «Yo por eso no me meto, ni digo nada». Pero esto, no es todo. Te contaré…

Cierto día le llamé por teléfono a la hermana -que por hoy llamaremos Afligida- para recordarle su participación en el programa del domingo. La pobre mujer parecía haber sido sometida a un tormento chino. Con voz llorosa me dijo que la disculpara pero que no podría asistir porque se sentía muy mal y estaba en cama. Me contó que su hijo le llamó del trabajo y le pidió de favor fuera a su casa y le trajera unos papeles importantes que había dejado olvidados en la mesita de la sala. Como ella tenía en su poder una copia de la llave, fue de inmediato. Me aseguró que al entrar a la casa no vió los papeles y que tuvo «la corazonada» que estaban en la recámara. Después de inspeccionar todos los cajones y ver que todo se encontraba en orden se trasladó a la recámara de los niños y luego al patio. Pero tampoco los encontró allí. Tanta búsqueda provocó que le dieran ganas de lavarse las manos. Después de verificar que las toallas estaban limpias se encaminó hacia la cocina en donde horrorizada vió sobre la mesa una lata de sardinas con una nota que decía,

«Amor, me voy a comer a casa de la güera Grimaldi.

Me llevo a los niños. Aquí te dejo por si te da hambre.

Si usas un plato, lo lavas y dejas todo como estaba.»

No por nada  a Afligida se le había subido la presión. Un fuerte dolor en el pecho comenzó a molestarla como resultado de tanto imaginar a su nuera feliz y degustando manjares con la güera Grimaldi mientras su bebé comía a solas una triste lata de sardinas. Su primer impulso, fue conseguir el teléfono de la Grimaldi y hacer un escándalo. Después pensó en quedarse y hacerle de comer a su hijo esperando ver la cara que pondría su nuera cuando ésta llegara. Luego quiso llevarle a su hijo los papeles y regañarlo por ser tan dejado. Lo que realmente hizo fue tomar el sobre de la mesita que esta al entrar  para llevárselo a su hijo sin decir ni una sola palabra. Pero el coraje, la estaba matando. Esa era la razón por la que no podría asistir el domingo. Estaría en cama, recuperándose.

No nos corresponde a nosotros saber si cuando llegó la nuera a su casa, el hijo de Afligida la estaba esperando con un «Nunca jamás». O tal vez ,cuando llegó hizo la nota a un lado y ordenó una pizza. A lo mejor, se sentó en la cocina y comió a solas felizmente.

Lo que quiero decir es que si la suegra se inmiscuye ya sea directa o indirectamente, alguien saldrá herido. Y es que a veces la relación puede llegar a ser una guerra declarada con estrategias bien diseñadas, golpes bajos y ataques quirúrgicos al lugar donde mas duela o tan solo,  el va y ven de la guerra fría.

La Escritura nos presenta a una suegra que pasa la mayor parte del tiempo dando instrucciones a su nuera.

En el octavo libro de la Biblia encontramos la historia de Ruth y Noemí. ¿O debería escribir, de Noemí y Ruth?. Al comienzo del relato Noemí – la suegra-ha pasado por la tragedia de perder a su esposo y a sus dos únicos hijos. Un hecho sin duda traumático para cualquier mujer. Solo han quedado con ella Orfa y Ruth, sus dos nueras. Ninguna de las dos tuvieron hijos. Lo cual convierte a Noemí en una suegra viuda, sin hijos y sin nietos. Lo mas lógico hubiera sido que las dos nueras desearan regresar con sus familias respectivas después del fallecimiento de sus esposos pues nada les ataba ya a Noemí. Sorprendentemente, ninguna de las dos desea abandonar a su suegra. Ante la insistencia de Noemí por disuadirlas, Orfa se va pero Ruth le ruega que no le pida mas que regrese con sus padres. Desea seguirla a cualquier lugar. Desea vivir con ella para siempre y adorar a su Dios.

¿Qué  vió Ruth en su suegra para querer quedarse con ella y mas tarde obedecerla en todo? Existe una manera de saberlo por el comportamiento que Noemí mostró durante el relato.

  1. Echó mano de su experiencia para bien. Recuerdo haberle preguntado un día a mi abuelita sobre sus inicios en la cocina. Con entusiasmo me contó la historia de como aprendió compartiendome también algunos momentos chuscos y peripecias que pasó durante ese tiempo. Por primera vez, ví a mi abuelita como una jovencita tratando de cocinar para su esposo. No muy distinto a lo que pasó mi mamá y por supuesto, a lo que pasé yo. Los especialistas en la materia coinciden en que las suegras siempre estarán en ventaja ante sus nueras simple y sencillamente por la experiencia que les ha dado la vida. Tristemente, algunas usan esa experiencia para ocasionar problemas  en lugar de ayudar, para criticar en lugar de animar. Ese no fue el caso de Noemí. Pues usó su experiencia -que puesta en las manos de Dios-lograron lo imposible. En la historia leemos que en todo momento aconseja a Ruth con tal cuidado como si fuera su hija. Lo que más desea es el bien de Ruth.
  2. No trató de manipularla. Ya sea en películas o programas de televisión la representación de una suegra que se enferma cuando no se hace lo que ella quiere, es muy cómica. Los acontecimientos trágicos por los que pasó Noemí hubieran sido un buen pretexto para manipular a Ruth. Sin embargo, Noemí se levanta de la incertidumbre de la viudez y de la amargura para enfocarse en alcanzar el bienestar de ambas y no para hacer miserable la vida de Ruth. En un principio, Noemí les pide a sus nueras  que la dejen porque sabe que Dios cuidará de ella aun cuando no logra comprender en su totalidad porqué le ha ocurrido esta desgracia.
  3. Noemí le mostró la bondad del Dios verdadero. Ruth era originaria de Moab y el dios de los moabitas era Quemos. Esto pudo haber sido una muy buena razón para que existieran enfrentamientos entre ellas. Imagino a Noemí preocupada por que sus hijos se volvieran al dios de ellas como tal vez otros muchachos hebreos que se casaron con moabitas lo hicieron. Sin embargo, la bondad y el ejemplo de Noemi pudo dejar una huella indeleble en el corazón de sus hijos que alcanzó a sus nueras. Antes y durante la adversidad, Noemí mostró que Dios era bueno, amable y misericordioso para con los afligidos y de esta manera logró ganar a Ruth para Dios. No la forzó, no le impuso sus ideas. Solo le mostró amor. En respuesta a tanto cariño Ruth nos obsequia la insuperable confesión de amor dicha por una nuera a su suegra.
  4. La felicidad de Ruth la hace dichosa. Esperar que la vida de  los hijos casados sea una copia fiel de nuestro matrimonio y de nuestra forma de vida en general, es una ilusión.Ser una madre amorosa es amar a los hijos y a lo mas querido para ellos a pesar de la separación -incluso de la separación por causa de muerte- descansando en todo momento en la fidelidad de Dios que siempre nos traerá bendición y paz.El gran amor que Noemí tuvo por sus hijos logró que Booz- un pariente lejano- redimiera a Ruth como era la costumbre y procreara una descendencia en la que incluye al rey David, de cuya casa y linaje nació Cristo, el Redentor. Al final, Dios recompensa la piedad de Noemí y la obediencia de Ruth.

La historia de Noemí nos ofrece entonces un concepto distinto acerca de una suegra que traspasa los límites. Ella aparece desde la primer línea(1:1) hasta el final de la historia (4:17). La vida de Ruth es contada a través de los ojos de Noemí y aunque el libro lleva por nombre Ruth, lo cierto es que sin una Noemí, no hay una Ruth. No obstante, al terminar de leer la historia no podemos separar a una de la otra pues Ruth ha sido un ejemplo de bondad y Noemí el de una suegra que ha puesto su esperanza en Dios a pesar de las circunstancias.

Noemí significa «Dios es Dulce». Eso fue lo que en resumidas cuentas vió Ruth en su suegra Noemí.

«¡Cuán dulce son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca.»

Salmos 119:103

Los hijos no esperan.

mayo 7, 2011

Les comparto los pensamientos que me hubieran gustado escribir, para éste día de las madres.

Hay un tiempo para anticipar la llegada del bebé, un tiempo para consultar al médico; Un tiempo para hacer dieta y ejercicios, y un tiempo para preparar el ajuar. Hay un tiempo de maravillarse en los caminos de Dios, sabiendo que éste es el destino para el cual fui preparada. Un tiempo para soñar lo que será este niño cuando crezca, un tiempo para pedirle a Dios que me enseñe a criar al hijo que llevo en mis entrañas. Un tiempo para preparar mi alma para alimentar la suya. Pues muy pronto llega el día en que nacerá.

Porque los hijos no esperan.

Hay un tiempo para alimentarlo durante la noche, para cólicos y biberones. Hay un tiempo para mecerlo y un tiempo para pasearlo por la habitación. Un tiempo para ejercer la paciendia y la abnegación, un tiempo para mostrarle que su nuevo mundo es un mundo de amor, de bondad y de dependencia.

Hay un tiempo para maravillarme de lo que él es, ni mascota, ni juguete, sino una persona, un individuo, un ser creado a la imagen de Dios.

Hay un tiempo para reflexionar acerca de mi mayordomía. Para saber que no puedo poseerlo. Que no es mío;que he sido elegida para cuidar de él, edificarlo y responder ante Dios por él. He resuelto hacer lo máximo a mi alcance, 

Porque los hijos no esperan.

Hay un tiempo para tenerlo entre mis brazos y contarle la historia más hermosa que jamás haya oído. Un tiempo para mostrarle a Dios en la tierra, en el cielo y en la flor, y enseñarle a maravillarse y sentir asombro. Hay un tiempo para dejar a un lado los platos sucios y llevarlo al parque a columpiarse. De correr con él una carrera, hacerle un dibujo, atrapar una mariposa y darle compañerismo lleno de alegría. Hay un tiempo para enseñarle a orar con sus labios de niño, enseñarle a amar la Palabra de Dios,

Porque los hijos no esperan.

Hay un tiempo para cantar en vez de renegar, sonreír en vez de fruncir el ceño, de secar lágrimas y reírse de los platos rotos. Un tiempo para compartir con él mis mejores actitudes, mi amor por la vida, mi amor por Dios, mi amor por los míos. Hay un tiempo para contestar a sus preguntas, a todas sus preguntas, porque quizá vendrá el momento en que no querrá escuchar mis respuestas. Hay un tiempo para enseñarle muy pacientemente a obedecer, a poner en su lugar los juguetes. Hay un tiempo para mostrarle lo hermoso del deber cumplido, de adquirir el hábito de leer la Biblia, de gozarse en la comunión y adoración en medio de los suyos. De conocer la paz que viene por la oración. 

Porque los hijos no esperan.

Hay un tiempo para verlo partir valientemente a la escuela, y de extrañar su manera de estar siempre alrededor mío. De saber que hay otros que atraen su interés, pero de saber que estaré allí para responder a su llamado cuando vuelva de la escuela. De escuchar con interés sus descripciones de lo ancontecido en el día. Hay un tiempo para enseñarle a ser independiente, a tener responsabilidad, autodisciplina, de ser firme pero afectuosa, de saber disciplinarlo con amor. Porque pronto llegará el momento de dejarlo partir y de soltar los lazos que lo sujetan a mi falda.

Porque los hijos no esperan.

Hay un tiempo para atesorar cada instante fugaz de su niñez, sólo dieciocho preciosos años para inspirarlo y prepararlo. No voy a cambiar este derecho natural por ese «plato de lentejas» llamado posición social, o reputación profesional, o por un cheque de sueldo. Una hora de dedicación hoy, podrá salvar años de dolor mañana. 

La casa puede esperar, los platos pueden esperar, la pieza nueva puede esperar, 

Pero los hijos no esperan.

Llegará el momento en que ya no habrá más puertas que golpean, ni juguetes en la escalera, ni peleas entre ellos, ni marcas en las paredes. Entonces podré mirar atrás con gozo y no con pesar. Será el tiempo de concentrarme en un servicio fuera de mi hogar. De visitar a los enfermos, a los que han perdido a sus seres queridos, a los desanimados, a los que no tienen instrucción. Para entonces dar mis servicios a «los más pequeñitos». Habrá un tiempo para mirar atrás y saber que estos años de ser madre no se desperdiciaron. 

Pido a Dios que llegue el momento en que pueda ver a mi hijo hecho un hombre íntegro y recto, amando a Dios y sirviendo a los demás. 

Dios mio, dame la sabiduría para saber que hoy es el día de mis hijos. No existen los momentos de poca importancia en sus vidas. Que sepa comprender que no hay carrera mejor, no trabajo más remunerador, ni tarea más urgente.

Que yo no postergue ni descuide esta labor, que pueda aceptarla con gozo, y que con la ayuda del Espíritu, y por la gracia , me dé cuenta que el tiempo es breve, y que mi tiempo es hoy, porque los hijos no esperan.

–Helen M. Young.




Jesús tiene sed.

abril 17, 2011

En el día mas oscuro de la humanidad, nuestro amado Salvador colgado en un madero, sintió sed.

¿Quién podría haber imaginado que aquel bebé nacido en Belén terminara de esa manera? Crucificado por hombres pecadores que quisieron callar la voz que les hablaba a lo mas oculto de sus almas y que ponía  – según ellos- en peligro su prestigio, sus posesiones, su influencia…Lo crucificaron y se pararon frente a la cruz para verle morir. Algunos mas, ignoraban el hecho y se preparaban para guardar el sábado.

Juan, el discípulo amado nos ofrece  -en un pasaje solemne y sublime-  el momento en el que el Redentor  muestra su humanidad al exclamar en la cruz «Tengo sed.» (Jn 19:28) Los expertos nos dicen que la sed que Jesús sintió la produjo la pérdida de sangre, la fiebre, el sudor y la angustia que sufrió. A Juan, no parece extrañarle que Jesús tuviera sed, sino mas bien que lo dijera; por eso, lo escribe y nos regala con ello esperanza para nuestras aflicciones. Recordemos que Juan nos presenta a Jesús como el Hijo de Dios, «…y para que creyendo en El, tengáis vida en su nombre» (Jn.20:31). Lo que nos lleva a pensar que Jesús nos comprende cuando el trabajo arduo y la enfermedad mortal nos producen sed. De igual manera, cuando la sed de ser amados y comprendidos nos agobia.  En éste pasaje, como en muchos otros, encontramos a Dios y al hombre tocándose física y literalmente en Cristo.

¡Oh! ¡Si tan sólo pudiera estar frente a esa cruz como lo estuvo Juan! ¡Trataría de mitigar su sed causada por tanta sangre derramada por mi culpa! Hoy, me presento ante su cruz para rendirme entera ante sus pies; para entregar mi vida a su servicio, como El entregó  su vida por mí; para rogar ponga en mí su sed por los perdidos hasta llegar al punto de no poder mas y así, abandonarme ante la voluntad del Padre, como El lo hizo.

Tristemente, el mundo de hoy sigue crucificándole y se detiene un segundo frente a la cruz sólo para verle morir. En dias tan sagrados como lo son éstos, se espera que muera pronto para poder pensar en balnearios, en fiestas, en descanso…Ante su sed, se le ofrece la hiel de la superficialidad, de la apatía, del pecado y de la impiedad.

La buena nueva es que Jesús murió, pero también resucitó. Y se le puede encontrar hoy incluso en los lugares menos inesperados. Solo tienes que pedirle abra tus ojos para poder verle cerca de ti. Yo le he visto entrar en la cocina. Sediento. Con sed de justicia por los menospreciados, sed de amor por los olvidados y con sed de perdón para cada uno de nosotros. También, con sed de escuchar mis oraciones, mis cantos, mis versos y mi risa. Como bien lo expresara la Madre Teresa, «Una sed de amar y ser amado por el hombre, una sed de despertar la sed del hombre por Dios, un ansia por salvar la humanidad y a las almas a través de su amor extremo..»

Ojalá que puedas tú también ver a Jesús en la cocina. Sediento de ti; y así, le pidas cambiar tu ser en agua, para que El pueda beberte y tenerte para siempre en su ser.

«…Y el que tenga sed, venga; y el que quiera tome del agua de la vida gratuitamente.»  Apocalipsis 22:17b

La Espera.

marzo 28, 2011

Esperar a que hierva…

Esperar a que dore…

Esperar que se enfríe…

Esperar…esperar…

Esperar que acitrone…

Esperar que sazone…

Esperar que repose…

Esperar….esperar.

Esperar se disuelva…

Esperar que se cueza…

Y que la mesa esté puesta…

Esperar….esperar.

Un gran banquete se prepara en la cocina mas alta;

Platos de oro, vasos de cristal,

Mesa grande y sin igual.

El Cocinero compasivo, es Redentor y Fiel amigo,

Nos espera con anhelo,

para celebrar juntos en el cielo.

Esperad las señales…

Esperad su promesa…

Esperad…esperad…

¡Que Cristo pronto volverá!

Una compra inolvidable.

enero 27, 2011

¿Te ha sucedido? Fui al supermercado a comprar un ingrediente que me faltaba, pero en lugar de adquirirlo, salí de la tienda con un par de almohadas y un florero. ¿Cómo fue posible? La culpa no fue mía, sino de Walmart. Con cada paso que dí en su interior me dijo que si compraba con ellos «Ahorraría dinero  y viviría mejor». Bueno, no me dijo que comprara las almohadas en lugar de la mejorana…pero ya emocionada, ¿Qué podía hacer?

Los que estudian el comportamiento de los consumidores me dicen que pasé a formar parte del 47% de los compradores por impulso, y me consuelan diciéndome que entre el 60 y 70% de las compras que comunmente hago, no son planeadas. A esto, tengo que agregar el haber sobrepasado los 18 minutos reglamentarios en la tienda y por haberme detenido a ver las ofertas de pasillo.

No logré darme cuenta que en su esfuerzo por motivarme a comprar más, Walmart ubicó los productos en la tienda de tal forma que tenga que recorrerla toda. Por ejemplo, los productos de primera necesidad, de consumo frecuente o las llamadas categorías «destino» como la leche, se ubican siempre al fondo de la tienda para que las inocentes consumidoras como yo podamos ser tentadas con otros productos que no pensábamos comprar.

La atmósfera que respiré en la tienda también influyó en mis compras. Rótulos y anuncios suplicantes me acompañaron en todo momento; la suave música, me relajó; el personal capacitado, me sonrió y los amplios pasillos me invitaron a soñar que era yo la protagonista de «Castillos de hielo». Y así, con movimientos graciosos, comprobé un tráfico fluido entre un pasillo y otro. Por si fuera poco, esta comprobado que si soy tratada con amabilidad y se me ayuda a encontrar lo que busco, compraré más.

Puedo decir que fuí una clienta satisfecha ya que Walmart me demostró su interés en reducir mi tiempo de espera en la fila, ayudándome a concluir rápidamente el proceso de compra. Salí de la tienda convencida  que tardé menos solo por haber pagado rápido. Todo esto fue  lo que contribuyó para que mi experiencia de compra fuera inolvidable….y el regaño de mi esposo, también.

Lo que realmente atrae a una compradora o ama de casa, son sin duda, los precios bajos. Ya lo decía mi abuela: «El ahorro de un hogar, esta en la cocina». Ahora que si puedes encontrar precios bajos, calidad y excelente atensión, ¡Que mejor!

En Isaías 55:1-5 encontramos el supermercado que te hará guardar tu alma y vivir abundantemente.

«A todos los sedientos: venid a las aguas;

y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed.

Venid, comprad sin dinero y sin precio

vino y leche».

El CEO o Director Ejecutivo, es Dios mismo y ha decidido lanzar una oferta permanente y sin precedente. Siempre me ha enternecido la imagen de Jesus llamando a la puerta. Pero esta idea de Dios en un supermercado o mejor aún, en un puesto de frutas y verduras llamando a todo el que pasa a venir y comprar de El, me cautiva.

Nos ofrece una paradoja, una idea opuesta a lo que el público o la opinión general espera «Vengan y compren sin dinero, porque los productos no tienen precio…». Este eslogan reúne las cualidades que toda buena propaganda debe tener: Nos transmite el propósito de su proyecto divino en pocas palabras y  nos ofrece beneficios prometiéndonos que la búsqueda de Dios no será en vano. Es original e impactante y llama a todos los sedientos y necesitados. Nos invita a venir y a comprar sin trucos, sin engaños.

Para que la oferta sea efectiva existe una condición: Venir ante El con humildad para poder comprar sin dinero sus productos y de este modo, reconocer que de no ser por la oferta, no los  podríamos adquirir. Por su parte, El nos ofrece las mismas garantías como si los hubiésemos comprado. En otras palabras, su perdón es total; jamás se volverá a acordar de nuestros pecados y nos hará hijos suyos como si nada hubiese pasado.

El departamento de atención al cliente no tiene competidor, pues ha dado instrucciones a su Santo Espíritu para guiarnos en todos nuestros caminos hasta encontrar lo que buscamos. Se mantiene abierto las 24 horas del día y durante todo el año. Cada domingo anuncia ofertas especiales. Los productos estan al alcance de nuestras manos debido a su gracia salvadora y nos presenta solo productos genuinos: Agua, para los sedientos de amor y comprensión; leche, para ser fortalecidos diariamente y para crecer saludables; vino, para tener gozo y alegría. Nos promete apagar la sed y darnos las fuerzas necesarias para cuando sintamos que ya no podemos continuar; sabiduría, para tomar la decisión correcta y bendición para tí y los tuyos. Todo, bajo un mismo techo.

El SeñorJesús hizo la misma invitación al ver  los problemas por los que la gente de aquel tiempo atravesaba. También a ellos les costaba trabajo obtener el dinero suficiente para alimentar a sus familias. Habían muchos pobres y necesitados de cuidados y al igual que nosotros, estaban agobiados además por el cobro excesivo de impuestos. Jesús les dijo: » Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia».

Me hace descansar el saber que Dios esta al tanto  de  nuestras compras y de cuando el dinero no alcanza. Pedir su ayuda al ir al supermercado , es además un buen consejo o «Tip» de compra que debemos practicar.

Siempre recordaré a una familia que conocí hace ya varios años. Eran muy sencillos y salian cada día a buscar literalmente que comer; sin embargo, puedo testificar que en su casa había carencias, pero no miseria. Había gozo y gratitud a Dios por lo que se había logrado conseguir durante el dia. Habían sonrisas y calor de hogar en la mesa.Ahora sé la razón. Ellos compraron su sustento en el supermercado de Dios pues aceptar su oferta no significa que tendremos el refrigerador o la alacena llena de comida; es ahorrar en amargura y desesperanza; son «Las misericordias firmes de David».

Como expertas cocineras (os) sabemos de sobra que de acuerdo a los alimentos que elijamos, estaremos alimentando bien o no a nuestra familia. «Somos lo que comemos» , dice una frase popular y en nuestras manos esta el adquirir productos de calidad. De igual manera Su palabra nos aconseja no gastar nuestro dinero en comida espiritual chatarra, en lo que no es pan y en lo que no sacia. El enemigo del alma siempre dira tener «A-Precio» por tí y por mí,  pero si escuchamos su oferta mentirosa, terminaremos pagando mas de lo que planeabamos gastar.

Los que saben dicen que el proceso de compra consiste en tres simples pasos que son como el ABC. La Apertura, cuando el vendedor nos contacta; los Beneficios o razones por las cuales debemos adquirir el producto; y el Cierre o decisión final. Dios ha tomado la iniciativa y te invita a realizar una compra inolvidable ofreciendote sus productos verdaderos y eternos. La decisión final, es tuya.

«…El que tenga sed, venga; y el que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida».

Apocalipsis 22:17b NVI